{"id":282,"date":"2022-11-07T13:46:12","date_gmt":"2022-11-07T13:46:12","guid":{"rendered":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=282"},"modified":"2022-11-07T13:46:14","modified_gmt":"2022-11-07T13:46:14","slug":"el-aliento-de-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2022\/11\/07\/el-aliento-de-la-noche\/","title":{"rendered":"El aliento de la noche"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-283\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0-300x169.jpg 300w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0-768x432.jpg 768w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2022\/11\/1ba84a65-573e-46f0-8876-2273dbfb7c3c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">\u201cNo lo olvides:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">caminamos por el infierno,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">contemplando flores.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Bash\u014d Matsuo<\/p>\n\n\n\n<p>Hace veinte a\u00f1os le\u00ed por primera vez <em>Manuscrito hallado en una botella <\/em>de Edgar Allan Poe. Su impacto fue tal que hasta ahora comprendo la definitiva influencia que tuvo en mi vida. Desde hace tiempo parecer\u00eda obvio que as\u00ed es. Algo que parece manifiesto en la franca decisi\u00f3n que surgi\u00f3 entonces de escribir y en el claro homenaje a dicho cuento en el t\u00edtulo de mi \u00fanico libro de narrativa publicado: <em>Manuscritos hallados en un bote de basura<\/em>. Sin embargo, con una particular espontaneidad que tambi\u00e9n apenas advierto y que no deja de sorprenderme, regres\u00e9 a la <em>habitaci\u00f3n<\/em> del aliento sabio del maestro como quien regresa a casa. Como alguien que vuelve a encontrarse consigo mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El relato del poeta posee un detonador principal caracterizado por la intensidad de lo \u00e1lgido. Este corresponde con las sofisticad\u00edsimas inquietudes cient\u00edficas del tambi\u00e9n gran narrador, manifiestas en el papel de la <em>Naturaleza<\/em> y sus <em>materialidades <\/em>en varios de sus relatos:<\/p>\n\n\n\n<p>[\u2026] cada momento nos amenazaba con ser el \u00faltimo de nuestra vida, las inmensas olas se acercaban para destruirnos. El oleaje sobrepasaba todo lo que yo cre\u00eda posible y es un milagro que no nos hubi\u00e9ramos hundido en un instante. Mi compa\u00f1ero se refiri\u00f3 a lo ligero de nuestra carga y me record\u00f3 las excelentes caracter\u00edsticas de nuestro barco, pero yo no pod\u00eda evitar sentir la absoluta desesperanza de la esperanza misma y me preparaba tristemente para una muerte que, cre\u00eda, nada pod\u00eda postergar m\u00e1s de una hora, ya que con cada nudo de camino que atravesaba el barco, el oleaje de aquel terrible y oscuro mar se volv\u00eda m\u00e1s amenazante. Por momentos, jade\u00e1bamos en busca de aire, alzados a una altura mayor a la del albatros; en otros, nos mare\u00e1bamos por la velocidad del descenso a alg\u00fan infierno de agua, donde el aire parec\u00eda estancado y ning\u00fan sonido interrump\u00eda el adormecimiento del monstruo marino.<\/p>\n\n\n\n<p>La dolorosa <em>magnitud<\/em> de <em>lo sublime<\/em> <em>impresiona<\/em> a un cuerpo confrontado con su propia <em>finitud<\/em>. Un <em>sentimiento <\/em>que implica la <em>habitaci\u00f3n<\/em> de nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>que, podemos inferir, puede ser semejante a la que inspira el estar atrapado en las <em>finitas <\/em>fronteras de nuestra piel ante el mundo. Una experiencia cercana a la muerte por estar relacionada con su deducida semejanza con el \u00faltimo transcurrir de un cuerpo durante el momento inmediato de la extinci\u00f3n de su vida. No podemos escapar o ir m\u00e1s all\u00e1 de nuestra <em>finitud<\/em> cuando \u00e9sta resulta sometida a un constre\u00f1imiento radical de la misma, semejante al cual nos presenta el escritor estadounidense. Sin tal constre\u00f1imiento, queda la libertad implicada en la posibilidad de nuestras huellas en el mundo como <em>habitaci\u00f3n <\/em>o <em>estadio <\/em>del mismo. Una manifestaci\u00f3n de nuestras <em>potencias <\/em>capaces de ir m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos, la cual implica una respectiva <em>independencia <\/em>de nuestros actos y sus fen\u00f3menos en relaci\u00f3n con nosotros mismos, a pesar de la respectiva <em>dependencia <\/em>de dichos fen\u00f3menos a la indeterminabilidad de la <em>contingencia <\/em>del mundo y sus emergencias.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen que nos ofrece el autor bostoniano es la de la <em>indefensi\u00f3n <\/em>de un cuerpo ante las potencias de la <em>Naturaleza<\/em>, quiz\u00e1, en una de sus m\u00e1s radicales posibilidades. Es absurdo cuestionar dicha <em>ley<\/em>, valga el antropomorfismo, al igual que podr\u00eda ser cuestionable nuestra pertinencia en varios de los ambientes de la misma. Si fu\u00e9ramos muy puristas (e ingenuos) o tan s\u00f3lo seres racionales que ponen a prueba los l\u00edmites de sus argumentos y de su pensamiento mismo, quiz\u00e1 llegar\u00edamos a preguntarnos: \u00bfqu\u00e9 hace un ser humano en alta mar? \u00bfQu\u00e9 hace un barco surcando aguas que, en tanto que especie terrestre, quiz\u00e1 el ser humano jam\u00e1s debi\u00f3 haber conocido? Sin embargo, nuestra capacidad de <em>artificio<\/em>, nuestra <em>creatividad <\/em>e <em>inventiva<\/em>, tambi\u00e9n comprometidas con esta clase de conocimiento,evidencian nuestra tendencia a la <em>concreci\u00f3n <\/em>y <em>constituci\u00f3n <\/em>de nuestra libertad y sus fen\u00f3menos, lo cual implica tanto la <em>estructuraci\u00f3n <\/em>de nuestro poder y su <em>facticidad<\/em> como misiones m\u00e1s profundas y sofisticadas como las relacionadas con la posibilidad de llevar a cabo la <em>investigaci\u00f3n <\/em>de nosotros mismos. Parece que la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>libertad<\/em>,como <em>habitaci\u00f3n<\/em> de las potencias de nuestro cuerpo, siempre ser\u00e1n el aliciente <em>suficiente<\/em> para tratar de concretar la <em>problem\u00e1tica voluntad <\/em>de ir <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em>. En relaci\u00f3n con lo anterior, la pregunta ser\u00eda: si ello tambi\u00e9n implica la <em>afirmaci\u00f3n <\/em>de nuestras vidas, m\u00e1s all\u00e1 