{"id":112,"date":"2020-04-23T04:48:44","date_gmt":"2020-04-23T04:48:44","guid":{"rendered":"http:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=112"},"modified":"2020-04-28T01:57:45","modified_gmt":"2020-04-28T01:57:45","slug":"numeros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2020\/04\/23\/numeros\/","title":{"rendered":"N\u00fameros"},"content":{"rendered":"<p>Limpiando la casa me encontr\u00e9 con una vieja gu\u00eda telef\u00f3nica. Me dio curiosidad saber qu\u00e9 pod\u00eda decirme del mundo en el a\u00f1o 1982, dos a\u00f1os antes de que yo naciera. Sin grandes novedades, me encontr\u00e9 con lo esperable, anuncios de negocios varios, un mont\u00f3n de n\u00fameros telef\u00f3nicos y un mont\u00f3n de nombres. Algunos m\u00e1s destacables por las caras, vi\u00f1etas y dise\u00f1os que ofrec\u00edan las artes gr\u00e1ficas de la \u00e9poca, aquellas que se permitieron quienes pudieron pagarlas, junto con las campa\u00f1as de publicidad de aquel tiempo. Franca ventaja ante los peque\u00f1os negocios que hac\u00edan lo que pod\u00edan con la promesa de que la aparici\u00f3n en aquel librote capaz de noquear a cualquiera sin leerlo fuera suficiente para garantizar el \u00e9xito comercial que supone toda estrategia publicitaria.<br \/>\nMe concentr\u00e9 en los nombres y se me ocurri\u00f3 elegir uno al azar como si fuera a hacer alguna broma telef\u00f3nica. Eleg\u00ed una letra de la A a la Z para llegar a la primera p\u00e1gina de la misma. Despu\u00e9s me dije un n\u00famero del uno al cuatro para elegir una columna. Finalmente, pens\u00e9 en n\u00famero del uno al cien para seleccionar un elegido. La letra fue la \u201cG\u201d -seleccionada por el pensamiento m\u00e1s veloz que me permit\u00ed durante el juego-, el n\u00famero dos fue la columna afortunada y el n\u00famero elegido del uno al cien fue el treinta y siete. Ah\u00ed estaba Ramiro G\u00f3mez Salas en las ofertas del servicio de reparaci\u00f3n de calzado. Un oficio en extinci\u00f3n por lo desechable del calzado actual. \u201cAntes las cosas se hac\u00edan para durar toda la vida, ahora lo nuevo es bello y hay que consumir y comprar lo m\u00e1s reciente\u201d, gimotea el abuelo Eric en su libro \u201cDel tener al Ser\u201d, valga la par\u00e1frasis -hace un mont\u00f3n que no hago esta lectura. Recuerdo al zapatero del mercado cercano a mi antigua casa familiar. Siempre con los ojos rojos por el cemento con el que pegaba las suelas, una leg\u00edtima \u201cnarcodependencia\u201d, inevitable por la necesidad de comer. Espero que est\u00e9 bien, que siga vivo y que los bronquios de sus pulmones sigan soportando el estar repletos de qu\u00edmicos tan industriales. Era un hombre amable, una buena persona.<br \/>\nAs\u00ed me imagino a Ramiro, un humilde zapatero de los a\u00f1os ochenta en esta ciudad. Quiz\u00e1, si tiene la suerte cotidiana de estar vivo -tomando en cuenta nuestra milim\u00e9trica relaci\u00f3n con la muerte-, le toc\u00f3 sobrevivir al terremoto del \u201985, ver por televisi\u00f3n la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, sobrevivir al sismo del 2017 y, quiz\u00e1, est\u00e9 ahora resguardado en su casa debido a la pandemia. Probablemente ahora es un anciano, quiz\u00e1 ya no pueda ejercer su oficio. Espero que alguien est\u00e9 a su lado para atenderlo.