{"id":257,"date":"2022-09-28T04:56:01","date_gmt":"2022-09-28T04:56:01","guid":{"rendered":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=257"},"modified":"2022-09-28T04:56:02","modified_gmt":"2022-09-28T04:56:02","slug":"emmanuel-carrere-y-el-adversario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2022\/09\/28\/emmanuel-carrere-y-el-adversario\/","title":{"rendered":"Emmanuel Carr\u00e8re y El Adversario"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-262\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE-300x169.jpg 300w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE-768x432.jpg 768w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE-1536x864.jpg 1536w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/09\/WYZ2PY2Z2NHDZKLZU6F7DXXANE.jpg 1920w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption>Jean-Claude Romand<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><em>\u201cEl arte es una larga confesi\u00f3n\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-9d6595d7 wp-block-columns-is-layout-flex\">\n<div class=\"wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow\" style=\"flex-basis:100%\">\n<p>Friedrich Nietzsche seg\u00fan Juna Carlos Onetti<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n\n\n\n<p>Alguna vez escuch\u00e9 decir que la \u00fanica soluci\u00f3n a la pregunta por el origen era el <em>mito<\/em>. La persona que lo dec\u00eda consideraba que la teor\u00eda del <em>Big-Bang<\/em> tan s\u00f3lo era una versi\u00f3n cient\u00edfica del <em>G\u00e9nesis<\/em>. Hab\u00eda razones para sospecharlo, ya que el autor de la misma fue el astrof\u00edsico, matem\u00e1tico y sacerdote cat\u00f3lico belga Georges Lema\u00eetre. Sin embargo, en el caso de la literatura y la vida de los hombres, \u00bfser\u00e1 que la \u00fanica soluci\u00f3n a la pregunta por las causas, entendidas como el origen de nuestras acciones, sea el <em>mito<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Es advertible la semejanza entre el concepto \u2018causa\u2019 y \u2018origen\u2019. Sin embargo, difiero con aquel personaje que ve\u00eda en el <em>mito <\/em>una soluci\u00f3n o respuesta. Lo que s\u00ed me parece claro es que el <em>mito<\/em>, entendido sucintamente como <em>narraci\u00f3n<\/em>,es una v\u00eda de <em>problematizaci\u00f3n <\/em>que, quiz\u00e1, pueda permitirnos llegar a <em>comprender <\/em>nuestras acciones y los efectos de las mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Emmanuel Carr\u00e8re es un escritor franc\u00e9s de la llamada <em>autoficci\u00f3n <\/em>que, evidentemente, comparte esta clase de inquietudes por la vida y la posibilidad de la verdad o, quiz\u00e1 de manera menos pretenciosa, lo que podr\u00eda ser la comprensi\u00f3n de un concepto tan problem\u00e1tico, <em>r\u00edgido <\/em>y vol\u00e1til como lo puede ser el de \u2018realidad\u2019. Un concepto que comparte una importancia crucial en el proceso que implica la <em>significaci\u00f3n <\/em>de nuestras vidas, por remitir a la densidad ontol\u00f3gica de las mismas. Tanto el concepto como la palabra \u2018realidad\u2019 tienen un <em>peso espec\u00edfico<\/em> en la manera en la que podemos entender los fen\u00f3menos de la vida, desde los m\u00e1s cotidianos hasta los m\u00e1s extraordinarios. &nbsp;Probablemente la cercan\u00eda de Carr\u00e8re a la <em>problematizaci\u00f3n <\/em>anterior tenga una relaci\u00f3n con la herencia de las viejas tradiciones <em>cientificista<\/em> del siglo XIX, resultado inmediato de la llamada <em>Revoluci\u00f3n Industrial<\/em>. De \u00e9sta surgieron, justamente en Francia, corrientes te\u00f3ricas como el <em>positivismo <\/em>de Comte, las cuales convivieron con la emergencia de fen\u00f3menos literarios como el Naturalismo y el Decadentismo. Se trata de una <em>problematizaci\u00f3n <\/em>del mundo de la cual la literatura en la lengua de Carr\u00e8re, adem\u00e1s de jam\u00e1s haber sido ajena, fue protag\u00f3nica. Por ello no resulta sorprendente la posibilidad de tal influencia, al igual que el hecho de que el origen de la vocaci\u00f3n literaria de dicho escritor tenga una importante cercan\u00eda con su profesi\u00f3n de origen: el periodismo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue a trav\u00e9s de este \u00faltimo que Carr\u00e8re tuvo uno de los encuentros m\u00e1s importantes de su vida. Cubriendo una tr\u00e1gica notica, el joven periodista y novel escritor se encontr\u00f3 fascinado por su protagonista. Se trat\u00f3 del terrible caso de la familia Romand. Un incendio hab\u00eda cobrado la vida de los hijos y esposa del padre de la familia: Jean-Claude Romand. Este \u00faltimo pas\u00f3 casi una semana en coma. <em>Aparentemente<\/em>, tambi\u00e9n hab\u00eda sido v\u00edctima del fuego. Sin embargo, acabar\u00eda siendo sospechoso del asesinato de su familia inmediata, incluyendo a sus padres, cuyos cad\u00e1veres fueron hallados en la casa de estos \u00faltimos.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, aunque Carr\u00e8re no acaba de enunciarlo (congruentemente con la problematizaci\u00f3n que lo llev\u00f3 a su m\u00e1s preciada vocaci\u00f3n y oficio), el papel central de la <em>ficci\u00f3n<\/em> en la <em>estructuraci\u00f3n <\/em>de tan <em>entramado<\/em> evento fue lo que lo motivo a escribir acerca de Jean-Claude Romand, el Adversario.