de la <em>suficiencia <\/em>de dicho deseo, \u00bfno estar\u00e1 manifiesta en \u00e9l una <em>necesidad<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Si no nos propusi\u00e9ramos el acto de <em>afirmaci\u00f3n <\/em>implicado en dicha voluntad, \u00bfqu\u00e9 nos quedar\u00eda? Probablemente tendr\u00edamos que dejar de actuar y, por lo tanto, de vivir para ser congruentes con la precauci\u00f3n inferible ante el supuesto y <em>aparente<\/em> <em>peligro <\/em>que puede ser la Vida atravesada por nuestra voluntad de vivirla. \u00bfPuede ser ello una opci\u00f3n? Pareciera que, en todo caso, resulta importante aprender a llevar a cabo dicha voluntad. \u00bfC\u00f3mo? \u00bfDe qu\u00e9 forma? \u00bfQui\u00e9n ser\u00eda el maestro? Probablemente se trata de un arte, <em>un fen\u00f3meno po\u00e9tico de la prudencia<\/em>, que s\u00f3lo podemos llevar a cabo todos y cada uno de nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuento de Poe nos habla de un cuerpo sometido por estadios de un ambiente <em>adverso <\/em>que implican la posibilidad de la supresi\u00f3n de las potencias y capacidades propias de nuestro organismo: la supresi\u00f3n del sonido como anulaci\u00f3n de la <em>audici\u00f3n<\/em>; el desconcierto de un movimiento oprimido que implica la sujeci\u00f3n de su due\u00f1o a trav\u00e9s de una movilidad ajena que el cuerpo no puede vencer ni mucho menos resistir, en este caso, la potente corriente del mar y los golpes embravecidos de unas olas conducidas por un clima extremo. Ello implica la <em>radical <\/em>novedad de texturas y temperaturas extraordinarias, maneras muy particulares de la sensaci\u00f3n del aire y el agua, adem\u00e1s de un contacto impreciso con la <em>gravedad <\/em>que implica, por lo tanto, el extrav\u00edo de nuestro centro debido a la falta de suelo, una ausencia de teluricidad. <em>Extraordinarias sensaciones<\/em>, casi \u00fanicas,posibilidades lejanas de nuestra <em>sensibilidad <\/em>y, por lo tanto, desafiantes fen\u00f3menos para la posibilidad de nuestra conciencia y su principio: nuestra percepci\u00f3n. En ellas est\u00e1 implicada una experiencia \u00fanica de la <em>sublime magnitud del mundo<\/em>:una <em>sensorialidad extraordinaria <\/em>y muy particularde lo a\u00e9reo y lo acu\u00e1tico, adem\u00e1s de lo radical de una experiencia como la ausencia de suelo. Fen\u00f3menos y manifestaciones de la <em>Naturaleza<\/em> de inmensas proporciones para las que nuestro cuerpo jam\u00e1s ha estado del todo preparado, ni para el cual fue constituido por la <em>Naturaleza <\/em>misma.<\/p>\n\n\n\n<p>En ello radica la escisi\u00f3n de los cuerpos descritos por el narrador estadounidense. El compa\u00f1ero del protagonista del cuento de Poe, en un intento de <em>confianza <\/em>con base en <em>probabilidades <\/em>asechadas \u2012las precauciones para el viaje, siempre cuestionables ante lo <em>inconmensurable <\/em>de la <em>Naturaleza<\/em>\u2012, manifiesta un dif\u00edcil optimismo que se antoja tanto un triunfo de la voluntad como un absurdo. Tal manifestaci\u00f3n s\u00f3lo logra un efecto contrario al de alentar al <em>autor dieg\u00e9tico<\/em> de la <em>narraci\u00f3n<\/em>: acaba inspirando una esperanza que se convierte en motivo de <em>desesperaci\u00f3n<\/em>. Parece que no hay lugar para la <em>esperanza <\/em>en un cuerpo que vive la <em>sublime<\/em> <em>magnitud <\/em>de su <em>dolorosa finitud<\/em>. El autor nos habla de la <em>esperanza<\/em> como horizonte en el que se diluye lo <em>probable<\/em> en las aguas de lo <em>imposible<\/em>. Se trata de una experiencia de proximidad con lo <em>definitivo<\/em>: nuestra muerte, la muerte de un cuerpo vivo y su respectiva <em>angustia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la narraci\u00f3n la incertidumbre es inspirada por la oscuridad, la falta de aire, el ahogamiento y el fr\u00edo como materialidades concretas de lo <em>ind\u00f3mito <\/em>de la <em>fisis<\/em>. La inmersi\u00f3n de un cuerpo estatizado por la supresi\u00f3n que implica un movimiento extraordinariamente mayor que lo subsume, propicia estadios de anulaci\u00f3n del <em>sensorio<\/em>, en los que se limita este \u00faltimo, casi de maneracompleta. Como ya lo advert\u00edamos, hay un \u00e9nfasis en la anulaci\u00f3n de la <em>audici\u00f3n<\/em>, la <em>visi\u00f3n <\/em>e incluso el <em>olfato<\/em>. Son experiencias diluidas, casi homogeneizadas. De hecho, el tacto tambi\u00e9n se <em>homogeneiza <\/em>en una experiencia extraordinariamente acuosa como si el cuerpo fuera, no s\u00f3lo diluido, sino tambi\u00e9n absorbido por las aguas del mar. Es interesante pensar que el desaf\u00edo a nuestra vida siempre estuvo <em>presente<\/em> como <em>posibilidad <\/em>de lo ingente de tal magnitud. M\u00e1s que una <em>posibilidad <\/em>y <em>probabilidad<\/em>, es un hecho lo terrible que puede ser el mar, a pesar de lo <em>aparente <\/em>de su calma. Lo <em>aparente <\/em>de creer que su peligro tan s\u00f3lo es posible e incluso <em>latente<\/em>. Estar en el mar es estar <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em> de nuestras <em>potencias<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>De ello podemos inferir el surgimiento del pensamiento \u2012basta con su inferencia\u2012 de un <em>m\u00e1s all\u00e1 <\/em>capaz de sujetarnosy lo terrible tanto de su inc\u00f3gnita como de dicha coerci\u00f3n. Por ello, el tiempo en la narraci\u00f3n de Poe no es un tiempo relativo al cual un cuerpo en condiciones <em>habituales <\/em>puede estar como parte de un estadio del mundo, relacionado inextricablemente con su acci\u00f3n y su fisiolog\u00eda. El autor nos ofrece la imagen de los fen\u00f3menos de un tiempo de clausura. Un tiempo de lo contundente, de lo inevitable y definitivo de nuestro <em>destino<\/em>. El tiempo del <em>sentimiento de lo sublime<\/em> implicado en la <em>angustia<\/em> que provoca la posibilidad de que la vida acabe. Lo anterior ante la incertidumbre de <em>no saber <\/em>qu\u00e9 implica la muerte, entendida como el fin de nosotros mismos del cual jam\u00e1s podremos ser cabalmente testigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, ah\u00ed est\u00e1, muy a pesar del propio protagonista del cuento, la <em>esperanza<\/em> como dolorosa manifestaci\u00f3n de una vida que siempre quiere <em>afirmarse<\/em>, incluso a pesar del dolor flagrante de su <em>finitud<\/em>. Por dicha <em>circunstancia <\/em>resulta tan terrible lo <em>aparente <\/em>de su impertinencia.