{"id":232,"date":"2020-06-14T06:46:41","date_gmt":"2020-06-14T06:46:41","guid":{"rendered":"http:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=232"},"modified":"2020-06-14T06:46:45","modified_gmt":"2020-06-14T06:46:45","slug":"iii-senores-de-la-sensacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2020\/06\/14\/iii-senores-de-la-sensacion\/","title":{"rendered":"III.-Se\u00f1ores de la sensaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La <em>apariencia<\/em> de nuestros conflictos es la <em>apariencia<\/em> de la guerra. El <em>problema <\/em>de nuestro encuentro en lo <em>com\u00fan<\/em> se vuelve terrible por la incomprensi\u00f3n de la <em>inconmensurabilidad <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>, la posibilidad de habitarnos <em>plenamente<\/em>. Un miedo abismal a nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em> provoca el <em>olvido de nosotros mismos<\/em>, la renuncia a las potencias libertarias de nuestra intimidad, la habitaci\u00f3n de nuestro dolor. \u00c9ste <em>parece <\/em>confrontarnos. No atendemos su llamado salvador, <em>contrario <\/em>y <em>opuesto<\/em> a la m\u00e1scara que nos permite relaci\u00f3n con lo dem\u00e1s. Esta \u00faltima es apariencia, incapaz de poder ser <em>suficiente<\/em> para sobrevivir, sin tampoco poder negar su <em>necesidad <\/em>y <em>aliento l\u00fadico<\/em> vivificante.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Atender la voz de la penumbra, canto de sirena del abismo, exige la prudencia de nuestra habitaci\u00f3n. La gu\u00eda de la escurridiza e \u201cinvisible\u201d alegr\u00eda de <em>sentirse<\/em>, <em>sentirse vivo<\/em>. Alegr\u00eda capaz de derrotar al miedo, vertebradora del coraje con el que el guerrero se yergue ante la insignificancia de morir. Asumir que la plenitud de vivir yace en <em>sentir<\/em> que hacerlo es estar en peligro, como bien dice el fil\u00f3sofo de R\u00f6cken.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>alto costo<\/em> de comprometerse con un el realismo ingenuo que fomenta al <em>ego <\/em>como \u201cnecesidad\u201d es que alimenta nuestro <em>ego\u00edsmo<\/em>, la cobard\u00eda del <em>yo<\/em>. Lejos de atender la <em>necesidad <\/em>de la <em>sensaci\u00f3n<\/em>, dicho realismo ve a la manifestaci\u00f3n de <em>nuestra necesidad<\/em> como anomal\u00eda y confusi\u00f3n. No hay incompatibilidad entre nuestra <em>necesidad <\/em>y el uso de una m\u00e1scara, porque esta \u00faltima tambi\u00e9n manifiesta a la primera. La m\u00e1scara es la <em>apariencia <\/em>de nuestra <em>necesidad<\/em>. Su juicio toca la superficie de la misma. La <em>comprensi\u00f3n <\/em>abre la posibilidad de penetrarla sin pasar por la humillaci\u00f3n de romperla, yendo en contra de la <em>legitimidad <\/em>de su <em>necesidad<\/em>. El juicio puede herirla hasta agrietarla, al grado de poder pulverizarla, llegando a precipitar a su due\u00f1o a la ruina espiritual. En la fortaleza de su portador yace la posibilidad de que perdure.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello nuestro <em>autoconocimiento<\/em> pasa por llevar a cabo la dif\u00edcil comprensi\u00f3n de su pertinencia, la l\u00f3gica de dicha relaci\u00f3n de <em>contarios<\/em> y <em>opuestos<\/em>. Ambos, estadios de uno mismo, que s\u00f3lo son dos caras de la misma <em>materia<\/em>, <em>una<\/em> y la <em>misma<\/em>. No hay armon\u00eda en un realismo que te invita a pelearte con lo que sientes. Puede generar culpa y subsecuentes <em>fantasmas<\/em>, tiende a generar una <em>armon\u00eda aparente<\/em>, que consiste en desestimar tu <em>sensaci\u00f3n <\/em>como monstruosa