{"id":144,"date":"2021-11-19T05:44:25","date_gmt":"2021-11-19T05:44:25","guid":{"rendered":"http:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/?p=144"},"modified":"2021-11-19T05:44:28","modified_gmt":"2021-11-19T05:44:28","slug":"guyau-y-la-vida-como-fundamento-del-espiritu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/guyau-y-la-vida-como-fundamento-del-espiritu\/","title":{"rendered":"GUYAU Y LA VIDA COMO FUNDAMENTO DEL ESP\u00cdRITU"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"576\" src=\"http:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/files\/2021\/11\/Jean-Marie-Guyau-1024x576.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-145\" srcset=\"https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/files\/2021\/11\/Jean-Marie-Guyau-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/files\/2021\/11\/Jean-Marie-Guyau-300x169.jpg 300w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/files\/2021\/11\/Jean-Marie-Guyau-768x432.jpg 768w, https:\/\/estudiosgenealogicos.org\/pantagruelon\/files\/2021\/11\/Jean-Marie-Guyau.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 767px) 89vw, (max-width: 1000px) 54vw, (max-width: 1071px) 543px, 580px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Al contrario de lo que sucede en la historia de la m\u00fasica, no son frecuentes los casos de precocidad en la historia de la filosof\u00eda. Sin duda, en los individuos como en los pueblos, el ave de Minerva s\u00f3lo se deja ver durante el crep\u00fasculo. Jean Marie Guyau constituye, por eso una rar\u00edsima excepci\u00f3n. Nacido en 1854 (en Laval, Mayenne), a los diecinueve a\u00f1os escribe un extenso estudio sobre la moral utilitaria, que al a\u00f1o siguiente (1874) recibe el premio de la Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas de Francia. Muerto en 1888, deja una no breve producci\u00f3n, que comprende algunas obras fundamentales para la historia de la filosof\u00eda contempor\u00e1nea. Aparte de <em>La Morale d\u2019Epicure<\/em>, y de <em>La Morale anglaise contemporaine<\/em> (que, junto con la anterior, formaba el estudio premiado por la Academia al cual antes nos hemos referido) public\u00f3: <em>Les probl\u00e8mes de l\u2019esth\u00e9tique contemporaine, L\u2019Irreligion de l\u2019avenir, Ver d\u2019un philosophe, L\u2019art au point de vue sociologique, Heredit\u00e9 et education, La Gen\u00e8se de l\u2019id\u00e9e de temps y Esquisse d\u2019une morale sans obligation ni sanction. <\/em>Este \u00faltimo libro, el m\u00e1s original tal vez y el m\u00e1s difundido, representa la culminaci\u00f3n de un pensamiento que es, a la vez, claro y complejo, arraigado en la historia y atento al porvenir, abierto y sistem\u00e1tico, fundado en la ciencia y movido por la metaf\u00edsica.<\/p>\n\n\n\n<p>A Fouill\u00e9e, padrastro de Guyau, fue posiblemente su mejor maestro, al mismo tiempo que su primer ex\u00e9geta. La influencia de la teor\u00eda de las ideas-fuerzas resulta evidente en toda su obra. Pero la g\u00e9nesis de pensamiento filos\u00f3fico de Guyau, que el mismo Fouill\u00e9e analiza con directo conocimiento de causa, se remonta a las solitarias meditaciones de una adolescencia genial y a las apasionadas lecturas de los grandes idealistas, especialmente de Kant y Plat\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por entonces, concibe el mundo como un complejo de voluntades que laboran en la obra com\u00fan del bien, luchando con la materia, obst\u00e1culo siempre presente, impenetrable alteridad representada por el \u00e1tomo. Pero el problema del mal, que tanto desvela a los adolescentes&nbsp; l\u00facidos como a los metaf\u00edsicos sinceros, no tarda en ocupar el primer lugar entre sus preocupaciones