{"id":175,"date":"2020-05-15T20:45:09","date_gmt":"2020-05-15T20:45:09","guid":{"rendered":"http:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=175"},"modified":"2020-05-15T22:44:47","modified_gmt":"2020-05-15T22:44:47","slug":"ii-el-aliento-de-una-mascara-ante-ese-intento-llamado-virtud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2020\/05\/15\/ii-el-aliento-de-una-mascara-ante-ese-intento-llamado-virtud\/","title":{"rendered":"II.-El aliento de una m\u00e1scara ante ese intento llamado virtud"},"content":{"rendered":"\n<p>Qu\u00e9 terrible puede ser la vida si no se <em>comprende<\/em> la sabidur\u00eda de la <em>apariencia<\/em>. El apego a la misma nos distancia de la posibilidad de su estrategia, la posibilidad de la <em>poiesis <\/em>que implica y, con dicha distancia, nos permitimos la renuncia al <em>esfuerzo <\/em>de <em>comprender <\/em>la relaci\u00f3n <em>\u00edntima<\/em> de la <em>apariencia <\/em>con la profundidad de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Los hombres hemos decidido \u201ccomprometer\u201d a la vida -como si su <em>inconmensurabilidad <\/em>no nos diera cuenta de su car\u00e1cter inaprehensible- con la <em>superficialidad <\/em>de nuestro <em>deseo<\/em>, alej\u00e1ndonos de la <em>necesidad de comprensi\u00f3n<\/em> y de <em>la comprensi\u00f3n de su<\/em> <em>necesidad<\/em>. Con ello <em>aparentemente<\/em> <em>cree<\/em> (sin realmente creer) haber comprometido a la vida con tal <em>apariencia<\/em> y, por lo tanto, con su <em>aparente <\/em>satisfacci\u00f3n, cuando lo que ha hecho es comprometer <em>la finitud de su destino <\/em>con la <em>somnolencia <\/em>de su <em>estupidez<\/em>. \u201c\u00a1Buena suerte!\u201d, nos digo a <em>todos nosotros<\/em>. Y, sin embargo, me parece <em>injusto <\/em>no intentar <em>comprenderlo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>10<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y quiz\u00e1s la naturaleza ama [o: se apega a] los contrarios y a partir de \u00e9stos logra lo concordante, no a partir de los semejantes, as\u00ed sin duda une al macho con la hembra y no a cada uno con el de su mismo sexo, y form\u00f3 la primera pareja con los contrarios, no con los semejantes. Y el arte parece hacer eso mismo, imitando a la naturaleza. Pues la pintura, mezclando las naturalezas de los colores blancos y los [sic] negros, los amarillos y los rojos, realiza im\u00e1genes concordantes con los modelos [lit. las cosas a que se refieren], y la m\u00fasica, mezclando en distintas voces a la vez los sonidos agudos y graves, largos y breves, realiza una \u00fanica armon\u00eda, y la gram\u00e1tica, haciendo una mezcla a partir de las letras vocales [sonoras] y las consonantes [mudas], a partir de \u00e9stas ha compuesto todo su arte. Y esto mismo tambi\u00e9n lo dicho por Her\u00e1clito el Oscuro:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conexiones,<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cosas enteras y no enteras:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Concordante y discordante,<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>consonante disonante<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>y de todas las cosas uno, y de uno todas las cosas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed tambi\u00e9n la reuni\u00f3n de las cosas todas, es decir, del cielo y la tierra y del universo en su conjunto, por la mezcla de los principios m\u00e1s contrarios, ha arreglado una armon\u00eda\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><strong>C <\/strong>(Pseudo Arist\u00f3teles, <em>De mundo <\/em>5, 396b 7)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/strong>Hablemos primero de los m\u00e1s <em>evidente<\/em>. Resulta dif\u00edcil hablar de lo <em>aparente <\/em>en el contexto antiguo que nos refiere, porque es hablar -recordando a Josu Landa en alguna de sus clases- de un \u00e1mbito \u201cen el que nada era formal\u201d. El coraz\u00f3n del fragmento son los versos atribuibles al sabio efesio. Al centro de los mismos est\u00e1 la palabra, \u201cConexiones\u201d. Justo en el lugar de <em>encuentro<\/em>, la frontera como espacio <em>com\u00fan<\/em> habitada por dos contrarios, dos opuestos. Una conexi\u00f3n es el lugar de coincidencia en el que sucede un encuentro. \u00c9ste no puede dejar de ser vinculante, hay una relaci\u00f3n inevitable que refiere a lo <em>com\u00fan<\/em>. Podemos pensar en la <em>conexi\u00f3n<\/em> como una continuidad entre algo diferente a aquello con lo cual se vincula en dicha relaci\u00f3n, y este \u00faltimo. Lo interesante es pensar que no son del todo diferentes, hay una <em>semejanza<\/em>. Si no fuera as\u00ed no habr\u00eda <em>encuentro<\/em>, no