locura, un fantasma de s\u00ed mismo, puede llegar a hacer de uno un <em>fantasma<\/em> de s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La armon\u00eda inaparente es la mejor porque es un riesgo. Nos ense\u00f1a la legitimidad de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>, la comprensi\u00f3n que significa amarnos a nosotros mismos, y el principio de ello como generosidad, en tanto que arm\u00f3nica responsabilizaci\u00f3n de nuestras emociones y sentimientos. Puede hacernos conscientes y <em>atentos<\/em> de que nuestra <em>necesidad <\/em>no discrepa del conflicto, por el mero hecho de que no hay habitaci\u00f3n sin perspectiva, no puede haber una sola \u201crealidad\u201d, ni mucho menos puede resultar <em>leg\u00edtima <\/em>la imposici\u00f3n de la misma. Habitar el conflicto es parte de la pertinencia de nuestra m\u00e1scara, en relaci\u00f3n con nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>.Confirma nuestro crecimiento, sin comprometernos con lo <em>problem\u00e1ticas <\/em>que pueden llegar a ser otras <em>apariencias<\/em>. Arbitrarias realidades que a pocos se le antojan ilusiones. Leyes, convenciones e instituciones, demasiado <em>sacralizadas <\/em>por la vulgar y profana vida de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;La incomprensi\u00f3n de nuestras m\u00e1scaras y la incomprensi\u00f3n de la <em>l\u00f3gica de la apariencia<\/em> nos condena a una vida de placeres demasiado problem\u00e1ticos, m\u00e1s dif\u00edciles, por asumir al dolor como el peor de los males. Aceptamos la <em>dominaci\u00f3n<\/em> de nuestra sensaci\u00f3n, la resoluci\u00f3n de una vida c\u00f3moda, incapaz de permitirnos la comprensi\u00f3n del esfuerzo, el sacrificio y la generosidad de <em>entregarse<\/em> como afirmaci\u00f3n de la vida. Aquello cercano a la ligereza del desapego, la flexibilidad de lo <em>liberado<\/em>, la plenitud de la vida que yace en las potencias de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>, sin necesidad de recurrir al \u201cregistro\u201d <em>aparente <\/em>e intransferible de cuerpos sospechosa y <em>aparentemente <\/em>perfectos o \u201cideales\u201d, supuestas sensaciones que jam\u00e1s referir\u00e1n a la legitimidad de nuestra <em>necesidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00cddolos que parecen ni\u00f1os ante lo divino, de manera semejante a la cual un hombre es el m\u00e1s bello de todos ante los simios. Somos simios amaestrados. Ante nosotros, el mono m\u00e1s libre y silvestre de la jungla es el m\u00e1s bello de los seres. No me ofender\u00eda que alguien me dijera lo mismo que Voltaire le contest\u00f3 a Rousseau despu\u00e9s de leer <em>El Contrato social<\/em> -de hecho, me sorprender\u00eda gratamente tener un interlocutor capaz de tal sarcasmo-, \u201cDespu\u00e9s de leer su libro, me dieron ganas de caminar en cuatro patas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 somos ante <em>lo divino<\/em> despu\u00e9s de creernos capaces de sustituirlo? Esta no es la expresi\u00f3n de una nostalgia, para nada, s\u00f3lo es un ejercicio de reflexi\u00f3n. En nuestro extrav\u00edo se ve la torpeza <em>infantil<\/em> de nuestro berrinche. Una insalvable e injustificable orfandad, la de los vac\u00edos \u00eddolos in\u00fatiles en los que nos hemos convertido. En ello se manifiesta el <em>olvido de nosotros mismos<\/em>. Somos \u201cni\u00f1os\u201d <em>perversos <\/em>en cuerpos crecidos, no necesariamente adultos. Somos incapaces de renunciar a nuestra negligencia, evadimos nuestro dolor, fomentamos nuestro <em>afeminamiento<\/em>. Cada d\u00eda es m\u00e1s claro que hemos renunciado al intento de