{"id":298,"date":"2023-01-26T01:42:12","date_gmt":"2023-01-26T01:42:12","guid":{"rendered":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/?p=298"},"modified":"2023-01-26T01:42:13","modified_gmt":"2023-01-26T01:42:13","slug":"la-poesia-de-dos-soledades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/2023\/01\/26\/la-poesia-de-dos-soledades\/","title":{"rendered":"La poes\u00eda de dos soledades"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765-1024x576.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-299\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765-1024x576.png 1024w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765-300x169.png 300w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765-768x432.png 768w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/cabezacruda\/files\/2023\/01\/still_1_3_1360x765.png 1360w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Hace poco hice un trabajo en relaci\u00f3n con una joya del cine espa\u00f1ol que de repente se antoja ignorada por su brevedad, a pesar de la profunda contundencia de su discurso. Me refiero a: <em>La cabina <\/em>de Antonio Mercero. En esta ocasi\u00f3n me encuentro con un caso semejante, un magn\u00edfico cortometraje que evidencia lo enorme que es y todav\u00eda puede ser el cine que se hace en este pa\u00eds. En este caso, se trata de una obra que explota de manera impecable las posibilidades po\u00e9ticas de la imagen, aprovechando la plenitud de dos cuerpos histri\u00f3nicos sumamente sensibles y comprometidos con la <em>di\u00e9gesis <\/em>de dicha obra. Me refiero a: <em>Un d\u00eda de lluvia<\/em>, dirigido por Alicia Z\u00e1rate y Julio Godefroy. En dicho cortometraje nos encontramos con los <em>instantes \u00fanicos <\/em>del <em>encuentro<\/em> de dos vidas durante un d\u00eda especial; una invitaci\u00f3n a la comprensi\u00f3n de lo <em>com\u00fan<\/em>, de lo que todav\u00eda nos une, aunque solamos <em>olvidarnos de nosotros mismos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cortometraje nos habla de dos seres unidos por una misma adversidad cotidiana: una lluvia de la cual ambos personajes deciden guarecerse. Primero llega \u00e9l, interpretado por Lu\u00eds Domingo Gonz\u00e1lez. El hombre decide aprovechar el fr\u00edo de la lluvia para disfrutar del calor y la llama de un cigarro, una invitaci\u00f3n que pocos que hemos sido fumadores desconocemos. \u00c9l reconocer\u00e1 durante su encuentro posterior que tal h\u00e1bito lo complica, ya que s\u00f3lo responde a la inercia de su <em>angustia<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco despu\u00e9s llega ella, interpretada por Carmen Mastache, aprovechando la hospitalidad posible del portal cerrado que refugia a ambos cuerpos de la implacabilidad del mundo. Cuando ella advierte que \u00e9l fuma, se anima a intentar prender su cigarro, sin embargo, duda, intenta dejar dicho <em>h\u00e1bito<\/em>, una ilusi\u00f3n que tambi\u00e9n conocemos quienes hemos sido fumadores.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de ese momento, ambos comparten sus impresiones acerca de la vida y de la existencia, de la manera en la cual lo que <em>sentimos <\/em>nos convierte en nuestro hogar y de c\u00f3mo la <em>inefabilidad <\/em>de las cosas, por su <em>enigma<\/em>, puede constituir una <em>clandestinidad<\/em> protectora ante un mundo que hace demasiadas preguntas y nos cuestiona constantemente lo que somos para cerrar el sentido de nuestras posibilidades; somos mundos posibles acechados por la <em>aparente <\/em>monoliticidad de una manera de habitar el mundo que se nos ha impuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo sugerente es pensar que tal interrogatorio no nos invita a hacer tal ejercicio con nosotros mismos sino a clasificarnos confesionalmente, a nombrarnos, catalogarnos y etiquetarnos como la abstracci\u00f3n de lo que representamos para las condiciones de nuestra <em>civilizaci\u00f3n<\/em>; seres <em>eficientes <\/em>que rara vez se preguntan por su <em>finitud <\/em>e <em>indigencia<\/em>. De ah\u00ed la leg\u00edtima sospecha de \u00e9l cuando afirma: \u201cHay que sospechar de lo que se ve sabroso\u201d, como una posible captura de nuestro <em>deseo<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella, sin embargo, ante el ofrecimiento de una llama que encienda su cigarro por parte de su interlocutor, decide no reprimir su deseo; fuma con placer, disfrutando la <em>sensaci\u00f3n <\/em>del tabaco que alimenta de