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de lo <em>ingente <\/em>e <em>inconmensurable <\/em>que resulta la <em>Naturaleza<\/em>, ser\u00eda injusto considerarla <em>monstruosa <\/em>y <em>terrible<\/em> si dejamos de tomar en cuenta tales categor\u00edas como adjetivos propios de la condici\u00f3n humana. Somos los \u00fanicos seres capaces de lo <em>monstruoso <\/em>y lo <em>terrible <\/em>debido a nuestra libertad. Ello se manifiesta en nuestra capacidad de llevar a cabo fen\u00f3menos dotados de lo <em>sublime geom\u00e9trico <\/em>que resultan nuestros artificios cuando intentamos <em>dominar <\/em>a la <em>Naturaleza <\/em>a trav\u00e9s de ellos: <em>dominar <\/em>lo <em>indominable <\/em>como manifestaci\u00f3n de nuestra falta de <em>dominio <\/em>de nosotros mismos. Ello, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, ha generado invenciones resultado de nuestra <em>imaginaci\u00f3n extravagante <\/em>con las que pretendemos <em>regir <\/em>al <em>cosmos<\/em>,<em> imitando <\/em>sus fen\u00f3menos sin una cabal <em>comprensi\u00f3n <\/em>de los mismos. Entre estos \u00faltimos, nosotros mismos, los seres humanos, como fen\u00f3menos del <em>cosmos<\/em>. Tendemos a posponer y evadir, como <em>principio <\/em>de <em>habitaci\u00f3n del mundo<\/em>, la <em>comprensi\u00f3n <\/em>de nosotros mismos que implica nuestra <em>habitaci\u00f3n<\/em>, la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nuestros cuerpos y, por lo tanto, de nuestra <em>sensaci\u00f3n <\/em>como <em>animales<\/em> y<em> fen\u00f3menos c\u00f3smicos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece que para Poe la posibilidad de compartir dicha claridad es algo que nos une. La siguiente imagen desaf\u00eda la <em>habitaci\u00f3n de nosotros mismos <\/em>y, por lo tanto, la posibilidad de nuestra conciencia como fen\u00f3meno de nuestra imaginaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos en el fondo de esos abismos, cuando un repentino grito de mi compa\u00f1ero rompi\u00f3 aterradoramente la noche. \u00ab\u00a1Mire, mire! \u2012me gritaba al o\u00eddo\u2012. [\u00a1]Dios Todopoderoso! [sic] \u00a1Mire! \u00a1Mire!\u00bb Mientras \u00e9l hablaba, comenc\u00e9 a notar un suave resplandor rojizo que aparec\u00eda a los lados del enorme abismo en que nos hab\u00edamos hundido, alumbrando con incertidumbre nuestra cubierta. Al alzar los ojos, tuve ante la vista un espect\u00e1culo que me hel\u00f3 la sangre. A una terror\u00edfica altura por encima de nosotros y al borde de aquel precipicio de agua, se elevaba una gigantesca nave, tal vez de unas cuatro mil toneladas. Aunque surg\u00eda por sobre la cresta de una ola que lo superaba cien veces en altura, su tama\u00f1o exced\u00eda el de cualquier otro barco existente de l\u00ednea o de la Compa\u00f1\u00eda de la India Oriental. El enorme casco era negro y opaco y no mostraba ninguno de los habituales adornos de un barco. S\u00f3lo asomaba una l\u00ednea de ca\u00f1ones de bronce por las ca\u00f1oneras abiertas y su superficie reflejaba el brillo de innumerables faroles de batalla que se balanceaban en los aparejos. Pero lo que m\u00e1s horror y sorpresa nos inspir\u00f3 fue que el barco mantuviera las velas desplegadas en medio de aquel mar sobrenatural y aquel indomable hurac\u00e1n. Al verlo por primera vez, s\u00f3lo se ve\u00eda su proa, mientras se elevaba lentamente del golfo oscuro y horrible de donde proven\u00eda. Durante un momento de intenso terror, se detuvo en el vertiginoso pin\u00e1culo, como para contemplar su propia sublimidad, despu\u00e9s tembl\u00f3, vacil\u00f3 y\u2026 cay\u00f3 sobre nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me resulta dif\u00edcil no concebir a dicha nave como una especie de Leviat\u00e1n artificial. Una clase de monstruo marino \u2012en este caso, creado por los hombres, no por el Dios del <em>Antiguo testamento<\/em>\u2012 que con lo simb\u00f3lico de su ca\u00edda acab\u00f3 de consumir al ya subsumido habitante de aquel cuerpo y, por lo tanto, a la conciencia de dicho ser vivo, el protagonista del relato de Poe. Un ser escindido por lo <em>espectral <\/em>de dicha imagen (una <em>imaginaci\u00f3n <\/em>igual de contundente para quienes somos sus lectores) tan sublime como terror\u00edfica, en medio de la inc\u00f3gnita de aquella penumbra. Hablamos de un ser vivo, un cuerpo, inmerso en un abismo. No s\u00f3lo me refiero al abismo creado por la <em>Naturaleza<\/em>, sino al que ha constituido la <em>habitaci\u00f3n <\/em>del miedo y de la <em>angustia <\/em>de los hombres ante la incertidumbre que significa el estadio de su <em>destino<\/em> como posibilidad del <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em> inferible que representa el <em>enigma <\/em>de la muerte y, por lo tanto, el <em>misterio <\/em>del hombre como elemento <em>c\u00f3smico<\/em>,en tanto que parte de la <em>Naturaleza <\/em>por su irrenunciable car\u00e1cter <em>animal<\/em>. Un abismo tambi\u00e9n creado por el protagonista del relato, a partir de la <em>experiencia sublime de su propia finitud<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablamos de una <em>animalidad <\/em>recubierta por capas de <em>artificio<\/em> que, como las capas de una cebolla, al develarse por la escisi\u00f3n que significa nuestra experiencia de nuestra <em>finitud<\/em>, deja como <em>centro <\/em>y <em>coraz\u00f3n <\/em>la penumbra del vac\u00edo de dicho <em>enigma<\/em>. Nuestro centro que s\u00f3lo tiene gu\u00eda cuando el cuerpo permanece con vida, ya que en tal inc\u00f3gnita se principia la <em>posibilidad <\/em>del <em>m\u00e1s all\u00e1 <\/em>al cual ir como ejercicio de nuestra <em>libertad <\/em>y, por lo tanto, posibilidad de nuestra <em>acci\u00f3n<\/em>: <em>el movimiento de un cuerpo vivo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El encuentro con tal <em>vac\u00edo <\/em>puede ser reconocible como la <em>Nada <\/em>de la cual habla el Zen y que prefiero llamar con el concepto propio de dicha tradici\u00f3n: <em>Sat\u014dri<\/em>, sin\u00f3nimo de <em>comprensi\u00f3n <\/em>y, por lo tanto, <em>liberaci\u00f3n<\/em>. Dicho logro es propuesto como un <em>motivo <\/em>de inacci\u00f3n, no <em>pasividad<\/em>, que implica la posibilidad del