{"id":264,"date":"2022-10-11T11:48:32","date_gmt":"2022-10-11T11:48:32","guid":{"rendered":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=264"},"modified":"2022-10-11T11:55:52","modified_gmt":"2022-10-11T11:55:52","slug":"un-crimen-invisible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2022\/10\/11\/un-crimen-invisible\/","title":{"rendered":"Un crimen invisible"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/Juicio-a-las-brujas-de-Salem.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"572\" height=\"415\" src=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/Juicio-a-las-brujas-de-Salem.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-265\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/Juicio-a-las-brujas-de-Salem.jpg 572w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/Juicio-a-las-brujas-de-Salem-300x218.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 572px) 100vw, 572px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><em>\u201cSer ego\u00edsta no es vivir como uno quiere<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sino querer que los dem\u00e1s vivan como uno.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Oscar Wilde<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>,<em> en los hombres y los pueblos<\/em>, Miguel de Unamuno defiende al hombre de carne y hueso. Reivindica su concreta y material existencia hecha de muchas piezas, seg\u00fan el bilba\u00edno. Se opone a la <em>experiencia de estufa <\/em>de Ren\u00e9 Descartes y reivindica la contundente <em>experiencia est\u00e9tica <\/em>de la vida, tendiente al <em>v\u00e9rtigo <\/em>de profundas intensidades de las cuales ninguno de nosotros estamos exentos. Dicho fil\u00f3sofo reivindica el derecho de cada ser humano de afirmar: \u201c\u00a1Yo s\u00e9 qui\u00e9n soy!\u201d, en contra de lo espuria que puede resultar una definici\u00f3n universalista de los hombres, lejana a su <em>sentimiento <\/em>y, por lo tanto, a su vida. En un mundo empe\u00f1ado en definir, decidir por nosotros y decirnos lo que somos, \u00bfno adquiere cierta legitimidad y pertinencia la postura de Unamuno, aunque <em>parezca <\/em>una arbitrariedad? \u00bfNo se antoja m\u00e1s arbitrario el cierre de sentido con el que acabamos comprometidos al no atender el peligro de la <em>captura <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>por parte del <em>dispositivo<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz\u00e1 lo m\u00e1s importante de nuestros <em>mitos<\/em> sea su cercan\u00eda con las <em>materialidades concretas <\/em>de nuestras <em>formas de vida<\/em>. No s\u00f3lo me refiero a lo m\u00e1s evidente y <em>positivo<\/em>: los datos del mundo que evidencian nuestro paso por el mismo de manera tangible, sino tambi\u00e9n a las situaciones y circunstancias que constituyen un <em>pathos <\/em>del cuerpo, imaginable a trav\u00e9s de su narraci\u00f3n por estar en relaci\u00f3n con nuestra <em>sensibilidad<\/em>. Me refiero a nuestras <em>emociones<\/em>, <em>sentimientos <\/em>y <em>pasiones<\/em>. \u00c9stas tienen la superficie, el volumen y la profundidad incalculable de nuestro cuerpo cuando est\u00e1 vivo. Por ello, la literatura tiene una relevancia ante la Historia (asumiendo a la misma como una pretensi\u00f3n), especialmente cuando la \u00faltima, en varios contextos y momentos, se propuso una <em>problem\u00e1tica <\/em>objetividad que la llevo, incluso, a constituirse como un mero registro basado en una asepsia de todo lo que se antojara o pareciera <em>subjetivo<\/em>. Ello, en varios casos y momentos, la hizo objeto de captura por parte de <em>dispositivos <\/em>de poder que aprovecharon tan imposible voluntad de <em>neutralidad <\/em>par llevar a cabo un <em>cierre de sentido <\/em>que se constituyera en la <em>problem\u00e1tica <\/em>posibilidad de una <em>Historia oficial<\/em>. Sin embargo, como un <em>constitutivo <\/em>posicionamiento vital, siempre hemos contado con el <em>mito <\/em>para no olvidarnos de <em>nosotros mismos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi anterior postura acerca de lo que ha sido <em>un problema <\/em>de la Historia, no <em>El problema de la Historia<\/em>, por lo mismo no es una generalizaci\u00f3n. Podemos hallar ejercicios significativos en dicha disciplina que son esfuerzos por abrir sus horizontes cr\u00edticos y reflexivos ante el peligro antes mencionado, de altos y muy originales niveles de <em>comprensi\u00f3n <\/em>e importante erudici\u00f3n muy bien fundamentada, los cual se manifiesta en relevantes aportaciones para no <em>olvidarnos <\/em>del car\u00e1cter <em>problem\u00e1tico <\/em>de nuestra especie.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un ejemplo de la relevancia del <em>mito <\/em>en el ejercicio de <em>comprendernos <\/em>como fen\u00f3meno <em>problem\u00e1tico<\/em>, lo encontramos en <em>Las brujas de Salem <\/em>de Arthur Miller. Motivado por evidentes preocupaciones <em>contempor\u00e1neas<\/em>, Miller acude a la <em>intempestividad <\/em>de un momento de la historia de su pa\u00eds que le habla y lo lleva al <em>encuentro consigo mismo <\/em>en el que consiste toda <em>reflexi\u00f3n<\/em>. Aprovecha su riqueza de recursos como el gran dramaturgo consumado que ya era, para componer desde el referente de un imaginario aparentemente lejano una <em>di\u00e9gesis <\/em>que le permita <em>problematizar <\/em>su \u00e9poca, adem\u00e1s de <em>argumentar <\/em>una cr\u00edtica a su tiempo de manera frontal y abierta. Lo anterior desde la seguridad que puede permitir el arte, sin negar que tambi\u00e9n la <em>poes\u00eda <\/em>tiene sus riesgos. Con ello demostr\u00f3 que, muchas veces -como tambi\u00e9n Albert Camus lo comprendi\u00f3-, lo pol\u00edtico del arte se vertebra estrat\u00e9gicamente a trav\u00e9s de una <em>po\u00e9tica<\/em>. Miller da cuenta en su trabajo de que el <em>mito <\/em>no s\u00f3lo es un discurso sino tambi\u00e9n una <em>habitaci\u00f3n <\/em>del cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, antes de llegar con m\u00e1s puntualidad a ese punto, vale la pena atender la ret\u00f3rica de nuestro autor en un momento clarificador y pertinente de la antesala necesaria para acceder a dicha di\u00e9gesis. Desde este primer momento ya es advertible la complejidad de la composici\u00f3n de la obra, debida a la volatilidad del tema. Miller es consciente de que en su actividad como dramaturgo est\u00e1 comprometido m\u00e1s de un aspecto de la <em>vida civil <\/em>de la cual es parte y que una falta de prudencia o alguna indiscreci\u00f3n pueden ser motivo de <em>incomprensi\u00f3n <\/em>o vulneraci\u00f3n del tejido social. Hasta para prender una hoguera se requiere <em>arte<\/em>. Miller est\u00e1 lejos de dicha pretensi\u00f3n, es justo lo que quiere evitar escribiendo acerca de una ejecuci\u00f3n. La falta de dicho arte es lo que Miller critica:<\/p>\n\n\n\n<p>La tragedia de Salem, que est\u00e1 por comenzar en estas p\u00e1ginas, fue el producto de una paradoja. Es una paradoja en cuyas garras vivimos a\u00fan y todav\u00eda no hay perspectivas de que descubramos su resoluci\u00f3n. Simplemente, era esto: con buenos prop\u00f3sitos, hasta con elevados prop\u00f3sitos, el pueblo de Salem desarroll\u00f3 una teocracia, una combinaci\u00f3n de estado [sic] y poder religioso, cuya funci\u00f3n era mantener unida a la comunidad y evitar cualquier clase de desuni\u00f3n que pudiese exponerla a la destrucci\u00f3n por obra de enemigos materiales e ideol\u00f3gicos. Fue forjada para un fin necesario y logr\u00f3 este fin. Pero toda organizaci\u00f3n es y debe ser fundada en una idea de exclusi\u00f3n y prohibici\u00f3n, por la misma raz\u00f3n por la que dos objetos no pueden ocupar el mismo espacio. Evidentemente, lleg\u00f3 un momento en que las represiones en Nueva Inglaterra fueron m\u00e1s severas de lo que parec\u00edan justificar los peligros contra los que se hab\u00eda organizado ese orden. La \u201ccaza de brujas\u201d fue una perversa manifestaci\u00f3n del p\u00e1nico que se hab\u00eda adue\u00f1ado de todas las clases cuando el equilibro empez\u00f3 a inclinarse hacia una mayor libertad individual.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Partamos de esta primera postura que nos ofrece como v\u00eda de comprensi\u00f3n el propio dramaturgo de la obra. Me parece importante analizarla en dos partes, la primera que tiene que ver con los argumentos en relaci\u00f3n con los fines o sentido de determinadas instauraciones y posicionamientos culturales, de la cual se deriva la segunda parte de este an\u00e1lisis que abordaremos con m\u00e1s detalles en las siguientes l\u00edneas.<\/p>\n\n\n\n<p>No deja de ser sugerente que el escritor defina a su propuesta esc\u00e9nica como una tragedia, probablemente m\u00e1s en relaci\u00f3n con un sentido de lo tr\u00e1gico que con el fin de ser acorde con todas las implicaciones de un g\u00e9nero dram\u00e1tico tan importante. Se antoja tal lectura en la medida en que tambi\u00e9n aqu\u00ed, de manera muy distinta por las indudables diferencias culturales, vemos un conflicto entre los hombres como seres comunitarios y la potencia \u00faltima de lo divino como gu\u00eda de su vida, ante la <em>problematicidad <\/em>de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo pronto, pongo sobre la mesa esta cuesti\u00f3n, sin desestimar demasiado que estemos ante una manifestaci\u00f3n de <em>lo tr\u00e1gico<\/em> m\u00e1s que de un ejemplo de tragedia. Tomemos en cuenta que la problematicidad de esta clase de fen\u00f3menos en una \u00e9poca ya signada por los or\u00edgenes de consciencias resultantes de posicionamientos como La Modernidad est\u00e1n atravesados por el tema del libre pensamiento, libre albedr\u00edo e, incluso, el ejercicio de una libertad individual y aut\u00f3noma tendiente a la consciencia que puede implicar su soberan\u00eda. Sin embargo, probablemente podemos advertir la <em>intempestividad <\/em>de la tragedia, m\u00e1s que como g\u00e9nero dram\u00e1tico, como horizonte <em>po\u00e9tico <\/em>de <em>problematizaci\u00f3n <\/em>de la condici\u00f3n humana, siguiendo el posicionamiento de Miller.<\/p>\n\n\n\n<p>En relaci\u00f3n con esto \u00faltimo, el autor afirma que seguimos atrapados por la problem\u00e1tica paradoja que intenta <em>representar<\/em> en su discurso dram\u00e1tico, al grado de que se vislumbra imposible la resoluci\u00f3n de dicha circunstancia. Probablemente, me permito inferir, porque, quiz\u00e1, nuestro autor est\u00e1 generando un seguimiento y reflexi\u00f3n desde la acci\u00f3n esc\u00e9nica del car\u00e1cter parad\u00f3jico de la condici\u00f3n humana. Me parece cuestionable entender dicho fen\u00f3meno como un <em>problema<\/em>, en un sentido b\u00e1sico de la palabra y, en todo caso, obviar el car\u00e1cter <em>problem\u00e1tico <\/em>de la condici\u00f3n humana desde una experiencia <em>conflictiva <\/em>del ser humano ante la vida de su especie, su propia vida. Por ello, me repliego m\u00e1s a la pregunta de si ello, en este sentido planteado por Miller, es aut\u00e9nticamente un <em>problema <\/em>y, en esa medida, darnos cuenta de lo <em>problem\u00e1tico <\/em>de negar la <em>legitimidad <\/em>de dicho fen\u00f3meno y, por lo tanto, una posible <em>legitimidad <\/em>del mismo. En esa medida, m\u00e1s bien lo cuestionable ser\u00eda atribuirle un car\u00e1cter moralmente an\u00f3malo, al grado de pretender soluci\u00f3n o liberaci\u00f3n del mismo. Si pudi\u00e9ramos hablar de <em>liberaci\u00f3n<\/em>, \u00bfno ser\u00eda m\u00e1s adecuado pensar en la comprensi\u00f3n y habitaci\u00f3n de tan <em>conflictivo <\/em>fen\u00f3meno como manifestaci\u00f3n de la <em>integridad <\/em>de la <em>condici\u00f3n humana<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en un momento sumamente sugerente en el que el personaje de Hale es evidenciado como un hombre m\u00e1s complejo de lo que podr\u00edamos advertir en otros momentos de la obra. Un hombre tendiente a la sabidur\u00eda de quien, por no tener certeza alguna de su virtud (si es que ello fuera posible), decide intentar actuar regido por la misma. Alguien capaz de la prudencia, m\u00e1s que de la contrastante posibilidad del juicio punitivo, culpabilizante y estigmatizador.<\/p>\n\n\n\n<p>Hale es mostrado por Miller como alguien que posee un contrastante matiz en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s personajes: una capacidad de <em>autonom\u00eda <\/em>y consciencia libertaria, ajena a la <em>caracterizaci\u00f3n <\/em>de la <em>norma <\/em>que ser\u00eda un juez comprometido irreflexivamente con la ley, entendida como <em>convenci\u00f3n social<\/em> al grado de no cuestionarse el cumplimiento de esta \u00faltima,al igual que la posibilidad de su <em>obediencia <\/em>por parte de tal ejecutante: \u201cNo podemos caer en supersticiones. El Diablo es preciso.\u201d, afirma Hale, apelando al cuidado que exige la serenidad de un ojo atento, capaz de la contemplaci\u00f3n de la complejidad de los fen\u00f3menos de dicha \u00edndole.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en relaci\u00f3n con lo anterior, resulta igual de importante el posicionamiento de Miller, en una de esas reflexiones que tanto le gustaba escribir en sus obras de manera digresiva, aprovechando el estilo que, ya para entonces, hab\u00eda constituido a trav\u00e9s de kilom\u00e9tricas acotaciones: \u201cEvidentemente ni siquiera hoy estamos muy seguros de que el diabolismo no sea cosa sagrada y de la que no hay que mofarse. Y no es por casualidad que estamos tan confundidos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La declaraci\u00f3n anterior nos confronta con la inconmensurabilidad de nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>como fen\u00f3meno del cuerpo que implica nuestra relaci\u00f3n con la inconmensurabilidad de la <em>Naturaleza<\/em>. Abre la posibilidad de la <em>comprensi\u00f3n<\/em> de sus fen\u00f3menos en nosotros mismos, en lugar de la <em>problem\u00e1tica<\/em> ligereza de un <em>juicio <\/em>de los mismos que cierre su sentido y constituya un <em>estigma <\/em>contra quien, en tanto que <em>objeto de incomprensi\u00f3n<\/em>, acabe siendo v\u00edctima de escarnio.