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Amistad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No estoy seguro de que la novela <em>El adversario <\/em>de Emmanuel Carr\u00e8re s\u00f3lo sea la narraci\u00f3n vertebrada por la cr\u00f3nica de un crimen, que refleja la complejidad de nuestras formas de vida en un mundo tan intricado como el que hemos creado. Me parece que esa es s\u00f3lo una de las tantas e importantes lecturas posibles que le podemos dar al universo que ha logrado desde las letras dicho escritor. Un leg\u00edtimo posicionamiento ante lo complejo de la densidad ontol\u00f3gica de una vida revestida por m\u00e1s mundos posibles de los que creemos. Adem\u00e1s de lo anterior, el trabajo en cuesti\u00f3n se presenta como el motivo de una importante reflexi\u00f3n acerca de la posibilidad de nuestros afectos y relaciones. Encontramos en el texto la posibilidad de pensar hondamente acerca de nuestros m\u00e1s cercanos e \u00edntimos afectos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo de lo anterior lo encuentro en la manera en que el autor franc\u00e9s medita acerca de la amistad entre Jean-Claude Romand y Luc Ladmiral. En dicha obra, el tambi\u00e9n periodista franc\u00e9s nos da cuenta de la complejidad de nuestra <em>entra\u00f1a<\/em>, lo complicado del desaf\u00edo de atender nuestro deseo ante estadios vitales tan comprometidos con valores y morales diversas, las cuales incluyen din\u00e1micas de consumo y producci\u00f3n que, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, pueden poner en conflicto algo tan importante como la posibilidad de la amistad y, por ello, la posibilidad de un fen\u00f3meno todav\u00eda m\u00e1s importante para nuestras vidas en <em>com\u00fan<\/em>: la confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un momento que me parece de suma importancia en la obra que nos encuentra, donde Carr\u00e8re se posiciona ante la amistad de Romand y Lamiral de una manera muy profunda: \u201cUn amigo, un verdadero amigo, es tambi\u00e9n un testigo, alguien cuya mirada permite evaluar mejor la propia vida, y desde hace veinte a\u00f1os, sin desmayo ni grandes palabras, ambos hab\u00edan cumplido esa funci\u00f3n rec\u00edproca\u201d. Un testigo es alguien que puede dar testimonio, en este caso, de la vida de aqu\u00e9l que Ladmiral consideraba una presencia muy importante en su vida. Ir\u00f3nicamente, Ladmiral fue un testigo en m\u00e1s de un sentido de la palabra, tambi\u00e9n lo fue como parte del proceso que intent\u00f3 dar cuenta de los motivos que llevaron a Romand al crimen que cometi\u00f3. No s\u00f3lo, aparentemente, se desentra\u00f1\u00f3 el porqu\u00e9 del crimen, independientemente de que lo definitivo de ello radico en saber en qu\u00e9 consist\u00eda la manera de vivir de Romand, tambi\u00e9n este \u00faltimo qued\u00f3 <em>desentra\u00f1ado <\/em>de su amigo, al llevarse la confianza de Ladmiral con su enga\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>No dejar\u00e1 de resultar complejo pensar en nuestros propios afectos. Siempre ser\u00e1 un enigma el porqu\u00e9 elegimos la compa\u00f1\u00eda de quienes son importantes para nosotros e incluso acabar de advertir porqu\u00e9 resulta tan relevante en nuestra vida la manera en la cual ellos se posicionan ante nuestra manera de vivir, lo cual incluyen nuestras decisiones, desde las m\u00e1s \u00ednfimas y superficiales hasta las m\u00e1s complejas y trascendentales. Podemos hacer un mont\u00f3n de \u00fatiles racionalizaciones al respecto, las cuales pueden tener sentido o ser s\u00f3lo maneras en las cuales podemos velar tal comprensi\u00f3n. Si es as\u00ed, lo que llamamos enga\u00f1o puede ser motivo de problematizaci\u00f3n. \u00bfEn qu\u00e9 momento dejamos de recurrir a las apariencias para habitar al mundo? \u00bfDeja de ser ello posible o hay alg\u00fan momento en el que nuestra m\u00e1scara se fisura y nos mostramos tal y c\u00f3mo somos? Por supuesto que hay tales momentos, sin embargo, si somos congruentes con nosotros mismos, probablemente esos momentos sean los menos en nuestra trayectoria vital.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;En ese sentido, nuestras relaciones, cercanas y lejanas, nos ubican, nos posicionan, no s\u00f3lo ante nuestros afectos m\u00e1s cercanos sino tambi\u00e9n ante el mundo, incluyendo a los dem\u00e1s. En nuestros afectos est\u00e1 depositada mucha de la orientaci\u00f3n de nuestra vida. Quiz\u00e1 por ello, resulta f\u00e1cil caer en la trampa de las expectativas que depositamos en los dem\u00e1s. Quiz\u00e1, esa sea la raz\u00f3n de no acabar de comprender que no necesariamente es lo mismo la inestimable confianza que los dem\u00e1s pueden depositar en uno o que uno le otorga a los dem\u00e1s que la satisfacci\u00f3n de nuestras expectativas. \u00bfQu\u00e9 hay del deseo de los dem\u00e1s, especialmente de aquellos a quienes supuestamente queremos?, \u00bfno hay m\u00e1s justicia en la libertad de respetar sus decisiones, aunque \u00e9stas sean opuestas o contrarias a nuestro deseo? Parece que, con mucha facilidad, confundimos en nuestro <em>querer<\/em> a lo que podr\u00edamos pensar como un <em>bien com\u00fan<\/em>, un biena <em>compartir<\/em>,con nuestros <em>intereses privados<\/em>. No niego la legitimidad de estos \u00faltimos, sin embargo, considero que no pueden estar por encima de la amistad y mucho menos de la confianza que \u00e9sta implica.<\/p>\n\n\n\n<p>Justo por ello, la honestidad de esa confianza, como una apuesta por alguien y el cari\u00f1o de dicha persona hacia nosotros, merece tener l\u00edmites. Estos son necesarios para no quedar entramados en la confusi\u00f3n de la cual todos somos susceptibles, porque resulta m\u00e1s frecuente de lo que creemos la somnolencia que puede implicar el sujetarnos a nuestro deseo o el de los dem\u00e1s, cuando el due\u00f1o o los due\u00f1os del mismo no lo comprenden. \u00bfQui\u00e9n mejor que uno mismo para hacer ese esfuerzo? S\u00f3lo uno puede comprender la propia querencia, intransferible y a veces opaca o en penumbras, en muchos momentos de nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Es desde aqu\u00ed que puedo imaginar la dura prueba que para Luc signific\u00f3 la traici\u00f3n de uno de sus seres m\u00e1s cercanos. Un amigo puede ser mucho m\u00e1s importante que la propia familia. Esta \u00faltima no necesariamente es la mejor aliada. Sabemos que una familia puede ser un crisol complejo de emociones, sentimientos y pasiones. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, una familia no es ajena a las miserias, mezquindades e intereses privados, leg\u00edtimos e ileg\u00edtimos, que caracterizan a la compleja vida que hemos construido.<\/p>\n\n\n\n<p>Luc se encontr\u00f3 con una de tantas m\u00e1scaras que el ser humano se pone para sobrevivir, para habitar la indigencia que nos es inextricable y que se acent\u00faa ante nuestra angustia. Este hombre tuvo una experiencia on\u00edrica desconcertante. Un sue\u00f1o en el cual, como lo afirman varios estudiosos del tema, se manifest\u00f3 su angustia, al igual que su deseo: \u201cA Luc se le pas\u00f3 por la cabeza la idea que habr\u00eda de obsesionarle m\u00e1s adelante, la de que en ese sue\u00f1o Jean-Claude interpretaba un papel de doble, y de que afloraban a la luz temores que \u00e9l experimentaba respecto a s\u00ed mismo: miedo de perder a los suyos, pero tambi\u00e9n de perderse \u00e9l mismo, de descubrir que detr\u00e1s de la fachada social no hab\u00eda nada.\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento del relato de Carr\u00e8re me es dif\u00edcil no confrontarme con una pregunta que me resulta tan compleja como importante: \u00bfc\u00f3mo es que llegamos a ser amigos de alguien que, al final de cuentas, nos ha hecho da\u00f1o? Desde lo perverso de la culpa puede surgir la pregunta: \u00bfc\u00f3mo he cometido este error? Y, sin embargo, es advertible la franqueza del autor consigo mismo, en relaci\u00f3n con su apuesta por la amistad como un fen\u00f3meno de suma importancia en nuestras vidas: \u201c\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda una amistad que se dejase convencer de su error tan f\u00e1cilmente?\u201d Parece que, por m\u00e1s dolorosa que sea una traici\u00f3n, resulta m\u00e1s terrible dejar de confiar porque ello es dejar de creer en nuestro amor y, por lo tanto, dejar de creer en aquellos que queremos. A Luc le toc\u00f3 la dura lecci\u00f3n de darse cuenta de que, a pesar de su esfuerzo, su amistad con Jean-Claude s\u00f3lo era posible desde la <em>problem\u00e1tica <\/em>ficci\u00f3n con la cual Romand habit\u00f3 al mundo, con la cual termin\u00f3 por destruir tanto su vida como todo lo que amaba. Es por ello comprensible que acabara la amistad, como si se tratar\u00e1 de una novela, con el punto final que fue el terrible desenlace de la tragedia que marc\u00f3 a ambos hombres. Jean-Claude, en el af\u00e1n de satisfacer el <em>inter\u00e9s privado <\/em>de sostener un modo de vida que acab\u00f3 rebas\u00e1ndolo, utiliz\u00f3 a todos aquellos que depositaron su <em>confianza <\/em>en \u00e9l para sostener su cada vez m\u00e1s pesada m\u00e1scara.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Carr\u00e8re le hace un homenaje a Luc y a su amistad, y con ello un homenaje a la amistad misma, dejando patente lo importante que es la confianza en nuestra vida. Porque, al final de cuentas, probablemente la amistad sea la mejor apuesta en la apertura de mundos posibles,que resulta del juego de m\u00e1scaras que constituye nuestro mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s del dolor se vela otro cuestionamiento m\u00e1s terrible e importante: \u00bfQu\u00e9 es tan semejante a m\u00ed de esta persona que me ha hecho encontrarme con ella tan profundamente? Una amistad lo es porque constituye una <em>intimidad<\/em>, tal es la raz\u00f3n de la confianza. Sin embargo, cuando se cae la m\u00e1scara \u2012una inevitable necesidad de todos para sobrevivir y habitar una vida en la escena del mundo\u2012 \u00bfqu\u00e9 es lo que queda sino lo terrible de los hechos? Estos \u00faltimos, frecuentemente identificados con la realidad y la verdad. \u00bfSon pocas las mentiras que constituyen nuestra vida frente a los dem\u00e1s? En ese sentido, \u00bfc\u00f3mo hablar de culpa cuando ser\u00eda muy dif\u00edcil tener la legitimidad de aventar la primera piedra, sin que esto no signifique que m\u00e1s de uno lo hemos hecho en la febril inercia del resguardo de nuestro entorno inmediato? Quiz\u00e1 tenemos la seguridad de hacerlo porque no se ha ca\u00eddo nuestra careta. Todav\u00eda nadie nos ha arrancado nuestra defensa de la intemperie a trav\u00e9s del juicio f\u00e1cil, del se\u00f1alamiento irreflexivo que suele entra\u00f1ar el escarnio como fen\u00f3meno de autoridad moral.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de una amistad fragmentada por la ca\u00edda de una m\u00e1scara, quiz\u00e1 lo dif\u00edcil de aceptar es la evidencia de que, aquello que cre\u00edamos sin fisuras, sin intersticios, s\u00f3lido ante la ilusi\u00f3n inerte de lo monol\u00edtico, cuenta con tales defectos aparentes, que quiz\u00e1 ser\u00eda mejor pensar como fen\u00f3menos de nuestra vulnerabilidad. Nos duele reconocernos falibles y vulnerables. Nos duele la exposici\u00f3n que implica el reconocer que fuimos <em>objeto<\/em> de enga\u00f1o porque ello desaf\u00eda nuestra seguridad, nuestra pericia, nuestra capacidad de sabernos relacionar en la vida con los dem\u00e1s y realmente ser privilegiados con algo tan importante como una genuina amistad. Algo que puede ser m\u00e1s dif\u00edcil de lo que creemos advertir (o de lo que <em>queremos <\/em>creer) a lo largo de los trayectos vitales que llevamos a cabo en la escena del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sufrimos