habr\u00eda la m\u00e1s m\u00ednima inteligibilidad necesaria para que si quiera hubiera una <em>intuici\u00f3n <\/em>y <em>sensaci\u00f3n <\/em>de aquello que est\u00e1 ante nosotros como una manifestaci\u00f3n de la <em>apariencia <\/em>de lo <em>diferente<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Me parece, con base en lo anterior, que hemos dado con un punto clave al respecto. No todo, entonces, es tan ajeno a una <em>forma<\/em> en este contexto. Hay una comprensi\u00f3n, una intuici\u00f3n en relaci\u00f3n con <em>lo formal<\/em> como <em>convenci\u00f3n <\/em>y <em>apariencia<\/em>. Sin embargo, es someramente aproximado a la categor\u00eda de <em>la forma<\/em> empleada por varios autores antiguos, como es el caso de fil\u00f3sofos tan importantes como Plat\u00f3n o Arist\u00f3teles. El <em>Eidos <\/em>es necesidad y, en ese sentido, tambi\u00e9n la <em>apariencia <\/em>como din\u00e1mica del <em>logos<\/em> que, sin embargo, no va a ser tan relevante en algunos autores como lo ser\u00e1 en otros. No me detendr\u00e9 en este matiz que significa una erudici\u00f3n monumental que no tengo acerca de los griegos, s\u00f3lo quiero se\u00f1alarlo. Desde esta perspectiva, no podemos hablar de <em>la forma<\/em> como <em>apariencia <\/em>-lo cual resulta m\u00e1s contempor\u00e1neo- ni demeritar el papel de la <em>apariencia <\/em>en nuestras vidas. Estamos hablando entonces de <em>densidades ontol\u00f3gicas<\/em>. Comprender la pertinencia de las mismas en su papel configurador de nuestras <em>intuiciones <\/em>y <em>sensaciones <\/em>es lo relevante. En ese <em>sentido<\/em>, ello implica comprender su <em>logos<\/em>, su <em>racionalidad <\/em>y, por lo tanto, su participaci\u00f3n <em>pertinente <\/em>-la <em>justicia <\/em>de su <em>medida <\/em>y <em>proporci\u00f3n<\/em>&#8211; en la manera en la que se manifiesta la <em>armon\u00eda <\/em>de la vida y, por lo tanto, su relaci\u00f3n con las <em>profundidades<\/em> que entra\u00f1a. Para ello, hagamos a un lado el concepto de <em>forma<\/em>, m\u00e1s complejo y <em>significativo<\/em>; m\u00e1s <em>determinante <\/em>y <em>necesario <\/em>de lo que habitualmente lo usamos los hombres contempor\u00e1neos, tan ajenos de la <em>necesidad <\/em>y, por lo tanto, de <em>nosotros mismos<\/em>. Pensemos mejor en la <em>necesidad <\/em>y, por lo tanto, <em>racionalidad <\/em>de ese <em>sabio juego de medidas<\/em> que es la <em>naturaleza <\/em>como fen\u00f3meno en sus fen\u00f3menos, entre ellos el hombre, tan complejos como el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>En su siguiente verso Her\u00e1clito nos habla de las cosas enteras y no enteras. Pensemos en el concepto de \u201centero\u201d. Podemos pensar en ello como lo que representa una unidad, una integridad de s\u00ed mismo. Sin embargo, si es delimitable, est\u00e1 determinado y, <em>pareciera<\/em>, agotable y carente. Sin embargo, su <em>entereza <\/em>refiere a lo unitario, a la unidad y, por lo tanto, a la armon\u00eda que <em>significa <\/em>su completud. Es algo que se puede leer y <em>comprender<\/em>, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Parad\u00f3jicamente, estamos ante un fil\u00f3sofo del cual s\u00f3lo tenemos fragmentos, no tenemos su discurso <em>integro<\/em>, por lo menos en <em>apariencia<\/em>. Sin embargo, que bien se dejan leer si se es capaz de disfrutar el esfuerzo que nos exige la comprensi\u00f3n de sus aguas tan claras y profundas, tan profundas como la <em>oscuridad <\/em>abisal del mar en sus regiones m\u00e1s inh\u00f3spitas. En <em>apariencia<\/em>, su claridad y fragmentariedad los alejan y vuelven ajenos y, sin embargo, la inteligibilidad <em>simb\u00f3lica <\/em>de su escritura nos vincula a trav\u00e9s de <em>im\u00e1genes po\u00e9ticas <\/em>que nos invitan a la aventura de su desciframiento. Como si se tratara de un or\u00e1culo, algo <em>semejante<\/em>, s\u00f3lo que desde el esfuerzo de la <em>raz\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo nos quedan fragmentos y, sin embargo, estos se espejean <em>mutuamente<\/em> hasta el infinito, se contienen en dicha apariencia <em>mutua<\/em>, evidenci\u00e1ndose su car\u00e1cter fractal, una unidad contenida en cada uno, en la <em>apariencia <\/em>fragmentaria de los mismos. En los fragmentos que forman la <em>integridad <\/em>de lo incompleto, como si con ello hubieran cumplido un <em>destino <\/em>semejante a la <em>armon\u00eda <\/em>a la que apela nuestro autor en el segundo verso de este fragmento.