<\/p>\n\n\n\n<p>El propio Hale, como bien describe Miller en l\u00edneas anteriormente inmediatas al parlamento citado de la obra, atendi\u00f3 a una mujer acusada de brujer\u00eda, el primer caso de la parroquia de dicho experto en casos de brujer\u00eda y posesi\u00f3n diab\u00f3lica. Dicha mujer, seg\u00fan la dramaturgia, tan s\u00f3lo necesitaba el afecto de una atenci\u00f3n especial para dejar de <em>padecer <\/em>su aparente condici\u00f3n de endemoniada, la cual estaba enmascarada socialmente por ella misma a partir de una charlataner\u00eda con la cual, podemos inferir, ella misma acab\u00f3 por comprometerse al grado de la autosugesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Es aqu\u00ed cuando podemos advertir lo libertario que puede ser asumir la responsabilidad de nuestro <em>dolor<\/em>, nuestro <em>pathos <\/em>y, por lo tanto, <em>nuestra sensaci\u00f3n<\/em>. Se trata del largo proceso que puede implicar la <em>comprensi\u00f3n <\/em>del sedimento de una vida capaz de constituir nuestra<em> pasi\u00f3n<\/em>,ante las decisiones que tomamos y los eventos de nuestra vida. Un <em>dolor <\/em>que, al ser incomprendido, genera una terrible <em>angustia <\/em>que se podr\u00eda traducirse como la ceguera que hace de la voluntad de los dem\u00e1s nuestro lazarillo. As\u00ed de perversa puede ser nuestra voluntad cuando nos abandonamos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de aquella mujer que result\u00f3 no ser bruja ni estar endemoniada, Hale fungi\u00f3 el papel de cuidador durante la estructuraci\u00f3n en la cual puede derivar ese esfuerzo de <em>autoconocimiento <\/em>que, perd\u00f3n por la obviedad, s\u00f3lo puede llevar a cabo uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de un juez que, a partir del prejuicio, act\u00faa <em>angustiado <\/em>por la incertidumbre que le producen los l\u00edmites del marco estrecho con el que est\u00e1 comprometido, el cual ha elegido como restricci\u00f3n de su <em>autonom\u00eda <\/em>y referente de prejuicios compatibles con el mismo. Lo anterior implica asumir a la ley de manera <em>heter\u00f3noma <\/em>y, por lo tanto, como la <em>conceptualizaci\u00f3n vac\u00eda <\/em>que la evidencia como <em>problem\u00e1tica <\/em>afirmaci\u00f3n del conocimiento del mundo. Lo anterior, evidentemente, cuestiona su <em>legitimidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En el caso de Hale, se trata de un hombre capaz de <em>suspender su juicio <\/em>y con ello evitar ser <em>capturado <\/em>por las creencias f\u00e1ciles a las cuales cualquiera de nosotros tiende con una posible <em>naturalizada indolencia<\/em>.Tal <em>discernimiento<\/em> puede permitirnos constituir un mejor posicionamiento posible para la comprensi\u00f3n de circunstancias <em>problem\u00e1ticas<\/em> ante la <em>complejidad <\/em>de estas \u00faltimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me atrevo a afirmar que tal voluntad evidencia c\u00f3mo el esfuerzo de <em>comprender<\/em> puede estructurar ejemplos de sabidur\u00eda. No confundamos esta \u00faltima con la certeza aparente con la que generalmente nos solemos posicionar ante el mundo. Una certeza aparente que constituye nuestras cuestionables creencias sobre \u00e9l. Quiz\u00e1 valga la pena entender a la sabidur\u00eda como la <em>prudencia <\/em>que implica tratar de <em>comprender <\/em>ante el desconcierto que puede llegar a generar en nosotros el acontecimiento novedoso y extraordinario de ciertas experiencias. Ello empieza por <em>comprendernos <\/em>a nosotros mismos, ya que dicho desconcierto nos <em>encuentra<\/em> por ser una <em>sensaci\u00f3n <\/em>que nos habita. Debido a esto \u00faltimo, <em>comprenderla <\/em>es <em>habitarla <\/em>y, por lo tanto, ello tiende un puente con quien motiva en nosotros tal <em>novedad<\/em>: el <em>desconcierto <\/em>que, en el caso de dicho ser <em>sujeto<\/em>, produce un <em>extra\u00f1amiento <\/em>en relaci\u00f3n conmigo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un juez comprometido con la mera enunciaci\u00f3n de una ley <em>abstracta<\/em>, carente de <em>los contenidos materiales de nuestra sensaci\u00f3n<\/em>, dif\u00edcilmente ser\u00eda capaz de acudir a esa <em>legalidad <\/em>que implica la <em>habitaci\u00f3n de nuestra sensaci\u00f3n<\/em>, aquella en la que se manifiesta la <em>autonom\u00eda <\/em>de nuestra raz\u00f3n. Un juez de este tipo puede estar sujeto a la ceguera <em>elegida <\/em>de la obediencia irreflexiva que puede imponer el colectivo o cualquier otro agente ajeno a <em>s\u00ed mismo<\/em>. Se trata de la imposici\u00f3n a m\u00ed mismo de <em>la ley <\/em>como una <em>convenci\u00f3n social <\/em>que puede estar al servicio de los supuestos bienes de una colectividad que, en el peor de los casos, pueden responder a meros intereses privados, ileg\u00edtimamente defendidos en relaci\u00f3n con la posibilidad de la Justicia entendida como bien com\u00fan. Un juez de ese tipo, por lo tanto, puede ser capaz de abusar de la ventaja que le da la aparente <em>legitimidad <\/em>de su <em>servidumbre<\/em>.Estamos ante la compleja posibilidad de la <em>heteronom\u00eda<\/em>,tan evidente en muchos fen\u00f3menos de nuestra vida. Con ella somos capaces de constituir <em>prejuicios<\/em>, al igual que de abrir la posibilidad de la<em> naturalizaci\u00f3n <\/em>de estos \u00faltimos.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor nos prepara para su descripci\u00f3n <em>dram\u00e1tica<\/em> de un posicionamiento moral, una base religiosa e ideol\u00f3gica en t\u00e9rminos contempor\u00e1neos, capaz de propiciar la uni\u00f3n de una colectividad, comprometida con la pretensi\u00f3n de generar <em>afectos comunitarios<\/em> a partir de dicho posicionamiento. En este punto podemos advertir lo problem\u00e1tico de muchos rasgos de nuestra cultura en fen\u00f3menos como: la violencia, la imposici\u00f3n, la agresi\u00f3n y los compromisos de la misma con otros fen\u00f3menos igual de problem\u00e1ticos y conflictivos como <em>la identidad<\/em>. Quiero aclarar algo importante, cuando hablo de fen\u00f3meno problem\u00e1tico no le impongo connotaci\u00f3n moral al mismo. Mi inter\u00e9s tiene que ver con entender lo <em>problem\u00e1tico <\/em>como aquello digno de <em>examen <\/em>y <em>comprensi\u00f3n <\/em>en tanto que fen\u00f3meno humano. Tal caracter\u00edstica la advertiremos en el car\u00e1cter <em>com\u00fan <\/em>y <em>fundamental <\/em>de muchos de los eventos y circunstancias m\u00e1s importantes de nuestra <em>condici\u00f3n<\/em>, as\u00ed como de lo <em>intempestivo <\/em>de nuestra finitud y, por lo tanto, nuestra <em>indigencia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Miller describe c\u00f3mo el posicionamiento moral de la colectividad de Salem, constituido finalmente como una <em>forma de vida <\/em>compleja y colectiva, ten\u00eda el prop\u00f3sito de evitar el <em>esparcimiento<\/em> de aquellos que, alrededor de dicha <em>instituci\u00f3n<\/em>, se convert\u00edan en parte de la misma. Una <em>fortaleza<\/em> <em>moral<\/em> capaz de blindar a la colectividad que la habitaba, en contra de la amenaza de su desintegraci\u00f3n y, en esa medida, capaz de apartarla del mal, al grado de aspirar a poder llevar a cabo la expulsi\u00f3n y erradicaci\u00f3n del mismo. Esto \u00faltimo, como veremos, en el peor de los casos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el Salem de la obra de Miller, el mal es un ente metaf\u00edsico personificado por El Diablo. La reducci\u00f3n de la vida a la <em>forma <\/em>impuesta, la de la <em>noble <\/em>conducta que implica la conducci\u00f3n y estructuraci\u00f3n de la vida por parte de dicha <em>instituci\u00f3n social<\/em>, garantiza (seg\u00fan su pretensi\u00f3n) que ser\u00e1 siempre <em>el bien<\/em> el que se afirma y realiza, constituy\u00e9ndose en tal resultado la legitimidad de dicha instituci\u00f3n, estableci\u00e9ndose as\u00ed como principio de la vida de los hombres y mujeres que la hayan asumido, logrando hacer del mal, seg\u00fan dicho planteamiento, algo ajeno y lejano a tal forma de vida que, por lo tanto, est\u00e1 lejos de su corrupci\u00f3n. Esta postura resulta muy acorde con el puritanismo de muchos fen\u00f3menos culturales de raigambre anglosaj\u00f3n. De ah\u00ed que en diversos fen\u00f3menos culturales de todo tipo encontremos registro y relaci\u00f3n con tal posicionamiento ideol\u00f3gico, como parte integrada e integradora de la cultura estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor parece no dar el paso de hablar de la raigambre moral de tal posicionamiento. Sin embargo, como veremos, ser\u00e1 inevitable dar cuenta de lo ideol\u00f3gico y artificial \u2012en un sentido lato del t\u00e9rmino\u2012 de esta clase de posturas. Es por ello que estas \u00faltimas derivar\u00e1n en las escenas de una <em>m\u00e1scara social<\/em>. Estamos ante la escena de la incomprensi\u00f3n y <em>padecimiento<\/em> de los <em>afectos comunitarios<\/em> propios de una <em>colectividad<\/em> por parte de s\u00ed misma y, al mismo tiempo, de la simulaci\u00f3n y desvanecimiento de los mismos como posibilidad <em>problem\u00e1tica<\/em> de la condici\u00f3n humana. En la reflexi\u00f3n acerca de ello consiste la segunda parte del an\u00e1lisis de este primer posicionamiento de nuestro autor.<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda parte de nuestra reflexi\u00f3n en torno a este posicionamiento por parte de Miller tiene que ver con el car\u00e1cter <em>artificial <\/em>de una instituci\u00f3n y su tendencia al olvido de su <em>convencionalidad moral<\/em>, debido en buena medida a la desorientaci\u00f3n que puede implicar las pretensiones morales de la misma. Nuestro autor nos habla de c\u00f3mo la <em>instituci\u00f3n <\/em>de una <em>forma de vida <\/em>como la que pretende <em>representar <\/em>en su obra se sostiene a partir de la posibilidad de ser un poder efectivo capaz de <em>prohibici\u00f3n <\/em>y <em>exclusi\u00f3n<\/em>. Estamos hablando de la instauraci\u00f3n de la <em>represi\u00f3n <\/em>de un <em>dispositivo<\/em>. Un mecanismo de <em>control <\/em>capaz de generar y condicionar posicionamientos vitales que <em>normalizan <\/em>a la <em>colectividad <\/em>que sujeta, a trav\u00e9s del <em>reconocimiento <\/em>de cada uno de sus integrantes como <em>\u00f3rganos<\/em> del mismo. En esto \u00faltimo consiste una territorializaci\u00f3n <em>moral <\/em>de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello resulta tan sugerente el s\u00edmil moral que nos ofrece Miller: dos cosas que no pueden ocupar el mismo espacio. Una imagen que nos remite a las condiciones <em>f\u00edsicas <\/em>del espacio como fen\u00f3meno del mundo, en t\u00e9rminos <em>aparentemente naturales<\/em>. Dicha imagen me lleva a pensar en aquello que est\u00e1 en su lugar y, por lo tanto, en lo <em>punible <\/em>que puede ser estar fuera de lugar, lo cual implicar\u00eda la disfuncionalidad e impertinencia de quien, aparentemente, tuviera dicha condici\u00f3n. Seg\u00fan dicha condici\u00f3n y <em>dispositivo<\/em>, ser\u00eda el caso de aquello que es <em>punible <\/em>porque no est\u00e1 donde <em>debe <\/em>estar. &nbsp;Esto \u00faltimo constituye una correspondencia identitaria basada en una preceptiva moral del bien como aquello que est\u00e1 ocupando su pertinente funci\u00f3n en el espacio como <em>\u00f3rgano <\/em>del <em>dispositivo<\/em>. Se tratar\u00eda entonces de un <em>\u00f3rgano<\/em> alerta a todo aquello que aparente o pueda ser ajeno al <em>territorio colectivo<\/em> y, por lo tanto, capaz de invadir a este \u00faltimo, delimitado moralmente. Dicho criterio, por lo tanto, estar\u00e1 siempre orientado en relaci\u00f3n con aquello que es propio y posee la habitaci\u00f3n y habitabilidad de un <em>hogar<\/em> que lo relaciona y, <em>aparentemente<\/em>, lo hace com\u00fan, desde la activaci\u00f3n de dicha l\u00f3gica de la <em>identidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Como vemos, es cuestionable hablar en este caso de lo com\u00fan porque dicha relaci\u00f3n depende de un encuentro signado por la <em>particularidad respectiva <\/em>que distinga a cada uno de los elementos del mismo entre s\u00ed. S\u00f3lo lo caracter\u00edsticamente <em>distinto <\/em>se <em>encuentra.<\/em> Aquello que posee mismidad es <em>id\u00e9ntico <\/em>y, por ello, lo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me permito una breve digresi\u00f3n. Es sugerente pensar en lo cuestionable de la <em>mismidad <\/em>como fen\u00f3meno <em>identitario <\/em>y, por lo tanto, en lo cuestionable del fen\u00f3meno de la <em>identidad<\/em>. Parece m\u00e1s <em>probable<\/em> el <em>dif\u00edcil <\/em>y <em>complejo<\/em> fen\u00f3menos de la <em>comunidad<\/em> que el de la <em>identidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, con base en estos elementos, en el caso de un <em>dispositivo <\/em>comprometido con una <em>l\u00f3gica <\/em>de la <em>identidad<\/em> de manera tan <em>r\u00edgida <\/em>no hay encuentro sino <em>asimilaci\u00f3n<\/em>, <em>disoluci\u00f3n<\/em>, <em>alienaci\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, se evidencia como un fen\u00f3meno tendiente a la <em>heteronom\u00eda <\/em>y a la <em>naturalizaci\u00f3n <\/em>de esta \u00faltima.<\/p>\n\n\n\n<p>Un magn\u00edfico ejemplo de la supuesta <em>anomal\u00eda<\/em> que constituye la ruptura e <em>impertinencia <\/em>de quien resulta<em> fuera de lugar<\/em>, por lo tanto, un <em>individuo<\/em> opuesto a la colectividad, lo encontramos en el personaje de Abigail. Un ser humano estigmatizadoal ser considerado <em>\u00f3rgano enfermo <\/em>y, por lo tanto, <em>disfuncional <\/em>de su colectividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Abigail ha sido se\u00f1alada principalmente por la supuesta evidencia que para la colectividad <em>significan <\/em>los hechos en los que se manifiesta la <em>adolescencia <\/em>de la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de su <em>pasi\u00f3n <\/em>que, a la vez, es <em>juzgada <\/em>por su colectividad. El <em>estigma <\/em>se constituyea partir de los prejuicios del <em>corpus cultural <\/em>que integra al <em>horizonte de sentido <\/em>de dicho grupo humano. Ello evidencia que una <em>colectividad<\/em>, al comprometerse inextricablemente con una l\u00f3gica de la <em>identidad<\/em>, se vuelve poco susceptible de hacer <em>comunidad<\/em>. Estamos hablando de un fen\u00f3meno de <em>heteronom\u00eda <\/em>que evidencia que no hay <em>comunidad <\/em>sin <em>autonom\u00eda<\/em> porque la <em>radicalidad <\/em>de esta \u00faltima depende de asumir la <em>responsabilidad <\/em>de atender a <em>nuestra sensaci\u00f3n<\/em>. Podemos inferir tal descubrimiento en el discurso de Abigail, a trav\u00e9s del cual expone lo que para ella resulta, m\u00e1s que una <em>novedad <\/em>de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>,una <em>revelaci\u00f3n<\/em>. Sin embargo, con todo y lo espurio de mi <em>sensaci\u00f3n <\/em>en relaci\u00f3n con la de Miller a trav\u00e9s del <em>personaje <\/em>(\u201creal\u201d y \u201cficticio\u201d), me atrevo a considerar que, <em>posiblemente<\/em>, lo que intenta exponer en su discurso Abigail es un nivel de <em>comprensi\u00f3n <\/em>a partir de la <em>habitaci\u00f3n<\/em> (todav\u00eda <em>apasionada<\/em>)<em> de su sensaci\u00f3n<\/em>. <em>Fen\u00f3meno<\/em> <em>posible<\/em> en todo <em>cuerpo vivo<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Quiero a John Proctor, el que interrumpi\u00f3 mi sue\u00f1o y abri\u00f3 los ojos de mi coraz\u00f3n! Yo no sab\u00eda lo hip\u00f3crita que era Salem, ni me daba cuenta de las mentiras que me ense\u00f1aban todas esas mujeres beatas y sus aliados esposos. Y ahora pretendes que me arranque esa luz de los ojos. \u00a1No lo har\u00e9, no puedo! \u00a1Me amaste, John Proctor, y por m\u00e1s pecado que sea, a\u00fan me amas! <em>(\u00c9l se vuelve bruscamente para salir. Ella corre tras \u00e9l.)<\/em> \u00a1John, piedad\u2026; ten piedad de m\u00ed!