una traici\u00f3n nos sentimos despojados de algo de lo que nos cre\u00edamos dignos: una amistad como resultado de un verdadero conocimiento de la vida y de los dem\u00e1s. Se pone en cuesti\u00f3n si somos los suficientemente dignos de un privilegio de este tipo. Emmanuel Carr\u00e8re lo tiene claro cuando advierte la centralidad que puede llegar a tener un gran amigo en nuestras vidas. &nbsp;Alguien quien, antes de la inevitable ruptura, nos era imprescindible en nuestro mundo y parte de lo que cre\u00edamos el sentido de la habitaci\u00f3n del mismo: \u201cel duelo de la confianza, la vida entera gangrenada por la mentira\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos han mutilado al despojarnos de la confianza, hemos perdido una parte de nosotros. Alguien, <em>parte de nuestras entra\u00f1as<\/em>,nos ha herido tan profundamente que dicha herida se ha infectado y necrosado, al grado de que es necesario <em>amputar <\/em>la <em>entra\u00f1a herida <\/em>y enferma del amigo que nos ha traicionado, y que con su ida se va con la confianza y el amor que le hab\u00edamos dedicado. Efectivamente, probablemente eso sea una traici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Compasi\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El autor franc\u00e9s declara algo semejante a una confesi\u00f3n. En este caso, algo semejante a una confesi\u00f3n profesional: \u201cEs la carta m\u00e1s dif\u00edcil que he tenido que redactar en mi vida\u201d. Carr\u00e8re se refiere a la carta que redact\u00f3 para solicitar una entrevista con Jean-Claude Romand, el hombre capaz de cometer el crimen que motivo una de las obras m\u00e1s c\u00e9lebres de quien, hasta entonces, se dedicaba \u00fanicamente al periodismo. En un fragmento de la misma, el autor le da cuenta a Romand del porqu\u00e9 del especial inter\u00e9s en \u00e9l y su caso:<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que usted ha hecho no es, a mi entender, la obra de un criminal ordinario, ni tampoco la de un loco, sino la de un hombre empujado hasta el fondo por fuerzas que le superan, y son esas fuerzas terribles las que yo desear\u00eda mostrar en acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sea cual sea su reacci\u00f3n a esta carta, le deseo, se\u00f1or, mucho valor y le ruego que crea en mi muy profunda compasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el pasaje anterior Emmanuel Carr\u00e8re solicita algo m\u00e1s que una entrevista. Promete comprensi\u00f3n, y el favor de tal esfuerzo exige algo muy preciado por parte de muchos de nosotros: confianza. Me resulta inevitable preguntar: \u00bfpuede confiar alguien que no hall\u00f3 mejor manera de vivir que traicionar la confianza de sus afectos m\u00e1s cercanos?, \u00bfqu\u00e9 es la confianza para un hombre que hizo del enga\u00f1o una manera de vivir? Lo anterior parecer\u00eda un juicio muy duro de mi parte, opuesto al muy importante esfuerzo de la <em>comprensi\u00f3n<\/em> que est\u00e1 en contra de la inmediatez del juicio f\u00e1cil.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en el caso de Romand, ante el hecho de verse rebasado por las consecuencias de sus decisiones, por estar vertebradas a trav\u00e9s de la constante evasi\u00f3n de importantes hechos de su vida y la responsabilidad que implican como lo se\u00f1ala el propio Carr\u00e8re, me cuesta trabajo no formular la pregunta anterior sin que parezca un juicio. Parece incongruente la postura anterior despu\u00e9s de hablar de c\u00f3mo ninguno de nosotros estamos exentos de <em>estructurar <\/em>nuestra vida a trav\u00e9s de la ficci\u00f3n, entendida como la construcci\u00f3n de una m\u00e1scara social. En el caso de Jean-Claude Romand, sus decisiones se advierten como una radical, extrema y <em>ego\u00edsta <\/em>exacerbaci\u00f3n de lo anterior, al estar motivada por la angustia que en \u00e9l se fue gestando por la incomprensi\u00f3n de su deseo. Encontramos en el libro de Carr\u00e8re, el relato de un hombre sujeto al deseo de los dem\u00e1s de manera sumamente heter\u00f3noma. Un hombre sujeto a expectativas sociales, familiares y amorosas correspondientes con sostener un <em>medio<\/em> como <em>fin en s\u00ed mismo<\/em>: una <em>forma de vida<\/em> de la cual Jean-Claude Romand era capaz s\u00f3lo a trav\u00e9s del enga\u00f1o, entendi\u00e9ndolo como la grave traici\u00f3n de la confianza de las personas que, se supone, m\u00e1s quer\u00eda. Ello fue lo que deriv\u00f3 en las terribles consecuencias de sus actos: el asesinato de su familia inmediata, incluyendo a sus padres, adem\u00e1s de su mujer y sus hijos. Estamos hablando de un hombre arrastrado por su propia miseria. Una miseria que constituy\u00f3 una <em>pasi\u00f3n <\/em>que lo condujo <em>voluntariamente <\/em>a tal atrocidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, estoy de acuerdo con Carr\u00e8re en lo importante de la <em>comprensi\u00f3n <\/em>en este caso. Si bien es innegable lo <em>problem\u00e1tico <\/em>del actuar y sus consecuencias en el caso de Romand, lo que habr\u00eda que <em>comprender <\/em>y no juzgar f\u00e1cilmente es c\u00f3mo alguien, cualquiera de nosotros, podr\u00eda llegar a hacer algo semejante a lo terrible que llev\u00f3 a cabo nuestro protagonista. Carr\u00e8re lanz\u00f3 al aire la moneda de la confianza y, a pesar de la dificultad de tal misi\u00f3n, el entonces principiante escritor no oculta el entusiasmo que signific\u00f3 para \u00e9l dicha decisi\u00f3n: \u201cHab\u00eda escrito aquello por lo que me hab\u00eda convertido en escritor. Comenzaba a sentirme vivo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente si esta \u00faltima declaraci\u00f3n me parece una confesi\u00f3n (como aquella