{"id":275,"date":"2022-10-27T20:42:04","date_gmt":"2022-10-27T20:42:04","guid":{"rendered":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=275"},"modified":"2022-10-27T20:42:06","modified_gmt":"2022-10-27T20:42:06","slug":"la-noche-del-futuro-como-noche-del-cuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2022\/10\/27\/la-noche-del-futuro-como-noche-del-cuerpo\/","title":{"rendered":"La Noche del Futuro como noche del cuerpo"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/2020060212011581967.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"960\" height=\"640\" src=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/2020060212011581967.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-276\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/2020060212011581967.jpg 960w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/2020060212011581967-300x200.jpg 300w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/10\/2020060212011581967-768x512.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 960px) 100vw, 960px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><em>\u201cEl cazador es el que conoce los l\u00edmites de la ritualizaci\u00f3n de los dem\u00e1s <\/em>[\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p><em>El fundamento de la caza es el ritual del cazado.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Antonio Escohotado<\/p>\n\n\n\n<p>El mundo es un animal, un ser vivo que manifiesta en su complejidad lo <em>ingente<\/em> e <em>inconmensurable<\/em> de sus <em>potencias vitales<\/em>. Los estoicos cre\u00edan en ello. Tal es la raz\u00f3n por la cual conceb\u00edan la posibilidad de hablar de un alma del mundo como generadora del <em>movimiento <\/em>en el que se manifiesta dicha vida. Parece que, en la medida en que renunciamos a la <em>investigaci\u00f3n de nosotros mismos<\/em>, perdemos nuestro centro. Parad\u00f3jicamente, motivados por un impulso prospectivo manifiesto en metas y objetivos <em>ego\u00edstas<\/em>, hemos propiciado, a trav\u00e9s del ejercicio de nuestra libertad, las terribles dificultades y adversidades de nuestras vidas en el mundo. Ello implica una relaci\u00f3n inextricable entre dichos fen\u00f3menos y nuestras elecciones. Acontecimientos que evidencian nuestra <em>deshabitaci\u00f3n <\/em>de la vida. La decisi\u00f3n de llevar a cabo una <em>deshabitaci\u00f3n <\/em>del animal que es el mundo, cuya ra\u00edz es la <em>deshabitaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>animalidad<\/em>.Esta \u00faltima, a pesar de la irreversibilidad de nuestra <em>condici\u00f3n humana<\/em>, nos es inextricable y <em>constitutiva<\/em>. \u00c9sta se manifiesta en los problem\u00e1ticos fen\u00f3menos de nuestra voluntad, <em>nuestra querencia<\/em>, <em>nuestro deseo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alguien sumamente consciente de dicha miseria, al grado de llevar a cabo un profundo posicionamiento cr\u00edtico ante la misma a trav\u00e9s de atender los detalles de su \u00e9poca m\u00e1s normalizados y menos privilegiados por la observaci\u00f3n de sus <em>habitantes<\/em>, fue Joseph Conrad. Dando seguimiento a lo material y concreto de su <em>actualidad<\/em>, manifiestos en fen\u00f3menos <em>vitales <\/em>obviados a pesar de la importante repercusi\u00f3n de los mismos en la vida del <em>paisaje <\/em>del mundoque habit\u00f3, el narrador logra llevar a cabo una de las mejores aportaciones de todo gran escritor: ampliar su <em>biograf\u00eda <\/em>haciendo de la misma una <em>biograf\u00eda de su mundo<\/em>. Llevar a cabo el intento de compartir la <em>vida colectiva <\/em>del <em>cuerpo com\u00fan <\/em>que puede <em>constituirse <\/em>en la cotidianidad de la vida de nuestra especie.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad cuenta con la gu\u00eda m\u00e1s importante para llevar a cabo dicho objetivo: la claridad de que parte del desastre en el que <em>probablemente <\/em>acabe cifr\u00e1ndose el futuro radicar\u00e1 en la terrible negligencia de no comprender nuestros anhelos y, por lo tanto, la <em>problematicidad <\/em>de nuestra <em>esperanza<\/em>. Renunciaral <em>cuidado de lo que deseamos<\/em> como <em>cuidado de nosotros mismos<\/em>, evidenciando nuestra poca <em>consciencia<\/em> del alt\u00edsimo riesgo de que nuestros deseos puedan hacerse realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con dicha contundencia, este espl\u00e9ndido escritor inaugura las portentosas im\u00e1genes de <em>Una avanzada del progreso<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>Pocos hombres son conscientes de que sus vidas, la propia esencia de su car\u00e1cter, sus capacidades y sus audacias, son tan s\u00f3lo expresi\u00f3n de su confianza en la seguridad de su ambiente. El valor, la compostura, la confianza; las emociones y los principios; todos los pensamientos grandes y peque\u00f1os no son del individuo, sino de la multitud: de la multitud que cree ciegamente en la fuerza irresistible de sus instituciones y de su moral, en el poder de su polic\u00eda y de su opini\u00f3n. Pero el contacto con el salvajismo puro y sin mitigar, con la naturaleza y el hombre primitivos provoca s\u00fabitas y profundas inquietudes en su coraz\u00f3n. A la sensaci\u00f3n de estar aislado de la especie, a la clara percepci\u00f3n de la soledad de los propios pensamientos y sensaciones, a la negaci\u00f3n de lo habitual, que es lo seguro, se a\u00f1ade la afirmaci\u00f3n de lo inusual, que es lo peligroso: una intuici\u00f3n de cosas vagas, incontrolables y repulsivas, cuya perturbadora intrusi\u00f3n excita la imaginaci\u00f3n y pone a prueba los civilizados nervios, tanto de los tontos como de los sabios.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si seguimos este \u00faltimo planteamiento de Conrad, \u00bfser\u00e1 que la <em>civilizaci\u00f3n <\/em>como proyecto <em>normalizado<\/em> a trav\u00e9s de la noci\u00f3n de <em>Progreso<\/em> ha implicado el distanciamiento de nosotros mismos a trav\u00e9s de la abstracci\u00f3n de nuestra sensibilidad, al anular la posibilidad de una relaci\u00f3n de cuerpo a cuerpo o entre cuerpos de manera semejante a la que se da en la Naturaleza? Parece que dicha vulnerabilidad implica un extra\u00f1amiento de nosotros mismos y entre nosotros mismos como especie capaz de generar dicha distancia. La falta de esta \u00faltima parece generar por s\u00ed misma una confrontaci\u00f3n inspirada por el desconcierto ante la desnudez de una vida sin cultura. Una conciencia especial ante nuestra desprotecci\u00f3n, en tanto que especie que, desde su nacimiento, requiere de una <em>atenci\u00f3n <\/em>particular para su subsistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 vivimos juntos? \u00bfQu\u00e9 es lo que realmente nos une? En sentido estricto, muchas veces podemos llegar a tener muy poco o nada en com\u00fan con los dem\u00e1s, independientemente de lo obvio: la fragilidad de nuestros cuerpos. La brecha no s\u00f3lo es entre los desconocidos sino tambi\u00e9n, en m\u00e1s ocasiones de las que creemos, dicha diferencia puede ser m\u00e1s grande con aquellos que nos han querido, nos vieron crecer y fueron parte constitutiva de nuestra trayectoria vital. Parece que vivimos juntos para creer que estamos unidos y que, por ello, siempre habr\u00e1 alguien que sea capaz de considerarnos ante nuestra adversidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pareciera que creemos que la garant\u00eda de tener a alguien a nuestro lado implica la posibilidad de ser sujetos de <em>atenci\u00f3n <\/em>y de fen\u00f3menos tan importantes de la misma como lo son: &nbsp;la <em>empat\u00eda <\/em>y la <em>compasi\u00f3n<\/em>. Sin embargo, \u00bfpor qu\u00e9 tendr\u00eda que ser as\u00ed?, \u00bfqu\u00e9 obligaci\u00f3n tendr\u00edan los dem\u00e1s conmigo? Lo anterior lo planteo pensando en lo dif\u00edcil que ya es para uno mismo sobrevivir a la compleja vida que hemos constituido como para asumir la responsabilidad de los dem\u00e1s: la responsabilidad de hacerse cargo de uno mismo. Sin embargo, tampoco se puede negar que los dem\u00e1s nos importan. Nos importa lo que los dem\u00e1s piensen de nosotros y, en ese sentido, parece que no deja de haber en medio de dicha posibilidad la atenci\u00f3n a la <em>conveniencia <\/em>que puede implicar la satisfacci\u00f3n de uno o m\u00e1s intereses privados de nuestra parte. La m\u00e1scara social nos protege al ocultarnos, nos permite no quedar a la intemperie como es el caso de una vulnerabilidad observada y, por lo tanto, una soledad siempre constre\u00f1ida a su indigencia. Quiz\u00e1 por ello, tendemos a creer que la soledad es desamparo, el olvido de la protecci\u00f3n de ser parte, de ser como los dem\u00e1s, dignos de su atenci\u00f3n y <em>reconocimiento<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Con lo anterior no anulo el hecho de que muchos de nosotros tambi\u00e9n seamos capaces de preocuparnos por la circunstancia de los dem\u00e1s, al grado de conmovernos y que dicha sensibilidad sea principio de importantes v\u00ednculos, incluso a pesar de nuestro desconocimiento. Tambi\u00e9n es innegable el hecho de que, por diversas razones, tenemos una profunda estima por nuestros afectos. Aparentemente, nos queremos entre nosotros y, en ocasiones, llegamos a tener afectos m\u00e1s importantes entre personas lejanas o no familiares que entre integrantes de nuestra propia familia. Sin embargo, no deja de quedar fuera del horizonte la pregunta del porqu\u00e9 nuestro cari\u00f1o por los dem\u00e1s no deja de responder a la expectativa de la satisfacci\u00f3n de intereses privados y la de nuestros anhelos ego\u00edstas, \u00bfqu\u00e9 tanto los dem\u00e1s nos importan en tanto que satisfacen nuestro deseo y son capaces de la <em>aparente<\/em> soluci\u00f3n de nuestra demanda de reconocimiento ante la <em>soledad <\/em>de sentirnos vulnerables debido a la incertidumbre que nos pueden llegar a causar las emergencias del mundo?