<\/p>\n<p>La velocidad de los dem\u00e1s tiende a rigidizar nuestro cuerpo, el h\u00e1bitat de lo que somos, la habitaci\u00f3n del mundo que nos ha tocado y con la que hacemos lo mejor que podemos ante nuestra inevitable relaci\u00f3n con la contingencia. Probablemente Ramiro se someti\u00f3 a dicha rigidez, una rigidez que, en menor o mayor medida, se manifiesta en el cuerpo. Nos ense\u00f1an la estaticidad, cercana a la inercia que, dice el bisabuelo Sigmund, es muerte, valga la par\u00e1frasis populachera que alg\u00fan psicoanalista indignado me desmentir\u00e1 sin entender que estoy jugando (\u201c\u00a1Es que todo mundo dice cosas que Freud jam\u00e1s dijo!\u201d). No nos ense\u00f1an a fluir, a estar con nosotros, a movernos en relaci\u00f3n con el todo y corresponder con la animalidad qu\u00edmica de nuestro cuerpo, su necesidad, que, por lo tanto, nuestro dolor requiere. No nos ense\u00f1an a reconocer la necesidad de parar, bajarnos del mundo para recobrar la serenidad, de forma semejante en la que un bosque se renueva despu\u00e9s de haber sido depurado por el abrazo de un incendio. En el mejor de los casos tenemos que aprender nosotros mismos a trav\u00e9s de nuestro malestar, hallar maneras de aligerar la carga de los a\u00f1os administrando nuestra angustia con diversos entretenimientos de todo tipo, as\u00ed aprendemos a vivir. En el peor de los casos hay quien se instala en la rigidez amarga y angustiante de su miseria y, no le hace da\u00f1o a los dem\u00e1s aunque as\u00ed lo crea, sino a s\u00ed mismo. Espero que la decisi\u00f3n que haya tomado Ramiro haya sido la mejor para cuidar de s\u00ed y si no, \u00bfqu\u00e9 importa?, todos nos equivocamos.<\/p>\n<p>El mundo aparentemente se ha detenido, \u00bfsomos tambi\u00e9n capaz de ello?, aprovechar el tiempo y permitirnos invitar al silencio a casa para, junto a \u00e9l, contemplar el vac\u00edo pleno de nuestra inactividad. Se dice que las nuevas y no tan nuevas generaciones est\u00e1n sobreestimuladas, saturadas de ruido, abrumadas por la intrusi\u00f3n de \u201csus\u201d pensamientos, de manera semejante a la que estuvimos aquellos que tuvimos a la televisi\u00f3n como ni\u00f1era, maestra y mejor amiga. \u201cEsto est\u00e1 peor que con la televisi\u00f3n\u201d, dec\u00eda una vez un se\u00f1or en el metro al ver a todo mundo conectado en su celular a trav\u00e9s de sus aud\u00edfonos. \u00bfPor qu\u00e9 sentir nostalgia del vac\u00edo cuando ya est\u00e1 ah\u00ed? Lo tenemos al alcance de la mano como lo tiene el monje zen cuando golpea una mesa y afirma: \u201cLa pregunta m\u00e1s importante de Zen es, \u201c\u00bfqu\u00e9 es esto?\u201d, y su respuesta es, \u201cEsto es esto\u201d\u201d.<br \/>\nVoy a cocinar. Compre cebollas y antes de picar una de ellas pienso en Ramiro. Los hombres somos como cebollas, milim\u00e9tricas capaz una sobre otra. Los dem\u00e1s (m\u00e1s que la vida y mucho m\u00e1s que el mundo) nos han cubierto de las mismas, el peso inerte de una rigidez, la de nuestra inmediatez que tanto nos cuesta comprender. \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si pudi\u00e9ramos quitar, una por una, todas y cada una de aquellas milim\u00e9tricas capas de cebolla? Al final, despu\u00e9s de la \u00faltima, \u00bfqu\u00e9 encontrar\u00edamos?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Limpiando la casa me encontr\u00e9 con una vieja gu\u00eda telef\u00f3nica. 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