espirituales. De las diversas soluciones propuestas, la m\u00e1s plausible le parece, primero, la neoplat\u00f3nica, cuya doctrina de la procesi\u00f3n interpreta, de un modo original, postulando una serie infinita&nbsp; de mundos que representan o encarnan una infinita serie de perfecciones, lo cual supone que todo lo posible se realiza y que todos los grados del bien llegan alguna vez a la existencia. M\u00e1s tarde traduce el <em>Manual<\/em> de Epicteto y se inclina hacia el estoicismo, aunque sin incurrir nunca en el ego\u00edsmo de la raz\u00f3n. La influencia de Epicuro, de los utilitaristas ingleses y del evolucionismo biol\u00f3gico se hace patente ya desde la obra premiada por la Academia (A. Fouill\u00e9e, <em>La morale, l\u2019art et la religi\u00f3n d\u2019apres M. Guyau \u2013Par\u00eds \u2013 1889 p. 2-4).<\/em> Pero la cr\u00edtica del hedonismo y del utiitarismo que tras esta vasta exposici\u00f3n obligadamente se plantea lo conduce a lo que el propio Fouill\u00e9e considera como uno de los principales problemas filos\u00f3ficos de la \u00e9poca, a saber, el de conciliar, de alguna manera, la idea plat\u00f3nica y cristiana del bien y el imperativo categ\u00f3rico de Kant con la psicolog\u00eda experimental y con el evolucionismo darwiniano. Kant y Plat\u00f3n \u2015dice el cr\u00edtico padrastro\u2015 resistieron al principio en \u00e9l el asalto al positivismo y del evolucionismo, pero, despu\u00e9s de largas reflexiones, lleg\u00f3 a convencerse&nbsp; de que la teor\u00eda de la evoluci\u00f3n constituye, si no toda la moral, por lo menos \u201cla \u00fanica parte de la moral verdaderamente rigurosa y cient\u00edfica\u201d (Fouill\u00e9e, op. cit. p. 5). No pod\u00eda prever, naturalmente, las cr\u00edticas que a la moral evolucionista, tal como la entend\u00eda Huxley, iba a hacer Kropotkin, fund\u00e1ndose precisamente en una interpretaci\u00f3n propia de la evoluci\u00f3n que, por encima de la lucha por la vida, valoriza el principio de la ayuda mutua (Cfr. P. Kropotkin, <em>Mutual Aid<\/em>, <em>A factor of Evolution<\/em> -1902; <em>Ethics . Origin and Development<\/em> -1924). Menos a\u00fan, las que desde el punto de vista m\u00e1s te\u00f3rico hab\u00edan de dirigir contra Spencer, Bergson; contra el positivismo, los neo-kantianos; contra el naturalismo, los fenomen\u00f3logos. Pero su alerta inteligencia y su agudo sentido cr\u00edtico le muestran ya tanto las limitaciones del utilitarismo y del evolucionismo como su inexcusable derecho a ser tenidos en cuenta por toda \u00e9tica contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando su evoluci\u00f3n, seg\u00fan advierte muy bien Fouill\u00e9e, fue ante todo obra del razonamiento y de la reflexi\u00f3n, es claro que el sentimiento y la emotividad no dejaron de tener en ella cierto papel. Afectado por una progresiva e incurable dolencia, el joven fil\u00f3sofo va perdiendo su fe plat\u00f3nica en la racionalidad del mundo, en el orden secreto de la naturaleza, en la subordinaci\u00f3n de la naturaleza a la idea del bien. Aun cuando no cae nunca en el pesimismo de Schopenhauer, tampoco puede compartir ya el optimismo radical de Spinoza o de los idealistas absolutos. La hip\u00f3tesis m\u00e1s probable, teniendo en cuenta el estado actual de la ciencia, viene a ser, para \u00e9l, al final de su vida, la del positivismo y el naturalismo, es decir, la de la indiferencia de la naturaleza, a quien el placer y el dolor, la justicia y la injusticia, el bien y el mal le resultan plenamente ajenos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEvoluci\u00f3n sin principio y sin fin, en la que el pensamiento es un fen\u00f3meno precioso y raro, maravilla tanto m\u00e1s ef\u00edmera cuanto