pensamiento sin obst\u00e1culos. Parad\u00f3jicamente \u2012como nuestra libertad misma\u2012 ello, m\u00e1s que mera <em>acci\u00f3n<\/em>, tambi\u00e9n es una <em>voluntad<\/em>, la de la <em>contemplaci\u00f3n<\/em>: la <em>contemplaci\u00f3n <\/em>de la <em>vida <\/em>como <em>comprensi\u00f3n <\/em>de la vida y manifestaci\u00f3n m\u00e1s elevada de <em>las potencias de la vida de un ser vivo<\/em>, un <em>cuerpo vivo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El <em>apego <\/em>que puede inspirar la <em>experiencia sublime de nuestra finitud <\/em>como posicionamiento y voluntad opuesta a la propuesta antes expuesta puede tambi\u00e9n constituir el compromiso<em> ego\u00edsta <\/em>de sujetarnos a la <em>incomprensi\u00f3n <\/em>de nuestra <em>apariencia<\/em>.Si <em>problematizamos <\/em>nuestro <em>yo<\/em>,y advertimos que seguimos siendo parte de la vida y sus din\u00e1micas al ser posible integrarnos a las mismas de otra manera como otra posibilidad de ser parte del <em>cosmos<\/em> despu\u00e9s de la muerte \u2012otra faceta del mismo\u2012 se vuelve cuestionable nuestra comprensi\u00f3n de la muerte como un fin definitivo y se abre la posibilidad de comprenderla como un tr\u00e1nsito. Ello implica el tr\u00e1nsito doloroso de una superaci\u00f3n de la <em>determinaci\u00f3n <\/em>de nuestra <em>individualidad <\/em>y, por lo tanto, nuestra <em>finitud <\/em>que, sin embargo, no est\u00e1 exento de la <em>alegr\u00eda <\/em>de la <em>afirmaci\u00f3n <\/em>de nuestras <em>potencias<\/em>. Es entonces que podr\u00edamos cuestionar al <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em>. \u00bfHay a d\u00f3nde ir? \u00bfHay un m\u00e1s all\u00e1 de la <em>inconmensurabilidad <\/em>de la <em>Naturaleza <\/em>y, por lo tanto, del <em>cosmos<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>Poe propone una <em>sublime inmersi\u00f3n <\/em>como viaje al <em>abismo <\/em>de nosotros mismos. La <em>investigaci\u00f3n <\/em>de nosotros mismos, a trav\u00e9s de la experiencia de nuestra <em>sublime finitud <\/em>como proyecto <em>ontol\u00f3gico <\/em>del examen de nuestras vidas:<\/p>\n\n\n\n<p>En este momento, no s\u00e9 que repentino autocontrol sobrevino a mi esp\u00edritu. Alej\u00e1ndome todo lo que pude, esper\u00e9 sin temor la ruina que nos aniquilar\u00eda por completo. Nuestro propio barco hab\u00eda dejado de luchar y su proa se hund\u00eda en el mar. En consecuencia, el choque de la masa descendente lo golpe\u00f3 en la parte de su estructura que estaba casi bajo agua y el resultado inevitable fue que me lanz\u00f3 violentamente sobre los aparejos de la otra nave.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vemos como el cuerpo como <em>materia<\/em> posee su propia inteligencia ante su semejanza y familiaridad con la <em>Naturaleza<\/em>. Tal inteligencia posibilita el <em>dominio <\/em>implicado en ciertos estados de <em>conciencia<\/em> o, quiz\u00e1 sea mejor decir, ciertos estadios de nuestra <em>sensibilidad<\/em> y, por lo tanto, posibilidades de nuestra <em>sensaci\u00f3n<\/em>. Estamos ante lo <em>inevitable <\/em>de un <em>destino<\/em>, en este caso, una <em>cat\u00e1strofe <\/em>como ineludible <em>adversidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Afirman algunos m\u00e9dicos y pat\u00f3logos que no es necesariamente la mejor opci\u00f3n alimentar a una persona moribunda cuando ha perdido el apetito. Ello puede implicar un sobreesfuerzo, la generaci\u00f3n de un agotamiento innecesario en tanto que oposici\u00f3n y confrontaci\u00f3n ante lo insuperable de lo inevitable. Adem\u00e1s, ello puede suscitar la <em>angustia <\/em>implicada en la <em>impotencia <\/em>del enfermo por no lograr llevar a cabo dicha acci\u00f3n como <em>potencia<\/em> de un cuerpo vivo en mejores condiciones. El dejar de alimentar a dichos cuerpos puede permitirles cierta calma, reposo y descanso, seg\u00fan dichos estudiosos de la salud, por supuesto, desde las perspectivas de sus respectivas tradiciones cl\u00ednicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovechando este ejemplo, parece que Poe propone la imagen de un cuerpo que cede para <em>armonizarse <\/em>con la <em>contingencia <\/em>que le ha tocado <em>padecer<\/em>. Una manera <em>inconsciente <\/em>de asumir un ritmo correspondiente con tal situaci\u00f3n como manifestaci\u00f3n de la inteligencia mat\u00e9rica de dicho ser. Por ello, vale la pena pensar tambi\u00e9n en <em>la sabidur\u00eda de nuestros cuerpos<\/em>. &nbsp;Podemos advertir en ello una <em>fisiolog\u00eda<\/em> no <em>dispuesta <\/em>a desgastarse en evitar una <em>derrota<\/em> ante una fuerza como la de la <em>Naturaleza <\/em>que geom\u00e9tricamente resulta superior. Se trata de una de las <em>escenas<\/em> de la inevitabilidad de la muerte. No comprenderlo har\u00eda m\u00e1s dolorosa dicha circunstancia, probablemente generar\u00eda m\u00e1s sufrimiento del debido.<\/p>\n\n\n\n<p>Es aqu\u00ed cuando vemos pertinente el principio Zen de la inacci\u00f3n como fundamento de la <em>contemplaci\u00f3n<\/em>,como un pensamiento sin obst\u00e1culos. El Zen afirma: \u201cS\u00f3lo hay una pregunta: \u00bfQu\u00e9 es esto? S\u00f3lo hay una respuesta: el maestro Zen golpea el objeto que tiene m\u00e1s cercano y afirma: \u00abEsto es esto\u00bb\u201d. Desde otra tradici\u00f3n oriental, Sinzu en <em>El arte de la guerra <\/em>sostiene que el mejor general es el que evita la batalla.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 en ello radique el hecho de que tal <em>golpe de suerte <\/em>que empuj\u00f3 al protagonista al barco que por poco lo hunde junto con la embarcaci\u00f3n que tripulaba le haya salvado la vida. Podemos leer en la obra de Poe las im\u00e1genes de la continuidad de dicha vida:<\/p>\n\n\n\n<p>Una indescriptible sensaci\u00f3n de miedo que se hab\u00eda apoderado de m\u00ed al ver por primera vez a los navegantes del barco pudo haber sido la raz\u00f3n de que me ocultara. No pod\u00eda fiarme de unas personas que me hab\u00eda provocado, con s\u00f3lo verlos, tanto asombro, duda y aprensi\u00f3n. Por eso, cre\u00ed m\u00e1s apropiado asegurarme un escondite en la bodega. Lo consegu\u00ed quitando una parte de la estructura movible, como para procurarme un sitio adecuado entre las enormes cuadernas del barco.