<\/p>\n\n\n\n<p>Nos importa el juicio de gente que no conocemos, nos importa qu\u00e9 piensen de nosotros y nos vulnera su se\u00f1alamiento. Lo anterior nos confronta con el aparente acuerdo al que llegamos con los dem\u00e1s. Pareciera que el mismo es el resultado de tener a los dem\u00e1s seres humanos como contrarios o adversarios, asumiendo adem\u00e1s que un contrario o adversario puede ser tambi\u00e9n un juez. En m\u00e1s de un sentido, un adversario tiende a posicionarse desde una <em>aparente <\/em>superioridad moral, un horizonte provisional de sentido que <em>aparentemente <\/em>legitima su cr\u00edtica. Parece que nuestra m\u00e1scara social se constituye por miedo a la amenaza que significan los dem\u00e1s por no estar de acuerdo con ellos o llegar a discrepar. \u00bfSer\u00e1 que tenemos miedo a que nos abandonen al dejar de ser considerados por ellos dignos de su afecto por acabar enemistados <em>mutuamente<\/em> por no coincidir con ellos y, por ello, ser diferentes? Ello tampoco excluir\u00eda el <em>aparente problema <\/em>de convertirnos en una amenaza por no corresponder con la moral y los valores de los dem\u00e1s. Por lo tanto, dichos valores constituyen privilegios que se desprenden de la moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad genera una atm\u00f3sfera para constituir la escena de los t\u00f3picos anteriores a trav\u00e9s de la desafiante fuerza de la Naturaleza y lo <em>sublime <\/em>de su experiencia que, por la inconmensurabilidad de su <em>magnitud<\/em>, escinde nuestra conciencia, coloc\u00e1ndonos ante nuestra fr\u00e1gil y vulnerable <em>finitud<\/em>. Nos posiciona inmediatamente ante nuestras <em>potencias <\/em>y la finitud de las mismas: las <em>potencias <\/em>de nuestro cuerpo <em>finito<\/em>. Estamos ante la experiencia fundamental que ha encardinado nuestra presencia en el mundo y, por lo tanto, lo que podr\u00edamos llamar como parte de nuestra trayectoria vital \u2012no sin problemas\u2012 el germen de nuestra <em>historia<\/em>. Una <em>historia <\/em>digna de ser puesta entre comillas y problematizada, susceptible de ser cuestionada ante el hecho de que su mero planteamiento siempre implicar\u00e1 la <em>problem\u00e1tica <\/em>voluntad del cierre del sentido de la vida de los hombres y la <em>problem\u00e1tica <\/em>definici\u00f3n de la pertinencia de nuestra especie.<\/p>\n\n\n\n<p>El autor nos confronta con la promesa <em>civilizatoria <\/em>de la garant\u00eda de <em>seguridad <\/em>que nos ha llevado a constituir nuestras formas de vida. Nos confronta con el hecho de que la sujeci\u00f3n que llevamos a cabo entre nosotros responde al miedo que sentimos: la experiencia sublime y constitutiva de nuestra <em>finitud<\/em>. Somos seres que confiamos nuestra vida a la <em>aparente<\/em> regularidad del mundo, un apenas inferible orden <em>indescifrable <\/em>e <em>indelimitable <\/em>por su <em>inconmensurabilidad<\/em>, engendrando la imagen del control como supuesta aspiraci\u00f3n a la correspondencia con dicha <em>l\u00f3gica aparente<\/em>. Lo anterior, como si estos fen\u00f3menos no pudieran ser planteados y problematizados como derivados de la m\u00e1scara social que hemos generado para sobrevivir y subsistir, el resultado de lo que podemos llamar: <em>cultura<\/em>. Se trata del ejercicio de nuestro <em>artificio <\/em>como <em>construcci\u00f3n <\/em>de nosotros mismos. Esta \u00faltima problematizaci\u00f3n desaf\u00eda a la noci\u00f3n de <em>forma <\/em>y el <em>cierre de sentido <\/em>que puede implicar su constituci\u00f3n. Sin embargo, en tanto que la <em>forma <\/em>es posible tiene su <em>legitimidad<\/em> como manifestaci\u00f3n de nuestras <em>potencias<\/em>. Parece ser que su <em>problematicidad <\/em>tiene que ver con su <em>pertinencia <\/em>y, por lo tanto, el peligro de su <em>imposici\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ante lo indeterminable, lo incontrolable, lo incalculable, es poco lo que podemos hacer. La Naturaleza y su <em>inconmensurabilidad<\/em> desaf\u00edan nuestras potencias y nos confronta con nuestra vulnerabilidad. Parece ser que la evasi\u00f3n de lo particular de su experiencia ha constituido un abandono y olvido de nosotros. Podemos inferir en ello la renuncia a una experiencia primigenia de la Naturaleza como experiencia de nosotros mismos en tanto que fen\u00f3meno constitutivo, su <em>experiencia est\u00e9tica<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el abandono de la Naturaleza hemos dejado de <em>habitarla<\/em> y, con ello, hemos abandonado la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nosotros mismos. Probablemente, sin esa comprensi\u00f3n hemos hecho distante buena parte de la <em>habitaci\u00f3n<\/em> de nuestra <em>animalidad<\/em>. \u00bfEn qu\u00e9 medida se podr\u00eda renunciar a lo inextricable de nuestra <em>animalidad <\/em>en tanto que cuerpos vinculados desde nuestro origen con la <em>Naturaleza <\/em>en tanto que fen\u00f3menos de la misma? Se antoja irreversible dicha posibilidad. Es entonces que se abre una paradoja: al tratar de sobrevivir a trav\u00e9s de nuestras m\u00e1scaras sociales \u2012 y quiz\u00e1, por ello, habr\u00eda que entender, en los t\u00e9rminos de nuestra <em>actualidad<\/em>, a la <em>civilizaci\u00f3n <\/em>como: <em>la gran m\u00e1scara social del Progreso<\/em>\u2012, hemos constituido habitaciones del mundo que tienden a nuestro abandono y olvido de nosotros mismos. <em>Aparentes<\/em> habitaciones de nuestro <em>abandono<\/em>, desterritorializaciones generadas a trav\u00e9s de la <em>represi\u00f3n <\/em>de nuestros v\u00ednculos primigenios. La <em>civilizaci\u00f3n <\/em>como la estructuraci\u00f3n de nuestra <em>deshabitaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Una deshabitaci\u00f3n que nos aleja de la Naturaleza y, a trav\u00e9s de dicha distancia, hemos generado el artificio y el arte para llevar a cabo una <em>problem\u00e1tica<\/em> <em>dominaci\u00f3n<\/em> de la misma. A dicho fen\u00f3meno es al que hemos solido llamar: <em>Progreso<\/em>. El fen\u00f3meno que Conrad ha elegido para orientar su cr\u00edtica al convertirlo en blanco de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 tan posible ser\u00eda nuestra vida sin tal posibilidad de <em>artificio<\/em>? \u00bfNo ser\u00e1 que lo hemos constituido para sobrevivir a nosotros mismos y no sucumbir al peligro que somos por la incomprensi\u00f3n de nuestra <em>animalidad <\/em>y el distanciamiento de la misma que implica la <em>consciencia<\/em> como posibilidad de nuestra inteligencia? Esta \u00faltima tambi\u00e9n puede implicar el retorcimiento de nuestro pensamiento a trav\u00e9s de un posicionamiento <em>perverso <\/em>de nuestra <em>voluntad<\/em>, al grado de generar <em>imaginaciones extravagantes<\/em> alimentadas por la <em>adolescencia <\/em>de nuestro deseo de <em>dominaci\u00f3n <\/em>que, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, hemos sido incapaces de <em>comprender<\/em> y, en m\u00e1s de una <em>ocasi\u00f3n<\/em>, hemos tendido a <em>juzgar <\/em>al grado de una <em>represi\u00f3n <\/em>que acaba siendo <em>punitiva<\/em>, <em>mutilante <\/em>y, por ello, capaz de <em>lo terrible<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablamos de la posibilidad de lo <em>perverso <\/em>de nuestro <em>deseo <\/em>ysus imaginaciones extravagantes. Tambi\u00e9n su abandono y olvido constituye nuestra <em>incomprensi\u00f3n<\/em>, la facilidad de un <em>juicio punitivo <\/em>en su contra y, por lo tanto, la renuncia a la comprensi\u00f3n de nuestra <em>animalidad <\/em>inextricable: la inconmensurabilidad de las <em>potencias <\/em>de un cuerpo vivo manifiestas en su <em>deseo<\/em>, a pesar de su <em>finitud<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parad\u00f3jicamente, nos hemos alejado tanto de nuestra <em>animalidad <\/em>que la inconmensurabilidad de sus potencias nos puede destruir. Necesitamos construir sus habitaciones para evitar ese peligro. Llevar a cabo un cuidado de nosotros mismos que siempre correr\u00e1 el peligro de convertirse en parte constitutiva de la <em>ilusi\u00f3n <\/em>del poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad tiene una importante consciencia de tal <em>parad\u00f3jica problematicidad<\/em>. Adviertecr\u00edticamente lo que somos ante la problem\u00e1tica <em>confianza<\/em> de su tiempo en el proyecto <em>civilizatorio <\/em>del <em>Progreso<\/em>.En dicha actitud Conrad advierte la manifestaci\u00f3n de una minor\u00eda de edad, lejos de la importante <em>animalidad<\/em> y <em>potencia <\/em>de lo infantil, cercana a la <em>infantiloide <\/em>embriaguez del poderoso:\u201cKayerts y Carlier caminaban del brazo, pegado el uno al otro, como hacen los ni\u00f1os en la oscuridad, los dos compart\u00edan la misma sensaci\u00f3n de peligro, no del todo desagradable, que casi se sospecha es imaginario. Charlaban persistentemente en tono familiar\u201d. Los dos protagonistas del relato de Conrad volv\u00edan a ser ni\u00f1os a trav\u00e9s de la experiencia primaria de la oscuridad ante lo inconmensurable e ind\u00f3mito de la experiencia de la Naturaleza