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una <em>l\u00f3gica de la identidad<\/em>, lo entero es lo correspondiente y concordante, lo adecuado y, en esa medida manifiesta su <em>necesidad<\/em>. Por lo tanto, es algo que preserva la <em>unidad <\/em>que posee y, por lo tanto, lo <em>define<\/em>. No hay espacio para la <em>penumbra<\/em>, es claridad, ininteligibilidad inobjetable y llana, quiz\u00e1, m\u00e1s que somera, simple. \u00bfPuede ello entra\u00f1ar una aut\u00e9ntica <em>profundidad<\/em>? Resulta, m\u00e1s bien, <em>una mera apariencia<\/em>. Si es el caso, \u00bfno habr\u00e1 detr\u00e1s de ella una mala voluntad, un velamiento, un ocultamiento o, simplemente, una ignorancia, una falta de consciencia acerca de la compleja <em>problematicidad <\/em>de aquello a lo cual refiere? No es lo mismo la sencillez y sobriedad al servicio de la <em>conexi\u00f3n<\/em>, el <em>v\u00ednculo<\/em>, la relaci\u00f3n continua, por ejemplo, entre <em>opuestos<\/em> y <em>contrarios<\/em> (as\u00ed como la complejidad de su relaci\u00f3n) que la sencillez y simpleza del prejuicio o la \u201creflexi\u00f3n\u201d sin compromiso con la indagaci\u00f3n -la <em>aparente <\/em>reflexi\u00f3n-, que tan s\u00f3lo dice enuncia sin ir m\u00e1s all\u00e1, no de lo evidente -la evidencia exige su b\u00fasqueda- sino de lo <em>aparente<\/em>. Se trata de la <em>doxa<\/em>, la <em>opini\u00f3n <\/em>de la mayor\u00eda y su <em>conformismo <\/em>o <em>pereza <\/em>mental ante lo que les rodea y sucede. Y, sin embargo, acontece como una regularidad de la <em>problem\u00e1tica<\/em> <em>condici\u00f3n humana<\/em>, con todo y nuestro (<em>aparente<\/em>) v\u00ednculo secreto con la <em>naturaleza<\/em>, apelando al contexto de nuestro autor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello evidencia una negligencia, una irresponsabilidad acerca de nuestra <em>atenci\u00f3n <\/em>a la raz\u00f3n que remite a la <em>profundidad<\/em> de las cosas y su apariencia como <em>signo vinculante <\/em>con las mismas. <em>Parece ser <\/em>que en ello yace su <em>logos<\/em>. El peligro de dicha negligencia es tan grave como la <em>deliberada <\/em>intenci\u00f3n e inducci\u00f3n a la misma, porque la primera permite a la segunda o, mejor dicho, facilita su <em>h\u00e1bito<\/em>, la <em>inercia negligente<\/em> de su <em>normalizaci\u00f3n<\/em> o, peor a\u00fan, su <em>naturalizaci\u00f3n<\/em>, pensando en la memoria de nuestro cuerpo. Entra\u00f1a la mala voluntad del <em>cierre del sentido<\/em> y, por lo tanto, la generaci\u00f3n de un discurso \u201cpara todos\u201d. Una habitaci\u00f3n colectiva que <em>aparenta <\/em>fundarse en lo <em>com\u00fan<\/em>, porque lo <em>com\u00fan <\/em>es la <em>raz\u00f3n <\/em>y nuestra relaci\u00f3n <em>\u00edntima<\/em>, esforzada y dolorosa, con la misma. En tal habitaci\u00f3n de una colectividad -en nuestro caso una masa <em>informe<\/em> y, por lo tanto, <em>irracional<\/em>&#8211; no hay <em>pensamiento<\/em>, <em>reflexi\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, no hay <em>comunidad<\/em>. Puede haber m\u00e1s <em>comunidad <\/em>con uno mismo que con los cientos de hombres con los cuales podemos llegar a convivir a lo largo del d\u00eda en la misma ciudad. He ah\u00ed una <em>conexi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensemos ahora en lo no-entero. <em>Pareciera <\/em>tratarse de un fen\u00f3meno que carece de algo y que, por ello, parad\u00f3jicamente posee un d\u00e9ficit, con base en el cual lo atraviesa una carencia, una incapacidad, una disfuncionalidad. Es algo parcial y roto. Desde una l\u00f3gica de la <em>identidad<\/em> es una <em>forma<\/em> que se ha perdido, una <em>deformaci\u00f3n <\/em>o <em>deformidad<\/em> que, con la p\u00e9rdida de la capacidad para contener un <em>sentido <\/em>-probablemente la funci\u00f3n m\u00e1s importante de la <em>forma<\/em>&#8211; tambi\u00e9n ha perdido al mismo. Por ello, es algo <em>irracional <\/em>y <em>excluible <\/em>por su tendencia a la <em>inteligibilidad<\/em>, a la <em>irracionalidad <\/em>y, por lo tanto, incapaz de ser habitaci\u00f3n de <em>encuentro<\/em>, habitaci\u00f3n de <em>lo com\u00fan<\/em>. De esta manera se le niega el esfuerzo de su <em>comprensi\u00f3n<\/em>. En ello, \u00bfno podemos llegar a ser irracionales si, motivados por la <em>apariencia<\/em>, renunciamos a ese esfuerzo? He ah\u00ed, nuevamente, la <em>irresponsabilidad<\/em>, la <em>negligencia<\/em> y, tratando de ser <em>justos<\/em>, la relaci\u00f3n entre las mismas y la manera en la que nos hemos comprometido durante siglos con una <em>l\u00f3gica de la identidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas cosas y a cu\u00e1ntos no hemos desechado injusta y arbitrariamente por tal negligencia, actuando, por ello, con base en <em>prejuicio<\/em> m\u00e1s que en <em>comprensi\u00f3n<\/em>? Nos centramos en la <em>aparente diferencia<\/em>, es