<\/p>\n\n\n\n<p>La primera evidencia que advierto de una renovaci\u00f3n libertaria est\u00e1 en la desujeci\u00f3n que implica el movimiento abrupto de Abigail al correr hacia John. Un movimiento <em>apasionado <\/em>que, sin embargo, desaf\u00eda a la <em>rigidez <\/em>a la que puede tender una <em>convenci\u00f3n social<\/em>. Abigail se <em>habita <\/em>y con ello se manifiesta la <em>liberaci\u00f3n <\/em>de su deseo, Abigail se <em>moviliza<\/em>.Ella misma verbaliza el car\u00e1cter libertario de su deseo. Sin embargo, es m\u00e1s significativo cuando ello se manifiesta en la <em>integridad <\/em>de dicha <em>voluntad <\/em>que implica el habla de esta \u00faltima a trav\u00e9s del <em>lenguaje corporal<\/em>. Independientemente de la evidente <em>correspondencia <\/em>y <em>coherente congruencia <\/em>entre <em>el lenguaje verbal <\/em>y el <em>lenguaje corporal<\/em>, lo m\u00e1s importante es que si podemos hablar <em>distintamente <\/em>de ambos se debeen buena medida a que se trata de dos delimitaciones <em>anal\u00edticas<\/em>, resultado de un esfuerzo estrat\u00e9gico de entendimiento de nuestra parte &nbsp;del mismo fen\u00f3meno: el movimiento de un cuerpo vivo. En este caso, un cuerpo vivo <em>habitante <\/em>de su <em>pasi\u00f3n<\/em>, con toda la <em>legitimidad <\/em>del caso si recordamos que no podemos saber <em>lo que puede un cuerpo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Abigail describe c\u00f3mo estaba imbuida en el sopor moral de una colectividad que la hab\u00eda reprimido, al grado de <em>sentirse <\/em>conminada al abandono de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Un abandono del cuerpo semejante a una anestesia del mismo. Abigail decide no renunciar a esa libertad, a la plenitud de una vida que se ha encontrado en lo que siente y que Abigail afirma al declarar su amor. Una experiencia clarificadora que abre su mirada, que ampl\u00eda el horizonte al maximizar su visi\u00f3n, contraria a la angostura de esta \u00faltima que produce la <em>angustia<\/em>, como lo indica el nombre de la misma. Vemos c\u00f3mo la vida, con toda su complejidad, adquiere la novedad de su <em>plenitud <\/em>porque era ajena para ella, lo cual implica el inevitable dolor de nuestra finitud. Por ello, \u00e9sta resulta una experiencia desconcertante que puede constituir una <em>radicalidad<\/em> porque se trata de la <em>experiencia sublime <\/em>de nuestra <em>finitud<\/em>. Lo <em>radical <\/em>y <em>potente <\/em>que puede ser la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestro cuerpo, la <em>habitaci\u00f3n de nosotros mismos<\/em>, <em>la<\/em> <em>habitaci\u00f3n de nuestra sensaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta reveladora la claridad de Miller al plantear en el nivel dieg\u00e9tico de su dramaturgia al mal como algo ajeno por estar fuera de lugar. Se trata de algo que no est\u00e1 en ninguna parte, no tiene lugar porque no posee la <em>propiedad <\/em>para ello. El mal es la <em>inhabitaci\u00f3n<\/em>, por ello <em>deshabita<\/em> y desterritorializa. En este contexto, el mal (<em>aparentemente<\/em>)deshabita, seg\u00fan la moral de la colectividad. Por ello, cuando acontece se manifiesta en la desestructuraci\u00f3n que implica su anomal\u00eda. Tal es la raz\u00f3n de que el mal sea capaz de <em>enfermedad<\/em>. En este caso, una anomal\u00eda capaz de enfermar al esp\u00edritu.<\/p>\n\n\n\n<p>El mal no tiene cabida en la <em>bondad<\/em>, bien y mal <em>no pueden <\/em>cohabitar y ser parte de lo mismo, seg\u00fan la moral de la colectividad de Salem. El mal no <em>puede ser <\/em>porque no <em>est\u00e1<\/em>. Es la <em>descomposici\u00f3n<\/em> porque no une ni constituye como s\u00ed lo hace la <em>bondad<\/em>, seg\u00fan la moral de Salem.<\/p>\n\n\n\n<p>En ello advertimos <em>la<\/em> <em>problem\u00e1tica rigidez del puritanismo <\/em>como postura moral que, podemos inferir, vela la complejidad de los fen\u00f3menos de la vida, <em>anula <\/em>a esta \u00faltima al grado de <em>invisibilizar <\/em>su <em>movimiento <\/em>porque <em>reprime <\/em>a este \u00faltimo en los cuerpos vivos, en este caso los de la di\u00e9gesis de la dramaturgia de Miller.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta de fondo es: \u00bfc\u00f3mo llega a ser posible el mal si, al final de cuentas, \u00e9ste es capaz de <em>acontecer<\/em>,incluso a pesar de la asepsia pretendida por parte de los comprometidos con <em>formas de vida <\/em>como la que estructura nuestro autor a trav\u00e9s de su dramaturgia?<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo de tal compromiso moral lo advertimos en la <em>rigidez monol\u00edtica <\/em>del siguiente parlamento de Hale, contrastante con la sabidur\u00eda que de \u00e9l hab\u00edamos advertido, lo cual lo evidencia como personaje complejo: \u201cLa teolog\u00eda, se\u00f1or, es una fortaleza; en una fortaleza, ninguna grieta puede considerarse peque\u00f1a\u201d. \u00bfC\u00f3mo explicar la corrupci\u00f3n de los habitantes de Salem? \u00bfC\u00f3mo tiene <em>lugar<\/em> y qu\u00e9<em> lugar<\/em> tiene la <em>corrupci\u00f3n <\/em>en el blindaje de dicha fortaleza, si \u00e9sta supuestamente hace de sus habitantes seres satisfechos con el <em>bienestar <\/em>que la misma garantiza?<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos inferir que parte de advertir una invasi\u00f3n consiste en <em>padecer <\/em>la novedad del invasor: un ser espurio que cuestiona <em>lo posible<\/em> seg\u00fan <em>el orden <\/em>impuesto. Esto \u00faltimo puede representarse como la anomal\u00eda de una mancha, un fen\u00f3meno en el que se manifiesta la corrupci\u00f3n del<em> ser<\/em>, a pesar de, parad\u00f3jicamente, <em>ser posible<\/em>. Entonces, la pregunta que cuestiona al orden impuesto es: \u00bfC\u00f3mo es posible el mal? Miller evidencia no ser ajeno a la necesidad de cuestionar tan dudosa <em>perennidad<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201ccaza de brujas\u201d no fue, sin embargo, una mera represi\u00f3n. Fue tambi\u00e9n, y con igual importancia, una oportunidad largamente demorada para que todo aquel inclinado a ello expresase p\u00fablicamente sus culpas y pecados cobij\u00e1ndose en acusaciones contra las v\u00edctimas. Repentinamente se hizo posible -patri\u00f3tico y sagrado- que un hombre dijese que Martha Corey hab\u00eda acudido a su habitaci\u00f3n durante la noche y que, mientras su esposa dorm\u00eda a su lado, Martha se hab\u00eda acostado sobre su pecho y \u201ccasi lo hab\u00eda sofocado\u201d. Por supuesto, s\u00f3lo era el esp\u00edritu de Martha, pero la satisfacci\u00f3n del hombre al confesarse no fue menor que si se hubiese tratado de Martha misma. De ordinario, no pod\u00eda uno decirle tales cosas en p\u00fablico.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resulta muy agudo por parte de Miller hablar en t\u00e9rminos de <em>satisfacci\u00f3n <\/em>en relaci\u00f3n con un tema tan importante y problem\u00e1tico como el de <em>la confesi\u00f3n<\/em>. En este caso, \u00e9sta se evidencia como una manera de dar testimonio p\u00fablico para articular con la propia palabra la renuncia a la propia <em>consciencia<\/em>, en un ejercicio que implica la pertenencia a dicho colectivo; una v\u00eda de integraci\u00f3n <em>heteron\u00f3mica<\/em> que implica sostener la propia palabra para renunciar a sus potencias libertarias, a trav\u00e9s de una demostraci\u00f3n <em>voluntaria <\/em>de docilidad ante la <em>ley <\/em>que posibilita al propio <em>dispositivo <\/em>como orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensando en el ejemplo de Miller, un personaje que confiesa ante el difamado y v\u00edctima de escarnio pondera la superioridad moral de quien <em>confiesa <\/em>como acto, no de credibilidad y legitimidad, sino de docilidad y sujeci\u00f3n, aquella de la cual no es capaz el acusado que, como veremos con mayor puntualidad m\u00e1s adelante, ante los ojos del colectivo ya es culpable. Estamos ante el fen\u00f3meno de la adquisici\u00f3n de credibilidad por parte de quien habla o confiesa, otorgada por parte del resto que escucha: en este caso tanto la audiencia de la asamblea popular como esta \u00faltima que, con su actitud <em>autom\u00e1tica<\/em>, <em>mec\u00e1nica<\/em> y tendiente a la <em>inercia<\/em>, confirma lo <em>heteron\u00f3mico<\/em> de su sujeci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello nos da cuenta de un fen\u00f3meno inferible en tal circunstancia: una alienaci\u00f3n como sujeci\u00f3n y extrav\u00edo en la autoridad <em>aparente<\/em> de quien nos sujeta con su confianza, como reconocimiento posibilitador de la <em>confesi\u00f3n<\/em> y la confianza de quien queda sujeto al reconocer al dispositivo como <em>orden<\/em>, una <em>legalidad <\/em>que tiene que ver con el <em>saber <\/em>al mismo capaz de ser temible y, por lo tanto, una amenaza. El colectivo como dispositivo otorga su confianza ante el testimonio dado. Con ello el confesado obtiene el reconocimiento de ser parte del mismo: un <em>digno integrante<\/em>, <em>congruente<\/em> con la vida colectiva por ser <em>fiel <\/em>a su <em>instituci\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, <em>d\u00f3cil sujeto<\/em> de la <em>forma de vida<\/em> que hace posible al <em>colectivo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La b\u00fasqueda de dicho reconocimiento funda y manifiesta un acto b\u00e1sico de sobrevivencia porque esta \u00faltima depende de la pertenencia al colectivo. En tal fen\u00f3meno radica la <em>integraci\u00f3n <\/em>al mismo. A partir de la demostraci\u00f3n de la fidelidad por medio de la confesi\u00f3n se adquiere el reconocimiento. La confesi\u00f3n valida la <em>igualdad <\/em>en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s integrantes de la <em>colectividad<\/em>. Es entonces que se est\u00e1 entre iguales, capaces de vivir bajo la moral y, por lo tanto, los valores que constituyen los <em>privilegios<\/em> de la <em>forma de vida fundacional <\/em>del colectivo.<\/p>\n\n\n\n<p>La confesi\u00f3n se advierte como acto de <em>confirmaci\u00f3n<\/em> de lapropia pertenencia al colectivo, en tanto que el <em>sujeto <\/em>de la confesi\u00f3n posee una conciencia heter\u00f3noma inspirada por el miedo. Este \u00faltimo, por lo tanto, entendido como una <em>experiencia sublime de la propia finitud<\/em>. Miedo al poder excluyente y prohibitivo, en t\u00e9rminos de Miller, del cual es capaz la colectividad entretejida y conformada por relaciones \u00edntimas y familiares de profundos <em>afectos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal miedo propicia la <em>angustiosa <\/em>imaginaci\u00f3n de la radical experiencia del <em>duelo <\/em>de ya no ser parte de la colectividad, porque la magnitud de dicha p\u00e9rdida implica lo radical de la <em>experiencia sublime de la propia finitud<\/em> como experiencia vertebral capaz de activar la sujeci\u00f3n del <em>colectivo<\/em> como <em>dispositivo <\/em>sobre el sujeto. Estamos hablando de la ra\u00edz de un <em>condicionamiento<\/em> (un <em>control<\/em>) queha sido perversamente velado a trav\u00e9s del reconocimiento, el cual exige su comprobaci\u00f3n en el <em>cierre de sentido<\/em> implicado en el <em>habito <\/em>como <em>mecanizaci\u00f3n <\/em>de los cuerpos. Dicho <em>control <\/em>impuesto por una moral <em>heter\u00f3noma <\/em>y <em>coercitiva <\/em>que ha <em>instituido <\/em>una <em>problem\u00e1tica<\/em> <em>forma de vida<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta digno de pensar la diferencia entre poner l\u00edmites a nuestros afectos en relaci\u00f3n con la manera en los cuales estos pueden comprometer nuestra integridad como seres capaces de <em>autonom\u00eda <\/em>y la <em>aparente <\/em>y <em>perversa <\/em>legitimidad de la incondicionalidad de todo afecto como constataci\u00f3n de su car\u00e1cter <em>verdadero<\/em>, como si el ser humano pudiera cabalmente hablar de verdad sin problematizarla. Me parece digno de reflexi\u00f3n pensar cu\u00e1ntos de nuestros <em>afectos <\/em>se basan en <em>sujetar <\/em>o estar <em>sujetos <\/em>a trav\u00e9s de nuestras expectativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Activar dicha <em>heteronom\u00eda<\/em> implica renunciar a las potencias vitales de todo ejercicio libertario como posibilidad de constituir nuestra <em>autonom\u00eda<\/em>,la posibilidad del ejercicio de la <em>libertad <\/em>que implica pensar por cuenta propia.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, la confesi\u00f3n da cuenta de un nivel b\u00e1sico -quiz\u00e1 primitivo- de conciencia, la de una heteronom\u00eda entendi\u00e9ndola tambi\u00e9n como <em>conciencia sujeta<\/em>, manifiesta, en este caso, en el acto <em>p\u00fablico<\/em> de asumir el error propio, la falibilidad, el pecado, ante la <em>ley <\/em>que funda la <em>forma de vida <\/em>constituida por dicha moral, desplegada en valores como principios de acci\u00f3n: c\u00e1nones que no pueden ser transgredidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, por el miedo que inspira el poder de tal dispositivo que ha sujetado a sus integrantes a trav\u00e9s del reconocimiento que implica toda confianza, el <em>sujeto <\/em>da cuenta p\u00fablicamente de lo an\u00f3malo de sus actos y est\u00e1 dispuesto a la purificaci\u00f3n que implica toda redenci\u00f3n, a trav\u00e9s de <em>la confesi\u00f3n<\/em>. La superioridad moral del <em>sujeto<\/em> se constituye en creerse \u00edntegro y sanable ante el mismo mal por ser d\u00f3cil, por ser capaz de <em>rehabilitaci\u00f3n<\/em>. Un ser falible, como todos los integrantes del <em>colectivo<\/em> ya penas corrompido por el mal, redimible por ser capaz de asumir y aceptar el castigo de sus verdugos, la propia colectividad de la cual es integrante, como si los dem\u00e1s miembros de la misma fueran capaces de la pureza que los colocar\u00eda en un pedestal superior al de quienes, en este caso, expl\u00edcitamente piden perd\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un gran contrapunto en relaci\u00f3n con esta \u00faltima problematicidad lo hallamos en uno de los parlamentos de mayor contundencia <em>dram\u00e1tica <\/em>del personaje de John Proctor. Advertimos en \u00e9l c\u00f3mo <em>la sublime experiencia de nuestra finitud<\/em> desaf\u00eda cualquier m\u00e1scara social, al rasgar el velo de nuestras <em>convenciones <\/em>para dejarnos <em>desnudos<\/em> y <em>vulnerables<\/em> ante la intemperie del <em>conflicto <\/em>de nuestra <em>sociable insociabilidad<\/em>: \u201cs\u00f3lo somos lo que siempre fuimos, pero desnudos ahora [\u2026] \u00a1S\u00ed, desnudos! \u00a1Y el viento, el viento helado de Dios\u2026soplar\u00e1 el viento!\u201d, con la cual se evidencia que, probablemente, s\u00f3lo haya una posibilidad para la <em>armon\u00eda <\/em>de nuestros d\u00edas y, por lo tanto, para el acuerdo. Dicho acuerdo s\u00f3lo ser\u00e1 conmigo mismo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSi <em>ella <\/em>es inocente? \u00bfPor qu\u00e9 jam\u00e1s os pregunt\u00e1is si Parris es inocente, o Abigail? \u00bfEs que ahora el acusador es siempre sagrado? \u00bfEs que han nacido hoy tan limpios como los dedos de Dios? Yo os dir\u00e9 lo que se pasea por Salem\u2026 Por Salem se pasea la venganza. \u00a1En Salem somos lo que siempre fuimos, s\u00f3lo que ahora andan los chiquillos revoltosos alborotando con las llaves del reino, y la ley es dictada nada m\u00e1s que por la venganza! \u00a1Este mandamiento es una venganza! \u00a1Yo no entregar\u00e9 a mi esposa a la venganza!