nuestra virtud, al <em>arte de vivir <\/em>que ello nos exige. Somos incapaces de aprender de los ni\u00f1os (incluyendo al pleno <em>animal de la fisis <\/em>que fuimos, aqu\u00e9l cuya crueldad era santa <em>afirmadora <\/em>del \u201cS\u00ed\u201d de la vida). Un mono amaestrado -con perd\u00f3n de los monos- incapaz de jugar como lo hac\u00eda cuando la vida manifestaba con total contundencia su <em>logos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>24<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Luego dice Her\u00e1clito:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los dioses y los hombres honran a los muertos por Ares.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n Plat\u00f3n escribe, en el [libro] quinto de la <em>Rep\u00fablica<\/em>: \u201cY de los que han muerto en batalla, aquel que muriera siendo muy estimado, \u00bfno diremos, en primer lugar, que es de la raza de oro?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>C <\/strong>(Clemente, <em>Stromateis<\/em>, IV, 16)<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este fragmento exige un rigor especial. Me lleva a optar por una analiticidad (en el sentido m\u00e1s lato de la palabra) lo m\u00e1s exhaustiva posible, para no renunciar a la comprensi\u00f3n de su sentido. Ello, claro est\u00e1, desde las herramientas que tengo para ello. Cabe no olvidar que mi interpretaci\u00f3n depende del muy estimable rigor filol\u00f3gico de Enrique H\u00fclsz, sin que ello deje de implicar, por supuesto, que la responsabilidad del posicionamiento resultante sea s\u00f3lo m\u00eda. Comencemos por el primer elemento del fragmento, de aquello que con rigor podemos llamar el fragmento heracl\u00edtico, como bien han distinguido expertos como Miroslav Marcovich.<\/p>\n\n\n\n<p>En este caso hablamos de su primera imagen, \u201cLos dioses\u201d. Se trata de los representantes m\u00e1s importantes de las potencias de la vida. Han dotado de la misma a aquello que han creado, en ello se manifiesta y explicita su divinidad. Las creaciones de los dioses son formas habitadas por <em>el sentido eterno de la vida<\/em>, contenida en la existencia concreta en la que se manifiesta. Los dioses son referentes de las manifestaciones concretas de la materia y su din\u00e1mica espec\u00edfica, en relaci\u00f3n con la singular existencia en la que se manifiesta la <em>apariencia <\/em>de sus distinciones, su <em>aparente <\/em>diferencia, en tanto que estados de la materia. En ese sentido, habr\u00eda que apelar a que Her\u00e1clito habla de <em>la naturaleza<\/em>, en t\u00e9rminos de <em>cosmos <\/em>y <em>fisis<\/em>. Por ello, resulta importante no desestimar la distinci\u00f3n que hace Arist\u00f3teles (fuente m\u00e1s antigua y, por lo tanto, m\u00e1s cercana al pensamiento de los fil\u00f3sofos presocr\u00e1ticos), la cual establece en el Libro I de su <em>Metaf\u00edsica<\/em>, al referirse a \u00e9stos como fil\u00f3sofos <em>fisicoi<\/em>, fil\u00f3sofos <em>f\u00edsicos<\/em> o que estudian la <em>fisis<\/em>, la <em>naturaleza<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros dos elementos del verso, las primeras dos im\u00e1genes del mismo, est\u00e1n <em>conectadas<\/em> a trav\u00e9s de una conjunci\u00f3n, \u201cy\u201d. El v\u00ednculo de la imagen de \u201clos dioses\u201d, se da con la siguiente imagen, la de \u201clos hombres\u201d. Una <em>comunidad<\/em>, conexi\u00f3n y encuentro,entre contrarios. Entre los seres eternos, indeterminados e indeterminables -infinitos por su inconmensurabilidad- y su creaci\u00f3n mortal, determinada y determinable -finita por su <em>car\u00e1cter<\/em> limitado y