lo m\u00e1s <em>f\u00e1cil<\/em>, la inmediatez de la inercia movida por nuestra <em>conmoci\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, sin la <em>comprensi\u00f3n <\/em>necesaria para posicionarse de mejor <em>forma <\/em>ante ella. No nos permitimos, a trav\u00e9s de la <em>negaci\u00f3n<\/em>, <em>encontrarnos en lo com\u00fan de la semejanza<\/em>. \u00bfNo es ello <em>irracional<\/em>? \u00bfCu\u00e1ntos y a cu\u00e1ntos no hemos desechado injusta y arbitrariamente por creerlos no-enteros cuando, si nos permiti\u00e9ramos <em>comprensi\u00f3n<\/em>, quiz\u00e1 podr\u00edamos darnos cuenta de que se trata, no de una incompletud, sino de la <em>inconmensurabilidad <\/em>insalvable en la que se agota toda certeza por nuestra <em>falible finitud<\/em>? \u00bfNo ser\u00e1 que nosotros con dicha voluntad llevamos a cabo nuestra <em>incompletud<\/em>, aquella en la cual consiste nuestro <em>prejuicio<\/em>,por no comprender la relaci\u00f3n entre <em>lo docto de nuestra<\/em> ignorancia y la <em>inconmensurabilidad<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>inconmensurabilidad <\/em>manifiesta nuestra relaci\u00f3n con lo contrario y opuesto y, por lo tanto, es justificaci\u00f3n <em>necesaria <\/em>de la <em>semejanza <\/em>como <em>necesidad <\/em>ante la <em>incertidumbre<\/em>. La inconmensurabilidad como falta de principio da cuenta del car\u00e1cter <em>aepistemol\u00f3gico <\/em>de la <em>semejanza<\/em>, como posicionamiento <em>prudencial <\/em>ante la imposibilidad <em>clara y distinta <\/em>de la certeza o, quiz\u00e1 mejor dicho, de la pretensi\u00f3n de <em>claridad y distinci\u00f3n<\/em> que la misma supone y pretende, si es que nuestras <em>aparentes certezas <\/em>pueden dejar de ser, en cualquier momento, susceptibles de falibilidad y problematicidad, evidenci\u00e1ndose desde su cuestionamiento como meros prejuicios. La no-entereza, tal <em>incompletud<\/em>,es posible y muy caracter\u00edstica de lo humano, sobre todo, en tanto que <em>apariencia<\/em>. Por lo tanto, <em>puede <\/em>entra\u00f1ar un <em>sentido <\/em>y ser <em>forma<\/em>. En ello manifiesta una <em>necesidad <\/em>y, por lo tanto, ello da cuenta de su <em>racionalidad<\/em>. He ah\u00ed los <em>Fragmentos <\/em>de Her\u00e1clito que, si fu\u00e9ramos realmente congruentes con una l\u00f3gica de la identidad, ya hace rato habr\u00edamos tenido que aventar al fuego (No dudo que haya <em>necios <\/em>que lo<em> deseen<\/em> desde lo m\u00e1s <em>\u00edntimo <\/em>de sus fueros m\u00e1s ocultos y <em>secretos<\/em>. Los autoproclamados <em>due\u00f1os de la verdad<\/em>, tan peligrosos por la intenci\u00f3n de sus <em>almas b\u00e1rbaras <\/em>de cerrar el sentido, por tan s\u00f3lo satisfacer su ego\u00edsmo). Y, sin embargo, seguimos buscando <em>signos <\/em>de <em>raz\u00f3n <\/em>en la <em>incompletud <\/em>de los <em>Fragmentos<\/em>, su <em>aparente <\/em>falta de entereza. Porque sabemos lo valioso de tener, aunque sea poco, algo, en vez de nada. Porque de la nada, nada se genera (<em>ex nihilo nii<\/em>). He ah\u00ed la inconmensurabilidad tan valiosa, tan importante como invitaci\u00f3n a lo <em>com\u00fan<\/em>,a trav\u00e9s de la <em>semejanza<\/em>. Lo no-entero es un silencio que nos habla desde su inconmensurabilidad, no para completarlo (tambi\u00e9n hay <em>due\u00f1os de la verdad<\/em> que se creen con tan ego\u00edsta derecho a <em>cerrar el sentido<\/em> de tal forma) sino para <em>comprender <\/em>que nuestra complejidad y comprensi\u00f3n tambi\u00e9n son <em>fragmentarias<\/em>,y que dicha <em>fragmentariedad<\/em>, <em>probable<\/em> y <em>posible<\/em>, tambi\u00e9n participa del <em>logos<\/em>. He ah\u00ed nuestros <em>duelos <\/em>y, sobre todo, lo m\u00e1s elemental que entra\u00f1an, nuestro <em>dolor<\/em>, habitaci\u00f3n <em>com\u00fan<\/em> de nuestros cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El siguiente verso nos habla de lo concordante y lo discordante. Lo concordante es aquello que manifiesta una correspondencia con algo, una relaci\u00f3n y, por lo tanto, un v\u00ednculo. <em>Aparentemente<\/em>, hay una pertinencia en lo concordante, no hay <em>conflicto<\/em>. Sin embargo, si se trata de una <em>mismidad<\/em>, resulta sugerente creer que, de alguna forma, el <em>encuentro<\/em> no suscite conflicto o la posibilidad del mismo. No se trata, en sentido estricto, de una <em>mismidad<\/em>, ya que hay una <em>aparente diferenci<\/em>a en el car\u00e1cter particular que significa la <em>singularidad <\/em>de cada uno de los elementos de la relaci\u00f3n. Se <em>encuentran <\/em>y con ello llevan a cabo una <em>coincidencia<\/em>, por ello concuerdan, manifiestan en ello una <em>necesidad <\/em>y, por lo tanto, <em>una racionalidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, \u00bfqu\u00e9 pasa si, desde la determinaci\u00f3n implicada en sus singularidades, le faltara a uno su concordante?, \u00bfqu\u00e9 pasa si no se puede la <em>continuidad<\/em> que significa su encuentro? En ciertos casos, probablemente, se convertir\u00edan en <em>incompletos<\/em>, no habr\u00eda ya concordancia, de manera <em>an\u00e1loga<\/em> a lo que significa la ausencia de una pieza en un rompecabezas o, peor a\u00fan, de manera <em>semejante a <\/em>la p\u00e9rdida del amado en relaci\u00f3n con su amante. Surgir\u00eda el duelo por la incompletud, la falta de concordancia que significaba <em>armon\u00eda<\/em> y <em>sentido<\/em>. Por lo tanto, se pierde la <em>forma <\/em>que conten\u00eda sentido, se tiende a la irracionalidad de la <em>ininteligibilidad<\/em>, se vuelve dif\u00edcil o imposible la lectura del fen\u00f3meno, claro est\u00e1, <em>aparentemente <\/em>y dependiendo del caso. Se pierde el rastro que signa la trayectoria de dicho mapa hacia un fin. Esa <em>sensaci\u00f3n <\/em>surge, a pesar de que, en todo fin que entra\u00f1e lo indeterminado, ya est\u00e1 impl\u00edcita y atravesada -casi de forma inmanente- la <em>probable posibilidad <\/em>de la <em>finitud<\/em>. Hay un extravi\u00f3 que hace <em>parecer <\/em>a la <em>incompletud <\/em>de la <em>ausencia<\/em> un <em>problema<\/em>, sin negar que, de cierta manera, lo es en tanto que <em>conflicto <\/em>e <em>incertidumbre<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, como ya hemos visto, nos queda la <em>incompletud<\/em>. La posibilidad de que \u00e9sta signifique un duelo no implica que podamos negarnos a su <em>comprensi\u00f3n<\/em>. He ah\u00ed nuevamente el llamado de la <em>inconmensurabilidad<\/em> a una habitaci\u00f3n de lo <em>com\u00fan<\/em>, m\u00e1s all\u00e1 de nuestro ego\u00edsmo. Acceder a tal comprensi\u00f3n, a la habitaci\u00f3n de lo inconmensurable de nuestro duelo, o, mejor dicho, de nuestro dolor. En este caso, la incompletud de lo discordante. Permitirnos la compa\u00f1\u00eda de <em>lo probable <\/em>y <em>lo posible<\/em> en la incertidumbre que significan, aquello que nos <em>encuentra<\/em> para renovar desde la <em>comprensi\u00f3n <\/em>nuestra relaci\u00f3n con la vida, desprendi\u00e9ndose nuevos signos que constituyan la pieza faltante, dibujen el mapa del sentido y nos recuerden los motivos de nuestro amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La misi\u00f3n es <em>terrible<\/em>, casi <em>ag\u00f3nica<\/em>. Quiz\u00e1 por ello, para muchos de nosotros, sea tan dif\u00edcil. Probablemente para muchos sea m\u00e1s f\u00e1cil negarla, y, en el peor de los casos, instalarse en la inercia de su <em>miseria<\/em>, la amargura <em>r\u00edgida <\/em>de quien no se desprende de su dolor, un <em>apego <\/em>a aquello que <em>concordaba <\/em>con \u00e9l. Se trata de un duelo que <em>aparentemente <\/em>nunca acaba -hay quien decide asumirlo como un dolor infinito-, al que no se le permite acabar, un dolor que se mantiene vivo, al cual se le aviva (<em>una m\u00e1scara<\/em>, una <em>apariencia<\/em>), para no dejar ir una vida que ahora es otra cosa porque ya no puede ser lo que era antes, o, por lo menos, no de la manera en la que lo era. Ahora se est\u00e1 ante la posibilidad de otra vida a la cual se le rechaza, a la cual se pretende renunciar, aunque \u00e9sta pueda ayudarnos a sobrevivir a nuestra pena.<\/p>\n\n\n\n<p>No aceptar que as\u00ed es, no comprender que ya no es <em>posible <\/em>ni mucho menos <em>probable <\/em>que esa vida vuelva a ser lo que era, por lo menos, de la misma manera. He ah\u00ed el ego\u00edsmo de nuestras aprehensiones. Renunciar a la ef\u00edmera &#8211;<em>aparente <\/em>en ese sentido- <em>armon\u00eda <\/em>que nos daba lo concordante que se ha extinguido, de la misma forma en la que se comprende a trav\u00e9s de la <em>sensaci\u00f3n<\/em> la <em>pertinencia <\/em>del <em>acorde <\/em>en una sinfon\u00eda, para generar otra habitaci\u00f3n de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, es m\u00e1s <em>f\u00e1cil<\/em> juzgar que comprender y, hablando de armon\u00eda, como bien dec\u00eda el fil\u00f3sofo de las espaldas anchas, \u201cLas cosas bellas son dif\u00edciles\u201d. En este caso, comprender esta dificultad como parte de la <em>falibilidad<\/em> a la que tiende la <em>inconmensurabilidad <\/em>de la vida (profundidad del<em> logos <\/em>del alma), y la dif\u00edcil habitaci\u00f3n de nuestro dolor que nos demanda. Probablemente no hay manera de completar dicha misi\u00f3n sin tal extrav\u00edo. \u00bfQu\u00e9 es el dolor sino <em>ego\u00edsmo<\/em>?, \u00bfno tendr\u00e1 