en la cual est\u00e1n inmersos. Una imagen meton\u00edmica de lo que ha sido el ser humano comprometido con el Progreso y lo que sigue siendo al estar <em>abstra\u00eddo <\/em>por el abandono de s\u00ed mismo y <em>el olvido<\/em> que constituye la <em>ilusi\u00f3n<\/em> del <em>poder<\/em>,asumido como verdad. Un fen\u00f3meno de la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de <em>nuestro deseo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parad\u00f3jicamente, en la <em>indigencia<\/em> de estos hombres se evidencia lo peligrosos que son, tanto para los dem\u00e1s como para ellos mismos. Se evidencia el peligro que implica su dificultad para habitar la selva a la cual han llegado. Se trata de dos cuerpos sujetos a los <em>h\u00e1bitos <\/em>que los han constituido durante su trayecto vital, las costumbres de las ciudades que el llamado <em>Progreso <\/em>ha erigido. Estos hombres han aprendido, cultivado y estructurado dependencias que los han constituido a trav\u00e9s de <em>su territorializaci\u00f3n <\/em>del llamado mundo civilizado que, a su vez, tambi\u00e9n ha <em>territorializado <\/em>su subjetividad. Han llegado a la selva de un horizonte colonizado, habitados por las imaginaciones generadas desde el privilegio y con las que se han comprometido desde tal posicionamiento vital. Parece inevitable que la primera impresi\u00f3n de dicho entorno, su primigenia <em>experiencia est\u00e9tica<\/em>, no les resulte confrontativa a los due\u00f1os de dicha clase de <em>voluntad<\/em>. Conrad evidencia el <em>sentimiento <\/em>de peligro, vulnerabilidad y <em>amenaza <\/em>en la regresi\u00f3n infantil de aquellos cuerpos escindidos por la <em>sublime experiencia <\/em>de la <em>inconmensurable <\/em>Naturaleza, en medio del enigma de la oscuridad de su noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de hombres que probablemente, ante la penumbra, no adviertan su propia soberbia sino la defensa de la supuesta legitimidad de su derecho de ordenar: \u201c\u00a1H\u00e1gase la luz!\u201d. Estamos ante dos voluntades quese ver\u00e1n <em>confrontadas <\/em>con el peligro de ser <em>conminados <\/em>y <em>derrotados <\/em>por la <em>Naturaleza<\/em>. Ello, para tal clase de ambici\u00f3n, no es una opci\u00f3n. Ello ser\u00eda lo imposible: el fracaso del <em>Progreso<\/em>. La <em>sublime experiencia <\/em>de la Naturaleza puede ser motivo suficiente para tal clase de voluntades para ejercer el poder en un territorio que se ha asumido como irracional y, por lo tanto, ajeno al <em>derecho <\/em>y a <em>la ley<\/em>. Ello es un ejemplo de la <em>racionalizaci\u00f3n perversa<\/em> de la que puede ser capaz el due\u00f1o de una <em>imaginaci\u00f3n extravagante<\/em>. Con ella buscar\u00e1 justificar su <em>barbarie<\/em>: la <em>detentaci\u00f3n<\/em> de un poder asumido como <em>leg\u00edtimo ejercicio<\/em> por parte de un <em>perverso <\/em>gobierno de facto.Una aparente autoridad que implique ejercicios de <em>dominaci\u00f3n <\/em>desde la incomprensi\u00f3n de nuestro deseo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una comprensi\u00f3n causal del mundo que asume al mismo como un <em>mecanismo<\/em> a partir del compromiso con cierta manera de entender a la raz\u00f3n y, por lo tanto, de entender lo racional y la racionalidad, los protagonistas del cuento de Conrad se asumen como regidores de una Naturaleza a su servicio que, a partir de dicha comprensi\u00f3n jer\u00e1rquica, asumen indolentemente como <em>proveedora<\/em>, entre muchas cosas, de la fuerza de trabajo de los habitantes de la regi\u00f3n que, desde la subordinaci\u00f3n implicada en tal supuesta <em>legitimidad<\/em>, deben ser sus sirvientes. En ello consiste una supuesta legitimidad de la <em>servidumbre<\/em>: \u201c\u00a1Dejaremos que la vida pase pl\u00e1cidamente! Nos sentaremos y recogeremos el marfil que nos traigan los salvajes. \u00a1Este pa\u00eds, despu\u00e9s de todo, tiene su lado bueno!\u201d Estos dos empleados de una compa\u00f1\u00eda encargada de la comercializaci\u00f3n de marfil son el ejemplo de c\u00f3mo s\u00f3lo la <em>servidumbre <\/em>aspira a la llamada <em>nobleza<\/em>. Se trata de dos seres incapaces del <em>dominio <\/em>de s\u00ed mismos, al grado de llevar a cabo en nombre de su ambici\u00f3n la <em>dominaci\u00f3n <\/em>de los m\u00e1s <em>vulnerables<\/em>. En ello consiste la evidencia de su <em>debilidad <\/em>y lo agudo de su <em>dependencia <\/em>a sus <em>formas de vida<\/em> como manifestaci\u00f3n y ejercicio de poder. Por ello, todo rey es un hijo bastardo. Al fuerte le basta el <em>dominio <\/em>de s\u00ed mismo:<\/p>\n\n\n\n<p>La sociedad, no por razones de ternura, sino debido a sus extra\u00f1as necesidades, hab\u00eda cuidado de los dos hombres, prohibi\u00e9ndoles todo pensamiento independiente, toda iniciativa, toda desviaci\u00f3n de la rutina; y se lo hab\u00eda prohibido bajo pena de muerte. S\u00f3lo pod\u00edan seguir viviendo a condici\u00f3n de ser como m\u00e1quinas. Y ahora, libres del cuidado alentador de los hombres con la pluma detr\u00e1s de la oreja, de los hombres con galones dorados en los pu\u00f1os, eran como dos condenados a perpetuidad que, liberados despu\u00e9s de muchos a\u00f1os, no saben qu\u00e9 hacer con su libertad. No sab\u00edan hacer funcionar sus facultades porque los dos, al no tener pr\u00e1ctica, eran incapaces de pensar por s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos la vulnerabilidad que puede generar el h\u00e1bito de la subordinaci\u00f3n. Conrad evidencia el peligro de la supresi\u00f3n de la <em>autonom\u00eda<\/em> como ejercicio de <em>mecanizaci\u00f3n<\/em> de un cuerpo humano, sujeto a las pr\u00e1cticas de una <em>forma de vida<\/em> y sus dependencias. En este caso, la de aquella forma constituida por el sentido del <em>Progreso <\/em>y sus valores como moral civilizatoria, supeditada al cierre del sentido que ser\u00eda la conquista y la <em>dominaci\u00f3n <\/em>del futuro. Probablemente la m\u00e1s grande <em>perversi\u00f3n <\/em>del <em>Progreso <\/em>sea la <em>dominaci\u00f3n <\/em>que significa el cierre del sentido del futuro, entendido como una manera de <em>asegurarlo <\/em>al <em>suprimir <\/em>toda <em>contingencia<\/em>. Ello implica convertirnos en <em>m\u00e1quinas<\/em>: <em>aut\u00f3matas<\/em> constre\u00f1idos a la rigidez met\u00e1lica de un cuerpo esclerotizado por una vida <em>eficiente<\/em>, <em>funcional<\/em>, <em>productiva <\/em>y encardinada por el <em>consumo<\/em>.Una vida que haya logrado suprimir la emergencia, la contingencia, la posibilidad y que, por lo tanto, haga de lo probable un <em>problema <\/em>que corresponda con el cumplimiento ineludible de lo <em>causalmente necesario y eficiente<\/em>. Sin embargo, \u00bfpuede ser la <em>rigidez <\/em>de tal constante y su falta de espontaneidad correspondiente y comparable con las potencias inconmensurables de la vida manifiesta en <em>La Naturaleza <\/em>y sus fen\u00f3menos? Me cuesta trabajo no pensar en dicha <em>inercia <\/em>como algo incapaz de ser llamado vida, en t\u00e9rminos de la <em>problem\u00e1tica plenitud<\/em> que para muchos \u00e9sta significa.<\/p>\n\n\n\n<p>La <em>posibilidad<\/em> como fen\u00f3meno de la <em>espontaneidad<\/em> tiene una estrecha relaci\u00f3n con la creatividad y sus fen\u00f3menos, como ejercicios de un pensamiento <em>aut\u00f3nomo <\/em>capaz de la apertura del <em>sentido <\/em>que los dota de su car\u00e1cter estructurante. Este \u00faltimo, cualidad de la imaginaci\u00f3n. Ante la novedad de un paisaje y la adversidad que puede implicar, bien advierte Conrad, parece poco lo que puede hacer un cuerpo poco comprometido con las <em>habilidades <\/em>que le pueda proveer el ejercicio de su <em>creatividad <\/em>negada como ejercicio de nuestra libertad y, por lo tanto, su inventiva. Por m\u00e1s poder que se tenga, resulta una franca <em>debilidad <\/em>ante cualquier circunstancia dicha carencia.Se trata de una <em>indigencia <\/em>semejante a la <em>indefensi\u00f3n <\/em>de un ni\u00f1o. En este caso, dos seres <em>infantiloides <\/em>que pueden ser susceptibles de ser v\u00edctimas del ejercicio de su propio poder. La <em>sublime magnitud <\/em>de dicha confrontaci\u00f3n inevitable se antoja <em>abismal<\/em> por su tendencia a la <em>desproporci\u00f3n<\/em>. El territorio incapaz de <em>subordinar <\/em>a estos hombres,como suced\u00eda en sus ciudades de origen, constituye la trampa de la <em>ilusi\u00f3n <\/em>de su poder. La boca de lobo disfrazada de para\u00edso, en la cual ellos mismos son sus propios demonios. Seres sujetos a las flamas de su <em>voluntad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un momento sumamente significativo del relato de Conrad en el que, como parte de la cr\u00edtica de la <em>mecanizaci\u00f3n<\/em> que pueden implicar los fen\u00f3menos <em>civilizatorios <\/em>del Progreso en su \u00e9poca, evidencia la dificultad de los seres humanos, en tanto que seres vivos, de convertirnos en <em>m\u00e1quinas<\/em>. Conrad advierte la dificultad de suprimir las potencias de nuestra sensibilidad, el <em>sentir<\/em> de un cuerpo vivo <em>pensante <\/em>al estar comprometida su <em>integridad <\/em>en su <em>experiencia est\u00e9tica<\/em>. Vemos en tal ejemplo de Conrad como el <em>pensamiento <\/em>tambi\u00e9n es un fen\u00f3meno <em>sensible <\/em>y como nuestra <em>sensibilidad <\/em>tambi\u00e9n es <em>pensamiento <\/em>en tanto que parte estructural del fen\u00f3meno de nuestra <em>consciencia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Me