en la que Carr\u00e8re declara lo dif\u00edcil e importante de escribir la carta en la que le solicitaba a Romand una entrevista) se deba a mi propio moralismo. Habr\u00eda que poner sobre la mesa el a\u00f1ejo problema de que, generalmente, la confesi\u00f3n, m\u00e1s que un motivo de <em>comprensi\u00f3n<\/em>,suele resultar un motivo de <em>juicio <\/em>y subsecuente <em>castigo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Carr\u00e9re (y lo digo sin af\u00e1n de juzgarlo sino en un esfuerzo de comprensi\u00f3n) no es ajeno, como todo ser humano que convive con los dem\u00e1s, a su propio moralismo. La respuesta de Romand tard\u00f3 dos a\u00f1os, lo cual es comprensible ante lo delicado del tema. El riesgo era <em>mutuo<\/em>: estaba comprometida la confianza de ambos, al igual que su futuro. En tal apuesta estaba invertida la b\u00fasqueda del sentido de la continuidad de dos vidas. En el caso de Carr\u00e8re, estaba comprometida su vocaci\u00f3n de escritor. En el caso de Romand, implicaba el riesgo de poner en manos equivocadas los detalles de un asunto tan terrible y delicado como lo es el crimen que cometi\u00f3. El propio autor, en l\u00edneas y entre l\u00edneas, lo evidencia:<\/p>\n\n\n\n<p>Que esta carta me estremeci\u00f3 ser\u00eda decir poco. Sent\u00ed, dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, como si me hubieran enganchado por la manga. Yo hab\u00eda cambiado, me cre\u00eda lejos. Esta historia y sobre todo mi inter\u00e9s por ella m\u00e1s bien me repugnaban. Por otro lado, no iba a decirle que no, que ahora ya no deseaba conocerle. Solicit\u00e9 un permiso de visita. Me lo denegaron, por no ser familia, precisando que podr\u00eda realizar otra tentativa despu\u00e9s de que Romand compareciera ante la audiencia criminal de l\u2019Ain, lo que estaba previsto para la primavera de 1996. Entretanto, quedaba el correo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es dif\u00edcil que un crimen como el de Romand no cause un impacto en quien se entere de \u00e9l. Se trat\u00f3 del acto de una magnitud existencial sumamente violenta. Fue el fin de un mundo, la ca\u00edda estrepitosa de una escena, la de la m\u00e1scara de Romand, cuyo colapso no dej\u00f3 nada en pie porque no hab\u00eda cimiento alguno sobre el cual sostenerse. Lo que todo rompe ni a s\u00ed mismo puede sostenerse, el enga\u00f1o y la traici\u00f3n de la <em>confianza <\/em>jam\u00e1s podr\u00e1n cimentar nada.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed de terrible puede ser cuando el desd\u00e9n por la <em>confianza<\/em>, esta \u00faltima evidencia de la generosidad de los dem\u00e1s, <em>apasiona <\/em>a una vida al grado de someterla. Comprendo la repugnancia de Carr\u00e8re, \u00e9sta tiene su legitimidad y por ello no la juzgo, incluso aunque nos acerque al juicio f\u00e1cil de reducir a Romand a un monstruo. Para muchos de nosotros no dejar\u00eda de ser <em>problem\u00e1tico <\/em>el vernos atra\u00eddos por esta clase de <em>escena<\/em>, con sus correspondientes <em>circunstancias <\/em>y protagonistas. En ellas se manifiestan esas posibilidades de lo humano que, como dir\u00eda Nietzsche, nos exigen mucho est\u00f3mago para confrontarlas. Son un espejo de lo terribles que todos, sin excepci\u00f3n, podemos llegar a ser.<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;<\/em>Considero importante dejar mi moralismo a un lado para comprender mejor a Carr\u00e8re ante lo intensas que pueden ser las experiencias de lo humano, especialmente las de este tipo. Hay un momento en el que Carr\u00e8re evidencia un admirable esfuerzo de <em>compasi\u00f3n <\/em>que, independientemente de lo problem\u00e1tico de dicho fen\u00f3meno, es inestimable porque, como en todo fen\u00f3meno de <em>compasi\u00f3n<\/em>, manifiesta una <em>sensibilidad <\/em>capaz de <em>vulnerarse <\/em>para imaginar el dolor ajeno. En el coraje que implica tal posibilidad, yace tambi\u00e9n la oportunidad de adquirir una <em>comprensi\u00f3n <\/em>que convierta a la <em>compasi\u00f3n <\/em>en <em>empat\u00eda <\/em>como posibilidad de lo mejor de la condici\u00f3n humana. Carr\u00e8re imagina las limitaciones materiales de Romand y hace un esfuerzo por igualar su situaci\u00f3n a la de \u00e9l. Se da cuenta de que su entrevistado tan s\u00f3lo puede contestar sus cartas a mano, en un papel que Carr\u00e8re describe como feo y cuadriculado, adem\u00e1s de que el acceso a dicho material est\u00e1 limitado para Romand. Ello motiva a Carr\u00e9re a dejar de escribirle en computadora. Este detalle que manifiesta una atenci\u00f3n especial por la circunstancia de Romand lleva a Carr\u00e9re a una profunda reflexi\u00f3n acerca de la relaci\u00f3n entre nuestras formas de vida y las posibilidades de lo moral en la misma: <em>&nbsp;<\/em>\u201cMi obsesi\u00f3n respecto a la desigualdad de nuestra situaci\u00f3n, el miedo a herirle exhibiendo mi suerte de hombre libre, de marido y padre de familia feliz, de escritor estimado, <em>la culpabilidad de no ser yo culpable<\/em>, todo eso confiri\u00f3 a mis primeras cartas ese tono casi obsequioso cuyo eco \u00e9l reprodujo fielmente.