existencia concreta-, en este caso, los hombres. Esto \u00faltimo, tomando en cuenta el <em>logos <\/em>de las <em>apariencias<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dioses, seres omnipotentes e inmortales, capaces de las potencias de la vida. Los hombres, seres determinados, finitos y falibles, sujetos a las potencias de la vida que se explicitan en tal v\u00ednculo, dicha relaci\u00f3n, y la <em>comunidad <\/em>que implica, en tanto que <em>encuentro<\/em>. Vemos un conflicto en ello, un <em>problema<\/em>, el que constituye <em>la comunidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo <em>aparente <\/em>de tal diferencia se manifiesta en que ambos participan en lo <em>com\u00fan <\/em>de una misma acci\u00f3n, la <em>mismidad <\/em>de la din\u00e1mica que significa su <em>encuentro<\/em>. En este caso, hay un <em>encuentro<\/em> de ambos <em>contrarios <\/em>en el acto de honrar a los muertos por Ares. La <em>comunidad<\/em> se explicita en el acto <em>comunitario <\/em>de la honra, en este caso, por el duelo que suscita la muerte de quienes han luchado en el campo de batalla. Si nos apegamos a lo que hemos dicho hasta ahora, los dioses honran a sus creaciones humanas m\u00e1s virtuosas (recordemos que en el contexto griego la <em>virtud <\/em>(<em>arete<\/em>) no es un bien exclusivo de los hombres, y que \u00e9sta se manifiesta en una relaci\u00f3n \u00f3ptima entre las cosas existentes y el <em>logos <\/em>que atraviesa al <em>cosmos<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Los dioses honran la <em>virtud <\/em>de sus creaciones. En este caso, los hombres que han muerto en el campo de batalla, protegiendo lo amado y m\u00e1s querido, aquello que le da sentido a la guerra, manifiesto en nuestros afectos comunitarios, los amigos, la amada, la familia. Ello nos vincula con los dioses y nos hace <em>comunes<\/em> con ellos. La guerra es la lucha que fomenta el esfuerzo por persistir en la materia, perseverar en la permanencia de la vida, cuyo afecto, <em>pathos <\/em>que motiva tal impulso, es el amor como <em>sensaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dioses, siguiendo el fragmento, son capaces de tener la virtud humana de la <em>humildad<\/em>, manifiesta en ser capacesde <em>venerar<\/em> la belleza de los seres que han creado (la <em>armon\u00eda<\/em> proporcional y con medida, <em>Justicia <\/em>le siguen llamando algunos en el mundo que los hombres hemos creado -aunque no todos la comprendan-), la proporci\u00f3n entre el todo de los dioses y las partes del <em>cosmos <\/em>que somos los hombres. En la <em>virtud <\/em>se manifiesta el estadio <em>com\u00fan<\/em> del <em>uno <\/em>y lo <em>mismo<\/em>, la relaci\u00f3n entre lo semejante, por m\u00e1s abismal que sea la <em>aparente<\/em> diferencia entre aquello que se relaciona, aquellos que constituyen dicha <em>conexi\u00f3n<\/em>, en contra de la <em>dif\u00edcil <\/em>simetr\u00eda de lo <em>id\u00e9ntico<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Los dioses, nos dice el sabio efesio, honran la <em>virtud <\/em>de su creaci\u00f3n. En ese sentido, participamos de lo divino, somos, en medida y proporci\u00f3n, tan divinos como lo es cualquier creaci\u00f3n. Esto, claro est\u00e1, si nos apegamos al significado de lo divino en el contexto m\u00edtico de la antig\u00fcedad. El matiz lo va a poner Her\u00e1clito en otro fragmento, en el que va a criticar la funci\u00f3n creadora de los dioses para reivindicar <em>la potencia<\/em> del <em>cosmos<\/em>, <em>fuego siempre vivo<\/em>, que se manifiesta en todo, lo uno y lo mismo. Por lo pronto, queremos explicar la funci\u00f3n