el ego\u00edsmo-sin negar su <em>problematicidad<\/em>&#8211; una <em>necesidad<\/em> <em>concordante <\/em>con la profundidad del <em>logos <\/em>de nuestra alma y, por lo tanto, un car\u00e1cter <em>racional<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Lo triste es la renuncia a la b\u00fasqueda del <em>sentido<\/em> ante la <em>incompletud<\/em> de la <em>discordancia<\/em> que ha surgido. El verdadero extrav\u00edo, entonces, no est\u00e1 en la posibilidad de permitirse el sufrimiento hasta sus \u00faltimas consecuencias, sino en reprimirlo como instalaci\u00f3n en el mismo, al grado de permitirse la plenitud de su inercia, su <em>dominaci\u00f3n<\/em>, manifiesto en su negaci\u00f3n. Ello nos lleva a una <em>vigilia son\u00e1mbula<\/em>, tal <em>derrota<\/em> sin la <em>atenci\u00f3n <\/em>a sus signos posibles, posibilidades de reencardinaci\u00f3n de nuestra trayectoria. Las materialidades concretas de un cuerpo que habla, la <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Apegarse a <em>la luz inmediata de las apariencias<\/em>, al no comprender la <em>pertinencia <\/em>de su <em>logos<\/em> en nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Superar dicho estadio requiere de renuncia, no permitirnos la inercia de las <em>apariencias<\/em>, la incomprensi\u00f3n de una <em>eternidad <\/em>que no es ajena a la <em>finitud<\/em>, lo impredecible de <em>lo posible<\/em> y <em>lo probable<\/em>, ante las cuales nuestro lamento manifiesta nuestro <em>apego <\/em>en fen\u00f3menos como nuestras <em>expectativas<\/em>. Renunciar a la <em>luz aparente de lo inmediato <\/em>y permitirse la fugaz <em>ominosidad <\/em>de la alegr\u00eda que yace en el seno del abismo, <em>nosotros mismos<\/em>. Toda <em>comprensi\u00f3n <\/em>de todo lo que nos es <em>posible <\/em>y <em>probable <\/em>comprender, es <em>comprensi\u00f3n <\/em>de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo Discordante, <em>aparentemente<\/em>, es m\u00e1s complejo y, al mismo tiempo, <em>aparentemente<\/em> m\u00e1s f\u00e1cil de entender. Aquello que causa <em>discordia<\/em> produce <em>animadversi\u00f3n<\/em>. Es algo que est\u00e1 fuera de lugar, que no <em>corresponde<\/em> y que, por ello, manifiesta en su relaci\u00f3n con aquello a lo que se opone, falta de armon\u00eda, impertinencia, desproporci\u00f3n. Suele ser objeto de <em>evasi\u00f3n<\/em>, <em>negaci\u00f3n <\/em>y desprecio. Resulta desagradable y, por la <em>supuesta <\/em>incapacidad de <em>pertenencia <\/em>y <em>pertinencia <\/em>que se le ha adjudicado, <em>parece <\/em>ajeno y, por lo tanto, <em>extranjero<\/em>. Es el <em>problema<\/em>, la <em>anomal\u00eda<\/em>, el <em>defecto<\/em>, <em>el mal <\/em>a vencer y a destruirde una l\u00f3gica de la <em>identidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La discordancia se genera cuando no se logra la concordancia. Como ya hemos visto, es el caso del duelo ante la ausencia. Lo discordante evoca la ausencia de lo concordante, aquello <em>necesario <\/em>o <em>la necesidad<\/em> que logre <em>armon\u00eda<\/em>. Lo <em>discordante <\/em>es la presencia opuesta (el <em>negativo<\/em>) que recuerda a aquello que suprime <em>la necesidad<\/em>, por lo tanto, capaz de la <em>apariencia <\/em>de lo imposible: la herida y subsanar lo lastimado de manera <em>reversible <\/em>-\u00bfes el tiempo reversible desde nuestro estadio <em>aparente<\/em>?-; la carencia y su necesidad de satisfacci\u00f3n de manera permanente, no hay tales ante lo concordante sino <em>aparente armon\u00eda<\/em>. Por ello, lo discordante se rechaza <em>de facto<\/em>,hasta su exterminio si es necesario Lo discordante supone un conflicto desde su mera emergencia, lo cual tiende a acrecentarse si su presencia se vuelve constante. Sin embargo, nuevamente, es la <em>comprensi\u00f3n <\/em>lo que puede evidenciarlo como una <em>apariencia<\/em>,y el <em>prejuicio <\/em>lo que lo condena a la <em>identidad <\/em>de \u201clo discordante\u201d, a trav\u00e9s de la <em>estigmatizaci\u00f3n<\/em> a la que tiende una l\u00f3gica de tal tipo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, dependiendo del caso, el fen\u00f3meno y su circunstancia, todo lo <em>aparentemente <\/em>entero puede no ser entero y todo lo <em>aparentemente<\/em> no entero puede ser entero; todo lo <em>aparentemente <\/em>concordante puede ser discordante y todo lo <em>aparentemente <\/em>discordante puede ser concordante; todo lo <em>aparentemente <\/em>consonante puede ser <em>disonante <\/em>y todo lo <em>aparentemente disonante <\/em>puede ser <em>consonante<\/em>. He ah\u00ed la <em>Conexi\u00f3n<\/em>. Somos <em>uno y lo mismo<\/em>, la <em>armon\u00eda inaparente<\/em> es mejor que la <em>aparente<\/em>, como ahondaremos en otro lugar.