<\/p>\n\n\n\n<p>Se evidencia la <em>impertinencia <\/em>en la colectividad de Salem de John Proctor. Este \u00faltimo est\u00e1 <em>fuera de lugar <\/em>y, sin embargo, es apreciable la <em>plenitud <\/em>de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>, la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de la misma, en la consolidaci\u00f3n de su centro para tener el <em>coraje <\/em>de oponerse a la injusticia del <em>dispositivo<\/em>. Su cr\u00edtica expone c\u00f3mo la <em>instituci\u00f3n<\/em>, ante la desigualdad que implica el poder (opuesta a lo <em>com\u00fan <\/em>que hace de la <em>instituci\u00f3n <\/em>un fen\u00f3meno cuestionable y, por lo tanto, una <em>adversidad)<\/em>, acaba defendiendo no s\u00f3lo <em>intereses privados <\/em>sino tambi\u00e9n <em>pasiones <\/em>que no deber\u00edan dejar de ser <em>privadas<\/em>, mucho menos convertirse en <em>p\u00fablicas<\/em>, de las cuales s\u00f3lo quien las padece deber\u00eda ser <em>responsable<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 se basa la creencia en una superioridad moral?, \u00bfcu\u00e1l es el sustento que legitima este reconocimiento? La supuesta autoridad de los dem\u00e1s se evidencia en el cuestionable <em>consenso <\/em>alrededor de una moral <em>aparentemente<\/em> incuestionable, de manera heter\u00f3noma. La autoridad de una mayor\u00eda que se yergue ante el individuo que corre el grave peligro de ser defenestrado. El peligro de ser excluido de materialidades concretas que garanticen su sobrevivencia, la cual est\u00e1 sujeta a una moral que da y quita supuestos <em>derechos <\/em>inalienables que, en tanto que dependen de <em>sujeci\u00f3n<\/em>, <em>obediencia <\/em>y <em>propiedad<\/em>, en realidad son <em>privilegios<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso en la manera en que Miller se posiciona ante su propuesta esc\u00e9nica, \u00bfser\u00e1 advertible en ello un car\u00e1cter tr\u00e1gico suficiente que compare a las v\u00edctimas de escarnio de la obra con la figura del <em>ag\u00f3n <\/em>de la tragedia, el integrante defenestrado de una <em>colectividad <\/em>reducido a <em>farmacon <\/em>cuya <em>agon\u00eda<\/em> ser\u00e1 el <em>sacrificio <\/em>necesario para restaurar el <em>orden<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Miller parece advertir c\u00f3mo el <em>medio <\/em>que constituye el acuerdo que une a una <em>colectividad <\/em>se transforma en una amenaza para sus propios integrantes cuando se le acaba considerando un <em>fin en s\u00ed mismo <\/em>en tanto que satisface <em>intereses privados<\/em>, en lugar de no dejar de ser <em>el medio <\/em>para satisfacer el <em>fin en s\u00ed mismo <\/em>del <em>bien com\u00fan<\/em>. El propio Parris acabar\u00e1 declarando: \u201c\u00a1El diablo participa de tales confidencias! [\u2026] \u00a1Sin confidencias no habr\u00eda conspiraci\u00f3n, Vuestra Merced!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201cinmaculado\u201d colectivo <em>confirma<\/em> y <em>legitima<\/em> la redenci\u00f3n. Sus integrantes est\u00e1n sujetos a trav\u00e9s del afecto y la confianza como <em>habitaciones de nuestra<\/em> <em>sensaci\u00f3n <\/em>de las cuales se usa y abusa. Habitaciones de nuestra <em>finitud constitutiva<\/em> como principio de nuestros <em>mutualismos<\/em>, nuestros primordiales <em>afectos comunitarios<\/em>. Advi\u00e9rtase la tremenda vulneraci\u00f3n que ello implica, quedar a merced de la <em>perversa <\/em>din\u00e1mica de <em>sujetar <\/em>a cualquiera desde la ra\u00edz m\u00e1s \u00edntima de nuestros afectos, nuestra sensibilidad y, por lo tanto, de nosotros mismos, minando la posibilidad de <em>la confianza<\/em>. \u00bfC\u00f3mo no esperar con ello la <em>automaticidad<\/em> <em>mec\u00e1nica <\/em>de nuestro cuerpo <em>capturado<\/em>, manifestando en dicha <em>sujeci\u00f3n <\/em>nuestra heteronom\u00eda?<\/p>\n\n\n\n<p>En ello yace lo <em>aparente <\/em>de la superioridad moral de ser capaz de dicha contrici\u00f3n, ser capaz de arrepentimiento. En ello yace la <em>satisfacci\u00f3n <\/em>de la cual habla Miller, porque dicha superioridad moral tambi\u00e9n otorga el malsano gusto, <em>la imaginaci\u00f3n extravagante<\/em>, de ejercer poder sobre los dem\u00e1s: ser capaz de <em>sujetar <\/em>a los dem\u00e1s. Tal perversi\u00f3n se potencia de manera particular y contundente en aquellos que pueden ser v\u00edctimas de escarnio y difamaci\u00f3n, confirmando as\u00ed su miedo como motivo de su <em>servidumbre<\/em>. Tal es la <em>ceguera moral <\/em>a la que induce la <em>heteronom\u00eda<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>No se advierte que la posibilidad de ser sujetado a dicho acto de destrucci\u00f3n, a trav\u00e9s de la f\u00e9rrea observaci\u00f3n moral del dispositivo, es una circunstancia de la cual nadie est\u00e1 exento porque en la misma yace el poder <em>detentado <\/em>por el <em>dispositivo<\/em>. Se trata del sometimiento a trav\u00e9s del <em>padecimiento apasionado de nuestra finitud constitutiva<\/em>; el descarnado carneo de cualquiera de los corderos que integran al colectivo. Carne de consumo para la satisfacci\u00f3n del <em>dispositivo<\/em>, la misma que b\u00e1sicamente somos, vista desde tal <em>significaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hay un momento de suma claridad que nos confronta con la ineludible <em>sensaci\u00f3n <\/em>de <em>nosotros mismos<\/em>, al grado de abrirse la posibilidad de convertirnos en los \u00fanicos jueces leg\u00edtimos de nosotros mismos. Este sucede ante un posicionamiento de Rebecca que demuestra cierta posibilidad de la templanza necesaria para <em>comprender<\/em>, en medio de los momentos \u00e1lgidos del <em>v\u00e9rtigo <\/em>de nuestra libertad que es la <em>angustia<\/em>:<a>\u201cacudamos a Dios. Hay un peligro monstruoso en ponerse a buscar esp\u00edritus errantes. Lo temo, lo temo. Es mejor que busquemos la culpa en nosotros\u201d.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Resulta sumamente relevante este posicionamiento. Rebecca pide acudir a Dios y dejar de <em>culpar <\/em>a esp\u00edritus errantes. Ello implica un apelo a la raz\u00f3n, la manifestaci\u00f3n reflexiva de un pensamiento aut\u00f3nomo que, por lo tanto, nos manifiesta como seres capaces de la <em>voluntad <\/em>de acudir a nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>, la posibilidad de <em>sentirnos<\/em>, cuya integridad se manifiesta en nuestra reflexi\u00f3n. Para decirlo, insisto, de manera meramente anal\u00edtica: la <em>sensaci\u00f3n <\/em>completa a la reflexi\u00f3n. Una raz\u00f3n representada en Dios como <em>ley<\/em> (<em>logos<\/em>), lo cual implica, siguiendo su argumento, buscar la <em>culpa <\/em>en quienes la <em>padecen<\/em>. Eso implica una <em>investigaci\u00f3n de s\u00ed mismos <\/em>que, por lo tanto, los har\u00eda <em>responsables <\/em>de sus actos. No deja de resultar interesante pensar en que ello implica una indagaci\u00f3n en la propia <em>sensibilidad<\/em>, en la propia <em>sensaci\u00f3n<\/em> que podr\u00eda liberarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me parece importante detenerme en una importante digresi\u00f3n de Arthur Miller en el que el autor intenta dar cuenta del car\u00e1cter <em>intempestivo <\/em>y, por lo tanto, <em>contempor\u00e1neo <\/em>de su obra. Como es inevitable, todo <em>art\u00edfice de s\u00ed mismo <\/em>que puede ser un ser humano est\u00e1 situado en su presente y en la <em>compleja <\/em>y <em>problem\u00e1tica <\/em>historicidad que implica. Ello resulta m\u00e1s evidente cuando lleva a cabo una labor cr\u00edtica que, por lo tanto, puede llegar a <em>vertebrar <\/em>una <em>investigaci\u00f3n de s\u00ed mismo<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>En el momento en que estoy escribiendo esto, s\u00f3lo Inglaterra se ha detenido ante las tentaciones del diabolismo contempor\u00e1neo. En los pa\u00edses de ideolog\u00eda comunista, toda resistencia de cualquier origen es vinculada a los totalmente malignos s\u00facubos capitalistas y en Norteam\u00e9rica cualquier persona que no es reaccionaria en sus opiniones est\u00e1 expuesta a la acusaci\u00f3n de alianza con el infierno rojo. Por lo tanto, a la oposici\u00f3n pol\u00edtica se le da un ba\u00f1o de inhumanidad que justifica entonces la abrogaci\u00f3n de todos los h\u00e1bitos normalmente aplicados en las relaciones civilizadas. La norma pol\u00edtica es igualada con el derecho moral, y la oposici\u00f3n a aquella, con malevolencia diab\u00f3lica. Una vez que tal ecuaci\u00f3n es hecha efectiva, la sociedad se convierte en un c\u00famulo de conspiraciones y el principal papel del gobierno cambia para transformarse de \u00e1rbitro en azote de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la transparencia que le es posible, Miller declara c\u00f3mo el fen\u00f3meno de <em>estigmatizaci\u00f3n <\/em>y <em>exterminio<\/em>, a trav\u00e9s de una cuestionable <em>autoridad moral<\/em>, hace de los sujetos a dicha din\u00e1mica: <em>objetos <\/em>de injusticia, a trav\u00e9s de una metaf\u00edsica esencialista que reduce la complejidad de los hechos por medio de una <em>problem\u00e1tica <\/em>identificaci\u00f3n, a partir de las cuestionablescategor\u00edas maniqueas de lo bueno y de lo malo. Ello es susceptible de arbitrariedad, aquella a la que puede tender el poder como ejercicio de desproporci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Miller, en relaci\u00f3n con su contexto inmediato, declara c\u00f3mo es cuestionable la justificaci\u00f3n de dicha <em>coerci\u00f3n<\/em>, al estar supuestamente sostenida en conceptos sin correlato material y concreto como lo puede ser la figura de Dios; conceptos vac\u00edos, con base en los cuales se puede llegar a convertir a las leyes en instrumentos de injustica, al ser dictadas y seguidas de manera irreflexiva; apelar a supuestas evidencias, por ser susceptibles de meras interpretaciones, al estar basadas en el car\u00e1cter intransferible de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Tales elementos son los que podemos identificar en la obra de Miller y que, con base en el anterior posicionamiento del dramaturgo, podemos cotejar con lo convulso de su momento hist\u00f3rico, en el cual, c\u00f3mo ya es a\u00f1eja noticia, se suscit\u00f3 la <em>cacer\u00eda de brujas <\/em>del macartismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena hacer las siguientes aclaraciones. La primera es en relaci\u00f3n con lo <em>problem\u00e1tico <\/em>del car\u00e1cter intransferible de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. No renuncio a la suma importancia de esta \u00faltima, todo lo contrario, nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>es la importante <em>habitaci\u00f3n de nosotros mismos <\/em>capaz de permitirnos una relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y el mundo que compartimos porque s\u00f3lo a trav\u00e9s de nosotros mismos podemos establecer dichas relaciones. En ello radica su importancia, lo cual no la hace ni infalible ni apod\u00edctica. Justamente por ello es un principio <em>prudencial <\/em>del cual es importante hacernos <em>responsables <\/em>y, justo en la medida en que es intransferible, nos solicita la humildad de <em>atender <\/em>a los dem\u00e1s, a trav\u00e9s de un esfuerzo vinculante de <em>comprensi\u00f3n <\/em>que nos permita procurar a la virtud como posibilidad de lo <em>com\u00fan<\/em>. Lo anterior, entendiendo a la virtud, no como una certeza (lo cual es imposible), sino como el mejor posicionamiento del cual seamos capaces.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la propia obra de Miller. Se trata de uno de los momentos de <em>comprensi\u00f3n<\/em> m\u00e1s conmovedoresque he hallado en mi humilde lectura de la literatura dram\u00e1tica a la que me he permitido acceder. En ese momento se manifiesta la activaci\u00f3n de una l\u00f3gica de la ternura opuesta a la imperante l\u00f3gica de la crueldad que atraviesa a la <em>di\u00e9gesis <\/em>estructurada por el dramaturgo estadounidense. Miller nos encuentra con la sabidur\u00eda de Elizabeth, una mujer capaz de llevar a cabo la <em>habitaci\u00f3n de s\u00ed misma<\/em>, alatender a su <em>sensaci\u00f3n<\/em>; <a>\u201cYo no te juzgo. El magistrado que te est\u00e1 juzgando reside en tu propio coraz\u00f3n. Nunca he cre\u00eddo sino que eres un buen hombre, John, <em>(con una sonrisa)<\/em> s\u00f3lo que algo desorientado\u201d<\/a>. Un ejemplo de c\u00f3mo la <em>comprensi\u00f3n<\/em>,en lugar del <em>juicio <\/em>como resultado de la <em>inercia <\/em>de nuestras <em>pasiones<\/em>, puede llevarnos a actos extraordinarios como el del perd\u00f3n. Es tal su empat\u00eda, que le se\u00f1ala a John la v\u00eda hacia su coraz\u00f3n. El camino semejante que ella sigue para poder <em>comprender <\/em>y <em>perdonar<\/em>. Un acto que requiere m\u00e1s coraje del que creemos, y que tendemos a subestimar al considerarlo signo de <em>debilidad <\/em>cuando, en realidad, requiere de una gran fortaleza, el <em>arraigo <\/em>y el <em>centro <\/em>de un ser humano \u00edntegro capaz de <em>vulnerarse<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, al hablar de la problematicidad de la figura de Dios como principio de autoridad moral, con un claro car\u00e1cter pol\u00edtico en el caso del contexto hist\u00f3rico del propio Miller, no niego la leg\u00edtima creencia de cualquiera de nosotros a creer o no creer en alguna divinidad o lo divino. Lo realmente <em>problem\u00e1tico <\/em>de dicho fen\u00f3meno radica en la imposici\u00f3n de tal <em>creencia<\/em>, lo ileg\u00edtimo que puede ser imponer a la misma, en tanto que tal tipo de compromiso pretende constituir una <em>forma de vida<\/em>. Dicha imposici\u00f3n implicar\u00eda el intento de sujetar a los dem\u00e1s a una serie de din\u00e1micas y pr\u00e1cticas que uno o varios individuos han elegido leg\u00edtimamente para s\u00ed mismos, sin que ello sea el caso de quien no est\u00e9 de acuerdo con tales ejercicios y su respectiva creencia vertebral. Se trata de un fen\u00f3meno que puede ser la leg\u00edtima elecci\u00f3n de unos, no de todos. Con ello se anular\u00eda la posibilidad de la <em>comunidad <\/em>que, como ya hemos visto, tambi\u00e9n requiere de lo particular y lo caracter\u00edstico que puede diferenciarnos, incluyendo a la discrepancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de lo anterior, no puedo dejar de advertir que la figura de Dios y la noci\u00f3n de lo divino han sido planteados por m\u00e1s de una religi\u00f3n como fen\u00f3menos vinculados con sus creyentes a trav\u00e9s de hechos y eventos. Estos \u00faltimos, fen\u00f3menos tanto cotidianos como constituidos a trav\u00e9s de la fiesta y el ritual. Fen\u00f3menos del mundo inextricablemente comprometidos con nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>,con todo y lo <em>problem\u00e1tico <\/em>de su intransferibilidad. S\u00f3lo me queda mencionar, sin ahondar en detalles, el problema teol\u00f3gico y filos\u00f3fico de <em>concebir<\/em> a Dios como la experiencia de lo absoluto por parte de un ser finito.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Las brujas de Salem<\/em>, como ya podemos advertir, tambi\u00e9n es una obra acerca de nuestra relaci\u00f3n con el deseo. Encontramos en ella la complejidad del mismo y lo <em>problem\u00e1tico <\/em>que puede resultar hacernos responsables de \u00e9l. En tal complejidad se manifiesta un tema medular que la confesi\u00f3n trata de desmontar a trav\u00e9s de su car\u00e1cter intrusivo. La confesi\u00f3n en este contexto puede llegar tambi\u00e9n a ser un principio para la invasi\u00f3n de la intimidad, a partir de la aparente <em>justificaci\u00f3n <\/em>del cuidado de la colectividad que supuestamente implicar\u00eda la preservaci\u00f3n de su moral y, por lo tanto, de sus valores. Se trata de escrutar en toda conducta de los integrantes de dicho grupo humano, para comprobar su <em>pureza <\/em>y, por lo tanto, su legitimidad como integrantes de tal colectividad. Dicha vigilancia se da en relaci\u00f3n con la grave falta que ser\u00eda, quiz\u00e1 incluso m\u00e1s que <em>el pecado<\/em>, el ocultamiento de este \u00faltimo. La voluntad de ocultar el <em>pecado <\/em>implicar\u00eda la posibilidad de la <em>clandestinidad<\/em>. Un principio de la <em>rebeld\u00eda<\/em>, lo cual podr\u00eda generar una vida paralela y sin vigilancia, capaz de evadir al ojo-vigilante del dispositivo y, por lo tanto, ser\u00eda capaz de desactivarlo. Como referente de ello y en relaci\u00f3n con el tema de la m\u00e1scara social, tenemos el siguiente parlamento de Abigail que nos confronta con el leg\u00edtimo derecho que todos tenemos al secreto:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(se levanta)<\/em>: \u00a1Oh, qu\u00e9 duro es cuando la m\u00e1scara cae! \u00a1Pero cae, cae! <em>(Se arropa como para irse.)