po\u00e9tica de las im\u00e1genes del fragmento del presocr\u00e1tico, apelando a la ret\u00f3rica de la que se sirve el sabio efesio. <em>Somos<\/em> divinos por participar de la complejidad del <em>cosmos<\/em>. Tan divinos como todo aquello que tambi\u00e9n, como nosotros, es parte de lo uno y lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello se manifiesta en la manera tan contundente en la que realizamos nuestro <em>destino <\/em>(<em>hybris<\/em>). Es el caso de quien muere en combate. Ello se evidencia en la <em>apariencia<\/em>,<em> diversa <\/em>y <em>diferente<\/em>, de los fen\u00f3menos en los que acontece la <em>din\u00e1mica <\/em>en la que la vida <em>consiste<\/em>,como dato de su <em>inconmensurabilidad <\/em>ante nuestra finitud, siempre en relaci\u00f3n con la existencia concreta y singular de cada elemento de la unidad del cosmos (en la que todo participa y, por lo tanto, de la que todo <em>es <\/em>parte). Esa <em>din\u00e1mica<\/em>, dicha participaci\u00f3n, es la que nos une en la <em>mismidad <\/em>de lo <em>com\u00fan<\/em>. La guerra es una imagen po\u00e9tica de nuestra vida y, por lo tanto, del conflicto inextricable a la <em>conexi\u00f3n <\/em>en la que toda <em>comunidad <\/em>consiste.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ares, en tanto que dios de la guerra, tambi\u00e9n es esta \u00faltima. Los muertos por Ares son los muertos tanto por el dios como por el fen\u00f3meno que, en tanto que manifiesta al primero, tambi\u00e9n lo constituye a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n. Hablamos entonces de una dependencia ontol\u00f3gica (cercana a la cr\u00edtica del car\u00e1cter creador de los dioses por parte del fil\u00f3sofo efesio), as\u00ed como de una relaci\u00f3n inextricable entre los dioses y los hombres (una <em>conexi\u00f3n<\/em>), en tanto que estos \u00faltimos son creaciones de los primeros. El dios se manifiesta a trav\u00e9s de su fen\u00f3meno, a trav\u00e9s de la comunidad que <em>forman <\/em>ambos <em>contrarios<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante ello se abre la paradoja de tal conflicto, el dios necesita de su creaci\u00f3n, tanto como los hombres necesitan de su creador (todo esto dentro de la <em>l\u00f3gica <\/em>de lo <em>aparente<\/em>), para manifestarse en la materia. Si no fuera as\u00ed, la materia como la conocemos no ser\u00eda ni probable ni posible porque no ser\u00eda necesaria. Sin embargo, no s\u00f3lo es probable y posible, en ella se manifiesta la <em>necesidad<\/em> a la que apela. Si no fuera as\u00ed, la autosuficiencia de los dioses ser\u00eda suficiente y necesaria para <em>ser<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dioses son materia y, por lo tanto, materiales. En la materia se manifiesta lo que <em>es<\/em>, y, por lo tanto, la materia <em>es<\/em> en tanto que <em>ser<\/em>. Su determinaci\u00f3n tan s\u00f3lo es la <em>apariencia <\/em>de la <em>inconmensurabilidad <\/em>de la <em>l\u00f3gica profunda <\/em>de sus procesos <em>aparentes <\/em>de generaci\u00f3n y corrupci\u00f3n. Inevitablemente, esta cuesti\u00f3n me remite al planteamiento Epic\u00fareo de la atomicidad de los dioses.