calor qu\u00edmico al cuerpo de manera muy particular, haciendo del fr\u00edo de aquella lluvia un bello paisaje desde cualquier refugio. Probablemente en esta \u00faltima actitud podemos notar la posibilidad <em>libertaria<\/em> de la <em>realizaci\u00f3n <\/em>de nuestro deseo, sea cual sea; la <em>consciencia <\/em>implicada en <em>honestamente <\/em>decidir lo que <em>queremos<\/em> como una acuerdo con nosotros mismos,en contra de aquello que se nos ha impuesto, al inducirnos a su <em>querencia<\/em> o hacernos creer que lo <em>queremos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella cree que \u00e9l viene del mismo lugar que ella: las oficinas de la <em>Instituci\u00f3n<\/em> encargada de llevar a cabo tr\u00e1mites migratorios. Kant sigue teniendo raz\u00f3n despu\u00e9s de siglos; hay que pensar a la <em>Instituci\u00f3n <\/em>como una probable primer <em>adversidad<\/em>. &nbsp;Ella es un cuerpo trashumante y, con la sabidur\u00eda de no dar detalles, nos cuenta su historia; la de un cuerpo vivo que se ha visto forzado a desplazarse por el complejo mundo del cual los llamados adultos hemos sido sus <em>art\u00edfices<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Su vulnerabilidad es la del <em>cuerpo com\u00fan <\/em>que somos todos en tanto que <em>cuerpos vulnerables<\/em>; aquellos que no estamos exentos de nuestra <em>indigencia <\/em>y <em>contingencia<\/em>; aquellos que podemos llegar a vivir violencias semejantes y el entrampamiento de aparentes <em>formas de vida <\/em>que, lejos de ser constitutivas, son insatisfactorias y tendientes al <em>cierre del<\/em> <em>sentido <\/em>de la <em>mecanicidad del h\u00e1bito<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta \u00faltima es la particular circunstancia de \u00e9l, <em>aparente propietario<\/em> de una vida que se ha dedicado a satisfacer las expectativas de los dem\u00e1s, a cambio de promesas ef\u00edmeras de amor, placer y goce que se han <em>consumido<\/em>, y que, con el cumplimiento de las mismas, han <em>finiquitado<\/em> los objetivos de su vida, al grado de <em>cerrar <\/em>y <em>clausurar el sentido <\/em>y <em>posibilidades <\/em>dela misma. Es tal la manera en la que <em>vive <\/em>dicho estrago, que se siente desaparecer. Todo aquello que cre\u00eda permanente le parece injustamente ef\u00edmero, como si se tratara de <em>productos <\/em>con fecha de caducidad. Tal estadio de dicho personaje se manifiesta en lo concreto de su <em>inhibici\u00f3n<\/em>. \u00c9l le hace saber a ella que es el due\u00f1o de la casa del portal en el que se refugian. No se ha atrevido a entrar a su casa; la c\u00e1rcel que, despu\u00e9s de haberla acabado de pagar \u2012no s\u00f3lo con dinero sino tambi\u00e9n con un sacrificio m\u00e1s all\u00e1 del material\u2012 lo ha convertido en un fantasma de s\u00ed mismo y de su propia casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La soledad que los une es la del desarraigo, la desterritorializaci\u00f3n de sus afectos; sentir que no est\u00e1n porque no son de ninguna parte. Sin embargo, a trav\u00e9s de dicho encuentro entre dos soledades tan contrastantes, se dan cuenta de que est\u00e1n en un lugar: en la <em>sensaci\u00f3n <\/em>de s\u00ed mismos. Su sensibilidad construye un puente, a trav\u00e9s del juego que permite la oportunidad de tan <em>cotidiana <\/em>y <em>extraordinaria<\/em> situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 tanto nos hemos alejado, al grado de ser cada vez m\u00e1s ajena la posibilidad de entrar en <em>contacto <\/em>con los dem\u00e1s a trav\u00e9s de dichas ocasiones? Es sugerente pensarlo porque estos dos personajes, en una muy especial <em>voluntad de suerte <\/em>motivada por la <em>adversidad<\/em>, se permiten un v\u00ednculo entre ellos, a trav\u00e9s de algo tan dif\u00edcil hoy en d\u00eda como la <em>confianza<\/em>; fundamento de un <em>afecto<\/em> tan importante como la <em>amistad<\/em>, que cada vez se ve mermada por las dificultades actuales de nuestras relaciones y el sistem\u00e1tico desmantelamiento de nuestro tejido social, a trav\u00e9s de fen\u00f3menos como el mido, el terror y, finalmente, la <em>indolencia <\/em>como resultado de nuestras <em>evasi\u00f3n <\/em>de lo que <em>sentimos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras que en el d\u00eda a d\u00eda nuestra <em>vulnerabilidad <\/em>parece volcarnos a la <em>rigidez moral <\/em>de una coraza aparentemente protectora que constituye un c\u00fapula aislante que se