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aparentemente <\/em>parece m\u00e1s f\u00e1cil hablar de \u201clo consonante\u201d. Sin embargo, la consonancia nos remite a lo sonoro, a la <em>concordancia <\/em>y <em>compatibilidad <\/em>capaz de generar la <em>entera unidad <\/em>de una armon\u00eda, la de aquello que, con <em>proporci\u00f3n y medida<\/em>, <em>pertinentemente<\/em> suena con lo dem\u00e1s. Una voz <em>adecuada<\/em>, un sonido que cohabita <em>armoniosamente <\/em>con lo dem\u00e1s, tanto en su singularidad como en su pluralidad, al grado de que, entre todos, se constituye una <em>armon\u00eda<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen demasiado <em>perfecta <\/em>-en el sentido de <em>acabada<\/em>&#8211; de la <em>esfericidad <\/em>de un <em>cosmos<\/em>, si nos ponemos pitag\u00f3ricos, y, por lo tanto, la de su pertinente <em>vibraci\u00f3n<\/em>, la de los cuerpos y, por lo tanto, su atomicidad. Una relaci\u00f3n musical o, mejor dicho, una m\u00fasica cuya escucha, la de su <em>medida<\/em> y <em>proporci\u00f3n<\/em>, nos <em>armoniza<\/em> por ser parte de ella. En ello yace la <em>atenci\u00f3n <\/em>al <em>logos<\/em>. Radica en nuestra <em>afinaci\u00f3n<\/em> como armonizaci\u00f3n de nuestro o\u00eddo para ser <em>afines <\/em>a dicha m\u00fasica. <em>Sintonizarnos <\/em>con la transmisi\u00f3n de dicha <em>armon\u00eda<\/em> y lograr su <em>lectura<\/em>, su <em>comprensi\u00f3n<\/em>. Dar cuenta que su <em>afinaci\u00f3n <\/em>posee <em>racionalidad<\/em> (<em>logos<\/em>)y, en la <em>comprensi\u00f3n <\/em>de su<em> justicia<\/em>,<em> medida <\/em>y<em> proporci\u00f3n<\/em>, el resultado de la misma es la constituci\u00f3n del gozo <em>liberador<\/em>,la misma <em>comprensi\u00f3n <\/em>de la complejidad del <em>logos<\/em>,cuya armon\u00eda <em>habitamos<\/em>. Por ello, el <em>logos<\/em> implica su armon\u00eda <em>no aparente <\/em>(una armon\u00eda que no <em>aparece<\/em>, tendiente a lo invisible y al <em>ocultamiento<\/em>), al grado de que la <em>desafinaci\u00f3n <\/em>de un <em>alma b\u00e1rbara<\/em> o <em>dormida <\/em>-haciendo hincapi\u00e9 en las diversas posibilidades de <em>somnolencia <\/em>que significan nuestros estadios, habitaciones y deshabitaciones- pueden llevar a la misma a confundir, de muchas y diversas maneras, dicha m\u00fasica con <em>disonancia<\/em>. He ah\u00ed la <em>necesidad<\/em> de no permitirse tal inercia, la <em>somnolencia <\/em>opuesta a la <em>comprensi\u00f3n <\/em>como <em>necesidad <\/em>del <em>logos<\/em>, la <em>raz\u00f3n <\/em>que atraviesa todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es entonces que nos confrontamos ante el inmenso <em>problema <\/em>de la <em>disonancia<\/em>. \u00bfQu\u00e9 es la disonancia, en la <em>medida <\/em>en que \u00e9sta exige la <em>comprensi\u00f3n <\/em>de su <em>necesidad<\/em>, la <em>justicia <\/em>que d\u00e9 cuenta de su <em>proporci\u00f3n <\/em>y <em>medida <\/em>en tanto que parte del todo? Podemos entender, en el sentido en el que hemos planteado la <em>consonancia<\/em>, a \u201clo no-entero\u201d y a lo \u201cdiscordante\u201d como <em>disonancias<\/em>. Presencias o ausencia -dependiendo del caso- que son demasiado <em>agudas <\/em>o <em>graves <\/em>para el <em>o\u00eddo <\/em>del cuerpo sutil que es el alma, al grado de lastimarla en el proceso <em>fisiol\u00f3gico<\/em> en el que consiste la habitaci\u00f3n de nuestro cuerpo por parte de dichas <em>sensaciones<\/em>. Sin embargo, si ello no tiene como fundamento la <em>comprensi\u00f3n <\/em>de su <em>necesidad<\/em>, la <em>medida <\/em>y <em>proporci\u00f3n <\/em>de su <em>logos<\/em>, manifiesta dicho posicionamiento la irracionalidad del <em>prejuicio<\/em>. De ah\u00ed lo <em>problem\u00e1tico que resulta <\/em>lo <em>aparentemente inmediato<\/em> de la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de la <em>disonancia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello nos remite al tema del <em>logos <\/em>como <em>palabra<\/em>, la <em>palabra <\/em>como posibilidad de <em>encuentro <\/em>en lo <em>com\u00fan<\/em>. La manifestaci\u00f3n de la <em>inteligencia<\/em> (el <em>logos<\/em>) que en ella se manifiesta, y que tambi\u00e9n en ella puede habitar aunque nuestra palabra est\u00e9 <em>aparentemente <\/em>desafinada, sin dejar de ser parte de la <em>polifon\u00eda <\/em>tan compleja e <em>inconmensurable <\/em>de dicha m\u00fasica, he ah\u00ed la profundidad del <em>logos <\/em>del alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, \u00bfcu\u00e1ndo nuestra palabra est\u00e1 desafinada? \u00bfCu\u00e1ndo no suena bien?, \u00bfcu\u00e1ndo suena tosca y