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es de ah\u00ed que surge la pertinencia de que un dios honre dicho sacrificio. \u00bfQu\u00e9 es la muerte y la guerra para un dios?, \u00bfqu\u00e9 podr\u00eda importarle a un dios ambos fen\u00f3menos tan trascendentales para la vida de los hombres?, \u00bfpor qu\u00e9 le resulta relevante dicho sacrificio al dios que lo ha creado, al igual que a sus protagonistas? S\u00f3lo tendr\u00eda sentido tal relevancia si existiera una inextricable relaci\u00f3n con la materia en la cual se manifiesta. <em>Aparentemente<\/em> ya lo hemos contestado. Sin embargo, creo que merece profundizarse. En ese sentido, para ello, dividamos nuestra pregunta en dos partes, con base en ambos elementos de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiero iniciar por el fen\u00f3meno m\u00e1s inmediato a nivel fenom\u00e9nico o, por lo menos, el m\u00e1s asequible en relaci\u00f3n con el enigma que implica el otro. \u00bfQu\u00e9 es la guerra para un dios? Ya el propio Her\u00e1clito nos advierte c\u00f3mo nuestra comprensi\u00f3n de la complejidad de la vida c\u00f3smica nos est\u00e1 restringida por la <em>finitud<\/em> <em>natural <\/em>de la condici\u00f3n humana que, al confrontarse con el <em>cosmos<\/em>, no puede sino apreciar su <em>inconmensurabilidad<\/em>, al grado de no ser capaz de comprender la <em>legitimidad<\/em> de sus fen\u00f3menos y eventos y, por lo tanto, su <em>proporci\u00f3n <\/em>y <em>medida<\/em>. En t\u00e9rminos humanos, nos es <em>inconmensurable<\/em> la profundidad del <em>logos<\/em> que da cuenta de su <em>justicia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, cabe pensar, con base en la distinci\u00f3n que hemos hecho, que, si un dios (en este caso Ares) es tanto principio como fen\u00f3meno (aqu\u00e9l que <em>aparentemente <\/em>representa), el dios a trav\u00e9s de los hombres manifiesta el <em>conflicto <\/em>que expresa la relaci\u00f3n de <em>comunidad<\/em>, como en este caso sucede con la guerra. El <em>encuentro<\/em>, desde una l\u00f3gica de la semejanza, entre <em>contrarios<\/em> y, por lo tanto, una relaci\u00f3n <em>adversa<\/em>, la relaci\u00f3n entre <em>adversarios<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 en juego la protecci\u00f3n y salvaguarda de lo amado, tal es el sentido de la guerra como din\u00e1mica vital. Lo atraviesan los afectos <em>comunitarios <\/em>que le dan sentido al <em>encuentro<\/em> y la semejanza que lo fundan, no hay semejanza sin <em>encuentro<\/em>, conflicto y, por lo tanto, <em>comunidad<\/em>. La <em>semejanza<\/em> le da sentido al encuentro y a la guerra como <em>encuentro<\/em> y <em>conexi\u00f3n<\/em>. Por lo tanto, le da <em>sentido <\/em>al conflicto y su <em>problematicidad<\/em>. Desde la <em>inconmensurabilidad<\/em> que implica dicha relaci\u00f3n, podemos advertir que, en la din\u00e1mica de la vida, estamos ante la <em>inconmensurabilidad<\/em> de una armon\u00eda no-aparente, mejor que la armon\u00eda aparente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este sentido, lo radicalmente <em>problem\u00e1tico<\/em> es la paz, sin dejar de apelar a que \u00e9sta responde al <em>logos <\/em>de la <em>apariencia<\/em>. Una <em>apariencia <\/em>que puede llegar a tender a la inercia de la <em>convenci\u00f3n <\/em>como <em>instituci\u00f3n<\/em>, capaz de propiciar el cese de los afectos comunitarios, la plenitud de las potencias de la materia, carne at\u00f3mica y vibrante, cuerpos vivos. Si el dios es dador de vida, garantiza la din\u00e1mica del <em>conflicto<\/em>, el <em>problema<\/em> y, por lo tanto, la guerra que se manifiesta en el <em>encuentro<\/em> entre <em>contrarios<\/em>, posible por ser semejantes en su <em>car\u00e1cter material<\/em>, la <em>materialidad de su sensaci\u00f3n<\/em>. La <em>comunidad<\/em> y sus afectos dan cuenta de <em>la problem\u00e1tica plenitud de la vida<\/em>. Le dan sentido a dicho estadio como relaci\u00f3n de la diversidad, distintos estados de la materia. Le dan sentido a tal habitaci\u00f3n de nosotros mismos (cohabitaci\u00f3n) y, por lo tanto, a la posibilidad de compartirla. Una habitaci\u00f3n del cosmos que puede <em>encontrarnos <\/em>en su <em>plenitud <\/em>a trav\u00e9s del combate.