que se empe\u00f1a en la b\u00fasqueda de coyunturas m\u00e1s complejas y en el entrecruzamiento de leyes m\u00e1s sutiles, tal era la concepci\u00f3n del mundo que poco a poco crec\u00eda en el esp\u00edritu de M. Guyau. Sin duda, esta hip\u00f3tesis sigui\u00f3 siendo siempre a sus ojos lo que era y nada m\u00e1s, una simple hip\u00f3tesis, la que traduce exactamente lo que la ciencia positiva nos ense\u00f1a de la naturaleza, sin que se pueda afirmar que el fondo de las cosas no encierra nada m\u00e1s. No por ello es menos cierto que el mundo inteligible de Plat\u00f3n, en lugar de seguir siendo el mundo real por excelencia, retroced\u00eda de las lejan\u00edas del ideal; que el Dios de Plat\u00f3n, al engendrar por la expansi\u00f3n de su bondad \u201cun mundo tan parecido a s\u00ed mismo como es posible\u201d, parec\u00eda cada vez m\u00e1s&nbsp; inconciliable con el mundo de la ciencia, en la cual la bondad parece no tener otra importancia que la que le atribuye nuestro coraz\u00f3n\u201d (Fouill\u00e9e, op. cit. p. 13-14).<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, si la afirmaci\u00f3n de la intr\u00ednseca bondad del ser de la naturaleza es tan poco demostrable como la contraria, sin embargo, la hip\u00f3tesis de la indiferencia, que se pone encima de ambas, resulta m\u00e1s probable y veros\u00edmil.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si ello es as\u00ed, si la metaf\u00edsica no puede brindarnos ya ninguna certeza plena respecto al bien y a la belleza, el fil\u00f3sofo no puede dejar de preguntarse una vez m\u00e1s por el objeto de la voluntad, del amor y de la fe de los hombres en la sociedad futura. Frente a la ciencia que proporciona s\u00f3lo datos, frente a la metaf\u00edsica que s\u00f3lo brinda hip\u00f3tesis, \u00bfcu\u00e1l ser\u00e1 el porvenir de la moral, del arte y de la religi\u00f3n?, se pregunta no sin angustia el \u00faltimo y casi moribundo Guyau (Fouill\u00e9e, op. cit. p. 15)<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, para dar respuesta a esta cuesti\u00f3n parte de una \u00fanica idea que se propone desarrollar hasta sus \u00faltimas consecuencias: la idea de la vida. En ella, cree encontrar el principio com\u00fan de la moral, del arte y de la religi\u00f3n, es decir, de todo el esp\u00edritu y de toda la cultura. \u201cSeg\u00fan \u00e9l \u2015y \u00e9sta es la concepci\u00f3n generatriz de su sistema\u2015 la vida bien entendida comprende, en su misma intensidad, un principio de <em>expansi\u00f3n<\/em> natural, de fecundidad, de generosidad. De aqu\u00ed extra\u00eda esta consecuencia: que la vida reconcilia naturalmente en s\u00ed el punto de vista individual y el punto de vista social, cuya oposici\u00f3n m\u00e1s o menos aparente es el escollo de las teor\u00edas utilitarias sobre el arte, la moral y la religi\u00f3n\u201d (Fouill\u00e9e, op. cit. p. 17). M\u00e1s a\u00fan, para Guyau el siglo XVIII puso el acento en el individuo aislado, por su deficiente conocimiento de la materia, de la sociedad y de la vida; al XIX le toca mostrar c\u00f3mo el individuo est\u00e1 abierto a las influencias del mundo y de los otros individuos, c\u00f3mo es solidario con los dem\u00e1s hombres, c\u00f3mo el sistema nervioso no puede concebirse sino como la sede de los fen\u00f3menos cuyo principio desborda en absoluto el organismo individual. \u201cYa que toda vida, al tomar conciencia &nbsp;de s\u00ed misma, se da cuenta de que es indivisiblemente personal y colectiva; lo mismo debe suceder con el propio sentimiento que tenemos de la vida, desde el momento en que \u00e9sta se hace en nosotros m\u00e1s intensa y m\u00e1s libre; este sentimiento es el placer. Como la vida, el placer es siempre, por alg\u00fan lado, social, y lo ser\u00e1 cada vez m\u00e1s, por una transformaci\u00f3n que no es la menos importante de las que el porvenir prepara para la humanidad. Es la conclusi\u00f3n a la que llega ya <em>La Moral de Epicuro<\/em>\u201d (Fouill\u00e9e, op. cit. p. 19).