<\/p>\n\n\n\n<p>El protagonista del cuento nos habla de la compleja <em>novedad <\/em>que puede significar lo desconocido. Un cuerpo que intuye su acecho como otra posibilidad del <em>padecimiento <\/em>de la <em>experiencia sublimen de su propia finitud<\/em>. \u00c9l es un <em>extranjero<\/em> en el indeterminable territorio n\u00f3mada y m\u00f3vil de aquella inmensa estructura llena de desconocidos. El cuerpo se guarece haciendo de s\u00ed mismo una frontera m\u00e1s radical de lo que ya es, ante lo desconocido de su ambiente por la novedad del mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Probablemente, m\u00e1s de uno hemos tenido dicha experiencia ante la emergencia que ha implicado estar en alguno de los estadios que constituyen la diversidad de la <em>Naturaleza<\/em>. Esta \u00faltima suele resultar una experiencia contrastante con lo <em>normalizante <\/em>de los estadios tan desterritorializantes y desterritorializados de nuestra cotidianidad, que tienden a inducirnos a la <em>desterritorializaci\u00f3n<\/em> de nuestra subjetividad y a la renuncia a la <em>territorializaci\u00f3n <\/em>que puede llevar a cabo esta \u00faltima. Espacios como lo pueden ser los de la <em>ciudad<\/em> en la que vivimos, propuestos y dise\u00f1ados a partir de un planteamiento de lo <em>urbano <\/em>implicado en la hegemon\u00eda del proyecto de la Modernidad y el desarrollo del mismo que, adem\u00e1s, cada vez se evidencia m\u00e1s comprometido con din\u00e1micas de <em>consumo<\/em> y <em>producci\u00f3n<\/em>. Una manera de entender al espacio, su divisi\u00f3n y estadio que <em>condiciona <\/em>nuestra manera de <em>vivir<\/em> la ciudad, sin que ello implique necesariamente <em>habitarla<\/em>, y, por lo tanto, de <em>verbalizar <\/em>la manera en la que comprometemos nuestra <em>sensibilidad <\/em>en la relaci\u00f3n con ella.<\/p>\n\n\n\n<p>La extraordinaria circunstancia del encuentro del an\u00f3nimo protagonista del cuento lo ha llevado a una crisis que evidencia la <em>dificultad <\/em>de su <em>pathos<\/em>. Una sensaci\u00f3n de <em>vulnerabilidad <\/em>e <em>indefensi\u00f3n <\/em>que manifiesta un anhelo de sobrevivencia a su <em>dolor<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>Un sentimiento que no puedo describir se apoder\u00f3 de mi alma, una sensaci\u00f3n que no admite an\u00e1lisis, para la que el aprendizaje de otros tiempos resulta inadecuado y para la que, creo, ni el futuro podr\u00e1 ofrecerme la clave. Para una mente constituida como la m\u00eda, esta \u00faltima consideraci\u00f3n es un mal verdadero. Nunca, lo s\u00e9, nunca estar\u00e9 satisfecho con la naturaleza de mis concepciones. Sin embargo, no debe sorprenderme que estas concepciones sean indefinidas, ya que tienen su origen en fuentes demasiado nuevas. Un nuevo sentido, una nueva entidad, se suma a mi alma.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya advert\u00edamos lo problem\u00e1tica que puede ser la novedad como fen\u00f3meno de determinadas circunstancias, especialmente si son de una radicalidad como las relatadas. Recordando lo relevante que puede resultar la posibilidad de <em>pensar sin obst\u00e1culos<\/em>, probablemente el m\u00e1s grande obst\u00e1culo para ello en nuestras vidas sean nuestros prejuicios. Entendamos a estos \u00faltimos no como categorizaciones a partir de una moral hegem\u00f3nica, muchas veces impuesta, con la cual, parad\u00f3jicamente \u2012tanto en su aceptaci\u00f3n como en su aversi\u00f3n\u2012, tambi\u00e9n se nos ha <em>condicionado <\/em>y, supuestamente, tambi\u00e9n se nos ha educado. Habr\u00eda que cuestionar al respecto muchas nociones y modelos de educaci\u00f3n. Entendamos a los prejuicios de manera m\u00e1s literal: juicios previos que hemos constituido para habitar al mundo, vivir y sobrevivir en \u00e9l y que han constituido tambi\u00e9n inercias manifiestas en <em>h\u00e1bitos<\/em> que nos han sido \u00fatiles.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s que juzgar tal <em>problematicidad<\/em>, valdr\u00eda la pena intentar <em>comprender <\/em>dicha din\u00e1mica. Kant advierte en la <em>Cr\u00edtica de la Raz\u00f3n Pura <\/em>que, cuando la raz\u00f3n se confronta con la experiencia de sus l\u00edmites y la incertidumbre que implica, tiende a generar prejuicios como un intento de explicaci\u00f3n de aquello de lo cual cabalmente no puede dar cuenta. En esa medida, habr\u00eda que comprender lo radical de la vulnerabilidad del personaje de Poe. \u00c9ste se encuentra en un estadio pr\u00e1cticamente \u00fanico e inimaginable en su vida, lo cual nos confronta con lo <em>inconmensurable <\/em>de las posibilidades de nuestra experiencia y las <em>habitaciones<\/em> y <em>estadios<\/em> del mundo. Quiz\u00e1 la <em>densidad ontol\u00f3gica <\/em>de la experiencia, como <em>pathos <\/em>y <em>sensaci\u00f3n <\/em>de nuestro cuerpo, sea lo m\u00e1s contundente y radical de muchos de nuestros fen\u00f3menos vitales, adem\u00e1s de implicar la compleja problematicidad de su car\u00e1cter <em>intransferible<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, podemos advertir que, a pesar de su dolor, el protagonista del cuento es capaz de intentar situarse ante \u00e9l, <em>contemplarlo<\/em> para <em>comprenderlo<\/em>. Probablemente se trata de \u00e9l mismo, a trav\u00e9s de la <em>sensaci\u00f3n <\/em>que habita en su cuerpo, tratando de <em>afirmar su vida<\/em>, su <em>permanencia <\/em>y, por lo tanto, su <em>existencia<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>[\u2026] no hace mucho que me aventur\u00e9 en el camarote privado del capit\u00e1n y all\u00ed encontr\u00e9 los materiales con los que he escrito y estoy escribiendo. De cuando en cuando seguir\u00e9 escribiendo este diario. Es verdad que puede ser que no halle la oportunidad de transmitirlo al mundo, pero no dejar\u00e9 de hacer el intento. En el \u00faltimo momento, colocar\u00e9 el manuscrito en una botella y lo lanzar\u00e9 al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Vemos en este gesto un intento de <em>estructuraci\u00f3n <\/em>y <em>constituci\u00f3n <\/em>de s\u00ed mismo como acto de sobrevivencia. Un esfuerzo de <em>habitaci\u00f3n de s\u00ed mismo <\/em>a trav\u00e9s de la escritura, cuya potencia yace en lo incierto de un sentido <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em> del acto de escribir por el escribir mismo. Ello constituye a tal acto como la estructuraci\u00f3n de una <em>habitaci\u00f3n de s\u00ed mismo<\/em> del protagonista del cuento como manera de <em>afirmar <\/em>su existencia. Lanzar a la <em>sublime magnitud <\/em>del mar inmenso tal esfuerzo para llevar a cabo el viaje de su \u00faltimo aliento; la escritura habitada por la vida de un cuerpo que se lanza a la incertidumbre; el <em>sinsentido <\/em>del acto de <em>esperar <\/em>sin <em>esperar<\/em>, por la ausencia del compromiso con la lejana posibilidad de que alguien encuentre la botella con dicho manuscrito y tenga interlocutor. En m\u00e1s de un sentido, \u00bftal <em>resistencia <\/em>\u2012dir\u00eda <em>Freud<\/em> en relaci\u00f3n con el acto de escribir\u2012 no ha sido siempre en lo que consiste la escritura?