manifiesta en nuestras <em>corazas som\u00e1ticas<\/em>, en este corto vemos c\u00f3mo dos soledades deciden hacer de su invisible <em>desnudez <\/em>un punto de encuentro, sin dejar de protegerse a trav\u00e9s del enigma de la <em>clandestinidad <\/em>del anonimato. Julio le llama \u201ctramposa\u201d a ella cuando esta \u00faltima le dice que se llama: \u201cAbril\u201d, en un preciosos juego semejante al del cosmopolitismo de los ni\u00f1os. Ella sabe jugar con el lenguaje estrat\u00e9gico de la trampa, implicado en el <em>clandestinaje<\/em>, porque sabe muy bien lo que es la <em>derrota<\/em>. Sin embargo, el corto nos ense\u00f1a que <em>todos sabemos qu\u00e9 es la derrota <\/em>porque la palabra <em>derrota <\/em>en nuestra lengua es sin\u00f3nimo de <em>camino<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin dar detalles, ella da cuenta de lo que vivi\u00f3. No hace falta dar detalles, podemos ver en el rostro de ella la intensidad de lo <em>padecido<\/em>, seg\u00fan su relato; el dolor inmenso que la atraviesa y que la ha hecho buscar un nuevo hogar que cree haber encontrado. En cierta forma, habla de ella y de su cuerpo vulnerable, a trav\u00e9s de un objeto de enso\u00f1aci\u00f3n: una bonita tacita que se hizo a\u00f1icos en el momento de la violencia que la empujo al vac\u00edo de s\u00ed misma. Una vez unidos los pedazos, la tacita se ve\u00eda horrible, afirma. Sin negar la <em>leg\u00edtima justicia de su angustia<\/em>, ella no parece advertir que esa taza tiene una camino, una historia; una ruta de cicatrices que puede ser unida con el oro de nuestras l\u00e1grimas, como nos lo ense\u00f1a el arte Zen del Kintsugi. Esa taza, como ella, tiene Wabi-sabi; la belleza de su historia, como afirman los maestros de dicho arte japon\u00e9s. Para darnos tan profundo mensaje, los directores recurren a un muy afortunado empleo del <em>close-up <\/em>del rostro de sus actores. No cabe duda de que este espl\u00e9ndido trabajo le hace justicia a las palabras de Costa-Gavras cuando afirma que: \u201cEl paisaje m\u00e1s bello que ha filmado el cine es el rostro humano\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos personajes se encuentran con la trayectoria de un caracol; el <em>signo <\/em>de un ser capaz de ser su propia casa y su propio hogar, capaz de estar en \u00e9l y, por lo tanto, de <em>habitarse<\/em>. Un ejemplo de c\u00f3mo hacer del <em>mundo <\/em>nuestra casa, a <em>trav\u00e9s <\/em>de nuestro recorrido: <em>habit\u00e1ndonos <\/em>para jam\u00e1s <em>abandonarnos<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, como consumaci\u00f3n de la <em>confianza <\/em>lograda, ella le dice su verdadero nombre; ya no hace falta ninguna trampa ni el <em>clandestinaje <\/em>de la misma, ella se <em>comparte<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, en cambio, me permito una trampa. Haci\u00e9ndole honor a tan mancillada palabra, te invito, querido espectador, a que, si quieres saber c\u00f3mo se llama ella, busques este espl\u00e9ndido cortometraje, digno de atenci\u00f3n y de la <em>confianza <\/em>que me ha impulsado a <em>compartirlo <\/em>de esta <em>forma<\/em> contigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se trata de un trabajo en el que dos soledades <em>encuentran<\/em> la compa\u00f1\u00eda de s\u00ed mismos, a trav\u00e9s del tesoro de la amistad; dos habitante de s\u00ed mismos que se encuentran <em>mutuamente<\/em>, haciendo de cada uno de ellos un tesoro. Se han <em>compartido<\/em>, se han atrevido a la aventura de la <em>confianza<\/em>. Deciden ir a la Monta\u00f1a; seguir el camino del coraz\u00f3n del cual nos habla San Juan de la Cruz, porque s\u00f3lo se puede ver con el <em>coraz\u00f3n inflamado<\/em>, nos dice el <em>santo<\/em>; el mismo <em>coraz\u00f3n <\/em>que tiene ojos capaces de ver los esencial, nos dice Saint-Ex\u00fapery; el coraz\u00f3n que se abre cuando cerramos los ojos a la futilidad de las <em>apariencia<\/em>,nos ense\u00f1a Carlos Sol\u00f3rzano. Tales pueden ser las <em>potencias <\/em>del encuentro de nuestras <em>soledades<\/em>; <em>el encuentro <\/em>de<em> la aparente carencia del cuerpo vivo que nos une<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace poco hice un trabajo en relaci\u00f3n con una joya del cine espa\u00f1ol que de repente se antoja ignorada por su brevedad, a pesar de la profunda contundencia de su discurso. Me refiero a: La cabina de Antonio Mercero. 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