<\/p>\n\n\n\n<p>Es claro que esta idea de la vida, que funda todo un sistema de filosof\u00eda y toda una teor\u00eda de la cultura, aun cuando basada en una serie de hechos y de conceptos cient\u00edficos (biol\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos, sociol\u00f3gicos, etc.), trasciende con mucho los l\u00edmites de la ciencia y funda, de hecho, una nueva metaf\u00edsica de la vida que, por una parte, se desarrolla en Francia hasta dar en la evoluci\u00f3n creadora y en el \u201c\u00e9lan vital\u201d de Bergson, y por otra, pasa la frontera para encontrarse con Nietzsche.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que a primera vista no se comprende es, en cambio, la cr\u00edtica que contra el individualismo de Guyau dirige un pensador tan af\u00edn a \u00e9l y tan entusiasta de su moral sin obligaci\u00f3n ni sanci\u00f3n como es Kropotkin. En efecto, despu\u00e9s de adherir en general a su moral del impulso vital, consider\u00e1ndola como la moral apta para el comunismo libertario, no deja de objetarle su falta de preocupaci\u00f3n por lo social (<em>\u00c9tica, La Moral anarquista)<\/em>. Lo que sucede es que el revolucionario ruso no se conforma con una sociabilidad gen\u00e9rica y abstracta sino que pretende que todo fil\u00f3sofo y todo moralista se comprometa en una concreta cr\u00edtica de la sociedad individualista y burguesa en la que viv\u00eda la Europa de su tiempo. M\u00e1s que una falta de atenci\u00f3n a lo social deber\u00eda haber se\u00f1alado tal vez en Guyau, para ser m\u00e1s preciso, una falta de concreci\u00f3n y de compromiso con la causa proletaria y socialista. Pero esto hubiera sido tal vez demasiado pedir, si se piensa que nuestro fil\u00f3sofo hab\u00eda nacido en el seno de una familia de alta clase media y que, para colmo, su estado de salud lo aislaba del mundo y de los conflictos sociales de su \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida es, de todos modos, para Guyau, intima fusi\u00f3n y, casi dir\u00edamos, coincidencia de opuestos, entre lo individual y lo social. Lo que en el plano mec\u00e1nico se excluye, se opone y choca, en el plano de lo viviente se compenetra y unifica. Ahora bien, lo que Guyau se propone es precisamente aplicar este concepto de la vida tanto a la moral como el arte y la religi\u00f3n. En lugar de proponer una destrucci\u00f3n de la moral y una vida m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal, como Nietzsche har\u00e1 poco m\u00e1s tarde, Guyau interpreta la moral como la vida en su m\u00e1s alta manifestaci\u00f3n, en cuanto es objeto de nuestra voluntad y de nuestro querer. Aun atrevi\u00e9ndose a pronosticar la extinci\u00f3n de todas la iglesias y de todas la religiones existentes, entiende la religi\u00f3n tambi\u00e9n como una forma de la vida superior, en cuanto \u00e9sta es imaginada. M\u00e1s aun, en vez de hablar de la muerte de los dioses, cual su germ\u00e1nico colega, piensa a la religi\u00f3n como una vida imaginada precisamente con la figura de \u201cuna sociedad universal de conciencias\u201d. Lo bello, en fin, no es para \u00e9l sino la vida superior, en cuanto \u00e9sta es inmediatamente captada en su intensidad expansiva, como forma de una actividad inescindiblemente individual y social; nunca, en todo caso, la expresi\u00f3n o el juego de una solitaria genialidad. \u201cEn otros t\u00e9rminos, el arte, la moral y la metaf\u00edsica deben elevar la vida individual a la dignidad de una vida colectiva: cuando el arte nos haya dado, bajo una forma intensa, el sentimiento de la vida ya realizada; la moral nos har\u00e1 querer la vida a realizar, y, en fin, la metaf\u00edsica, fondo de la religi\u00f3n, nos har\u00e1 construir hipot\u00e9ticamente un mundo de vida superior, \u00faltimo objeto de nuestros amores y t\u00e9rmino de nuestros esfuerzos\u201d (Fouill\u00e9e, op.cit. p. 20).