<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos ante un ejemplo de tremenda <em>sensibilidad <\/em>y profunda agudeza por parte de Poe. Tan profundo como la oscuridad del inmenso mar que en m\u00e1s de un momento escribi\u00f3 el poeta como met\u00e1fora de uno mismo y de su b\u00fasqueda. El personaje de Poe no verbaliza la posibilidad del encuentro de la botella, no parece darle importancia alguna al hallazgo fortuito del manuscrito por parte de alguien, un posible interlocutor. El encuentro m\u00e1s importante es con uno mismo porque el Encuentro siempre es con uno mismo:<\/p>\n\n\n\n<p><a>Ocurri\u00f3 un incidente que me dio nuevos motivos para meditar. \u00bfEstas cosas ocurren por un azar ingobernado? Sub\u00ed a cubierta y me tend\u00ed, sin llamar la atenci\u00f3n, sobre un mont\u00f3n de flechaduras y velas viejas, en el fondo de un bote. Mientras pensaba en la singularidad de mi destino, dibuj\u00e9 sin darme cuenta con un pincel con brea los bordes de un ala de trinquete que se encontraba a mi lado, doblada perfectamente sobre un barril. Ahora la vela est\u00e1 extendida en el barco y los toques descuidados del pincel se despliegan formando la palabra <em>DESCUBRIMIENTO<\/em>.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La singular originalidad del <em>signo <\/em>narrativo que nos propone Poe es sumamente sugerente en relaci\u00f3n con el t\u00f3pico del encuentro de nosotros mismos que acabamos de revisar. Se trata del descubrimiento de lo que podemos ser y no sabemos que somos, la inconmensurabilidad de nuestras potencias que s\u00f3lo podemos advertir si llevamos a cabo la aventura de navegar a trav\u00e9s de las oscuras e ingentes aguas de nosotros mismos: animales inconmensurables por seguir teniendo, a trav\u00e9s de nuestro cuerpo, una relaci\u00f3n enigm\u00e1tica e indescifrable con la Naturaleza. De hecho, m\u00e1s all\u00e1 de la abstracci\u00f3n que implica el concepto leg\u00edtimo de <em>subjetividad<\/em>, el descubrimiento m\u00e1s importante es el del <em>territorio<\/em> de nuestro cuerpo, la <em>territorializaci\u00f3n<\/em> que podemos llevar a cabo de \u00e9l y a trav\u00e9s de \u00e9l. Ello implica la <em>habitaci\u00f3n <\/em>de nosotros mismos, al comprender a los fen\u00f3menos de nuestra conciencia y sensibilidad como fen\u00f3menos de nuestro cuerpo. Fen\u00f3menos fisiol\u00f3gicos inextricables entre s\u00ed que nos permiten ejercicios prudenciales de sobrevivencia para generar <em>habitaciones <\/em>y <em>estadios <\/em>del mundo, nuestro mundo, como experiencia <em>c\u00f3smica<\/em>. Poe, me atrevo a inferir, nos habla del <em>DESCUBRIMIENTO <\/em>de nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Me parece relevante detenerme en un importante recurso de Poe para hablar de la continuidad de la vida y de lo particular del tiempo que la misma puede implicar. Poe nos ofrece la imagen de una superficie m\u00f3vil que navega la oscuridad. La nave parece atravesar un tiempo indefinible. Dicha imagen de la <em>sublime magnitud <\/em>de la embarcaci\u00f3n resulta metonimia de la eternidad:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00daltimamente estuve observando la estructura del barco. Aunque est\u00e1 armado, creo que no es un buque de guerra. Los aparejos, la construcci\u00f3n y el equipamiento general no corresponden a un barco de este tipo. Puedo decir <em>qu\u00e9 no es<\/em>, pero me temo que es imposible decir <em>qu\u00e9 es<\/em>. No s\u00e9 c\u00f3mo es, pero al observar el extra\u00f1o dise\u00f1o y su particular estructura de m\u00e1stiles, el gran tama\u00f1o de sus velas, su sencilla proa y su anticuada popa, aparece repentinamente en mi mente una sensaci\u00f3n de cosas familiares, y siempre se entremezcla con esas sombras indistintas de recuerdos una inexplicable memoria de antiguas cr\u00f3nicas extranjeras de tiempos remotos.<\/p>\n\n\n\n<p>Parece tratarse de una embarcaci\u00f3n sin tiempo por lo indefinible de su epocalidad al contener todos los tiempos en la memoria del protagonista del cuento. Convive cierta innovaci\u00f3n, por lo extra\u00f1o de la nave, con lo antiguo y lo anticuado que remite a los relatos que constituyen al personaje como parte de su m\u00edtica personal, una m\u00edtica del viaje y la aventura que, quiz\u00e1 podemos inferir, tuvo que ver con su decisi\u00f3n de embarcarse para superar el apego a su Naci\u00f3n y su Familia, manifiesto como <em>problema <\/em>de su trayectoria vital al principio del cuento, adem\u00e1s de estos \u00faltimos ser referentes de lo <em>problem\u00e1ticos<\/em> que pueden ser los compromisos con la <em>identidad<\/em>,los cuales no siempre <em>comprendemos <\/em>y solemos decidir a partir del <em>condicionamiento social<\/em> de la <em>inercia <\/em>de la<em> heteronom\u00eda<\/em>, si es que no se nos han impuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>El inmenso Leviat\u00e1n artificial de Poe parece ser el estadio de cuerpos dispuestos a su tr\u00e1nsito para <em>habitar <\/em>la <em>eternidad <\/em>en ellos mismos: una <em>habitaci\u00f3n <\/em>del no-tiempo, lo que est\u00e1 fuera del tiempo, a partir del cual se puede inferir lo <em>ingente <\/em>e <em>inconmensurable <\/em>de la <em>Naturaleza <\/em>y, por lo tanto, del <em>cosmos<\/em>: \u201crecuerdo un extra\u00f1o dicho de un viejo navegante holand\u00e9s: \u00ab[\u2026] es tan seguro como que existe un mar donde el barco mismo crece como el cuerpo viviente de un hombre de mar\u00bb\u201d. El barco, como un hombre, es un cuerpo c\u00f3smico que, como todo, navega lo com\u00fan de la <em>eternidad <\/em>que nos <em>encuentra<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Justamente tal estadio sin tiempo se manifiesta en los cuerpos de los tripulantes de la embarcaci\u00f3n. El movimiento de la materia que, como bien advierten grandes materialistas cl\u00e1sicos como el propio <em>Epicuro <\/em>y <em>Lucrecio<\/em>, se evidencian en la vejez. No necesariamente como fen\u00f3meno de decrepitud sino de vida. La vida de <em>cuerpos finitos<\/em> que, podemos inferir por su actitud contemplativa y por lo <em>aparente <\/em>de su inactividad, tienen <em>estadio<\/em> como parte de la tripulaci\u00f3n. No necesariamente tienen transcurso, trayectoria o trayecto. No es inferible que haya a d\u00f3nde ir, un <em>m\u00e1s all\u00e1<\/em>, tan s\u00f3lo se est\u00e1. No hay <em>fin<\/em> ni <em>destino<\/em>. Simplemente se est\u00e1 porque no hay m\u00e1s que estar:<\/p>\n\n\n\n<p>[\u2026] parec\u00edan no tener la menor conciencia de mi presencia [\u2026] todos mostraban signos de ancianidad. Sus rodillas temblaban inseguras; sus hombros se doblaban con decrepitud; su piel arrugada temblaba contra el viento; sus voces eran bajas, temblorosas y entrecortadas; sus ojos brillaban con la humedad de los a\u00f1os, y sus grises cabellos se mov\u00edan terriblemente en la tempestad [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vemos como estos cuerpos, incluso a pesar de la intranquilidad y la ansiedad que el protagonista advertir\u00e1 en ellos en l\u00edneas posteriores, han aprendido a habitar la <em>adversidad <\/em>y navegar a trav\u00e9s de ella, recurriendo al <em>artificio <\/em>como gran posibilidad de sus <em>potencias <\/em>como seres vivos <em>habitantes <\/em>de su <em>humanidad<\/em>. Poe nos ofrece la imagen de cuerpos que en su acci\u00f3n <em>ejemplifican <\/em>c\u00f3mo <em>sobrevivimos<\/em> al abismo de nosotros mismos. Parece que de tal aprendizaje el protagonista del cuento est\u00e1 dando testimonio, a trav\u00e9s de un texto que probablemente acabe sumergido en la inmensidad del mar que somos para quiz\u00e1 ser le\u00eddo por quien se atreva a dicho viaje, por quien se atreva a la <em>pasi\u00f3n <\/em>de navegar en las profundas aguas de s\u00ed mismo, al grado de incluso tener que sumergirse en ellas, aunque en el intento acabe ahogado. Tal es la aventura de nuestro <em>encuentro<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>He visto al capit\u00e1n cara a cara y en su propio camarote, pero, como esperaba, no me prest\u00f3 atenci\u00f3n. Aunque el observador casual no halle en su apariencia nada que pueda parecer fuera de lo humano, se mezclaba un sentimiento de inevitable reverencia y temor con la sensaci\u00f3n de maravilla con la que yo lo observaba. Es casi tan alto como yo, es decir, cinco pies y ocho pulgadas. Tiene una estructura corporal compacta, ni muy robusta ni todo lo contrario. Pero la singularidad de la expresi\u00f3n que gobierna su cara, la intensa, maravillosa, sorprendente evidencia de avanzada edad, tan clara, tan extrema, produce una sensaci\u00f3n en mi esp\u00edritu, un sentimiento inefable. Su frente, aunque poco arrugada, parece llevar el se\u00f1o de una mirada de a\u00f1os. Sus cabellos grises son signos del pasado y sus ojos a\u00fan m\u00e1s grises son sibilas del futuro [\u2026] Apoyaba la cabeza en las manos y miraba, con ojos inquietos y llameantes, un papel que cre\u00ed era una orden y que, en todo caso, ten\u00eda la firma de un monarca. Murmur\u00f3 para s\u00ed, igual que el primer marino que vi en la bodega, algunas palabras confusas y malhumoradas en lengua extranjera, y, aunque quien hablaba estaba cerca de mi codo, su voz parec\u00eda llegar a mis o\u00eddos desde una milla de distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Advertimos nuevamente la complejidad del tiempo del cuento en el <em>aparente <\/em>entrecruce entre las maneras en las cuales lo dividimos y problematizamos para habitar al mundo. Tales posicionamientos se manifiestan en el cuerpo del capit\u00e1n, en la distancia y lejan\u00eda de lo particular de su <em>presencia<\/em>, tambi\u00e9n manifiesto en la elocuci\u00f3n de su voz y la extranjer\u00eda que se manifiesta en esta \u00faltima, al igual que en el resto de los personajes, siguiendo al protagonista del cuento. Poe juega con las im\u00e1genes como materialidades de la imaginaci\u00f3n y, por lo tanto, como <em>signos<\/em>. Constituye un <em>imaginario <\/em>que inspira a preguntarnos por los <em>t\u00f3picos<\/em> de la <em>presencia <\/em>y <em>la ausencia<\/em>, por aquello en lo que supuestamente consisten como <em>densidades ontol\u00f3gicas <\/em>de un mundo m\u00e1s complejo de lo que solemos advertir. Nos confronta con el hecho de advertir c\u00f3mo determinadas posibilidades de <em>estadios <\/em>y <em>habitaciones <\/em>del cuerpo tienen su <em>legitimidad <\/em>como fen\u00f3menos que responden a lo <em>emergente <\/em>y <em>contingente <\/em>de su <em>racionalidad<\/em>, lo cual es inferible simplemente por su <em>inteligibilidad<\/em>. Poe cuestiona al mundo, sus <em>estadios<\/em> y sus <em>habitaciones<\/em> para <em>habitar <\/em>sus <em>profundidades <\/em>a trav\u00e9s de su propia <em>sensaci\u00f3n<\/em>, caracterizada por su privilegiada <em>sensibilidad<\/em>. La <em>potente sensibilidad <\/em>de un cuerpo que, por lo mismo, es tambi\u00e9n capaz de profundas intuiciones y elevados procesos intelectuales:<\/p>\n\n\n\n<p>El barco y todo su contenido est\u00e1n impregnados por el esp\u00edritu de la Vejez. La tripulaci\u00f3n se desplaza como los fantasmas de siglos sepultados; sus ojos muestran ansiedad e intranquilidad, y cuando sus dedos se iluminan por el reflejo de las linternas de batalla me siento como no me hab\u00eda sentido antes, aunque toda mi vida fui anticuario y asimil\u00e9 las sombras de las columnas ca\u00eddas de Baalbek, de Tadmor y de Pers\u00e9polis, hasta que mi propia alma se convirti\u00f3 en una ruina.