permito una breve <em>digresi\u00f3n <\/em>y el recuerdo de alguien que se fue hace relativamente poco. El gran fil\u00f3sofo Antonio Escohotado alguna vez declar\u00f3 que para \u00e9l la palabra: \u2018pensar\u2019 era una manera espuria de hablar de la experiencia de \u2018sentir\u2019. En m\u00e1s de un sentido, ello me resulta una declaraci\u00f3n sumamente importante. S\u00f3lo anal\u00edticamente podr\u00edamos establecer dicha diferencia. Es dif\u00edcil no inferir que, en todo caso, s\u00f3lo se trata de dos maneras de hablar del mismo fen\u00f3meno. Dos maneras de verbalizar nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em> del cuerpo que constituyen dos <em>posicionamientos <\/em>ante nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>, si lo atendemos con la <em>serenidad <\/em>del caso, sumamente <em>semejantes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad nos habla del hallazgo de varios libros y revistas en el lugar donde sus protagonistas se han instalado. En aquella accidentada biblioteca se encuentran relatos que los conmueven y emocionan, al punto de la alegr\u00eda y el llanto. En dicho acervo destaca la presencia de Alexandre Dumas y Honor\u00e9 de Balzac. Quiz\u00e1, si hay alguna experiencia que evidencia la posibilidad del ejercicio aut\u00f3nomo de nuestra libertad sea la <em>experiencia est\u00e9tica<\/em>: el <em>instante <\/em>en el cual vivimos el arte y creamos el mundo. Nos volvemos <em>poetas<\/em> de las <em>potencias <\/em>de nuestro cuerpo. Somos capaces de una <em>po\u00e9tica <\/em>de nosotros mismos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs un libro espl\u00e9ndido. No ten\u00eda idea de que hubiera tipos tan listos en el mundo.\u00bb Tambi\u00e9n encontraron unos viejos n\u00fameros de un peri\u00f3dico de la metr\u00f3poli. Trataban de lo que se hab\u00eda dado en llamar \u201cNuestra expansi\u00f3n colonial\u201d en un lenguaje altisonante. Hablaba abundantemente de los derechos y deberes de la civilizaci\u00f3n, de lo sagrado de la obra civilizadora, y ensalzaba los m\u00e9ritos de los hombres que iban por el mundo llevando la luz, la fe y el comercio hasta los m\u00e1s oscuros rincones de la tierra, Carlier y Kayerts lo leyeron, reflexionaron y comenzaron a pensar mejor de s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los protagonistas del cuento tambi\u00e9n encuentran ejemplos del discurso hegem\u00f3nico de las instancias del Progreso. Se trata de textualidades apolog\u00e9ticas del proyecto supuestamente <em>civilizatorio <\/em>del Progreso, proyectado para la defensa de la supuesta <em>legitimidad <\/em>de tal empresa de <em>dominaci\u00f3n<\/em>. Se encuentran con discursos que celebran emprendimientos semejantes al de ellos, lo cual los complace, aunque dicho reconocimiento implique el anonimato de ambos protagonistas. Se trata de la legitimaci\u00f3n de una idea de <em>civilizaci\u00f3n <\/em>constituida por una serie de <em>formas de vida <\/em>con las que est\u00e1n comprometidas Naciones enteras que saben que en la posibilidad de dicha explotaci\u00f3n consiste su <em>problem\u00e1tica <\/em>hegemon\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos c\u00f3mo en tal discurso del <em>dominador <\/em>el anonimato de su ejercicio est\u00e1 comprometido con la reivindicaci\u00f3n de la <em>mayor\u00eda <\/em>que tiende a ser masa, como <em>mecanismo <\/em>eficiente e <em>impersonal <\/em>de <em>despersonalizaci\u00f3n<\/em>. En tal comprensi\u00f3n, comprometida con la noci\u00f3n de Estado-Naci\u00f3n, podemos advertir la <em>homogeneidad <\/em>de una <em>normalizaci\u00f3n alienante<\/em> que, por un lado, hace un <em>reconocimiento impersonal <\/em>de los integrantes del proyecto y, por otro, acaba invisibiliz\u00e1ndolos al reducirlos a elementos <em>mensurables <\/em>y <em>cuantificables <\/em>deuna serie de accidentes de la Historia. Un grupo de vidas ricas y complejas subsumidas para satisfacer la demanda de <em>utilidad<\/em> y <em>eficiencia<\/em> como sentido del <em>consumo <\/em>de sus cuerpos ofrendados y sacrificados al <em>fantasma con las manos vac\u00edas <\/em>del Futuro. Este \u00faltimo, promesa del Progreso.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a pesar de lo anterior, tal <em>reconocimiento <\/em>parece indicar que m\u00e1s de uno est\u00e1 del lado de los protagonistas del cuento. La <em>Mayor\u00eda <\/em>est\u00e1 de su lado. Por ello dichos hombres tienen <em>valor<\/em>, esos hombres <em>valen <\/em>por ser \u00fatiles y, por lo tanto, <em>eficientes<\/em>. El problema es, como bien advierte Kant, que s\u00f3lolo \u00fatil, en tanto que <em>provisional<\/em>, <em>perecedero<\/em>, <em>intercambiable <\/em>y <em>desechable<\/em> tiene valor y, por lo tanto, <em>vale<\/em>. En cambio, seg\u00fan el fil\u00f3sofo prusiano, los seres humanos no tenemos valor, no <em>valemos<\/em>, sino que tenemos <em>dignidad<\/em> y esta \u00faltima es inalienable:\u201cCarlier dijo una tarde moviendo una mano: \u2012Dentro de cien a\u00f1os tal vez haya aqu\u00ed una ciudad. Muelles, almacenes y barracas, y\u2026y quiz\u00e1 salones de billar. La civilizaci\u00f3n, muchacho, la virtud y todo eso. \u00a1Y luego la gente se enterar\u00e1 de que los dos buenos tipos, Kayerts y Carlier, fueron los primeros hombres civilizados que vivieron en este lugar!\u201d Estamos ante la l\u00f3gica servil del <em>alienado <\/em>que se cree <em>amo <\/em>sin advertir su <em>esclavitud<\/em>, en dicho gesto se consuma esta \u00faltima. Un ejemplo de la conciencia alienada que puede significar la <em>servidumbre <\/em>como identificaci\u00f3n con el <em>dispositivo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ello resulta en dicha di\u00e9gesis un somero consuelo ante la <em>densidad ontol\u00f3gica <\/em>que constituye un cuerpo potencialmente <em>acechado<\/em>, atravesado por su <em>indigencia <\/em>y siempre dispuesto a la <em>contingencia <\/em>del mundo por su <em>vulnerabilidad<\/em>: \u201cLos dos se dieron cuenta por primera vez de que viv\u00edan en unas condiciones en las que lo inusual pod\u00eda ser peligroso, y no hab\u00eda poder alguno en la tierra, excepto ellos mismo, que se interpusiera entre los dos y lo inusitado. Se sintieron inc\u00f3modos, entraron en casa y cargaron sus rev\u00f3lveres.\u201d Es muy f\u00e1cil olvidar nuestra <em>indigencia<\/em>, al instalarnos en las aparentes comodidades y ventajas que constituyen nuestras <em>formas de vida <\/em>y comprometernos con el cierre del sentido de la misma que tal decisi\u00f3n puede implicar. Fen\u00f3meno del cual habla la afirmaci\u00f3n, casi una advertencia, que hace el joven Nietzsche en <em>De verdad y mentira, en sentido extramoral<\/em>: \u201cVivir es estar en peligro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos hombres que, como afirma Conrad, \u201cLlevaban sirviendo a la causa del progreso m\u00e1s de dos a\u00f1os\u201d, no eran capaces de <em>habituarse<\/em>. La adversidad los confrontaba con circunstancias que entra\u00f1aban otra comprensi\u00f3n de la vida, como era el caso de una impresi\u00f3n y <em>aparente <\/em>claridad que conceb\u00edan en relaci\u00f3n con aquellos lugare\u00f1os con los que hab\u00edan llegado a tener contacto: \u201cnada hay m\u00e1s f\u00e1cil para ciertos salvajes que el suicidio\u201d. Podemos inferir en tal impresi\u00f3n por parte de nuestros protagonistas, adem\u00e1s de ser un posicionamiento del propio Conrad, la creencia en que las personas de dicho entorno, m\u00e1s vinculadas con la Naturaleza, tienden m\u00e1s a la inmediatez y fugacidad de la vida como fen\u00f3meno de la <em>animalidad <\/em>de un cuerpo que no necesita de una <em>compleja <\/em>significaci\u00f3n del <em>peligro <\/em>al estar naturalizado como experiencia de la <em>finitud <\/em>de nuestro cuerpo y, por lo tanto, como fen\u00f3meno de la <em>vulnerabilidad <\/em>del mismo. En tal posibilidad, quiz\u00e1, podemos advertir una <em>fortaleza<\/em> ante la fragilizaci\u00f3n de nuestro <em>car\u00e1cter <\/em>que puede significar la <em>domesticaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>animalidad<\/em>. Vemos el complejo abismo de la dificultad de un muy improbable, por no decir imposible, regreso al estado salvaje, una <em>reversi\u00f3n <\/em>de la <em>condici\u00f3n humana <\/em>a nuestra <em>animalidad<\/em>, ante unas <em>formas de vida <\/em>comprometidas con su <em>Progreso <\/em>el cual nos cubre de capas sobre capas de fen\u00f3menos que constituyen y complican nuestras <em>habitaciones <\/em>del mundo, las cuales tienden al <em>abandono <\/em>de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta, entonces, ser\u00eda: \u00bfQu\u00e9 es una vida f\u00e1cil?, \u00bfPodemos llamar de esa forma a una vida integrada por una serie de fen\u00f3menos que nos vuelven dependientes de la posibilidad de una vida <em>productiva<\/em>, <em>eficiente <\/em>y tendiente al <em>consumo <\/em>o a confrontar todas las dificultades y <em>aparentes carencias <\/em>de una vida somera y frugal?