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La paz puede ser <em>apariencia <\/em>de una falta de <em>armon\u00eda<\/em>. <em>Aparente armon\u00eda<\/em> tendiente a la inercia, cese vital, opuesta a la flexibilidad de la vida, cercana a la rigidez de lo inactivo. La <em>sensaci\u00f3n <\/em>desplazada por la <em>dominaci\u00f3n<\/em> de la <em>convenci\u00f3n <\/em>como <em>ley <\/em>e <em>instituci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 es la muerte para un dios? Pensando en la inconmensurabilidad que implica la confrontaci\u00f3n de nuestra finitud con la inconmensurable profundidad del <em>logos<\/em>, la muerte se antoja una <em>apariencia<\/em> que participa de la <em>profunda<\/em> complejidad de dicha din\u00e1mica, la cual entra\u00f1a los procesos de generaci\u00f3n y corrupci\u00f3n de la materia, estando \u00e9sta m\u00e1s all\u00e1 de las existencias concretas en la que dicha din\u00e1mica llamada vida se manifiesta. Nuevamente recuerdo a Epicuro, especialmente la llana y muy socorrida par\u00e1frasis habitual que se suele hacer de uno de los elementos de su <em>Tetrafarmac\u00f3n<\/em>, \u201cLa muerte no es nada\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Un dios que, en estricto sentido, s\u00f3lo es una representaci\u00f3n antropom\u00f3rfica o, mejor dicho, una manera de referirse a la materia a trav\u00e9s del <em>artificio caracter\u00edstico<\/em> de los hombres (posibilidad del <em>logos<\/em> de las apariencias), no tiene preocupaci\u00f3n o inter\u00e9s alguno por la muerte. Quiz\u00e1 en ello radique la indiferencia de los dioses por nuestra vida, seg\u00fan lo tambi\u00e9n afirmado por el fil\u00f3sofo helen\u00edstico en el mismo jard\u00edn de su <em>Tetrafarmac\u00f3n<\/em>. Esto sin olvidar que dicha afirmaci\u00f3n se hizo en un contexto caracterizado por importantes diferencias, y desde el posicionamiento de una filosof\u00eda helen\u00edstica ante una \u00e9poca de crisis.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en la plenitud de la vida que manifiesta el sacrificio heroico del soldado en combate, en la <em>sublime <\/em>escisi\u00f3n que significa tal fen\u00f3meno inconmensurable, al grado de desbordarnos por el desbordamiento de su belleza, se manifiesta la <em>virtud <\/em>del h\u00e9roe, de aqu\u00e9l que se sacrifica por lo amado. Heroicidad inspiradora de tal honra por parte de dioses y hombres, ambos hermanados por tan <em>com\u00fan <\/em>manifestaci\u00f3n de la materia, nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>en la cual surge. Es la <em>virtud<\/em>, experiencia del bien, plenitud de la vida, manifiesta en lo concreto del <em>cosmos<\/em> que habitamos, hogar del cual los hombres somos parte.<\/p>\n\n\n\n<p>La posibilidad de tal magnitud es divina. Es honra de los dioses en tanto que posibilidad de la materia. Es honor divino, manifiesto en los actos de los hombres como plenos habitantes de s\u00ed mismos, habitantes de su materialidad, plenos habitantes de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>, se\u00f1ores de la misma. La materia dispuesta a la generosidad del amante capaz de sacrificio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La apariencia de nuestros conflictos es la apariencia de la guerra. El problema de nuestro encuentro en lo com\u00fan se vuelve terrible por la incomprensi\u00f3n de la inconmensurabilidad de nuestra sensaci\u00f3n, la posibilidad de habitarnos plenamente. 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