<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, esta idea clave de Guyau, la idea de la vida como m\u00e1s-vida, es la idea de la trascendencia y de la libertad, aunque se trate \u2015claro est\u00e1\u2015 de una trascendencia que se da en el \u00e1mbito de la inmanencia y de una libertad limitada por la solidaridad, cuya forma mec\u00e1nica y l\u00f3gica es precisamente el determinismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Oponi\u00e9ndose a Hartmann quien, tras los pasos de Schopenhauer, hablaba por entonces sobre la locura del querer vivir y sobre el nirvana, impuesto por la raz\u00f3n como deber l\u00f3gico, Guyau admite con Spencer que la conducta humana tiene como m\u00f3vil la vida m\u00e1s intensa y extensa, si bien difiere de \u00e9l en cuanto al modo de conciliar lo individual con lo social. Por otra parte, reconoce con Fouill\u00e9e que los positivistas que postulan un incognoscible se equivocan al proscribir toda hip\u00f3tesis individual al respecto, pero no acepta con \u00e9l que lo incognoscible pueda proporcionar un principio limitativo y restrictivo de la conducta.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, para Guyau, los \u00fanicos \u201cequivalentes\u201d o \u201csustitutos\u201d del deber son: \u201d1\u00b0) La conciencia de nuestro poder interior y superior, al cual veremos reducirse pr\u00e1cticamente el deber; 2\u00b0) La influencia ejercida por las ideas sobre las acciones; 3\u00b0) La creciente fusi\u00f3n de las sensibilidades y el car\u00e1cter cada vez m\u00e1s social de nuestros placeres o de nuestros dolores; 4\u00b0) El amor del riesgo en la acci\u00f3n, cuya importancia hasta aqu\u00ed desconocida mostraremos; 5\u00b0) El amor de la hip\u00f3tesis metaf\u00edsica, que es una suerte de riesgo en el pensamiento\u201d (<em>Esquisse d\u2019une morale sans obligation ni sanction \u2013 Par\u00eds<\/em> -1930 p. 6-7).<\/p>\n\n\n\n<p>Una moral basada en la idea de la vida y de la m\u00e1s-vida, en la cual el impulso individual equivale a la libertad y la tendencia social y solidaria al determinismo, una moral en cuyo fundamento mismo quedan superadas las antinomias yo-mundo, ego\u00edsmo-altruismo, etc., necesariamente deb\u00eda presentarse como una moral sin obligaci\u00f3n ni sanci\u00f3n propiamente dicha. Y desde el momento en que la sanci\u00f3n sigue siempre a la obligaci\u00f3n, deb\u00eda manifestarse tambi\u00e9n como una moral sin sanci\u00f3n.&nbsp; La sanci\u00f3n moral, en efecto, que Guyau distingue de la sanci\u00f3n social, se reduce para \u00e9l a la expiaci\u00f3n, y resulta, en el fondo, inmoral \u2015si a esto se le pudiera dar todav\u00eda el nombre de sanci\u00f3n, cosa que Guyau no acepta\u2015 ser\u00eda el car\u00e1cter de minusvida, de vida frustrada y limitada que aquella implica.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber hecho una acertada y fina cr\u00edtica de los diferentes intentos de justificar metaf\u00edsicamente la obligaci\u00f3n moral, tanto en el dogmatismo metaf\u00edsico como en las morales de la certeza pr\u00e1ctica, de la fe y de la duda, desarrolla Guyau su teor\u00eda del m\u00f3vil moral desde un punto de vista que \u00e9l considera estrictamente cient\u00edfico y analiza los primeros \u201cequivalentes\u201d del deber.