<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos son dos extremos que se antojan absolutos y no quisiera optar por ninguno de los dos para no caer en un moralista cierre de <em>sentido<\/em>. Sin embargo, habr\u00eda que pensar qu\u00e9 es lo que est\u00e1 en juego entre dichas <em>posibilidades <\/em>en relaci\u00f3n con la <em>probabilidad <\/em>entre ambas. La primera, m\u00e1s comprometida con el <em>Progreso <\/em>entendido como el avance en la <em>complicaci\u00f3n <\/em>de nuestra vida constituida por las dependencias que la hacen <em>eficiente <\/em>y <em>productiva<\/em>, al grado de llegar a deshumanizarnos o, quiz\u00e1, tendientes a superar nuestra <em>humanidad <\/em>como fen\u00f3meno <em>f\u00edsico <\/em>y <em>corporal<\/em>. La segunda, m\u00e1s tendiente a la <em>autonom\u00eda <\/em>e <em>independencia <\/em>como posibilidades de la <em>habitaci\u00f3n <\/em>y <em>comprensi\u00f3n <\/em>de los supuestos peligros que significan para muchos hombres supuestamente civilizados los fen\u00f3menos de la Naturaleza, pero con el <em>problema <\/em>nada menor de tender a la <em>dificultad <\/em>de un <em>imposible <\/em>y <em>problem\u00e1tico <\/em>regreso a nuestra animalidad, lo cual tambi\u00e9n implicar\u00eda el <em>profundo conflicto <\/em>de desmontar nuestra <em>domesticaci\u00f3n <\/em>y rehabitar nuestra <em>animalidad <\/em>a partir de asumir y <em>comprender <\/em>al peligro como parte de nuestra vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos escenarios anteriores resultan <em>radicales<\/em>: el primero por lo contundente y profundo de la <em>subversi\u00f3n artificial <\/em>que implica, el segundo por el asiento en nuestra <em>ra\u00edz animal <\/em>que puede llegar a implicar nuestro reencuentro en la Naturaleza a trav\u00e9s de la revinculaci\u00f3n con nuestra <em>animalidad<\/em>. Sin embargo, ser\u00eda interesante pensar en lo siguiente: \u00bfQu\u00e9 tanto son posibles estadios intermedios entre tales posibilidades? \u00bfQu\u00e9 tanto los hemos ensayado? y \u00bfqu\u00e9 tanto hemos tenido \u00e9xito o fracaso en dichos intentos?<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos de una supuesta civilizaci\u00f3n comprometida con el Progreso, como ya hemos visto en el pasaje del encuentro de los documentos period\u00edsticos a los que nuestros personajes tienen acceso seg\u00fan la narraci\u00f3n de Conrad, los poderes f\u00e1cticos de los Imperios y Estados-Naci\u00f3n, a trav\u00e9s de sus siervos, consideran que llegan a los lugares que colonizan para proveerlos de una mejor y m\u00e1s <em>avanzada <\/em>forma de vida. Subestiman las <em>potencias <\/em>de los colonizados, supuestamente <em>b\u00e1rbaros<\/em>, capaces de llevar a cabo <em>habitaciones <\/em>de la Naturaleza. La supuesta inferioridad de dichos seres colonizados que, adem\u00e1s, es el <em>prejuicio<\/em> que integra al <em>problem\u00e1tico <\/em>porqu\u00e9 de haber sido conquistados, se basa en la supuesta <em>pasividad<\/em> implicada en <em>la falta de<\/em> <em>avance <\/em>de dichas <em>colectividades<\/em> quienes, por tal supuesta incapacidad, siguen sujetos a la <em>necesidad <\/em>dehabitar a la <em>Naturaleza <\/em>quedando subsumidos por la misma, seg\u00fan la <em>l\u00f3gica <\/em>del Progreso. Seg\u00fan dicho proyecto supuestamente <em>civilizatorio<\/em>, se trata de <em>sociedades<\/em> incapaces de superar el peligro que significa depender de la Naturaleza. Esto implica una supuesta <em>sujeci\u00f3n <\/em>a la <em>contingencia <\/em>de esta \u00faltima, en contra de la <em>seguridad <\/em>y <em>estaticidad <\/em>que supuestamente garantizan las <em>formas de vida <\/em>que constituyen a la llamada <em>civilizaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anterior nos confronta con una cara de la <em>discriminaci\u00f3n<\/em>,en el sentido m\u00e1s <em>problem\u00e1tico <\/em>de la palabra. Aquella que se basa en el planteamiento de una <em>aparente inferioridad<\/em> que supuestamente legitima al colonizador como <em>autoridad <\/em>capaz de tutelaje. Hablamos de la presunci\u00f3n del colonizador como supuesto mayor de edad que, por lo mismo, acaba siendo <em>autorizado<\/em> para <em>formar <\/em>al supuesto menor de edad: el colonizado, reduci\u00e9ndolo a pupilo de su <em>dominador<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ello motiva una importante <em>reflexi\u00f3n <\/em>acerca de las <em>pedagog\u00edas <\/em>entendidas como procesos <em>formativos <\/em>y <em>civilizatorios<\/em>. \u00bfQu\u00e9 tanto <em>formar <\/em>a alguien o tomar dicha misi\u00f3n en nuestras manos implica el peligro de propiciar el <em>cierre del sentido de su vida<\/em>? \u00bfDicho peligro no implica la posibilidad de inducir al colonizado a su <em>alienaci\u00f3n <\/em>como<em> naturalizaci\u00f3n <\/em>de su<em> esclavitud?<\/em> \u00bfNo implicar\u00eda dicho proceso la consumaci\u00f3n de la <em>dominaci\u00f3n <\/em>por parte del colonizador como consumaci\u00f3n de la <em>heteronom\u00eda <\/em>como territorializaci\u00f3n de una <em>subjetividad<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de un paternalismo que, desde los t\u00e9rminos de la posibilidad de un ejercicio <em>aut\u00f3nomo <\/em>de la raz\u00f3n, se evidencia sumamente cuestionable. Especialmente si advertimos que la renuncia al <em>ejercicio aut\u00f3nomo de la raz\u00f3n<\/em> ha derivado en la <em>dependencia <\/em>al proyecto civilizatorio del Progreso, lo cual como hemos visto ha sido afirmado por el propio Conrad. Por lo mismo, se evidencia cuestionable la <em>autoridad <\/em>de quienes han sido <em>formados <\/em>desde el principio de sus trayectorias vitales a trav\u00e9s del <em>proyecto civilizatorio del Progreso<\/em>. Podemos inferir la miseria que se evidencia en lo cuestionable del car\u00e1cter libertario de dicha comprensi\u00f3n de la <em>civilizaci\u00f3n<\/em>, en tanto que se antoja cuestionable y <em>problem\u00e1tica<\/em> la <em>independencia <\/em>de sus integrantes y, por lo tanto, su manera de comprender la<em> Libertad<\/em>. Especialmente si confrontamos dichos elementos con los resultados de la <em>praxis <\/em>implicada en el ejercicio del aprovechamiento de las propias <em>potencias vitales <\/em>por parte de los supuestamente <em>b\u00e1rbaros <\/em>e <em>incivilizados<\/em> que, a pesar de dicho prejuicio, han sido capaces de constituir sus <em>habitaciones vitales<\/em> con base en una relaci\u00f3n lo suficientemente arm\u00f3nica con la Naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>Para no caer en el error de idealizar la anterior posibilidad y con ello provocar el compromiso con un posicionamiento que se presuma o tienda a entenderse como <em>absoluto <\/em>capaz de cierre del <em>sentido<\/em>,no hagamos a un lado el que todo proyecto humano tiende a su <em>problematicidad <\/em>debido a la <em>falibilidad <\/em>inextricable a nuestra <em>finitud<\/em>, especialmente en relaci\u00f3n con la Naturaleza. Sin embargo, podemos distinguir posibilidades del ejercicio de nuestra libertad en todo emprendimiento de nuestra <em>cultura<\/em>, lo cual implica el discernimiento de nuestras <em>formas de vida<\/em>, incluyendo la advertencia y comprensi\u00f3n de lo \u00f3ptimo o pauperizante de las mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un claro ejemplo de dicho contraste lo encontramos enun momento en el que los protagonistas del cuento se sienten <em>vulnerables <\/em>y <em>azorados <\/em>por el abandono de sus trabajadores. Kayerts, con la poca <em>consciencia <\/em>implicada en el fen\u00f3meno de la alienaci\u00f3n, manifiesta la <em>ileg\u00edtima violencia<\/em> de su paternalismo como manifestaci\u00f3n de su creencia en la inferioridad de aquellos que ha colonizado: \u201c\u2012Casi no lo puedo creer \u2012dijo Kayerts, lloroso\u2012. Les cuid\u00e1bamos como si hubieran sido nuestros hijos\u201d. Independientemente de lo <em>problem\u00e1tica <\/em>que ya por s\u00ed misma resulta esta afirmaci\u00f3n, habr\u00eda que preguntarse: \u00bfqu\u00e9 tan bien trata un hombre comprometido con el proyecto supuestamente <em>civilizatorio <\/em>del Progreso a sus hijos? \u00bfRealmente a los Colonizados de la historia se les ha tratado alguna vez con un afecto semejante al de un hijo? \u00bfQu\u00e9 significa en dichos t\u00e9rminos y desde tales posicionamientos \u2012especialmente si los situamos en su correspondiente contexto hist\u00f3rico\u2012, tratar a alguien \u2012especialmente a un colonizado\u2012 como a un hijo? Este cuestionamiento resulta particularmente significativo en el caso de Kayerts porque una de sus motivaciones para el emprendimiento comercial que lleva a cabo es el profundo amor que siente por su hija: Melie.