<\/em> Has cumplido con ella. Espero que sea tu \u00faltima hipocres\u00eda. Ojal\u00e1 vuelvas con mejores noticias para m\u00ed. S\u00e9 qu\u00e9 as\u00ed ser\u00e1\u2026 ahora que has cumplido tu deber. Buenas noches, John. <em>(Retrocede hacia la izquierda con la mano en alto, despidi\u00e9ndose.)<\/em> Nada temas. Yo te salvar\u00e9 ma\u00f1ana. <em>(Al mismo tiempo que se vuelve para salir.) <\/em>De ti mismo te salvar\u00e9. <em>(Vase.)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Abigail ha sido confrontada por John Proctor, su amado. Este \u00faltimo le ha pedido que salve a su esposa de las consecuencias del escarnio, al haber sido acusada injustamente de brujer\u00eda. Lo anterior, seg\u00fan John, con base en un plan que ha tramado la propia Abigail para inculpar a Elizabeth. Ello decepciona a la primera debido al profundo <em>apego <\/em>que siente por su amado, al cual cre\u00eda capaz de cumplir su <em>expectativa<\/em>: quedarse al lado de ella cuando Elizabeth fuera condenada. Dicha <em>expectativa <\/em>constituye un intento de sujeci\u00f3n de John por parte de Abigail, una sujeci\u00f3n al deseo de esta \u00faltima, en tanto que ella cre\u00eda que la relaci\u00f3n entre ambos era tan significativa para \u00e9l como lo resulta para ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Abigail cree que John se traiciona, adem\u00e1s de creer que John traiciona el afecto que ella siente por \u00e9l. Abigail est\u00e1 decepcionada porque John decide cumplir con el <em>deber<\/em> de su <em>m\u00e1scara social<\/em>: ser el esposo de Elizabeth. Para Abigail ello constituye un acto de hipocres\u00eda, actitud que, en relaci\u00f3n con su contexto, identifica con la moral de la colectividad a la cual ambos pertenecen. Para ella se devela un supuesto enga\u00f1o. Ella cree que \u00e9ste ha sido encubierto por la m\u00e1scara con la que John se relacion\u00f3 con ella: la m\u00e1scara de su amante.<\/p>\n\n\n\n<p>Es importante notar c\u00f3mo para ella la hipocres\u00eda radica en cumplir con el <em>deber moral <\/em>de la colectividad y, por lo tanto, con sus valores. Para Abigail, estos \u00faltimos son incompatibles con el descubrimiento de la plenitud de su <em>sensibilidad<\/em>, hasta entonces reprimida. La <em>habitaci\u00f3n<\/em> de su deseo como <em>habitaci\u00f3n<\/em> de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Una habitaci\u00f3n de su cuerpo y, por lo tanto, de s\u00ed misma que todav\u00eda le resulta tan novedosa como intensa, al grado de implicarle un tremendo esfuerzo de <em>comprensi\u00f3n <\/em>del que no parece capaz. Ello constituye su dificultad para hacerse responsable de su deseo. Por eso Abigail queda sujeta a la pasi\u00f3n que siente. Sin embargo, nada de lo anterior puede justificarla de la evasi\u00f3n y negligencia que implicar\u00eda renunciar a la <em>responsabilidad <\/em>de s\u00ed misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro personaje de gran relevancia es el del Comisionado del Gobernador, Danforth. \u00c9ste representa una de las instancias m\u00e1s amenazantes y susceptibles de ejercicio de coerci\u00f3n en un proceso legal: el interrogador porque el interrogatorio es un proceso caracterizado por tal complejidad, ambig\u00fcedad y tendencia a la malinterpretaci\u00f3n. No hay interrogatorio que no sea un ejercicio de presi\u00f3n y que est\u00e9 comprometido con una estrategia para obtener una <em>confesi\u00f3n<\/em>, c\u00f3mo podemos advertir con particular car\u00e1cter especial en el caso del temible tribunal que Miller plantea en su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto, Hale habla del miedo que los integrantes de la colectividad sienten por dicho organismo legal y la respuesta de Danforth resulta correspondiente con el objetivo de obtener dicha <em>confesi\u00f3n<\/em>: \u201cEntonces hay una inmensa culpa en la comarca. \u00bfTen\u00e9is VOS miedo de ser interrogado aqu\u00ed?\u201d. Es claro que Danforth advierte c\u00f3mo las denuncias que se han suscitado como parte de la complejidad del proceso legal son resultado de la b\u00fasqueda de la satisfacci\u00f3n de los <em>intereses privados <\/em>de quienes las han llevado a cabo, motivados por su ego\u00edsmo, mezquindad y miseria. Tal parece ser <em>la culpa <\/em>a la que se refiere Danforth, aunque tambi\u00e9n puede inferirse que este \u00faltimo hace hincapi\u00e9 en la amenaza que resulta para los verdaderos culpables, autores del crimen en cuesti\u00f3n: la brujer\u00eda, la fiereza amenazante de un tribunal de dicho tipo. Esto \u00faltimo se puede deducir en uno de los argumentos del Comisionado, verbalizado de manera iracunda, seg\u00fan Miller: \u201c\u00a1No me reproch\u00e9is el miedo en la comarca! \u00a1En la comarca hay miedo porque en la comarca hay una conspiraci\u00f3n en marcha para derrocar a Cristo!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las tareas de Danforth, probablemente la m\u00e1s importante, es la preservaci\u00f3n de la <em>pureza espiritual <\/em>de la colectividad cuyo examen le ha sido encargado. Su misi\u00f3n posee implicaciones <em>trascendentes<\/em> y, por lo tanto, est\u00e1 comprometida con la ley divina por ser <em>int\u00e9rprete <\/em>de esta \u00faltima. Se trata de un referente legitimador de la justicia que, se supone, procura la instituci\u00f3n que representa. Por ello, el <em>deber <\/em>con el cual est\u00e1 comprometido tambi\u00e9n implica un compromiso con <em>la moral puritana <\/em>y los valores de esta \u00faltima. Danforth <em>debe<\/em> actuar con base en el fin de preservar la estructura moral que hace posible y legitima el poder del dispositivo y, por lo tanto, la <em>sujeci\u00f3n <\/em>al mismo a trav\u00e9s de <em>la culpa<\/em>. Danforth, al igual que todo integrante del tribunal, <em>debe <\/em>repartir la <em>culpa<\/em>. Su misi\u00f3n es depositarla de manera proporcionada y correspondiente en cada uno de los integrantes de la colectividad, de tal manera entiende a la Justicia. El criterio (por llamarle de alguna forma) de tal ejercicio, por lo tanto, se basa en el actuar de los integrantes de la Comarca. Resulta crucial c\u00f3mo ellos se posicionan ante su deseo, lo cual implica una especial atenci\u00f3n por parte del tribunal en c\u00f3mo <em>velan<\/em> o <em>evidencian<\/em> sus actos.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>minor\u00eda de edad <\/em>con la que se conmina a los <em>sujetos al dispositivo<\/em> propicia la dificultad de que dicho grupo humano sea capaz de responsabilizarse de su deseo. Sin embargo, insisto, eso no los justifica ni los exime de la misma, ello es inextricable a todo ejercicio de libertad. Quiz\u00e1 el \u00fanico matiz que har\u00eda al respecto radique en el caso de quienes no sean todav\u00eda capaces de tal posibilidad y se encuentren en un estado de indefensi\u00f3n, claramente es el caso de los ni\u00f1os, y en el caso de circunstancias en las que podamos advertir justamente cierto nivel de <em>indefensi\u00f3n<\/em>, las cuales no necesariamente corresponden con todo fen\u00f3meno coercitivo. Generalmente, estos \u00faltimos son estados de supresi\u00f3n del ejercicio de la libertad o fen\u00f3menos que no dependen de nosotros, en ocasiones dependientes de la estupidez y la irracionalidad de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Para tal dispositivo, dicha vigilancia pretende advertir que tan <em>punibles <\/em>y <em>culpables <\/em>son los habitantes de la Comarca, en la medida en que resulte grave su tendencia al pecado. Sin embargo, como ya nos los advirti\u00f3 el propio Miller, quien <em>detenta <\/em>la <em>aparente <\/em>legitimidad del veredicto ser\u00e1 el <em>azote <\/em>de Dios: un tribunal empoderado por el miedo de aquellos que ha sujetado.<\/p>\n\n\n\n<p>En ello advertimos la intenci\u00f3n de desactivar cualquier <em>potencia pol\u00edtica <\/em>por parte de los fen\u00f3menos que constituyan una experiencia de <em>ciudadan\u00eda<\/em>, en este caso por parte de la colectividad misma cuando ninguno de sus integrantes posee alguna clase de poder, adem\u00e1s de evidenciarse <em>cuestionable <\/em>lo libre que puede llegar a ser una colectividad y lo <em>problem\u00e1tica<\/em> que puede resultar la pretensi\u00f3n de una voluntad colectiva. No niego la posibilidad del acuerdo, la concordia y el consenso como algo cercano a dicha clase de fen\u00f3meno. Sin embargo, adem\u00e1s de <em>problem\u00e1tica<\/em>,se advierte lejana la posibilidad de esta clase de fen\u00f3menos cuando sus integrantes prescinden de su propia reflexi\u00f3n, entendiendo a esta \u00faltima como el <em>esfuerzo <\/em>de pensar en la posibilidad de una pol\u00edtica comprometida con la <em>comunidad <\/em>y, por lo tanto, con el <em>bien com\u00fan <\/em>que implica.<\/p>\n\n\n\n<p>Como lo advertimos en el trabajo de Miller, el miedo puede ser suficiente para desactivar dicha posibilidad. Puede bastar para tal <em>sujeci\u00f3n <\/em>el escarnio del se\u00f1alamiento, la denuncia, y, por lo tanto, la subsecuente <em>estigmatizaci\u00f3n<\/em> cuando se carece de un compromiso con uno mismo, el compromiso de ser <em>responsable <\/em>de nosotros mismos y <em>cuidar <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Un <em>cuidado <\/em>de nosotros mismos. Quiz\u00e1 por ello no resulta sorprendente la dificultad de Abigail para <em>comprenderse <\/em>y no juzgarse a s\u00ed misma, tomando en cuenta la peligrosa <em>minor\u00eda de edad<\/em> que la mayor\u00eda de los integrantes de dicha colectividad manifiestan en sus actos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay un momento crucial de la obra que apela a lo <em>com\u00fan <\/em>y a la posibilidad de llevar a cabo discernimientos leg\u00edtimos en lugar de juicios f\u00e1ciles de nuestra circunstancia, especialmente en casos tan problem\u00e1ticos como el que presenta Miller en su obra. El dramaturgo se detiene con gran sutileza a llevar a cabo la escena de la problematicidad <em>epistemol\u00f3gica <\/em>del supuesto crimen cometido, para cuestionar la <em>densidad ontol\u00f3gica <\/em>del mismo, en tanto que <em>narraci\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, <em>mito<\/em>. Este \u00faltimo concepto entendido como un proceso <em>imaginario <\/em>y, por lo tanto, <em>estructurante <\/em>que, por ello y a pesar de su <em>problematicidad<\/em>, es capaz de determinar <em>materialmente <\/em>a su contexto. Esto \u00faltimo nos da cuenta de que nuestros mitos (insisto, entendidos como narraciones) tienen una relevancia crucial en la estructuraci\u00f3n de nuestras <em>formas <\/em>de vida:<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or Hale, creedme; para ser un hombre tan grandemente ilustrado, est\u00e1is muy confundido.&nbsp; ..; espero me disculp\u00e9is. He estado treinta y dos a\u00f1os en el foro, se\u00f1or, y me sentir\u00eda azorado si me llamasen a defender a esta gente. Considerad ahora\u2026 <em>(A Proctor y a los otros)<\/em>: y os ruego que hag\u00e1is lo mismo. En un crimen ordinario, \u00bfc\u00f3mo hace uno para defender al acusado? Uno llama testigos para probar su inocencia. Pero la brujer\u00eda es \u201cipso facto\u201d, por sus rasgos y su naturaleza, un crimen invisible, \u00bfno es as\u00ed? Por consiguiente, \u00bfqui\u00e9n puede l\u00f3gicamente ser testigo de \u00e9l? La bruja y la v\u00edctima. Nadie m\u00e1s. Ahora, no podemos esperar que la bruja se acuse a s\u00ed misma, \u00bfconforme? Por consiguiente debemos fiarnos de sus v\u00edctimas. Y ellas s\u00ed que dan fe, las ni\u00f1as ciertamente dan fe. En cuanto a las brujas, nadie negar\u00e1 que estamos extremadamente ansiosos por todas sus confesiones. Por consiguiente, \u00bfqu\u00e9 es lo que le queda a un abogado por demostrar? Creo haberme explicado, \u00bfno es as\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>En una especie de <em>confesi\u00f3n profesional <\/em>o en un acto de <em>aparente<\/em> honestidad del mismo tipo, el Comisionado explica la dificultad de su labor ante el car\u00e1cter <em>intransferible <\/em>de un crimen que no parece dar cuenta de su <em>materialidad<\/em>.Sin embargo, considera m\u00e1s dif\u00edcil la defensa de los acusados, a pesar de lo comparable de la circunstancia de sus abogados con la del propio Danforth, por el hecho ineludible de que todo se basa en la <em>intransferibilidad <\/em>de la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de los integrantes de la colectividad, cuyo testimonio y denuncia es lo \u00fanico que poseen. S\u00f3lo les queda a los acusados pedir <em>confianza <\/em>y, por lo tanto, pedir ser <em>cre\u00eddos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo el caso judicial en cuesti\u00f3n est\u00e1 basado en meras habladur\u00edas de las cuales las m\u00e1s importantes son las <em>denuncias<\/em>. \u00bfNo implica ello la generaci\u00f3n de condiciones \u00f3ptimas para llevar a cabo problem\u00e1ticos ejercicios de <em>coerci\u00f3n <\/em>que den pie a <em>ileg\u00edtimos <\/em>y <em>arbitrarios <\/em>actos de violencia por parte de quienes tienen el poder, los cuales robustecer\u00e1n a este \u00faltimo a pesar de que evidencien lo cuestionable de su autoridad?, \u00bfNo ser\u00eda ello una manera de ser permisivo y negligente ante <em>la ileg\u00edtima violencia <\/em>del fascismo, entendiendo a este \u00faltimo como la injusta din\u00e1mica de <em>estigmatizaci\u00f3n<\/em> y <em>exterminio<\/em> a la cual cualquiera de nosotros podr\u00eda quedar <em>sujeto<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>La manifestaci\u00f3n de tales peligros lo vemos en el <em>interrogatorio <\/em>como din\u00e1mica de coerci\u00f3n que no busca testimonio ni defensa sino, como hemos dicho, <em>confesi\u00f3n<\/em>. En tanto que se asume que es posible una <em>confesi\u00f3n <\/em>y se asume como el <em>objetivo <\/em>de tal din\u00e1mica, hay una <em>presunci\u00f3n de culpabilidad<\/em> que, por m\u00e1s estrat\u00e9gica que se presuma, muy probablemente generar\u00e1 prejuicios que condicionar\u00e1n al juicio, entendido como procedimiento judicial, que har\u00e1n tendiente a este \u00faltimo a la injusticia.<\/p>\n\n\n\n<p>Se evidencia tal <em>problematicidad <\/em>en la manera de conducirse de Danforth hacia Mary cuando es interrogada, adem\u00e1s de tambi\u00e9n hacerse patente la imposici\u00f3n de su criterio como un par\u00e1metro m\u00e1s leg\u00edtimo y verdadero que el de aquellos que no son parte del tribunal, en tanto que supuestamente est\u00e1 respaldado por la supuesta <em>autoridad moral<\/em> que le da ser representante e <em>int\u00e9rprete<\/em> de <em>la ley divina<\/em>, por ser un defensor del puritanismo religioso y sus valores: \u201c\u00bfC\u00f3mo te han instruido en tu vida? \u00bfNo sabes que Dios condena a todos los mentirosos? <em>(Ella no puede hablar) <\/em>\u00bfO es ahora cuando mientes?\u201d Danforth puede asumir, con base en prejuicio, la posibilidad de advertir <em>mentira <\/em>porque \u00e9l es el due\u00f1o de la Verdad, lo cual evidencia su tendencia de facto a la injusticia: el ser\u00e1 uno de los que determinar\u00e1n si los acusados se conducen con Verdad porque el tribunal es el due\u00f1o de la misma, en tanto que <em>ex\u00e9getas<\/em>, y, por lo tanto, due\u00f1os de la \u00faltima <em>palabra<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En contraste, ante el asedio de otro integrante del tribunal: Hathorne, Mary pierde <em>su centro<\/em>. Se trata de un cuerpo fr\u00e1gil, tendiente a desmayos relacionados con supuestas visiones de supuestos esp\u00edritus, que acaba todav\u00eda m\u00e1s desarmonizado y fragmentado ante la exigencia de hablar con verdad de un fen\u00f3meno que apenas si ella misma <em>comprende<\/em>. \u00bfC\u00f3mo no creer que tal falta de consideraci\u00f3n evidencie una disposici\u00f3n al abuso y la tortura?