poco elegante? En t\u00e9rminos muy llanos, cuando no tiene <em>raz\u00f3n<\/em>, o sea cuando no tiene <em>logos <\/em>y, por lo tanto, no es <em>virtuosa<\/em>. \u00bfCu\u00e1l es la palabra consonante y <em>virtuosa<\/em>?, \u00bfla que tiene raz\u00f3n? La palabra <em>virtuosa <\/em>es la que es <em>logos<\/em>, la palabra de lo <em>com\u00fan<\/em>, la de la <em>vida<\/em>, no la de las <em>apariencias <\/em>y sus insalvables lejan\u00edas y distancias cuando est\u00e1n deshabitadas por un <em>logos <\/em>que no <em>intentan<\/em> habitar y que, por lo tanto, no las habita (toda habitaci\u00f3n es <em>mutua<\/em>). Por ello, tambi\u00e9n es posible que el artificio no sea disonante si es habitado por la <em>necesidad <\/em>que significa el <em>logos<\/em>, lo <em>com\u00fan <\/em>de nuestra raz\u00f3n. De la misma forma, las palabras m\u00e1s simples y someras pueden estar llenas de vida y, por lo tanto, cercanas a la verdad. Me pregunto, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda hablar \u201cmal\u201d?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfA cu\u00e1ntos no hemos callado por la ceguera irracional de nuestra alma, comprometida con la <em>apariencia <\/em>y <em>convenci\u00f3n <\/em>de nuestros artificios? Una relaci\u00f3n, <em>sin medida <\/em>y <em>proporci\u00f3n con la palabra<\/em>, carente del esfuerzo de la <em>escucha<\/em>, la <em>escucha <\/em>del <em>logos<\/em>,manifiesto en la <em>prudencia <\/em>de nuestra <em>racionalidad<\/em>. \u00bfA cu\u00e1ntos no hemos dejado de escuchar en nombre de la <em>aparente<\/em> <em>comodidad <\/em>que significa tal <em>poder-sujetador<\/em>? La <em>pereza mental <\/em>de no cuestionar nuestros <em>prejuicios<\/em>, ir m\u00e1s all\u00e1 de ellos para <em>escuchar <\/em>a los dem\u00e1s (habitar lo <em>com\u00fan<\/em>), para hacer el <em>esfuerzo <\/em>y el <em>intento <\/em>de comprenderlos, ese <em>intento <\/em>llamado <em>virtud<\/em>. \u00bfNo es la <em>inercia<\/em> de tal pereza semejante a la de la ca\u00edda de la roca que ha sido aventada por la mano de alguien o la del entierro de la planta que s\u00f3lo tiene la posibilidad de permanecer en dicho estadio para conservar su vida, acechada por la movilidad del mundo que la rodea? \u00bfNo es tal permisible <em>negligencia <\/em>m\u00e1s b\u00e1rbara que aquello que, muchas veces y de la manera m\u00e1s grosera, es juzgado y <em>prejuzgado<\/em> como b\u00e1rbaro?<\/p>\n\n\n\n<p>La disonancia es inc\u00f3moda porque habita la profundidad que significa la inmersi\u00f3n estremecedora en nuestro o\u00eddo, el cuerpo se contrae por la <em>inmediatez <\/em>de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>, se comprime queriendo acorazarse, generar un escudo impenetrable ante <em>lo que no se quiere o\u00edr<\/em>, las manos tambi\u00e9n hacen lo que <em>pueden <\/em>durante dicho fen\u00f3meno. Tapan los o\u00eddos y, dependiendo de la intensidad del sonido, estos fallan o lo logran. Dicha contracci\u00f3n pareciera intentar expulsar la <em>disonancia<\/em>, lograr que abandone nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como bien sab\u00eda el Pseudo Dioniso Aeropagita, as\u00ed como hay silencios sonoros, tambi\u00e9n hay silencios del pensamiento y del alma, silencios de la <em>sensaci\u00f3n<\/em>, que remiten a la <em>necesidad l\u00f3gica <\/em>de estadios como <em>la contemplaci\u00f3n <\/em>a la que invita <em>la inactividad<\/em>. Tambi\u00e9n lo sab\u00edan con claridad tanto Pirr\u00f3n de Elis como los esc\u00e9pticos. De hecho, podr\u00edamos concebir a la inactividad como el <em>silencio l\u00f3gico<\/em>, un silencio <em>atento<\/em>, <em>escucha <\/em>del <em>logos-naturaleza <\/em>(<em>animalidad<\/em>), manifiesto habitante en todo y de todo, incluyendo nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Si es el caso, hay <em>disonancias <\/em>tan profundas que <em>no se escuchan <\/em>o <em>parecen <\/em>no escucharse, memorias de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Atender al <em>logos <\/em>implica la responsabilidad de saber ante qu\u00e9 nos estremecemos, qu\u00e9 <em>aparentes disonancias <\/em>habitan nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>y qu\u00e9 tanta <em>medida <\/em>y <em>proporci\u00f3n <\/em>tienen como para ser consideradas como tales por nosotros mismos. La <em>justicia <\/em>de comprender la <em>palabra <\/em>de nuestros compa\u00f1eros de lo <em>com\u00fan<\/em> empieza por <em>comprendernos <\/em>a nosotros mismos, eso es m\u00fasica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Qu\u00e9 terrible puede ser la vida si no se comprende la sabidur\u00eda de la apariencia. 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