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos ante la interesante posibilidad de advertir c\u00f3mo nuestros m\u00e1s profundos <em>afectos<\/em> acaban comprometidos con nuestras din\u00e1micas de <em>consumo <\/em>y <em>producci\u00f3n<\/em>, adem\u00e1s de acabar comprometidos con valores como la <em>eficiencia <\/em>y la <em>seguridad <\/em>como garant\u00edas de una vida supresora de la <em>contingencia <\/em>y tendiente a la supuesta <em>estabilidad <\/em>de la <em>inercia<\/em>. Parece que la posibilidad del <em>acuerdo <\/em>y la <em>concordia <\/em>como fen\u00f3menos de <em>armon\u00eda<\/em>, en tanto que principios, resultan <em>distantes<\/em>. Las posibilidades semejantes a estos \u00faltimos principios s\u00f3lo ser\u00edan posibles desde la consolidaci\u00f3n de la <em>imposici\u00f3n <\/em>de las <em>condiciones <\/em>y <em>formas de vida <\/em>del <em>colonizador<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Un ejemplo de tal <em>condicionamiento<\/em> lo encontramos cuando nuestros personajes descubren el porqu\u00e9 del aparente abandono de sus trabajadores. Al servicio de ambos hombres est\u00e1 un colonizado natural de la regi\u00f3n: Makola. \u00c9ste aprendi\u00f3 a sobrevivir a trav\u00e9s de dicha servidumbre, al grado de poder mantener a su familia, integrada por su mujer y sus hijos. Makola aprendi\u00f3 a llevar a cabo la contabilidad del lugar y a trabajar con los libros y cuadernos para ello. Aprendi\u00f3 a llevar a cabo los tratos del hombre blanco y la administraci\u00f3n de los mismos, de la manera en la cual lo han constre\u00f1ido sus amos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a pesar de lo anterior, Makola parece haberse equivocado, incluso a pesar de los resultados del trato. Los dos protagonistas del cuento no contaban con la aparente adversidad de la <em>contingencia <\/em>de su circunstancia ni mucho menos con que la rigidez de sus <em>formas <\/em>de negociaci\u00f3n iba a constituir un obst\u00e1culo seg\u00fan sus expectativas, a pesar de haber ense\u00f1ado bien a un conquistado a conducirse con su misma <em>l\u00f3gica<\/em>: \u201c\u2012No fue un trato corriente \u2012dijo Makola\u2012. Trajeron el marfil y me lo dieron. Les dije que se llevaran lo que m\u00e1s les apeteciera de la factor\u00eda. Es un marfil estupendo. Ninguna estaci\u00f3n tendr\u00e1 colmillos como \u00e9stos. Los comerciantes necesitaban portadores y nuestros hombres no serv\u00edan para nada. Ning\u00fan trato, ninguna entrada en los libros; todo correcto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Makola hab\u00eda obtenido excelentes ejemplares de colmillos de elefante sumamente valiosos, a cambio de la poco eficiente mano de obra de la empresa. Lo anterior, ante la situaci\u00f3n relativamente precaria de la empresa desde la llegada a la misma de los dos protagonistas del cuento. Estos \u00faltimos, como parte de su misi\u00f3n, deb\u00edan resolver dicho decaimiento. Makola, con base en lo que le hab\u00edan ense\u00f1ado y sujeto a las condiciones establecidas por el hombre blanco, hizo lo que consider\u00f3 mejor para la empresa y consigui\u00f3 buenos resultados que, podemos inferir, pueden constituir una excelente inversi\u00f3n para la empresa con muy buenos resultados en ventas y, por lo tanto, tambi\u00e9n en ganancias. Lo anterior se antoja un logro si tomamos en cuenta las circunstancias. Por lo menos lo ser\u00eda si <em>apreci\u00e1ramos<\/em> la <em>contingencia <\/em>y <em>emergencia <\/em>como din\u00e1micas de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a pesar del \u00e9xito de la explotaci\u00f3n de la Naturaleza y del aniquilamiento de la <em>magnitud sublime <\/em>de la misma, los hombres blancos demuestran su ambici\u00f3n al indignarse con Makola. No quer\u00edan ni perder ni apostar nada, quer\u00edan todo, incluyendo su <em>fuerza de trabajo <\/em>que jam\u00e1s se imaginaron perder, a pesar de lo precaria de su circunstancia. Para ellos, en tanto que <em>due\u00f1os <\/em>y <em>amos<\/em>, hacer negocio no debe contemplar riesgo, \u00fanicamente grosera explotaci\u00f3n y, por lo tanto, s\u00f3lo debe haber ganancia. No hay lugar para la <em>contingencia<\/em> y su desventaja, lo cual implica hacer la menor <em>inversi\u00f3n<\/em> sin importar su dificultad ante dicho escenario.<\/p>\n\n\n\n<p>Los dos hombres hab\u00edan llegado para dominar a la Naturaleza, para <em>civilizar <\/em>matando a <em>la Vida<\/em> que la constituye y, por ello, \u00e9sta \u00faltima debe rendirse servilmente y no representar desventaja alguna. Ante la <em>sublime magnitud<\/em> de tan <em>ingente <\/em>adversidad, \u00bfno se antoja dicha voluntad, adem\u00e1s de un desprop\u00f3sito, un inevitable motivo de profunda angustia? La absurda renuncia a la posibilidad de la comprensi\u00f3n de la <em>l\u00f3gica<\/em> intr\u00ednseca de la <em>materialidad concreta <\/em>de su <em>circunstancia<\/em> por parte de estos dos hombres blancos resulta desconcertante para el propio Makola quien tan s\u00f3lo hizo su trabajo: \u201c\u2012Hice lo que m\u00e1s conven\u00eda a ustedes y a la Compa\u00f1\u00eda \u2012dijo Makola, imperturbable\u2012. \u00bfPor qu\u00e9 grita tanto? Mire ese colmillo\u201d. El empleado hab\u00eda hecho un trato excelente correspondiendo con lo que le hab\u00edan ense\u00f1ado y, sin embargo, sus jefes no est\u00e1n satisfechos. Se evidencia la postura de ambos hombres ante las reglas de su propio juego, en tanto que integrantes del proyecto supuestamente <em>civilizatorio <\/em>del Progreso: Carlier y Kayerts siempre tienen que ganar y, para ello, todo el mundo tiene que perder. Tal es la <em>econom\u00eda<\/em>, recordemos que la palabra <em>econom\u00eda<\/em>, cuyas ra\u00edces son: o\u03b9\u03bao\u03c3y \u03bdo\u03bco\u03c3, significa: la ley de la casa. En este caso, la casa siempre gana y, para ello, <em>todos<\/em> tenemos que perder.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de aquel <em>desencuentro<\/em>, ambos hombres se sent\u00edan enga\u00f1ados y defraudados. Cre\u00edan que todo aquello hab\u00eda sido un plan de Gobila, el sacerdote de la tribu que, con ayuda de Makola, se hab\u00eda llevado a los hombres, embriagados por el fuerte vino de palma que Makola les hab\u00eda ofrecido. Quiz\u00e1 pensando en la indefensi\u00f3n de sus perdidos trabajadores en el momento de su extrav\u00edo, los protagonistas declaran: \u201c\u2012La esclavitud es una cosa horrible \u2012balbuce\u00f3 Kayerts con voz quebrada. \u2012Terrible, toda clase de sufrimientos \u2012gru\u00f1\u00f3 Carlier con convicci\u00f3n\u201d. Sin embargo, m\u00e1s que pensar en la circunstancia de sus subordinados, parec\u00eda que pensaban en la indefensi\u00f3n y extrav\u00edo que les causaba su propia <em>servidumbre<\/em>, comprometida con el problem\u00e1tico anhelo que entra\u00f1a el supuesto proyecto civilizatorio del <em>Progreso<\/em>: \u201cNadie sabe lo que significa el sufrimiento o el sacrificio, excepto quiz\u00e1 las v\u00edctimas de la misteriosa intenci\u00f3n de esas ilusiones\u201d. Pensando en estos t\u00e9rminos, parece evidenciarse la trampa del poder: la <em>ilusi\u00f3n <\/em>del futuro y <em>la aparente seguridad del bienestar <\/em>como fin de la <em>contingencia <\/em>y su <em>incertidumbre<\/em>, <em>el cierre del sentido de nuestras vidas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCon que clase de desprop\u00f3sitos estamos y seguiremos comprometidos?, \u00bfes tan racional nuestra vida como se nos ha hecho creer o, justamente, hemos renunciado a varias de las m\u00e1s importantes posibilidades de la <em>raz\u00f3n <\/em>para permitir la <em>sinraz\u00f3n <\/em>implicada en la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de nuestro deseo?<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que lo anterior se evidencia en los males que el proyecto supuestamente <em>civilizatorio <\/em>del Progreso ha llevado a los lugares que ha colonizado, haciendo cuestionable la mejor\u00eda que supuestamente significa la <em>forma de vida <\/em>que propone. Conrad, con una admirable comprensi\u00f3n de lo anterior para su \u00e9poca dada la atm\u00f3sfera <em>imperante <\/em>de la misma, nos ofrece un escenario en el que queda claro lo <em>problem\u00e1tico <\/em>de nuestro deseo: si <em>civilizarnos <\/em>es <em>humanizarnos<\/em>, debemos estar alerta de si realmente queremos <em>humanizarnos <\/em>porque, muy probablemente, jam\u00e1s dejaremos de ser <em>humanos, demasiado humanos<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>[\u2026] los blancos, que hab\u00edan tra\u00eddo mala gente al pa\u00eds. La mala gente se hab\u00eda ido, pero el miedo continuaba. El miedo siempre permanece. Un hombre puede destruir todo lo que hay en su interior, el amor, el odio, las creencias e incluso la duda; pero mientras se aferra a la vida no puede destruir el miedo; el miedo, sutil, indestructible y terrible, que invade todo su ser; que impregna sus pensamientos; que ronda en su coraz\u00f3n; que observa en sus labios la lucha del \u00faltimo aliento.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estas palabras de Conrad advertimos el posicionamiento del narrador ante la dolorosa herencia del Progreso en m\u00e1s de un territorio en el cual ha sido padecido o se sigue padeciendo, principalmente en el caso de los territorios de la <em>subjetividad<\/em> de quienes lo padecieron y lo seguimos padeciendo. El miedo es una experiencia constitutiva que no hay que juzgar, negar o reprender sino comprender porque, como bien lo se\u00f1ala nuestro autor, se trata de un impulso vital, una afirmaci\u00f3n de la vida, en tanto que <em>experiencia sublime de nuestra finitud constitutiva<\/em>. Una <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestro dolor, su <em>padecimiento <\/em>y, por lo tanto, una <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestro cuerpo, <em>nuestra sensaci\u00f3n <\/em>y de <em>nosotros mismos<\/em>. Una plenitud en la que puede consistir la <em>experiencia <\/em>de nuestra <em>adversidad <\/em>como fen\u00f3meno <em>constitutivo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo podr\u00eda ser qu\u00e9, ante lo terrible de nuestra historia, dicha <em>experiencia sublime-terror\u00edfica<\/em> pueda ser subvertida al grado de convertirse en una <em>potencia <\/em>en tanto que manifestaci\u00f3n de nuestro cuerpo y <em>posicionamiento vital <\/em>del mismo ante tal <em>adversidad <\/em>que implique nuestra sobrevivencia? Pueden <em>dominarnos<\/em>, sin embargo, en la vida de un cuerpo, en ese \u00faltimo aliento del que habla Conrad, mientras haya vida est\u00e1 presente la potencia invencible de esta \u00faltima. Quiz\u00e1 sea lo m\u00e1s importante que haya que aprender de aquellos que saben realmente qu\u00e9 es la esclavitud, qu\u00e9 es ser sujeto de <em>dominaci\u00f3n<\/em> y <em>colonizaci\u00f3n<\/em>, qu\u00e9 es ser <em>colonizado<\/em> y, por lo tanto, qu\u00e9 es ser sujeto de estigmatizaci\u00f3n y exterminio.