<\/p>\n\n\n\n<p>Hathorne, en lugar de comprender lo l\u00e1bil del estado de Mary: una adolorida fisiolog\u00eda, cuestiona lo que g\u00fceramente considera una contradicci\u00f3n cuando Mary afirma que se desmayaba porque ve\u00eda esp\u00edritus y, sin embargo, el desmayo le evitaba verlos: \u201c\u00bfC\u00f3mo cre\u00edas verlos si no los ve\u00edas?\u201d. La respuesta de Mary no constituye para el tribunal la evidencia de lo cr\u00edtico de su estado ni de la <em>angustia <\/em>que le produce, a pesar de su incapacidad de articular discurso coherente al respecto. Podemos inferir en este detalle la estrategia de Miller para evidenciar la <em>rigidez geom\u00e9trica <\/em>a la que puede llegar a tender un sistema legal, convirti\u00e9ndose en procurador de injusticia, cuando nos sujeta a la exigencia de un s\u00f3lo tipo de <em>discurso <\/em>que, adem\u00e1s, puede llegar a ser sumamente incompatible con nuestra habla y, por lo tanto, con la materialidad correspondiente de nuestras <em>formas de vida<\/em>: \u201cYo\u2026 yo no s\u00e9 c\u00f3mo, pero cre\u00ed. Yo\u2026 o\u00ed a las otras chicas gritar, y a vos, Excelencia, vos parec\u00edais creerles y yo\u2026 Era jugando, al principio, se\u00f1or, pero luego todo el mundo gritaba esp\u00edritus, esp\u00edritus, y yo\u2026 yo os aseguro, se\u00f1or Danforth, yo s\u00f3lo cre\u00ed que los ve\u00eda, pero no los vi\u201d. Es advertible en tal discurso el gran nivel de angustia que puede producir en alguien la alta posibilidad de la condena cuando nos vemos sometidos por la incomprensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pareciera que no hemos hablado de un elemento fundamental en la obra, incluso a pesar de haberlo nombrado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. Arthur Miller, con la escrupulosidad que lo caracteriza, es capaz de hacerlo detonar como una de las fuentes sedim\u00e9ntales del conflicto dram\u00e1tico de su obra. Se trata de la explosi\u00f3n estruendosa de un pantano. Quiz\u00e1 la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de su impacto, su <em>experiencia est\u00e9tica<\/em>, nos puede ayudar a comprender que la armon\u00eda inaparente puede ser mejor que la aparente:<\/p>\n\n\n\n<p>(su <em>voz a punto de quebrarse, grande su verg\u00fcenza<\/em>): En el sitio apropiado\u2026 donde se acuestan mis animales. En la noche que puso fin a mi alegr\u00eda, hace unos ocho meses. Ella entonces me serv\u00eda, se\u00f1or, en casa. <em>(Tiene que apretar los dientes para no llorar.)<\/em> Un hombre puede creer que Dios duerme, pero Dios lo ve todo, ahora lo s\u00e9. Os ruego, se\u00f1or, os ruego\u2026, vedla tal como es, un terr\u00f3n de vanidad, se\u00f1or\u2026 <em>(Est\u00e1 agobiado.)<\/em> Perdonadme, Excelencia, perdonadme. <em>(Enojado consigo mismo, vuelve la espalda al Comisionado por un momento. Luego, como si el grito fuese el \u00fanico medio de expresi\u00f3n que le quedase.)<\/em> \u00a1Pretende brincar conmigo sobre la tumba de mi mujer! Y bien podr\u00eda, puesto que fui [sic] blando con ella. Dios me ayude, obedec\u00ed a la carne y en esos sudores queda hecha una promesa. Pero es la venganza de una ramera, y as\u00ed ten\u00e9is que verlo; me pongo enteramente en vuestras manos. S\u00e9 que ahora habr\u00e9is de verlo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, no lo ver\u00e1n porque ello implicar\u00eda el esfuerzo de <em>comprender<\/em> y, justamente como Danforth ha advertido, se trata del juicio de un crimen <em>invisible<\/em>. Un aparente crimen en la conciencia de una colectividad cuyo supuesto <em>pecado<\/em> fue ejercer su negado derecho al secreto para preservar su intimidad, derrotado por el <em>ego\u00edsmo<\/em> que implica la <em>incomprensi\u00f3n<\/em> de sus propias <em>pasiones<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos en uno de los momentos medulares del drama escrito por Miller: la importante <em>confesi\u00f3n <\/em>de John Proctor, en la cual se evidencia su profunda culpa. Una culpa que derrota a su cuerpo y que, a pesar del coraje que exige la voluntad de <em>vulnerarse<\/em>, \u00e9ste no ser\u00e1 reconocido a trav\u00e9s de un acto de <em>compasi\u00f3n<\/em>, mucho menos de <em>comprensi\u00f3n<\/em>, sino que ser\u00e1 aprovechada para ser motivo de sometimiento. John Proctor queda sujeto. Lo evidencia su tensi\u00f3n en la mand\u00edbula, un freno que le impide caminar y, por lo tanto, huir. La <em>sujeci\u00f3n <\/em>yace en \u00e9l, radica en lo que <em>siente <\/em>y en la manera en la que ha aprendido a posicionarse ante ello, al haber sido miembro durante tanto tiempo de la Comarca. Ha naturalizado su moral en los h\u00e1bitos que constituyen su cotidianidad, al grado de <em>estructurar <\/em>a su cuerpo como habitaci\u00f3n de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Una <em>sensaci\u00f3n <\/em>incomprendida que, cuando fue <em>habitada<\/em>, lo dejo en una situaci\u00f3n tan delicada y angustiante que, finalmente, lo someti\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s al <em>dispositivo <\/em>y la moral de la cual es parte y ha participado. El duelo de la culpa, consecuencia de juzgar <em>r\u00edgida <\/em>y <em>duramente<\/em> su <em>deseo<\/em>, le produce llanto. Su <em>angustia <\/em>lo <em>paraliza<\/em>. \u00c9sta se manifiesta en seguir <em>culpando <\/em>a Abigail de lo que para \u00e9l es un error, en lugar de terminar por asumir la <em>responsabilidad <\/em>de sus actos. Parece no ser capaz de acabar de comprenderlo. John, como participe de la moral que lo conmina, tambi\u00e9n cae en la inercia de ser juez, incluso ahora que tambi\u00e9n es parte. En ello se sigue manifestando su <em>identificaci\u00f3n <\/em>con la colectividad y, por lo tanto, con el <em>control heter\u00f3nomo<\/em> de la misma. El estigmatizado John, a pesar de lo cercano de su exterminio, tambi\u00e9n estigmatiza a la <em>apasionada <\/em>Abigail al tildarla de ramera. Se <em>angosta <\/em>su mirada, lo cual le impide <em>comprenderla<\/em>, a pesar de haber sido <em>c\u00f3mplices<\/em> de su deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>pasi\u00f3n <\/em>de la <em>culpa <\/em>nos sujeta al empoderarla por medio de inducir a los dem\u00e1s a su <em>sentimiento<\/em>. As\u00ed se activa el <em>control <\/em>del dispositivo a trav\u00e9s de nosotros mismos, por medio de la <em>captura <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Basta para ello la <em>habladur\u00eda<\/em>:el juicio f\u00e1cil y sin elementos con el cual tambi\u00e9n podemos llegar a ser juzgados, nosotros mismos <em>habilitamos <\/em>esa posibilidad. De ah\u00ed la inducci\u00f3n del <em>dispositivo<\/em>,al cual acabamos <em>reducidos<\/em>, a volvernos juez y parte con base en el <em>problem\u00e1tico <\/em>fen\u00f3meno de la <em>moral<\/em>. Se antoja m\u00e1s <em>problem\u00e1tico <\/em>este \u00faltimo fen\u00f3meno que el de una \u00e9tica, si entendemos a esta \u00faltima como: un acuerdo conmigo mismo. En la posibilidad de la <em>sujeci\u00f3n <\/em>de la moral de la cual somos capaces consiste la <em>heteronom\u00eda<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(sin aliento, con la mente enloquecida)<\/em>: \u00a1Digo\u2026digo que\u2026 Dios ha muerto! [\u2026] <em>(rie como un demente y)<\/em>: \u00a1Fuego, arde un fuego! \u00a1Oigo la bota de Lucifer, veo su asquerosa cara y es mi cara la tuya, Danforth! Para quienes se acobardan de sacar a los hombres de la ignorancia, como <em>yo <\/em>me acobard\u00e9 y como vosotros os acobard\u00e1is ahora, sabiendo como sab\u00e9is en lo \u00edntimo de vuestros negros corazones que esto es un fraude\u2026 Dios maldice especialmente a los que son como nosotros, y arderemos\u2026 \u00a1Arderemos todos juntos! [\u2026] \u00a1Est\u00e1is echando abajo el Cielo y entronando a una ramera!<\/p>\n\n\n\n<p>Y es que, as\u00ed como la moral resulta m\u00e1s <em>problem\u00e1tica<\/em> que la \u00e9tica, probablemente la santidad resulte m\u00e1s <em>problem\u00e1tica <\/em>que el <em>pecado <\/em>en relaci\u00f3n con la vida de nuestra especie.<\/p>\n\n\n\n<p>Miller, a trav\u00e9s del personaje de Hale, hace patente la descomposici\u00f3n del <em>cuerpo vivo <\/em>de una ciudad cuando \u00e9ste se ha deshabitado. Se deshabita su <em>deseo <\/em>y, por lo tanto, su <em>sensaci\u00f3n<\/em>, porque se ha violado su <em>intimidad <\/em>como habitaci\u00f3n de s\u00ed misma: \u201c Excelencia, hay hu\u00e9rfanos vagando de casa en casa; el ganado abandonado muge en los caminos, el hedor de las mieses podridas flota por todas partes y ning\u00fan hombre sabe cu\u00e1ndo pondr\u00e1 fin a sus vidas el preg\u00f3n de las rameras\u2026 \u00bfy vos os pregunt\u00e1is a\u00fan si se habla de rebeli\u00f3n? \u00a1Mejor ser\u00eda que os maravillaseis de que a\u00fan no hayan incendiado vuestra provincia!\u201d. Vemos c\u00f3mo la vulneraci\u00f3n del <em>secreto <\/em>hace imposible la continuidad de la vida, porque el secreto permite la posibilidad del movimiento del mismo y, por lo tanto, su transformaci\u00f3n, a partir de su car\u00e1cter <em>estructurante<\/em>. El deseo manifiesto en las <em>potencias <\/em>de nuestra <em>imaginaci\u00f3n <\/em>puede ser el principio de una <em>poiesis <\/em>de la vida: una <em>comprensi\u00f3n estructurante <\/em>de nuestra <em>querencia<\/em> al <em>habitarnos <\/em>en su <em>sensaci\u00f3n <\/em>y vivirla plenamente, capaz de <em>estructurarnos<\/em>. \u00bfQueda algo si nos negamos tal posibilidad?<\/p>\n\n\n\n<p>No creo que sea digno de tomarse en cuenta como algo que queda de dicha mutilaci\u00f3n de nuestro cuerpo: la miseria, la insatisfacci\u00f3n y el malestar que pueden suceder ante tal carencia, capaz de convertirse en una <em>pasi\u00f3n <\/em>que genere las m\u00e1s terribles posibilidades de nuestra libertad y, por ende, voluntades perversas que den motivo de castigo por parte de las voluntades perversas que han capturado nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El reverendo contempla la <em>derrota<\/em> hacia el <em>rictus <\/em>de Salem: un cuerpo agonizante deshabitado por la erosi\u00f3n de su deseo; un paisaje inh\u00f3spito tendiente a la <em>inercia<\/em>. Los fen\u00f3menos de nuestro deseo susceptibles de ser estigmatizados como \u2018enfermedades\u2019 por quienes no hacen el esfuerzo de comprenderlos, participan de la <em>armon\u00eda<\/em> de la vida del cuerpo vivo de una ciudad. Cuando aquella aparente anomal\u00eda es desterritorializada del lugar en el que es pertinente, el cuerpo civil se <em>desarmoniza<\/em>, se propicia su malestar. Se genera la <em>descomposici\u00f3n <\/em>que implica la desintegraci\u00f3n de dicha <em>habitaci\u00f3n<\/em> de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>,debido a que dicho <em>territorio<\/em> pierde <em>forma <\/em>y, con ello, su <em>sentido<\/em>. Una necrosis que puede culminar con lo inevitable de su desenlace.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando no hay manera de ocultar nuestra mierda bajo la alfombra, acaba flotando hasta en el agua que bebemos: \u201cPues es bien simple. Vengo a cumplir la obra del Diablo. Vengo a aconsejar a cristianos a que se calumnien a s\u00ed mismos. <em>(Su sarcasmo se derrumba.)<\/em> \u00a1Sangre pesa sobre mi cabeza! \u00a1\u00a1Es que no pod\u00e9is ver la sangre sobre mi cabeza!!\u201d, declara Hale en una manifestaci\u00f3n de sabidur\u00eda, a pesar de la angustia que le causa el fiambre que alguna vez fue Salem. \u00bfPuede haber momento m\u00e1s pertinente para la sabidur\u00eda que el de la angustia que puede inspirar nuestro paisaje?<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello se puede inferir que lo que llamamos <em>malestar <\/em>es la <em>desarmonizaci\u00f3n <\/em>que resulta de no <em>comprender <\/em>la emergencia de lo que <em>creemos <\/em>y llamamos: <em>enfermedad<\/em>, al igual que su <em>pertinencia <\/em>en el <em>cuerpo vivo <\/em>de <em>la ciudad<\/em> como <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. La evidencia de tal <em>desarmonizaci\u00f3n<\/em> ser\u00eda lo que solemos llamar: <em>s\u00edntoma<\/em>. Dicho epifen\u00f3meno o su conjunto constituye o constituyen al <em>malestar<\/em>. Por lo tanto, no son causa de lo que hemos <em>estigmatizado <\/em>como <em>enfermedad <\/em>sino de la <em>desarmonizaci\u00f3n <\/em>que implica la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de la llamada: \u2018<em>enfermedad<\/em>\u2019, al no entenderla como una manifestaci\u00f3n de la vida que, por lo tanto, tiene su <em>legitimidad <\/em>a pesar de su <em>complejidad<\/em>. En este caso, nos referimos a dicha manifestaci\u00f3n como un fen\u00f3meno del <em>cuerpo vivo <\/em>que es una <em>ciudad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hale, consciente del compromiso de sus afectos con la vida que fue Salem, sabe que tambi\u00e9n, de alguna manera, es <em>responsable <\/em>de lo que pas\u00f3 con quienes fueron <em>objeto de injusticia <\/em>por haber quedado <em>sujetos <\/em>por la <em>identidad <\/em>que los conden\u00f3 a la <em>estigmatizaci\u00f3n <\/em>y <em>exterminio <\/em>del <em>dispositivo<\/em>. Hale es consciente de que particip\u00f3 y no fue ajeno a aquel <em>proceso<\/em>, porque tambi\u00e9n, de alguna manera insisto, colabor\u00f3 con el empoderamiento de <em>la culpa <\/em>que erigi\u00f3 el poder de la <em>moral <\/em>que captur\u00f3 la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de los integrantes de la <em>colectividad<\/em> que <em>constituyeron <\/em>al <em>dispositivo<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>No equivoqu\u00e9is vuestro deber como yo equivoqu\u00e9 el m\u00edo. Vine a este pueblo como un novio a su bienamada, cargado de presentes de la m\u00e1s alta religi\u00f3n; tra\u00eda conmigo las coronas mismas de la ley sagrada y cuando toqu\u00e9 con mi radiante confianza, muri\u00f3; y all\u00ed donde puse el ojo de mi inmensa fe, man\u00f3 la sangre. Ten cuidado, Elizabeth Proctor\u2026 no te aferres a ninguna fe, cuando la fe trae sangre. Es ley equivocada la que te lleva al sacrificio. La vida, mujer, la vida es el m\u00e1s preciosos don de Dios; ning\u00fan principio, por muy glorioso que sea, puede justificar que se le arrebate. Te imploro, mujer, influye sobre tu esposo para que confiese. Que diga su mentira. En este caso no te acobardes ante el juicio de Dios, pues muy bien puede ser que Dios condene menos a un mentiroso que a quien, por orgullo, se deshace de su vida. \u00bfQuerr\u00e1s exhortarle? No puedo creer que escuche a ning\u00fan otro.