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>En el pasaje anterior, Carr\u00e8re enuncia condiciones materiales que fueron centrales en el m\u00f3vil del enga\u00f1o que llev\u00f3 a cabo Romand durante a\u00f1os \u2012esto entendido especialmente desde el posicionamiento muy singular y <em>problem\u00e1tico <\/em>ante dichas condiciones por parte del propio Romand\u2012 que deriv\u00f3 en tan irremediables consecuencias. Carr\u00e8re advierte la posibilidadde que la noticia de su fortuna material y existencial <em>hiera <\/em>a este hombre que perdi\u00f3 lo que el escritor conserva, a pesar de ser dicha p\u00e9rdida el resultado de las acciones del primero. Advierte que ser\u00eda injusta una ostentaci\u00f3n de ello y que va en contra de la <em>confianza <\/em>en la atenci\u00f3n que ha recibido por parte de Romand. Ello indica un esfuerzo de <em>comprensi\u00f3n <\/em>que deshabilita al castigo material como principio de <em>autoridad moral<\/em>.A este \u00faltimo podr\u00edamos enunciarlo de la siguiente manera: yo tengo porque no <em>soy culpable<\/em> y t\u00fa perdiste lo que ten\u00edas por ser <em>culpable<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, Romand en medio de la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de su <em>pasi\u00f3n<\/em>, al <em>querer tener <\/em>una <em>forma de vida <\/em>fuera de sus posibilidades (y que de hecho tend\u00eda a cierto <em>privilegio <\/em>en relaci\u00f3n con la mayor\u00eda), <em>adoleci\u00f3 la miserable pasi\u00f3n de sentirse culpable <\/em>por no tener esa vida que los dem\u00e1s esperaban de \u00e9l. Probablemente, Romand crey\u00f3 durante a\u00f1os en tal <em>forma de vida<\/em> como si fuera unaexpectativa personal. \u00c9sta \u00faltima fue el motivo de su angustia por ser tan s\u00f3lo un <em>aparente sentido \u00fanico de la vida<\/em> que jam\u00e1s correspondi\u00f3 con su <em>querer<\/em>. Su vida gir\u00f3 alrededor de lo que los dem\u00e1s esperaban. Nunca fue importante, ni si quiera para \u00e9l, lo que realmente quer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, Romand, colapsado por la angustia de no poder continuar con su enga\u00f1o, decide cometer el <em>fin de su mundo<\/em>. Su traici\u00f3n se hab\u00eda vuelto insostenible, s\u00f3lo quedaba la verg\u00fcenza por haber mancillado la c<em>onfianza<\/em> de quienes lo quer\u00edan. Probablemente, la sola idea del escarnio le resultaba insoportable. Romand hab\u00eda elegido satisfacer las expectativas de los dem\u00e1s para <em>justificar <\/em>la pertinencia de su existencia en el mundo y la \u00fanica manera que encontr\u00f3 para hacerlo fue traicion\u00e1ndolos. Para Romand el futuro se hab\u00eda cerrado porque no sab\u00eda otra manera de vivir. Probablemente, para aquel hombre derrotado por <em>la pasi\u00f3n miserable de la culpa <\/em>otra manera de vivir era imposible.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante advertir que Carr\u00e8re no es ajeno a la <em>sensaci\u00f3n<\/em> de esa <em>culpa<\/em> como \u00e9l mismo manifiesta en la <em>compasi\u00f3n <\/em>que padece por su entrevistado. Una <em>sensaci\u00f3n <\/em>que, tratando de ser m\u00e1s justo con el autor franc\u00e9s, me parece m\u00e1s cercana al <em>remordimiento<\/em>, entendidocomo una conciencia del sufrimiento del cual somos capaces, tanto llev\u00e1ndolo a cabo como <em>padeci\u00e9ndolo<\/em>. Sin embargo, cuando Carr\u00e8re verbaliza su sensaci\u00f3n con la palabra culpa evidencia el condicionamiento <em>heter\u00f3nomo <\/em>de la misma como elemento relacional <em>posible<\/em> de toda expectativa social. Lo <em>com\u00fan <\/em>de dicha <em>pasi\u00f3n <\/em>encuentra a ambos hombres. Nuestra <em>culpa<\/em>, <em>sue\u00f1o de la raz\u00f3n<\/em>, crea \u201cmonstruos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cMonstruos\u201d que todos podemos ser, por lo cual, ser\u00eda somero decir que lo anterior es una justificaci\u00f3n de los cr\u00edmenes de Romand, lo cual ser\u00eda un juicio f\u00e1cil. No hay manera de justificar lo terrible porque simplemente es terrible. Sin embargo, s\u00ed podemos hacer un esfuerzo de empat\u00eda, semejante al de Carr\u00e8re, y, antes de juzgar con ligereza o con la ligereza a la que tienden nuestros juicios, \u00bfpor qu\u00e9 no mejor hacer un esfuerzo por <em>comprender <\/em>qu\u00e9 nos podr\u00eda llevar a lo terrible e irremediable en nuestras vidas? Quiz\u00e1 ello pueda permitirnos dejar de reducir a los dem\u00e1s en relaci\u00f3n con sus errores y terribles decisiones, para dejar de creer que s\u00f3lo son monstruos y no complejos seres humanos, tan complejos como nuestras vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido, el autor franc\u00e9s es congruente al desestimar a la <em>justificaci\u00f3n <\/em>como un posicionamiento cercano al <em>juicio f\u00e1cil<\/em>.El <em>juicio f\u00e1cil<\/em>,por su inmediatez, busca justificar la <em>culpabilidad <\/em>o la <em>inocencia<\/em>. De tal manera, se abre, a trav\u00e9s de la <em>compasi\u00f3n, <\/em>la posibilidad <em>emp\u00e1tica <\/em>de la <em>comprensi\u00f3n<\/em>, m\u00e1s cercana a la <em>prudencia <\/em>y <em>serenidad <\/em>del juicio con elementos, un juicio mejor fundamentado. Aquello que <em>estoicos <\/em>y <em>epic\u00fareos <\/em>consideraban el bien supremo: <em>el juicio recto<\/em>:\u201cNo existen sin duda treinta y seis mil maneras de dirigirse a alguien que ha matado a su mujer, a sus hijos y a sus padres y les ha sobrevivido. Pero retrospectivamente me percato de que enseguida le adul\u00e9 adoptando aquella gravedad envarada y compasiva y vi\u00e9ndolo no como a alguien a quien le ha sucedido algo espantoso, el juguete infortunado de fuerzas demon\u00edacas.\u201d Justo en este pasaje advertimos c\u00f3mo la <em>culpa<\/em>,como principio de control, se yergue como plataforma moral capaz de generar una supuesta <em>autoridad<\/em>. A trav\u00e9s de su propia condescendencia, Carr\u00e8re advierte la manifestaci\u00f3n de tan problem\u00e1tica y supuesta superioridad.