<\/p>\n\n\n\n<p>La situaci\u00f3n en la regi\u00f3n era sumamente dif\u00edcil. La falta de recursos, incluyendo la comida, era notoria. Carlier consigue cazar un hipop\u00f3tamo. Sin embargo, no puede capturar el cuerpo del animal a tiempo por falta de infraestructura y el cad\u00e1ver se hunde en el r\u00edo en el que fue cazado hasta desaparecer, probablemente alejado por la corriente del sitio en el que estaba. Despu\u00e9s aparecer\u00e1 flotando cerca de la aldea lidereada por el brujo Gobila, lo cual represent\u00f3 un hecho de gran fortuna para tal colectividad. Sin embargo, el posicionamiento y la reacci\u00f3n por parte de Carlier ante tal situaci\u00f3n es particularmente llamativa y poco sorprendente por parte de uno de los ejecutores del Progreso: \u201cFue ocasi\u00f3n para una fiesta nacional, pero Carlier tuvo un ataque de rabia y dijo que era necesario exterminar a todos los negros para que el pa\u00eds fuera habitable\u201d. Vemos como la dificultad para la obtenci\u00f3n de recursos contempla la posibilidad del exterminio de los subordinados cuando representan un obst\u00e1culo para ello, evidenci\u00e1ndose la inferioridad que asume el colonizador sobre el colonizado. La explotaci\u00f3n implicada en la din\u00e1mica <em>consumo-producci\u00f3n<\/em> hace pertinente a los cuerpos colonizados s\u00f3lo en la medida en que son <em>consumibles <\/em>y <em>explotables<\/em> (podemos inferir que no s\u00f3lo laboralmente) y, en esa medida, el <em>consumo <\/em>y la <em>explotaci\u00f3n <\/em>llevados a cabo por ellos implica el peligro de su <em>emancipaci\u00f3n<\/em> al ser capaces de <em>propiedad <\/em>y, por lo tanto, convertirse en<em> propietarios<\/em>. Ello les dar\u00eda la suficiente paridad para dejar de ser subordinados, transform\u00e1ndose as\u00ed en adversarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos ante un caso semejante en una situaci\u00f3n extrema. Sin embargo, lo significativo es lo imperante de dicha l\u00f3gica y su emergencia en t\u00e9rminos <em>raciales <\/em>y en relaci\u00f3n con las <em>condiciones materiales <\/em>que han sido <em>subsumidas <\/em>por condiciones <em>morales <\/em>que <em>aparentemente legitiman <\/em>al poder. Sin embargo, dicha legitimidad se manifiesta cuestionable ante lo relativo, variable, circunstancial, emergente y contingente de las condiciones de <em>poder<\/em>, especialmente en condiciones tan vol\u00e1tiles. Conrad evidencia con ello lo <em>arbitrario <\/em>de la <em>propiedad <\/em>como principio de <em>legitimidad <\/em>del ejercicio del <em>Poder<\/em>. Se puede inferir que este \u00faltimo no es referente de Justicia y, por lo tanto, tampoco se puede asumir a la <em>propiedad <\/em>como principio de esta \u00faltima<em>. <\/em>Por lo tanto, la condici\u00f3n de <em>propietario <\/em>como principio de legitimidad del <em>poder <\/em>implica ir en contra de la <em>racionalidad <\/em>de lo indeterminable e ingente de los fen\u00f3menos del mundo \u2012adem\u00e1s de no tomar en cuenta la <em>inconmensurabilidad <\/em>de la <em>Naturaleza<\/em>\u2012, yendo en contra de la supuesta <em>racionalidad <\/em>que se ha asumido como gu\u00eda del <em>Progreso <\/em>como <em>proyecto civilizatorio de la humanidad<\/em>. Tan cuestionable oposici\u00f3n a la raz\u00f3n suele posibilitar la <em>perversa <\/em>detentaci\u00f3n del poder, haciendo de este \u00faltimo un fen\u00f3meno siempre susceptible de abuso.<\/p>\n\n\n\n<p>Con ello Conrad evidencia al <em>absurdo <\/em>como fen\u00f3meno que desaf\u00eda a la <em>aparente racionalidad <\/em>que se nos ha impuesto como principio constitutivo de nuestra <em>habitaci\u00f3n <\/em>del mundo, con la cual tendemos al <em>abandono <\/em>de la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestras vidas. Justo eso es lo que podemos inferir en el pensamiento de Kayerts ante el momento contundente de la obra, signado por una particular adversidad que acaba derivando en lo terrible: \u201cEstaba completamente obsesionado por la s\u00fabita percepci\u00f3n de que nada ten\u00eda sentido, de que en aquellos momentos tanto la vida como la muerte se hab\u00edan convertido en algo igualmente dif\u00edcil y terrible.\u201d Dicho protagonista de la obra, a ra\u00edz de tal adversidad, hab\u00eda acabado en un duelo digno de an\u00e1lisis con su compa\u00f1ero. Ambos hab\u00edan reservado en una caja fuerte los \u00faltimos quince terrones de az\u00facar de sus despensa y media botella de co\u00f1acen caso de enfermedad. Su dieta frugal consist\u00eda en caf\u00e9 sin az\u00facar y arroz hervido. Tan ins\u00edpida rutina alimenticia desesper\u00f3 a los dos <em>civilizados <\/em>hombres, manifestando con ello su dependencia a una din\u00e1mica de consumo implicada en una <em>forma de vida<\/em> que los hac\u00eda dependientes de los <em>productos <\/em>espec\u00edficos que tambi\u00e9n eran elementos de la misma al constituirla. Carlier, harto de dicha <em>insatisfacci\u00f3n<\/em>, confront\u00f3 a Kayerts para que le diera az\u00facar y co\u00f1ac, principalmente un terr\u00f3n de az\u00facar para su caf\u00e9. Quien dir\u00eda que ante tal panorama en el que se evidencia la tensi\u00f3n entre nuestra <em>necesidad <\/em>y nuestro <em>deseo<\/em> se suscitar\u00eda el desenlace fatal de ambos hombres a manos de ellos mismos. Los dos <em>misioneros <\/em>de la civilizaci\u00f3n sucumbieron ante su propia fragilidad. Acabaron derrotados por la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de su <em>deseo<\/em>, l\u00e1bil por estarsubsumido por la <em>apetencia <\/em>vuelta <em>necesidad<\/em>, a pesar de ser <em>propietarios <\/em>y, por lo tanto, supuestos hombres libres y leg\u00edtimos due\u00f1os, autorizados para ejercer el poder. Kayerts, quiz\u00e1 sin poder advertir las consecuencias de su <em>rigidez <\/em>o su incapacidad de llevar a cabo una decisi\u00f3n m\u00e1s <em>flexible<\/em>, acaba matando a Carlier por un terr\u00f3n de az\u00facar. He ah\u00ed el <em>absurdo <\/em>que evidencia Conrad de manera contundente:<\/p>\n\n\n\n<p>Dio la vuelta a la galer\u00eda mientras Kayerts permanec\u00eda sentado mirando el cuerpo. Makola volvi\u00f3 con las manos vac\u00edas, qued\u00f3 sumido en sus pensamientos, luego entr\u00f3 tranquilamente en la habitaci\u00f3n del muerto y sali\u00f3 con un revolver que ense\u00f1\u00f3 a Kayerts. Kayerts cerr\u00f3 los ojos. Todo empez\u00f3 a girar en torno suyo. La vida era ahora m\u00e1s dif\u00edcil y m\u00e1s terrible que la muerte. Hab\u00eda matado a un hombre desarmado.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfC\u00f3mo no dejar de cuestionar la racionalidad del Progreso que se supone representan estos hombres debido al <em>compromiso <\/em>con su <em>civilizaci\u00f3n<\/em>, manifiesto en los <em>h\u00e1bitos <\/em>de <em>consumo <\/em>y <em>producci\u00f3n <\/em>que constituyen sus respectivas vidas? \u00bfC\u00f3mo es posible que el Progreso incluya tan terrible desenlace por parte de aquellos que representaban la promesa de una mejor <em>forma de vida <\/em>y que, adem\u00e1s, trabajaban para ella? \u00bfDe qu\u00e9 manera se manifest\u00f3 aqu\u00ed, pensando en t\u00e9rminos de <em>necesidad <\/em>y <em>deseo<\/em>, la represi\u00f3n de estos \u00faltimos en lugar de su <em>comprensi\u00f3n <\/em>como fen\u00f3menos <em>constitutivos <\/em>implicados en nuestra <em>animalidad<\/em>? Este proceso de <em>comprensi\u00f3n <\/em>planteado con el fin de afirmar una <em>humanidad <\/em>en contra de su<em> sesgo, mutilaci\u00f3n <\/em>y <em>deshabitaci\u00f3n<\/em>,ante el peligro \u2012en este caso siguiendo dicho desenlace\u2012 de la <em>barbarie <\/em>de su autodestrucci\u00f3n. \u00bfHan dejado de ser alguno de los cuestionamientos anteriores referentes de la <em>problematicidad <\/em>de muchos de nuestros fen\u00f3menos <em>contempor\u00e1neos<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conrad lo dice bien, en lugar de hacerse la luz\u2026:<\/p>\n\n\n\n<p>Lleg\u00f3 la noche y Kayerts se sent\u00f3 inm\u00f3vil en su sill\u00f3n. Se sent\u00eda tranquilo, como si hubiera tomado una dosis de opio. La violencia de las emociones que hab\u00eda experimentado le produc\u00eda una sensaci\u00f3n de agotada serenidad. Hab\u00eda vivido en una corta tarde todas las profundidades del horror y de la desesperaci\u00f3n y ahora hab\u00eda encontrado el reposo en la convicci\u00f3n de que la vida ya no ten\u00eda secretos para \u00e9l: \u00a1ni tampoco la muerte! Se sent\u00f3 junto al cad\u00e1ver, pensando; pensaba intensamente, le sobreven\u00edan nuevos pensamientos. Le parec\u00eda que se hab\u00eda desprendido de s\u00ed mismo por completo. Sus antiguos pensamientos, convicciones, gustos y antipat\u00edas, las cosas que respetaba y las que aborrec\u00eda se le presentaban ahora bajo su verdadera luz. Parec\u00edan despreciables e infantiles, falsas y rid\u00edculas. Se sent\u00eda a gusto con su nueva sabidur\u00eda, sentado junto al hombre que hab\u00eda matado. Discut\u00eda consigo mismo sobre todas las cosas que hab\u00eda bajo el cielo, con esa especie de extraviada lucidez propia de algunos lun\u00e1ticos. De paso reflexion\u00f3 que, de todos modos, el muerto era una bestia da\u00f1ina; que diariamente se mor\u00edan miles de personas, tal vez centenares de miles \u2012\u00bfqui\u00e9n pod\u00eda saberlo?