<\/p>\n\n\n\n<p>Son las palabras <em>compasivas <\/em>de Hale ante la atrocidad inminente que advierte como destino de John si \u00e9ste no confiesa. En ellas se evidencia la claridadde Hale al descubrir en la fe un fen\u00f3meno de <em>rigidez<\/em>: el fanatismo, a pesar de utilizar dichos argumentos para intentar salvar a Proctor a trav\u00e9s de una injusta confesi\u00f3n condicionada por la influencia de Elizabeth. Los argumentos que emplea el reverendo para tal injusticia podr\u00edan ser leg\u00edtimos si se usaran para evidenciar la injusticia del proceso que ha condenado a la horca, hasta ese momento de la obra, a doce personas y que tiene en cautiverio a otros, entre los que est\u00e1n John Proctor y su esposa. Probablemente por ello, ante lo desesperada de la situaci\u00f3n, han surgido por parte del propio Hale argumentos en contra de tan importante <em>convicci\u00f3n <\/em>para la vida civil de la Comarca, fen\u00f3meno del cual \u00e9l <em>aparentemente <\/em>sigue siendo una figura importante. Tal es la gravedad de la situaci\u00f3n que ha hecho <em>consciente <\/em>al propio Hale de la irreductibilidad de la fe que la evidencia como fen\u00f3meno incapaz de ser objeto de <em>discernimiento<\/em>. Toda fe es fanatismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, consciente de la injusta moral que ha sujetado tanto a su esposo como a ella, Elizabeth advierte la perversidad de sus jueces en la voluntad de usar su influencia como esposa y madre de familia para <em>coaccionar <\/em>a John. Un hombre que, como cualquiera, vive la complejidad de su deseo, al igual que la de sus consecuencias. Un delito del cual, probablemente para cualquier puritanismo, todos somos culpables.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la esposa de John Proctor tambi\u00e9n parece reconocer la <em>compasi\u00f3n <\/em>de Hale en el hecho de hacer a un lado lo que para \u00e9l fueron profundas convicciones, con el fin de salvar a John. Por lo anterior, aunque parezca cuestionable, me atrevo a inferir un posible car\u00e1cter <em>libertario<\/em> y <em>rebelde<\/em> en el posicionamiento de Hale, debido a la <em>autonom\u00eda <\/em>advertible en el mismo. Lo anterior, adem\u00e1s de constituir una voluntad de justicia \u2012quiz\u00e1 de manera muy velada\u2012, tambi\u00e9n se sugiere como un posicionamiento estrat\u00e9gico ante la instituci\u00f3n. Un car\u00e1cter sabio y <em>prudencial<\/em> que se atreve a criticar a algo tan importante para dicho contexto como lo es la fe, con el fin de salvar a un hombre. Hay un riesgo latente en el car\u00e1cter <em>desnormalizador <\/em>de criticar a la fe en tal contexto, por m\u00e1s que la circunstancia parezca justificar el posicionamiento del reverendo, especialmente si tomamos en cuenta la presencia de parte de los miembros del tribunal.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, Elizabeth, defendiendo su inocencia y la de su marido, no deja de advertir lo perverso de tal posicionamiento: torcer la supuesta <em>ley divina <\/em>a favor de la <em>injusticia <\/em>de satisfacer los <em>intereses<\/em> de los <em>injustos <\/em>que, adem\u00e1s, son <em>jueces<\/em>, por m\u00e1s que ello implique la salvaci\u00f3n de su esposo y padre de sus hijos: el bien <em>aparente <\/em>de salvar a John. Eso la evidencia como una verdadera practicante de su fe, a pesar de lo opuesto de tal actitud al car\u00e1cter <em>prudencial <\/em>de la <em>sabidur\u00eda <\/em>y la <em>rigidez <\/em>del fanatismo que he criticado. Se necesita mucho coraje para vivir seg\u00fan nuestras creencias cuando manifiestan la honestidad de nuestro querer. Ello tambi\u00e9n puede constituir un acto de <em>autonom\u00eda<\/em>. &nbsp;Elizabeth confronta su <em>destino<\/em>:<a>\u201c<em>(con calma)<\/em>: Creo que as\u00ed razona el Diablo<\/a>\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero revisar con m\u00e1s calma las implicaciones del posicionamiento del reverendo Hale, sobre todo el advertible riesgo del cual he hablado como particular elemento de su cr\u00edtica y en relaci\u00f3n con lo que \u00e9l mismo representa. Si bien Elizabeth cuestiona tal posicionamiento al considerarlo resultado <em>perverso <\/em>de la l\u00f3gica del diablo por sus fines, con lo cual estoy de acuerdo, no deja de resultar interesante el acto de <em>autonom\u00eda <\/em>que constituyen tanto la cr\u00edtica de Hale como los argumentos de la misma v\u00edctima. Rescatando la mera noci\u00f3n de Elizabeth de lo que asume como lo que podr\u00eda ser: \u2018la manera en que razona el diablo\u2019, vale la pena, apeg\u00e1ndonos al mero contexto cultural en la que est\u00e1 <em>situada <\/em>la di\u00e9gesis propuesta por Miller, advertir lo rebelde y libertaria que podr\u00eda ser tal clase de <em>l\u00f3gica <\/em>debido a su car\u00e1cter tendiente a la posibilidad de <em>autonom\u00eda<\/em>.Y es que la figura del diablo, tomando en cuenta lo anteriormente planteado, ser\u00eda susceptible de <em>resignificaci\u00f3n<\/em> como: el s\u00edmbolo de la rebeld\u00eda y la desobediencia que pueden surgir en quien, al acudir a su <em>sensaci\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, al<em> habitarse <\/em>al <em>habitar su cuerpo<\/em>, es capaz de generar <em>un acuerdo consigo mismo<\/em>. En ello consiste el ejercicio de su propio razonamiento el cual, inevitablemente, siempre estar\u00e1 confrontado con la <em>normalizaci\u00f3n <\/em>de todo entendimiento del mundo y de su vida, que pretenda <em>cerrar el sentido<\/em> o simplemente sea ajeno y, por lo tanto, una <em>alteridad<\/em> susceptible de imponer su ley: la ley del <em>otro<\/em>. El diablo, desde la <em>resignificaci\u00f3n<\/em> que propongo, ser\u00eda <em>el adversario <\/em>que se opone a tal imposici\u00f3n: la<em> imagen<\/em> de quien decida confrontar a quien impongan su manera de vivir. \u00c9ste \u00faltimo ser\u00eda para los fascistas: el que est\u00e1 <em>fuera de lugar<\/em>, el <em>impertinente.<\/em> A los <em>normales <\/em>les parecer\u00e1 un <em>poseso<\/em>, un leproso fuente de contagio.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien ha decidi\u00f3 llegar a <em>un acuerdo consigo mismo<\/em>, si no mata <em>al h\u00e9roe que vive en su alma<\/em>, no dejar\u00e1 de advertir la posibilidad impositiva y coercitivadel desprecio por el examen de la vida que compartimos. Probablemente, siempre le parezca que dicha voluntad pretende <em>detentar <\/em>un espurio poder injustificable, ante lo cuestionable de la propiedad de la Verdad entendida como referente del Absoluto, por parte de cualquiera de los que tan s\u00f3lo somos cuerpos <em>finitos<\/em>. El diablo est\u00e1 en el cuerpo: \u201c<em>(en el colmo de la desesperaci\u00f3n)<\/em>: Mujer, frente a las leyes de Dios, apenas somos cerdos. \u00a1No podemos leer Su voluntad!\u201d, le reclama Hale a Elizabeth con el fin de salvar a John a trav\u00e9s de la influencia de esta \u00faltima y, sin embargo, no deja de ser conmovedora la humildad de Elizabeth ante la injusticia. Con un sencillo acto de gran <em>coraje<\/em> evidencia su <em>ejemplaridad<\/em>. Demuestra su capacidad de <em>aut\u00f3noma<\/em> <em>prudencia<\/em> al conducirse con la <em>justicia <\/em>con la que nadie de los que los juzgaron trataron a los Proctor, ni a ninguno de los condenados y procesados de Salem: \u201c<a>No puedo discutir con vos, se\u00f1or; me falta estudio para ello.<\/a>\u201d Elizabeth suspende su juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ante la amenaza de tal dignidad para el tirano y su poder, Danforth demuestra que no hay cabida para los argumentos de una leg\u00edtima defensa sino para la <em>coerci\u00f3n<\/em> a partir de la superficialidad de un juicio somero, escaso en reflexi\u00f3n y, por lo tanto, <em>irracional<\/em>, sobre la propia Elizabeth. Se agudiza el escarnio contra ella al evaluar lo <em>indiscernible<\/em>: la <em>sensibilidad <\/em>de la propia Elizabeth en relaci\u00f3n con sus afectos familiares. Una reducci\u00f3n que se pretende sostener a partir de la mera <em>interpretaci\u00f3n <\/em>de uno s\u00f3lo de sus hechos, haci\u00e9ndose claro lo injustos que podemos ser cuando creemos que una <em>imagen <\/em>vale m\u00e1s que mil palabras. Con ello Miller evidencia la <em>apariencia <\/em>de una <em>m\u00e1scara social<\/em>: la <em>instituci\u00f3n <\/em>llevando a cabo un cuestionable <em>simulacro <\/em>de <em>justicia<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(yendo hacia ella)<\/em>: Elizabeth Proctor, no se te ha convocado para discutir. \u00bfEs que no hay en ti la ternura de una esposa? \u00c9l morir\u00e1 al amanecer. Tu esposo. \u00bfLo comprendes? <em>(Ella lo mira simplemente)<\/em> \u00bfQu\u00e9 dices? \u00bfTratar\u00e1s de convencerlo? <em>(Ella calla.)<\/em> \u00bfEres de piedra? \u00a1Con franqueza, mujer, si no tuviese otras pruebas de tu vida antinatural, tus ojos secos ahora ser\u00edan prueba suficiente de que has entregado tu alma al Infierno! \u00a1Hasta un monstruo llorar\u00eda ante semejante calamidad! \u00bfHabr\u00e1 secado el Diablo toda l\u00e1grima de piedad en ti? <em>(Ella permanece callada.)<\/em> \u00a1Llev\u00e1osla! \u00a1No se ganar\u00e1 nada con que ella le hable!<\/p>\n\n\n\n<p>La inmediata impulsividad de una <em>opini\u00f3n<\/em>, desnutrida por faltarle el alimento del <em>esfuerzo<\/em> por <em>comprender <\/em>por parte de la <em>raz\u00f3n<\/em>, convierte a Elizabeth en un monstruo ante la mirada p\u00fablica. El <em>coraje <\/em>ante el escarnio puede ser la mejor y \u00fanica defensa ante los que est\u00e1n en el p\u00falpito del juez. John lo tiene claro, criticando una raz\u00f3n instrumental que s\u00f3lo busca satisfacer la <em>conveniencia personal<\/em> y el <em>inter\u00e9s privado<\/em>, por encima del bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay juez m\u00e1s leg\u00edtimo que uno mismo. Para Elizabeth resulta claro al reconocer la <em>integridad<\/em> de su <em>falible <\/em>esposo: \u201cHaz lo que quieras pero que nadie sea tu juez. \u00a1Bajo el cielo no hay juez superior a Proctor!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>dignidad <\/em>de los Proctor es el bien com\u00fan de su ejemplaridad que, desde lo problem\u00e1tico de su puritanismo, los hace posicionarse en el esfuerzo de su virtud como un acto de <em>habitaci\u00f3n<\/em> de <em>su<\/em> verdad en ellos mismos: su <em>honestidad<\/em>. Se advierte, no s\u00f3lo la gravedad de la mentira que se le quiere obligar a decir a Proctor en una falsa confesi\u00f3n, sino tambi\u00e9n lo problem\u00e1tica de la mentira como <em>deshabitaci\u00f3n<\/em> de uno mismo. En la postura de los Proctor hay una defensa de la honestidad como simiente de nuestra <em>autonom\u00eda<\/em>, ante la mentira como posible generadora de la <em>desconfianza <\/em>en nuestras relaciones. Advertimos en tal posicionamiento por parte de Miller y sus personajes: una <em>problematizaci\u00f3n <\/em>de la mentira como principio de <em>difamaci\u00f3n <\/em>y escarnio. Estas \u00faltimas, herramientas del <em>dispositivo<\/em> capaces de fracturar a <em>la vida <\/em>de los <em>cuerpos <\/em>que constituyen a una <em>ciudad<\/em>. Por ello, John afirma ante la cuestionable <em>pureza <\/em>de quienes los han juzgado: \u201cEs dif\u00edcil arrojarle una mentira a los perros\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la obra nos confronta con la sublime experiencia de nuestra <em>finitud <\/em>cuando \u00e9sta significa el angustioso <em>padecimiento <\/em>de lo terrible que puede ser la injustica y sus efectos en nosotros. Si recordamos que no podemos saber <em>lo que puede un cuerpo<\/em>, \u00bfc\u00f3mo juzgar los l\u00edmites de las <em>potencias <\/em>de cualquiera de nosotros ante circunstancias que, no s\u00f3lo los ponen a prueba, sino que tambi\u00e9n pretenden rebasarlos? John quiere vivir y para ello debe <em>confesar <\/em>un crimen que no cometi\u00f3. John decide confesar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me parece advertible la facilidad de un juicio en contra de dicha voluntad, ante la dificultad que implica tan s\u00f3lo la amenaza de una <em>probable <\/em>ejecuci\u00f3n en contra de alguien. Un castigo a partir de la <em>aparente <\/em>legitimidad de un <em>dispositivo<\/em> de poder. Se puede imaginar lo indeseable de dicha posibilidad para muchos de nosotros. Cualquiera capaz de imaginar el dolor ajeno, dif\u00edcilmente ser\u00eda capaz de desear tal circunstancia para s\u00ed mismo o los dem\u00e1s, por lo menos actuando desde la serenidad de un cuerpo capaz de <em>consciencia<\/em>. Un cuerpo <em>atento <\/em>a su <em>sensaci\u00f3n <\/em>es un cuerpo <em>armonizado <\/em>capaz de <em>comprender<\/em>. La adquisici\u00f3n de <em>consciencia <\/em>a trav\u00e9s del servicio de nuestra <em>raz\u00f3n<\/em> tambi\u00e9n es una <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Actuar <em>racionalmente <\/em>es un acto sensible que puede implicar la habitaci\u00f3n de nuestra <em>reflexi\u00f3n <\/em>y <em>pensamiento <\/em>como fen\u00f3menos de un cuerpo vivo. \u00bfQu\u00e9 posibilidades podr\u00eda llegar a tener un cuerpo derrotado por la <em>angustia <\/em>o en la necesidad de estar en constante <em>resistencia<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp; Sin embargo, John, a pesar de lo anterior, intenta seguir preservando su <em>integridad<\/em>, a pesar de la humillaci\u00f3n a la cual tiene que ceder. Acepta confesar, pero no est\u00e1 dispuesto a firmar su confesi\u00f3n. No quiere entregar su nombre por escrito, lo <em>caracter\u00edstico <\/em>de una r\u00fabrica o graf\u00eda, como testimonio de los actos de su vida y el honor que en ellos est\u00e1 comprometido. Seg\u00fan sus creencias, en relaci\u00f3n con el honor de los actos de su vida est\u00e1 comprometida la val\u00eda de su alma. Es sugerente pensar que en muchas tradiciones se evita dar el nombre para que nadie se quede con el alma de su due\u00f1o. A John le piden tal confirmaci\u00f3n para quedar sujeto al juicio del Pueblo, a trav\u00e9s del registro de su historia como recurso para su ojo vigilante y el escarnio del cual sea capaz. La <em>historia<\/em> del cuerpo vivo es tambi\u00e9n una <em>historia <\/em>de los <em>pueblos <\/em>como habitaciones del primero:\u201c\u00a1Al Diablo con el pueblo! \u00a1Yo confieso ante Dios, y Dios ha visto mi nombre en este papel! \u00a1Es bastante!\u201d. No s\u00f3lo es bastante, es un <em>sacrificio<\/em>, es demasiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos la concepci\u00f3n de \u2018Dios\u2019 como <em>ley <\/em>(<em>logos<\/em>) vinculada, a trav\u00e9s de la <em>raz\u00f3n<\/em>,(<em>logos<\/em>) con la <em>consciencia <\/em>de los hombres, en tanto que referente de esta \u00faltima. Parad\u00f3jicamente, este elemento tambi\u00e9n hace posible la <em>confesi\u00f3n<\/em>. En este caso, John defiende la <em>territorialidad <\/em>de su <em>subjetividad<\/em>: le basta <em>saber <\/em>lo que ha hecho como un fen\u00f3meno de su <em>consciencia<\/em>. S\u00f3lo a esta \u00faltima tiene acceso Dios que est\u00e1 en todas partes y todo lo sabe, seg\u00fan sus creencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el dispositivo necesita <em>publicar<\/em> la prueba de su veredicto ante quienes gobiernan, para legitimarse y, con ello, actualizar el dominio del <em>dispositivo<\/em>. En este caso, tambi\u00e9n depende de ello la supuesta <em>ejemplaridad <\/em>del castigo, impuesto como motivo del miedo capaz de someter a los sujetos por el mismo. Se trata de la <em>dominaci\u00f3n <\/em>de la colectividad a trav\u00e9s de la captura de su <em>propia<\/em> <em>sensaci\u00f3n<\/em>. C\u00f3mo hemos visto, ello constituye al <em>dispositivo<\/em>. Se trata de inducir al miedo a <em>padecer <\/em>lo terrible que puede ser este \u00faltimo, a trav\u00e9s de la <em>aparente <\/em>superioridad de quienes ejercen su voluntad como <em>autoridad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La reducci\u00f3n a tal <em>imagen p\u00fablica<\/em>,concreta la <em>dominaci\u00f3n <\/em>de John por parte del <em>dispositivo<\/em>. La verg\u00fcenza que pueda surgir del mero <em>escarnio <\/em>abre la posibilidad de vulnerar la propia creencia en s\u00ed mismo y para s\u00ed mismo en relaci\u00f3n con sus actos. John est\u00e1 defendiendo desde su <em>finitud <\/em>que cree en un \u00fanico juez leg\u00edtimo: su contraparte <em>correspondiente<\/em> que es el <em>Absoluto <\/em>representado por Dios. Esa integridad es una manifestaci\u00f3n de<em> pensamiento aut\u00f3nomo <\/em>que pone en peligro al <em>dispositivo <\/em>porque puede ser capaz de constituir <em>rebeld\u00eda<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Concretar el castigo implica mutilar la integridad de un cuerpo <em>vivo<\/em> para consumar el sometimiento a trav\u00e9s del mismo: \u201c\u00a1Me he confesado! \u00bfEs que no hay m\u00e1s penitencia buena que la p\u00fablica? \u00a1Dios no necesita de mi nombre clavado en la iglesia! \u00a1Dios ve mi nombre! \u00a1Dios sabe cu\u00e1n negros son mis pecados! \u00a1Es bastante!