<\/p>\n\n\n\n<p>Poe ahonda en la relaci\u00f3n entre la habitaci\u00f3n del tiempo, implicada en el estadio del nav\u00edo, y la condici\u00f3n de los cuerpos que lo <em>habitan<\/em>. Advierte la presencia de lo <em>antiguo <\/em>y la <em>fantasmalidad <\/em>de lo <em>eterno<\/em>. Nuevamente, podemos advertir a la vejez como signo del <em>movimiento <\/em>que es la vida. El poeta nos habla de las <em>materialidades<\/em> del transcurso del tiempo, la vida que fluye en el mismo, manifiesto en la ruina como <em>aparente <\/em>decaimiento. Las ruinas nos hablan, cuentan su historia. Dan testimonio con sus huellas de la vida que poseen por haber sido habitadas. En ese sentido, todo ser humano que vive y ha vivido est\u00e1 dispuesto por el tiempo a la posibilidad de su ruina como testimonio de su participaci\u00f3n de la <em>Eternidad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro autor parece querer insistir en una imagen en la que todos los tiempos, o todo tiempo, se condensa. Una presencia en la que todo habla el mismo idioma, incluso a pesar de su extranjer\u00eda, y en la que todo es <em>signo <\/em>del <em>Hado<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena detenerse en la ansiedad e intranquilidad que advierte el protagonista en sus compa\u00f1eros de viaje. \u00bfNo ser\u00e1 ello la manifestaci\u00f3n de la <em>armonizaci\u00f3n <\/em>de los dem\u00e1s tripulantes de la nave habitando su <em>sensaci\u00f3n<\/em>, llevando a cabo la <em>habitaci\u00f3n <\/em>del abismo? Se trata de una circunstancia <em>adversa <\/em>de suma intensidad y <em>sublime magnitud <\/em>en la cual, a pesar del dolor, contin\u00faa el viaje de la vida:\u201cTodo al rededor del barco es la oscuridad de la noche eterna y un caos de agua sin espuma; pero a una legua a cada lado de nosotros pueden verse, cada tanto y borrosas, gigantescas paredes de hielo que se alzan en el desolado cielo y como si fueran las murallas del universo\u201d. Un universo que es nuestra habitaci\u00f3n, la habitaci\u00f3n de nuestro dolor, implicado en el descenso de todo <em>autoconocimiento<\/em>, el del universo que somos:<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que es imposible concebir el horror de mis sensaciones. Sin embargo, por encima de mi desesperaci\u00f3n predomina la curiosidad por penetrar en los misterios de esas extra\u00f1as regiones y me reconcilio con los aspectos m\u00e1s horribles de la muerte. Resulta evidente que corremos hacia un conocimiento apasionante, un secreto que nunca compartiremos y cuya obtenci\u00f3n nos lleva a la destrucci\u00f3n [\u2026]<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro personaje <em>comprende <\/em>y, por lo tanto, <em>se comprende a s\u00ed mismo<\/em> al <em>habitar <\/em>su <em>finitud<\/em>, al <em>habitarse<\/em>. En ello yace la posibilidad de nuestra <em>liberaci\u00f3n<\/em>. Poe, con la imagen de aquellos muros de hielo apenas resplandores de aquella <em>noche eterna<\/em>, parece describir las fronteras interiores que pueden ser el esqueleto de un ser vivo, al igual que la piel del mismo en la imagen del cielo desolado: \u201cTal como imaginaba, el barco est\u00e1 en una corriente, si se puede llamar as\u00ed a una marea que, aullando y gritando entre la inmensidad de blanco hielo, va hacia el Sur como un trueno y con la velocidad de una catarata\u201d, He ah\u00ed el descenso a trav\u00e9s de la corriente del <em>logos<\/em>, del cual el camino hacia arriba y hacia abajo siempre es el mismo. Su velocidad es el <em>v\u00e9rtigo<\/em> de nuestra libertad, la <em>angustia<\/em> ante lo indeterminable de toda <em>incertidumbre<\/em>: \u201cLa tripulaci\u00f3n recorre la cubierta con pasos inquietos y temblorosos, pero hay en su rostro una expresi\u00f3n que se parece m\u00e1s a la ansiedad de la esperanza que a la apat\u00eda de la desesperaci\u00f3n\u201d. Podemos advertir en ello la <em>liberaci\u00f3n <\/em>implicada en la <em>comprensi\u00f3n <\/em>de nuestro <em>destino <\/em>como <em>habitaci\u00f3n <\/em>del mismo. En la nave se act\u00faa, se viaja, sin esperar nada y, sin embargo \u2012parad\u00f3jicamente\u2012, no se puede dejar de <em>esperar <\/em>porque no se puede dejar de vivir si es <em>lo que puede un cuerpo<\/em>, por lo que los personajes parecen haber <em>decidido<\/em> <em>esperar <\/em>sin <em>esperar <\/em>o <em>esperar nada<\/em>. Al final, en ello consiste toda acci\u00f3n, especialmente cuando \u00e9sta est\u00e1 comprometida con la <em>renuncia <\/em>a cualquier <em>sentido<\/em>. Basta con la <em>acci\u00f3n<\/em> como <em>movimiento<\/em> de la vida, <em>habitaci\u00f3n <\/em>del presente como <em>habitaci\u00f3n <\/em>de la <em>eternidad<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh! \u00a1Horror y m\u00e1s horror! El hielo se abre de repente hacia la derecha y hacia la izquierda y estamos girando vertiginosamente, en inmensos c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, alrededor de los bordes de un gigantesco anfiteatro, cuyas paredes se pierden en la oscuridad y la distancia. \u00a1Poco tiempo me queda para pensar en mi destino! Los c\u00edrculos se van haciendo m\u00e1s peque\u00f1os r\u00e1pidamente. Nos precipitamos en el torbellino. Y entre el rugido, el oleaje y el trueno del oc\u00e9ano y la tempestad, el barco se estremece y, \u00a1oh Dios m\u00edo!, se hunde.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026No hac\u00eda falta arrojar la botella al mar. Desde el principio ya estaba en \u00e9l, habitada por su due\u00f1o.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cNo lo olvides: caminamos por el infierno, contemplando flores.\u201d Bash\u014d Matsuo Hace veinte a\u00f1os le\u00ed por primera vez Manuscrito hallado en una botella de Edgar Allan Poe. Su impacto fue tal que hasta ahora comprendo la definitiva influencia que tuvo en mi vida. Desde hace tiempo parecer\u00eda obvio que as\u00ed es. Algo que parece manifiesto &hellip; <a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2022\/11\/07\/el-aliento-de-la-noche\/\" class=\"more-link\">Sigue leyendo <span class=\"screen-reader-text\">El aliento de la noche<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":37,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-282","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/282","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/37"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=282"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/282\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":285,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/282\/revisions\/285"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=282"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=282"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=282"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}