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Libertad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Jean-Claude Romand eligi\u00f3 satisfacer las expectativas que participan de la mirada cr\u00edtica de quienes conviv\u00edan con \u00e9l. Sin embargo, probablemente no hay mirada m\u00e1s influyente e importante que la de aquellos que amamos, quiz\u00e1 por lo terrible que ser\u00eda perder tanto su amor como su presencia en nuestras vidas. Por lo mucho que significamos para ellos, lo cual podemos llegar a interpretar a partir de su voluntad de seguir a nuestro lado, nuestros seres m\u00e1s queridos tambi\u00e9n son los que m\u00e1s esperan de nosotros. Tendemos a identificar su afecto en el hecho de ser las personas que m\u00e1s nos ofrecen su <em>confianza<\/em>, las m\u00e1s capaces de tal generosidad y, por lo tanto, las que m\u00e1s <em>esperanza<\/em> pueden llegar a tener en relaci\u00f3n con nuestras vidas, decisiones y los resultados de estas \u00faltimas. Nuestros seres queridos son aquellas personas que, por su cercan\u00eda, suelen estar m\u00e1s atentos a nuestra forma de vivir y, por lo tanto, ante tales compromisos, son aquellos de los cuales estamos tambi\u00e9n m\u00e1s atentos. Atenci\u00f3n que no necesariamente est\u00e1 enfocada en nosotros y nuestras necesidades sino, muchas veces, en la <em>satisfacci\u00f3n <\/em>de lo que esperan de nosotros, as\u00ed como nosotros podemos llegar a esperar la <em>satisfacci\u00f3n <\/em>de nuestro deseo en el actuar de los dem\u00e1s, especialmente en el de aquellos que queremos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el olvido de s\u00ed mismo, en su abandono, Romand s\u00f3lo ten\u00eda esa mirada a satisfacer, ni siquiera se ten\u00eda a s\u00ed mismo. No era capaz de afirmar, quiz\u00e1 ni siquiera de advertir, la posibilidad libertaria de su deseo. Todav\u00eda m\u00e1s lejana parece que era para \u00e9l la posibilidad de ser comprendido. Parece que para Romand s\u00f3lo exist\u00eda el triste escenario de ser juzgado por aquellos que amaba, probablemente porque se juzgaba a s\u00ed mismo con implacable <em>dureza <\/em>y <em>rigidez<\/em>. Era su peor juez, quiz\u00e1 tambi\u00e9n su m\u00e1s cruel verdugo, conden\u00e1ndose a la <em>obediencia de los otros<\/em>. Parad\u00f3jicamente, traicionar la confianza de estos \u00faltimos fue la manera que eligi\u00f3 para hacerlo. Por miedo al juicio de los dem\u00e1s, no fue capaz de corresponder con la misma <em>confianza <\/em>que le ten\u00edan sus seres queridos. Fue incapaz de ser honesto ante el miedo que le causaba la reacci\u00f3n consecuente de la decepci\u00f3n de los dem\u00e1s, que tanto esperaban de \u00e9l. Romand traicion\u00f3 a sus seres queridos para no traicionar sus expectativas. Hizo de s\u00ed mismo un medio, en lugar de un fin en s\u00ed mismo. Probablemente, para \u00e9l, la traici\u00f3n de las expectativas de estos \u00faltimos habr\u00eda sido la peor de las traiciones, parad\u00f3jicamente, peor que la traici\u00f3n que estaba cometiendo, la cual, al final, acab\u00f3 por ser una traici\u00f3n tan semejante y terrible como la que imaginaba Romand, si llegaba a decepcionar a sus seres queridos: la traici\u00f3n de aquellos que, generosamente, m\u00e1s confiaban en \u00e9l porque m\u00e1s lo quer\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la clase de perversas racionalizaciones de las cuales somos capaces cuando nos sujetamos al deseo de los dem\u00e1s, en lugar de satisfacer el nuestro y, por lo tanto, asumir la <em>responsabilidad <\/em>de nosotros mismos. \u00bfCu\u00e1l es la ra\u00edz profunda de la anulaci\u00f3n de s\u00ed mismo que llevo a cabo Romand?, \u00bfpor qu\u00e9 ten\u00eda tanto miedo? Eso es algo que s\u00f3lo \u00e9l puede responder o, quiz\u00e1, apenas atisbar. Romand era un hombre ciego porque la <em>angustia <\/em>hace lo que su nombre describe: <em>angosta <\/em>nuestra mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>Puedo imaginar a Romand negociando con sus seres queridos para satisfacer su deseo de amor y reconocimiento, dependiente de satisfacer las expectativas de los mismos. Sin embargo, su sujeci\u00f3n le era suficiente. Tal esclavitud le daba sentido a su vida, por lo cual se vuelve <em>problem\u00e1tico <\/em>pensar en el deseo de un hombre que llev\u00f3 a cuestas tan pesada m\u00e1scara social. Se trataba de un hombre poseedor de una vida privilegiada que, a trav\u00e9s de la traici\u00f3n de la <em>confianza <\/em>de sus seres queridos, satisfac\u00eda lo que los dem\u00e1s esperaban de \u00e9l. Romand era un presidiario de su propia voluntad antes de acabar siendo un presidario m\u00e1s en una c\u00e1rcel francesa.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez que lo peor hab\u00eda pasado, la reclusi\u00f3n fue el lugar de su alivio, donde ya no hab\u00eda nada m\u00e1s que perder. El agobiante peso de una vida insostenible, la m\u00e1scara constituida por a\u00f1os a trav\u00e9s de muy complejas y <em>problem\u00e1ticas <\/em>decisiones, dej\u00f3 de vencer su caminar. Quiz\u00e1 por ello decidi\u00f3 morir en la misma casa en la que tambi\u00e9n morir\u00eda su familia. Sinti\u00f3 que hab\u00eda llegado el fin de su mundo, ya no pod\u00eda dar un peso m\u00e1s de tan pesada que era la <em>pasi\u00f3n <\/em>de su <em>culpa<\/em>. Ya no pod\u00eda satisfacer las expectativas de nadie, hab\u00eda fracasado y, por lo tanto, su vida ya no ten\u00eda ning\u00fan sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 una de las razones por las cuales mat\u00f3 a sus seres m\u00e1s queridos: su esposa, sus padres y sus hijos, se debi\u00f3 a que ve\u00eda en sus expectativas la causa de su <em>pasi\u00f3n<\/em>. Eso es lo peligroso de no advertir lo terrible de abandonarse, dejar de hacerse responsable de uno mismo, en un sentido profundo y no meramente pragm\u00e1tico. Romand, aunque fuera a trav\u00e9s de la traici\u00f3n de la <em>confianza, <\/em>se hab\u00eda convertido en un padre de familia. Un padre proveedor tanto de lo b\u00e1sico como de privilegios. Sin embargo, jam\u00e1s atendi\u00f3 su deseo, no acudi\u00f3 a \u00e9l como si \u00e9ste no importara.