\u2012, y que en esa cantidad una muerte m\u00e1s no importaba; no ten\u00eda importancia, al menos para una criatura capaz de pensar. \u00c9l, Kayerts, era una criatura capaz de pensar. Hasta aquel momento de su vida hab\u00eda cre\u00eddo muchos absurdos, como el resto de la humanidad, formada por tontos; \u00a1pero ahora pod\u00eda pensar! Se sent\u00eda en paz; conoc\u00eda bien la filosof\u00eda m\u00e1s elevada. Luego intent\u00f3 imaginarse muerto y a Carlier sentado en su sill\u00f3n, contempl\u00e1ndole; y lo consigui\u00f3 de tal forma que en pocos instantes ya no supo quien estaba muerto y qui\u00e9n estaba vivo. Esa extraordinaria conquista de su imaginaci\u00f3n, sin embargo, le dej\u00f3 estupefacto y tuvo que hacer un complicado y oportuno esfuerzo mental para salvarse a tiempo de convertirse en Carlier. Su coraz\u00f3n palpit\u00f3 y sinti\u00f3 calor en todo su cuerpo pensando en el peligro pasado. \u00a1Carlier! \u00a1Qu\u00e9 cosa m\u00e1s bruta! Para tranquilizar sus excitados nervios \u2012\u00a1no era sorprendente que estuvieran as\u00ed!\u2012 intent\u00f3 silbar un poco. De pronto se qued\u00f3 dormido o, al menos, crey\u00f3 dormir; pero hab\u00eda niebla y alguien hab\u00eda silbado en aquella niebla.<\/p>\n\n\n\n<p>En este largo y crucial pasaje de la obra de Conrad, con maestr\u00eda el autor describe c\u00f3mo la <em>consciencia <\/em>de un cuerpo <em>escindido <\/em>por <em>la sublime experiencia <\/em>de su <em>finitud<\/em> comienza a hacer una serie de <em>racionalizaciones <\/em>para sobrevivir, pasando tambi\u00e9n por la <em>perversidad <\/em>de <em>imaginaciones extravagantes<\/em> que intentan justificar <em>lo terrible <\/em>cuando se est\u00e1 ante ello como autor del acto o de los actos que lo han hecho posible. Conrad nos confronta con el dolor de haber llevado a cabo lo irreparable, lo cual puede implicar tanto el fen\u00f3meno del <em>remordimiento <\/em>como el de la <em>culpa<\/em>. Esta \u00faltima consiste en la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>y <em>juicio narcisistas <\/em>de creer que <em>adoleciendo <\/em>un dolor punitivo podemos reparar nuestro irreparable error, como si fu\u00e9ramos Dioses que con nuestro sufrimiento fu\u00e9ramos capaces de retroceder el tiempo. Hago esta diferencia porque el <em>remordimiento <\/em>tiene la <em>legitimidad <\/em>de manifestar una <em>consciencia <\/em>de lo terrible e irreparable que hemos hecho. Un fen\u00f3meno que el budismo llama: <em>hr\u012b<\/em>, palabra en pali que suele traducirse como: remordimiento. La legitimidad de la culpa yace en que en ella se manifiesta lo que puede un cuerpo ante tales <em>circunstancias<\/em>. Sin embargo, como ya hemos explicado, implica el <em>apego <\/em>a la <em>imposibilidad <\/em>de nuestro deseo y suele ser un recurso de <em>control <\/em>por parte de las morales imperantes, ello hace de la <em>culpa <\/em>un fen\u00f3meno <em>problem\u00e1tico<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad narra la <em>angustia <\/em>de Kayerts, un cuerpo <em>escindido <\/em>ante un hecho que desaf\u00eda la <em>racionalidad <\/em>de la <em>forma de vida <\/em>con la que se hab\u00eda comprometido, debido a que la misma, junto con sus <em>dependencias <\/em>implicadas, lo han llevado a tan terrible resultado y nefasta consecuencia. Quiz\u00e1 puede inferirse en tal <em>dolor <\/em>la advertencia de la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de Kayerts de ser <em>esclavo <\/em>del proyecto del Progreso. Una esclavitud debida a la <em>irreflexividad <\/em>implicada en la falta de <em>autonom\u00eda <\/em>que lo hab\u00eda reducido a dicha condici\u00f3n <em>infantiloide <\/em>para ser parte de su <em>civilizaci\u00f3n <\/em>de origen como ya nos hab\u00eda advertido Conrad. Kayerts experimenta el dolor de dicha <em>consciencia<\/em>, el dolor de ser <em>consciente<\/em>, lo que Hegel defin\u00eda, en tanto que buen rom\u00e1ntico, como: el <em>desgarro de la<\/em> <em>penetraci\u00f3n de la consciencia<\/em>.Esta \u00faltima intenta no desestructurarse y mantener su orden ante el <em>padecimiento <\/em>de su <em>sublime finitud<\/em>. Intenta su sobrevivencia en medio de su <em>angustia<\/em>, la <em>noche <\/em>del cuerpo. De ah\u00ed la racionalizaci\u00f3n y el intento del cuerpo de armonizarse manifiesto en el silbido. Un ejemplo que pone Freud en <em>Inhibici\u00f3n, s\u00edntoma y angustia<\/em>: el caminante que silva para sobrellevar la angustia que le produce caminar en medio de la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, tanta angustia puede ser demasiado desaf\u00edo para la finitud de cualquier cuerpo vivo. La muerte no es cualquier evento, especialmente para aqu\u00e9l que, de cualquier forma, pudiera ser el autor de su emergencia. Basta con imaginarlo para padecer el <em>sufrimiento<\/em> de la <em>imaginaci\u00f3n <\/em>misma de tal <em>dolor<\/em>. Si ya hay una <em>sensaci\u00f3n <\/em>significativa en ello, \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 en el caso de qui\u00e9n lo vive? Siempre ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil inferirlo sin que alcance nuestra imaginaci\u00f3n cuando uno ha tenidola fortuna de jam\u00e1s haber experimentado algo semejante como es mi caso:\u201cSe puso en pie, mir\u00f3 al cad\u00e1ver y alz\u00f3 los brazos dando un grito como el de un hombre que, al despertarse de un trance, se encuentra para siempre en una tumba\u201d. Kayerts ha sido derrotado por <em>la sublime experiencia de su finitud<\/em> porque ha rebasado <em>los leg\u00edtimos l\u00edmites de las potencias de su cuerpo<\/em>. <em>El cuerpo de Kayerts y lo que puede<\/em> se han confrontado con una de las evidencias y <em>accidentes <\/em>m\u00e1s contundentes de <em>la Contingencia<\/em> que probablemente jam\u00e1s podr\u00e1 suprimir ni solucionar el Progreso: la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>A la regi\u00f3n lleg\u00f3 el Director Gerente de la Gran Compa\u00f1\u00eda Civilizadora, \u201c(ya sabemos que la civilizaci\u00f3n sigue al comercio) desembarc\u00f3 el primero y sin detenerse dej\u00f3 atr\u00e1s al vapor. La niebla r\u00edo abajo era cada vez m\u00e1s densa; arriba de la estaci\u00f3n la campana sonaba incesante y bronca\u201d, as\u00ed describe el arribo de dicho personaje Joseph Conrad. Hab\u00eda llegado para dar cuenta de la circunstancia del negocio y sus encargados. Un control de da\u00f1os con el fin de que contin\u00faen las funciones, procesos y objetivos de la Compa\u00f1\u00eda, a partir de su informe y la evaluaci\u00f3n de tal situaci\u00f3n que derive en un posicionamiento posterior con su respectiva mejor soluci\u00f3n. Sin embargo, la imagen que se encontrar\u00eda ser\u00eda la del discurso de un cuerpo que evidenciaba el fracaso estructural de una misi\u00f3n regida por una<em> aparente<\/em> <em>racionalidad <\/em>(una <em>racionalidad sesgada e instrumentalizada<\/em>) que hab\u00eda provocado lo <em>terrible <\/em>de la <em>causalidad <\/em>que <em>defend\u00eda <\/em>como manifestaci\u00f3n <em>del absurdo <\/em>de los <em>compromisos <\/em>con <em>nuestro deseo <\/em>cuando es<em> incomprendido<\/em>, implicados en <em>nuestras formas de vida<\/em>. El Director Gerente de la Gran Compa\u00f1\u00eda Civilizadora\u2026:<\/p>\n\n\n\n<p>Se qued\u00f3 en pie y busc\u00f3 afanosamente en sus bolsillos una navaja mientras miraba a Kayerts, que estaba colgado por una cuerda de cuero de la cruz. Evidentemente, hab\u00eda subido a la tumba, que era alta y estrecha, y despu\u00e9s de atar el extremo de la correa al travesa\u00f1o, se hab\u00eda dejado caer. Los dedos de sus pies estaban a s\u00f3lo unas pulgadas de la tierra; sus brazos colgaban, tiesos; parec\u00eda estar r\u00edgidamente cuadrado en posici\u00f3n de firmes, pero con una mejilla de color p\u00farpura juguetonamente posada sobre su hombro, Y, con indolencia, mostraba su hinchada lengua al Director Gerente.<\/p>\n\n\n\n<p>Conrad describe la postura del cad\u00e1ver \u2012hallado en la tumba de Carlier\u2012 con la rigidez de un cuerpo obediente, semejante a un soldado o un militante. Pareciera el signo del condicionamiento de <em>una forma de vida<\/em>, <em>una manera de vivir<\/em>, en el cuerpo que la habit\u00f3. El habla de un cuerpo muerto manifiesto en las graf\u00edas que son las huellas de su trayecto vital. Finalmente, la gran burla correspondiente con el <em>absurdo <\/em>y <em>sinsentido <\/em>manifiestos en el <em>desprop\u00f3sito <\/em>de dicha <em>misi\u00f3n <\/em>y su terrible <em>desenlace<\/em>: Kayerts, como un ni\u00f1o, le saca la <em>lengua <\/em>al personaje \u00faltimo e incidental que representa tanto al <em>Progreso <\/em>como a la <em>Civilizaci\u00f3n <\/em>que lo ha generado y legitimado como <em>cierre del sentido de nuestras vidas<\/em> y manifestaci\u00f3n de la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de nuestro <em>deseo<\/em>. Lo anterior, fen\u00f3menos inextricablemente comprometidos con nuestra <em>responsabilidad<\/em> y, por lo tanto, fen\u00f3menos de lo <em>problem\u00e1tica <\/em>que resulta <em>nuestra Libertad<\/em>, al igual que nuestra especie.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEl cazador es el que conoce los l\u00edmites de la ritualizaci\u00f3n de los dem\u00e1s [\u2026] El fundamento de la caza es el ritual del cazado.\u201d Antonio Escohotado El mundo es un animal, un ser vivo que manifiesta en su complejidad lo ingente e inconmensurable de sus potencias vitales. Los estoicos cre\u00edan en ello. 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