\u201d. John defiende ser su propio abogado ante la ley de los cielos y su propio juez en la tierra, a trav\u00e9s de su <em>consciencia<\/em>. Se trata del \u00faltimo <em>aliento <\/em>por la defensa del <em>porvenir<\/em> de su <em>habitaci\u00f3n <\/em>del mundo. Est\u00e1 comprometida toda la vida de John, incluyendo lo m\u00e1s importante para \u00e9l, como veremos m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>John, finalmente, firma la confesi\u00f3n. Sin embargo, nadie le advierte que parte de la misma implica se\u00f1alar a los supuestos c\u00f3mplices de su supuesto crimen. Aqu\u00ed se evidencia lo <em>problem\u00e1ticos<\/em> que pueden ser los acuerdos t\u00e1citos por parte del Derecho, en tanto que tienden a posibilitar la arbitrariedad, la confusi\u00f3n y el <em>prejuicio<\/em>. John decide no ceder ante tal intento de coacci\u00f3n: \u201cTengo tres hijos\u2026 \u00bfC\u00f3mo ense\u00f1arles a caminar por el mundo como hombres si he vendido a mis amigos?\u201d. Hasta entonces, el tribunal lo cre\u00eda <em>dominado<\/em>. John todav\u00eda es capaz de la <em>consciencia<\/em> de la responsabilidad de sus actos y sus implicaciones en relaci\u00f3n consigo y los dem\u00e1s, especialmente con sus seres m\u00e1s queridos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser objeto de verg\u00fcenza implicar\u00eda perder el respeto que propicia en uno la posibilidad de nuestra ejemplaridad, especialmente ante nuestros afectos m\u00e1s importantes. Traicionar a los dem\u00e1s no es s\u00f3lo traicionarnos a nosotros mismos sino a los que m\u00e1s queremos. Sin embargo, a pesar de lo importante de este aspecto, especialmente en el caso de las figuras paternas, nadie est\u00e1 exento de su falibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el anterior posicionamiento de John podemos advertir el poder <em>heter\u00f3nomo<\/em> del escarnio ante nuestra l\u00e1bil capacidad de <em>comprensi\u00f3n<\/em>, especialmente hacia nosotros mismos,por lo definitivo y espec\u00edfico que puede ser el peso de nuestros juicios menos fundamentados y m\u00e1s ligeros en nuestras vidas y sus formas. En este trabajo, en t\u00e9rminos <em>intempestivos<\/em>, no resulta gratuita mi insistencia en advertir c\u00f3mo toda <em>cultura <\/em>tiende a ser una <em>cultura del escarnio<\/em>, con todo y sus documentos de barbarie, y que estamos muy lejos, en buena medida debido a nuestro <em>ego\u00edsmo<\/em>,de la posibilidad de una cultura de la <em>comprensi\u00f3n<\/em>. Vemos c\u00f3mo hemos generado un <em>dispositivo <\/em>con rostros hist\u00f3ricospara el escarnio, capaz de hacerse de la <em>propiedad<\/em> de nuestros nombres para desterritorializar nuestra subjetividad y colonizarla, haci\u00e9ndonos tendientes a ser cuerpos fragmentados: humanos mutilados por la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de su <em>deseo<\/em>, <em>deshabitados<\/em> y, por lo tanto, seres que suelen ser incapaces de constituir <em>habitaciones <\/em>de lo <em>com\u00fan<\/em> en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>John, padeciendo la <em>experiencia sublime <\/em>de la <em>finitud constitutiva <\/em>de su cuerpo y de su vida, afirma y defiende lo mucho o poco que le queda despu\u00e9s de tal <em>dominaci\u00f3n<\/em>:\u201c<em>(con un grito desde el fondo de su alma)<\/em>: \u00a1Porque es mi nombre! \u00a1Porque no puedo tener otro en mi vida! \u00a1Porque miento y firmo mentiras con mi nombre! \u00a1Porque no valgo la tierra en los pies de quienes cuelgan ahorcados! \u00bfC\u00f3mo puedo vivir sin nombre? \u00a1Os he dado mi alma; dejadme mi nombre!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En estas palabras, Proctor manifiesta c\u00f3mo quedamos <em>reducidos<\/em> a la <em>abstracci\u00f3n <\/em>del <em>registro<\/em> de los <em>datos <\/em>que constituyen un <em>archivo<\/em>,a trav\u00e9s de la <em>burocratizaci\u00f3n<\/em>. Somos sujetos susceptibles de <em>burocratizaci\u00f3n <\/em>por parte del<em> dispositivo<\/em>. Conceptos que, si llegar\u00e1n a perder el referente de sus <em>materialidades concretas<\/em>, quedar\u00e1n vac\u00edos. En ello radica el estadio \u00faltimo de la condena, la pena final y, por lo tanto, el castigo definitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos queda pensar en lo <em>parad\u00f3jico <\/em>del desenlace de la obra: Proctor quedar\u00eda derrotado si hubiese cedido a todo lo que implicaba su confesi\u00f3n, incluyendo la delaci\u00f3n de los otros implicados en lo que llama Miller: \u201cla tragedia de Salem\u201d, a pesar de haber podido conservar la vida. Sin embargo, Proctor vence, a pesar de que el <em>dispositivo <\/em>obtuvo un cuerpo que castigar porque no cede a la confesi\u00f3n, no delata a nadie y hace fracasar al tribunal de los verdugos de la injusticia, a pesar de que ello le cuesta la vida. Podr\u00eda decirse que John vence a sus contrincantes siendo derrotado. La <em>armon\u00eda inaparente <\/em>de la supuesta maldad y corrupci\u00f3n de John Proctor vence a la <em>armon\u00eda aparente<\/em> de la supuesta pureza inmaculada del <em>dispositivo<\/em>. John no entrega su integridad porque no puede. No puede hacerlo quien es <em>se\u00f1or<\/em> del <em>dominio<\/em> de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Un <em>dominio <\/em>de s\u00ed mismo manifiesto en la<em> autonom\u00eda <\/em>de quien es un <em>leg\u00edtimo <\/em>hombre libre que <em>piensa <\/em>por s\u00ed mismo: un <em>poeta <\/em>de su libertad que, en t\u00e9rminos del propio Proctor, no renuncia a sus <em>potencias <\/em>vitales:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(con los ojos llenos de l\u00e1grimas)<\/em>: Si que puedo. Y he aqu\u00ed vuestro primer milagro, que s\u00ed puedo. Hab\u00e9is producido vuestro milagro, porque ahora si creo vislumbrar una hilacha de bondad en John Proctor. No alcanza para tejer con ella una bandera, pero es lo bastante blanca como para no d\u00e1rsela a estos perros. <em>(Elizabeth en un arranque de terror, corre hacia \u00e9l y llora en su mano.) <\/em>\u00a1No les concedas una l\u00e1grima! \u00a1Las l\u00e1grimas les placen! \u00a1Muestra tu honor, ahora, muestra un coraz\u00f3n de piedra y h\u00fandelos con \u00e9l! <em>(\u00c9l <\/em>[sic]<em> la ha levantado y la besa con gran pasi\u00f3n.)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Proctor confronta su <em>destino<\/em>. Asume con coraje su <em>conversi\u00f3n<\/em> en un templo s\u00f3lido, la <em>conversi\u00f3n<\/em> en un hombre capaz de <em>templanza<\/em>. Decide llevar a cabo el esfuerzo de su imperturbabilidad el cual, a pesar de la <em>rigidez <\/em>de las im\u00e1genes de su discurso, ser\u00eda injusto confundir con <em>represi\u00f3n<\/em>.Todo lo contrario, se trata de la <em>imperturbabilidad <\/em>que produce en s\u00ed mismo quien tiene el coraje de <em>habitar<\/em> la <em>plenitud <\/em>de su <em>sensaci\u00f3n<\/em>. En ello radica la <em>honestidad<\/em> de la victoria de John, al igual que su ejemplaridad. John Proctor ha desactivado al miedo al <em>comprenderlo <\/em>como una experiencia de s\u00ed mismo. Logr\u00f3 su victoria al <em>investigarse a s\u00ed mismo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que la <em>armon\u00eda <\/em>de John es el porqu\u00e9 de la orden inminente de Danforth: \u201c\u00a1Colgadlos bien altos sobre el pueblo! Quien llore por \u00e9stos, llora por la corrupci\u00f3n. <em>(Sale, pasando a su lado como una exhalaci\u00f3n. Herrick comienza a llevar a Rebecca, que casi se desploma, pero Proctor la ayuda mientras ella lo mira como disculp\u00e1ndose.)<\/em>\u201d Por la celeridad con la que Danforth sale, parece dicho caminar, m\u00e1s que un \u00faltimo acto de <em>indolencia<\/em>, una huida. \u00bfSer\u00e1 que la <em>potencia <\/em>que manifiesta el <em>coraje <\/em>de John Proctor le ha quitado <em>rigidez <\/em>y su <em>centro aparente<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Proctor cerr\u00f3 su discurso con un beso apasionado. El signo de un discurso verbal que nos remite tanto al acto extraordinario del perd\u00f3n entre John y Elizabeth como a su amor. Se advierte a la <em>l\u00f3gica de la ternura<\/em>, capaz de desactivar al <em>fascismo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la plataforma de su ego, Hale evidencia su <em>culpa<\/em>. \u00c9sta lo ha vencido con todo y su <em>sabidur\u00eda<\/em>. Incluso la <em>culpa <\/em>puede derrotar al m\u00e1s sabio, porque el sabio lo es por haber sido derrotado muchas veces, varias de \u00e9stas por la <em>culpa<\/em>. Hale s\u00f3lo piensa en la muerte de John Proctor, incapaz de admirar el acto de <em>coraje <\/em>con el cual \u00e9ste consum\u00f3 su integridad para no acabar perdi\u00e9ndose a s\u00ed mismo en la esclavitud del <em>dispositivo<\/em>:\u201c: \u00a1Mujer, exh\u00f3rtale! <em>(Comienza a correr hacia la puerta, pero regresa.)<\/em> \u00a1Mujer! Es orgullo, es vanidad. <em>(Ella evita sus ojos y se mueve hacia la ventana. \u00c9l cae de rodillas.)<\/em> \u00a1Ay\u00fadale! \u00bfDe qu\u00e9 le sirve sangrar? \u00bfHa de ser el polvo quien lo alabe? \u00bfHan de ser los gusanos quienes proclamen su verdad? \u00a1Acude a \u00e9l, qu\u00edtale su verg\u00fcenza!\u201d. Sin embargo, Elizabeth no tiene dudas. Ella es capaz de admirar la <em>ejemplar<\/em> integridad de John, porque el amor abre los ojos, libera al diluir la <em>propiedad <\/em>del <em>ego <\/em>y se opone a la <em>angostura <\/em>del <em>paisaje <\/em>limitado por la <em>angustia<\/em>: \u201c<em>(sosteni\u00e9ndose para no caer, agarra los barrotes de la ventana y grita)<\/em>: Ahora tiene su pureza. \u00a1Dios no permita que se la quite!\u201d. Nadie puede esclavizar ni quitarle nada a qui\u00e9n tiene el <em>coraje <\/em>de <em>habitar <\/em>su <em>sensaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenc\u00e9 este trabajo pregunt\u00e1ndome acerca de la posibilidad de seguir a Miller en relaci\u00f3n con su posicionamiento de presentar a <em>Las brujas de Salem<\/em> como una tragedia. Parece arrogante cuestionar las claridades muy leg\u00edtimas de un autor acerca de su obra. Sin embargo, mi pregunta va m\u00e1s all\u00e1 de tal superficialidad. Entra\u00f1a una inquietud muy personal. Un tema para m\u00ed muy importante, que tiene una estrecha relaci\u00f3n con el porqu\u00e9 de mi decisi\u00f3n de acercarme al teatro, al igual que a otras posibilidades <em>po\u00e9ticas <\/em>de la <em>escena<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Considero medular tomar en cuenta la posibilidad de comprender a los hechos hist\u00f3ricos en los que se basa el trabajo de Miller, una tragedia. En ese sentido, m\u00e1s all\u00e1 de entender a la tragedia como un g\u00e9nero dram\u00e1tico que se diferenciar\u00eda de la noci\u00f3n de \u2018lo tr\u00e1gico\u2019 como un fen\u00f3meno independiente de la historicidad de dicho fen\u00f3meno po\u00e9tico, me resulta m\u00e1s importante abrir la posibilidad de <em>resignificar <\/em>a la tragedia como horizonte de <em>comprensi\u00f3n <\/em>de la relaci\u00f3n entre libertad y <em>destino<\/em>, estos \u00faltimos entendidos como fen\u00f3menos correspondientes, en relaci\u00f3n con el car\u00e1cter parad\u00f3jico de nuestra libertad. En ese sentido, tambi\u00e9n parece necesario resignificar a la noci\u00f3n de \u2018destino\u2019 y, con ello, considerar <em>nuevamente<\/em> a la tragedia como un horizonte de an\u00e1lisis, examen y comprensi\u00f3n de la condici\u00f3n humana, si es que alguna vez ha dejado de serlo. De hecho, esta propuesta no es ninguna novedad. En ello, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, ha consistido la <em>intempestividad <\/em>de dicho fen\u00f3meno cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien que ofrece importantes claridades al respecto es otro magn\u00edfico dramaturgo, Carlos Sol\u00f3rzano:<\/p>\n\n\n\n<p>Los grandes problemas del hombre han vuelto a tratarse ante los ojos del p\u00fablico. Sin pretender igualar las formas griegas, son \u00e9sos los modelos que se han seguido. El concepto <em>destino <\/em>ha vuelto a cobrar sentido. Sabemos que hay algo que se sobrepone a la voluntad del hombre. Hoy podemos llamarles tiran\u00edas, persecuciones, brutalidades o esp\u00edritu de resignaci\u00f3n, motivado por lo absurdo de nuestro mundo; pero sabemos que tiene la misma validez dram\u00e1tica que ese concepto del <em>fatum <\/em>griego: el de limitar la acci\u00f3n humana por la inminencia de algo que el hombre no puede precisar y menos a\u00fan decidir ni evitar y que le dan, a la existencia de hoy, un contenido tr\u00e1gico. El problema del hombre contempor\u00e1neo es el del individuo ante la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me resulta dif\u00edcil no estar de acuerdo con Sol\u00f3rzano en lo fundamental de su intuici\u00f3n, sumamente cercana a la <em>problematicidad <\/em>de nuestros <em>afectos comunitarios<\/em> como lo hemos visto en el caso de la obra de Miller. Por ello, probablemente sea igual de importante que la <em>resignificaci\u00f3n <\/em>de la tragedia que se propone no implique hacer a un lado la noci\u00f3n de \u2018lo tr\u00e1gico\u2019, para no dejar de advertir <em>lo tr\u00e1gico de nuestras vidas <\/em>lo cual, probablemente, nos confronte con la <em>tragedia <\/em>como el horizonte de <em>comprensi\u00f3n<\/em> que siempre ha sido, a partir de su resignificaci\u00f3n. Esta \u00faltima labor y su posibilidad, tambi\u00e9n parece demandarnos el no dejar de advertir la compatibilidad entre la tragediay \u2018lo tr\u00e1gico\u2019 como referentes <em>intempestivos <\/em>de las materialidades concretas de nuestras <em>formas de vida<\/em>. Una relaci\u00f3n inextricable que da cuenta de una relaci\u00f3n <em>transhist\u00f3rica <\/em>entre las diversas manifestaciones y posibilidades del <em>mito<\/em>, al igual que de las <em>densidades ontol\u00f3gicas <\/em>de dichas <em>im\u00e1genes<\/em>, <em>imaginaciones <\/em>e <em>imaginarios<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz\u00e1 de tal forma sea m\u00e1s dif\u00edcil abandonarnos al <em>olvido de nosotros mismos<\/em>, al grado de <em>deshabitarnos<\/em>. Quiz\u00e1 de tal forma sea m\u00e1s f\u00e1cil <em>no olvidar<\/em> lo <em>terribles <\/em>que podemos ser.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSer ego\u00edsta no es vivir como uno quiere sino querer que los dem\u00e1s vivan como uno.\u201d Oscar Wilde En Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida, en los hombres y los pueblos, Miguel de Unamuno defiende al hombre de carne y hueso. Reivindica su concreta y material existencia hecha de muchas piezas, seg\u00fan el bilba\u00edno. 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