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la propia sorpresa de Romand, despu\u00e9s de casi una semana en coma, estaba vivo. Imagino su sorpresa ante el hecho de no haber podido concretar la fuga de la vida que hab\u00eda elegido. Sin embargo, como se puede advertir en los fragmentos de la correspondencia que comparte Carr\u00e9re con quienes hemos le\u00eddo su libro, ante el hecho de que lo peor hab\u00eda pasado, ya no era tanto el agobio insoportable de una vida basada en el enga\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante, en la soledad de la c\u00e1rcel estaba resguardado y sin contacto con los dem\u00e1s. No estaba presente el ojo cr\u00edtico que le atormentaba. Estaba lejos de aquellos ante los que se evidenciaba su incapacidad de poner l\u00edmites a su influencia, como la har\u00eda un adulto en el sentido m\u00e1s profundo de la palabra. Viv\u00eda para los dem\u00e1s, no para s\u00ed mismo. Hab\u00eda sido una vida atravesada por la miseria de la culpa. Culpa alimentada por la incomprensi\u00f3n de Romand de su propio deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, todav\u00eda esclavizado por su propia confusi\u00f3n, todav\u00eda sujeto a la angustia que era combustible de su culpa, sab\u00eda que no podr\u00eda evadir lo que siempre hab\u00eda temido, su m\u00e1s grande miedo: el terrible juicio de sus decepcionados seres queridos. En ello est\u00e1 algo que puede llegar a unirnos a todos: el dolor de confrontarnos con aquellos a quienes traicionamos su <em>confianza<\/em>. Romand, ante sus seres m\u00e1s queridos, protagonizar\u00eda el <em>juicio final <\/em>de su mundo. Un juicio que, ante la grave magnitud de lo cometido, tambi\u00e9n contar\u00eda con el doloroso tr\u00e1nsito del escarnio social, el resto de las miradas que tambi\u00e9n nos acompa\u00f1an, atienden y vigilan.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ante lo evidente, Romand no ten\u00eda m\u00e1s que ocultar. Podr\u00eda mostrase liberado de su m\u00e1scara sin el peso de la misma: una vida que se torn\u00f3 terrible por decidir el absurdo e imposible mandato de llenar el pozo sin fondo de las expectativas de los dem\u00e1s. Perversa voluntad que hab\u00eda surgido de \u00e9l y de su angustia, quiz\u00e1 concebida como una misi\u00f3n, hasta llegar a lo terrible.<\/p>\n\n\n\n<p>En la obra de Carr\u00e8re encontramos las palabras de un hombre alienado, quiz\u00e1 en el sentido m\u00e1s radical de la palabra: \u201c\u00abMe preparo para este juicio [\u2026] como para una cita crucial: ser\u00e1 la \u00faltima con \u201cellos\u201d, la \u00faltima oportunidad de ser por fin yo mismo frente a \u201cellos\u201d \u2026 Tengo el presentimiento de que, despu\u00e9s, mi porvenir no durar\u00e1 mucho.\u00bb\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Es duro sentir en las palabras anteriores c\u00f3mo Romand ha clausurado su vida con la p\u00e9rdida de lo que para \u00e9l era el sentido de la misma. Es claro el latido de su angustia, se antoja en su \u00faltima oraci\u00f3n un chantaje suicida que apela al <em>provenir<\/em>, sin advertir que \u00e9ste no es el futuro sino la apertura de la continuidad del presente. Algo que requiere, justamente, la voluntad de no esperar nada o esperar sin esperar. Un esfuerzo sumamente grave para todo ser humano ante su finitud. Romand no es capaz de advertir que ahora tiene una nueva vida que, igual que la anterior, no est\u00e1 exenta de dolor, errores y fracasos pero que, quiz\u00e1, pueda llegar a ser menos miserable que la que ten\u00eda. Lo anterior podr\u00eda ser si Romand quisiera continuar, respetando el hecho de que, en alg\u00fan momento, decidiera lo contrario. Incluso, ante el enigma de la vida y el misterio de la muerte, a pesar de lo problem\u00e1tico que resulta el suicidio por <em>pasi\u00f3n<\/em>, en este caso, la <em>culpa <\/em>que lo <em>angustia<\/em>. Un problema con el cual nos ha confrontado, de manera muy especial, la sabidur\u00eda de la filosof\u00eda helen\u00edstica, hallada en p\u00e1ginas como las del estoicismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Emmanuel Carr\u00e8re vio en el juicio de Romand a un hombre fr\u00e1gil y cabizbajo. La imagen de un hombre ante el escarnio y su verg\u00fcenza. Un hombre com\u00fan que el sensacionalismo hab\u00eda retratado como un monstruo.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de un fragmento de la correspondencia entre el periodista y aquel hombre en espera de juicio, Carr\u00e9re nos comparte una impresi\u00f3n de Romand en relaci\u00f3n con aquellos que asistieron a su juicio: \u201cNo se tiene todos los d\u00edas la ocasi\u00f3n de ver la cara del diablo\u201d. Sin embargo, siguiendo al propio Carr\u00e8re, era el rostro de un hombre com\u00fan semejante a cualquiera de nosotros. Un hombre cualquiera, como los que caminamos por el mundo. Humanos capaces de <em>pasiones <\/em>que, quiz\u00e1, puedan llegar a ser semejantes a las de Romand. El d\u00eda de aquel <em>juicio final<\/em>, probablemente m\u00e1s de uno fue a encontrar lo terrible que puede ser.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl arte es una larga confesi\u00f3n\u201d Friedrich Nietzsche seg\u00fan Juna Carlos Onetti Alguna vez escuch\u00e9 decir que la \u00fanica soluci\u00f3n a la pregunta por el origen era el mito. La persona que lo dec\u00eda consideraba que la teor\u00eda del Big-Bang tan s\u00f3lo era una versi\u00f3n cient\u00edfica del G\u00e9nesis. 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