<\/p>\n\n\n\n<p>El m\u00f3vil de todo acto humano (o animal) no es simplemente, el m\u00ednimo dolor y el m\u00e1ximo de placer. Este m\u00f3vil es evidente, seg\u00fan Guyau, en lo que respecta a los actos conscientes. Pero la conciencia no es sino una manifestaci\u00f3n superficial de la vida. Creer que la mayor\u00eda de los movimientos humanos parten de la conciencia y que un an\u00e1lisis cient\u00edfico de los resortes de la conducta debe considerar s\u00f3lo los m\u00f3viles conscientes constituye una completa ilusi\u00f3n. \u201cAun los actos que se realizan en plena conciencia de s\u00ed tienen, en general, su principio y su origen primero en instintos sordos y movimientos reflejos. La conciencia no es, pues sino un punto luminoso en la gran esfera oscura de la vida; es una peque\u00f1a lente que agrupa en algunos rayos de sol y se imagina demasiado que su foco es el foco mismo donde parten los rayos. El resorte natural de la acci\u00f3n, antes de aparecer en la conciencia, deb\u00eda obrar ya por debajo de ella, en la oscura regi\u00f3n de los instintos; el fin constante de la acci\u00f3n debe haber sido positivamente una causa constante de movimientos m\u00e1s o menos inconscientes\u201d (<em>Esquisse <\/em>p. 87).<\/p>\n\n\n\n<p>Como Hartmann, con su \u201cfilosof\u00eda del inconsciente\u201d, pero m\u00e1s que \u00e9l, en cuento intenta atenerse a los datos de la biolog\u00eda y de la psicolog\u00eda emp\u00edrica, Guyau preanuncia, como puede verse, la teor\u00eda freudiana del inconsciente, aunque sin poner el acento en lo sexual. Por otro lado, como Nietzsche, intenta una superaci\u00f3n de la moral tradicional, recurriendo a las motivaciones inconscientes y a la vida profunda y espont\u00e1nea, aunque sin postular un superhombre. Para \u00e9l, una moral verdaderamente cient\u00edfica debe admitir que la b\u00fasqueda del placer no es m\u00e1s que una consecuencia del esfuerzo continuadamente realizado por el instinto para conservar y acrecentar la vida. De tal manera, \u201cel fin que, de hecho, determina toda acci\u00f3n consciente es tambi\u00e9n la causa que produce toda acci\u00f3n inconsciente: es, pues, la vida misma, la vida que es al mismo tiempo la m\u00e1s intensa y la m\u00e1s variada en sus formas\u201d (<em>Esquisse<\/em> p. 87).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque ser\u00eda in\u00fatil buscar en Guyau (como en Nietzsche) una estricta definici\u00f3n conceptual de la vida, m\u00e1s all\u00e1 del \u201csui motus\u201d aristot\u00e9lico que sin duda considera enteramente insuficiente, no faltan, por cierto, en sus escritos elocuentes caracterizaciones de la misma: \u201cEl motivo subyacente de todas nuestras acciones, la vida, es admitido inclusive por los m\u00edsticos, pues ellos suponen en general una prolongaci\u00f3n de la existencia m\u00e1s all\u00e1 de este mundo; y la existencia intemporal no es ella misma m\u00e1s que vida concentrada en un <em>punctum stans<\/em>. La tendencia a perseverar en la vida es la ley necesaria de la vida no solamente en el hombre sino entre todos los seres vivientes, inclusive tal vez en el \u00faltimo \u00e1tomo del \u00e9ter, pues la fuerza no es probablemente m\u00e1s&nbsp; que una abstracci\u00f3n de la vida. Esa tendencia es, sin duda, como el residuo de la conciencia universal, tanto m\u00e1s cuanto que sobrepasa y envuelve a la conciencia misma. Es, pues, a la vez, la m\u00e1s radical de las realidades y el ideal inevitable\u201c (<em>Esquisse<\/em> p. 88).<\/p>\n\n\n\n<p>Esta caracterizaci\u00f3n entusiasta de la vida, que anuncia, a su vez, desde muy cerca, el \u00e9lan vital de <em>L\u2019evolution creatrice<\/em> de Bergson, y que, en t\u00e9rminos generales parecer\u00eda conducir a un nuevo pante\u00edsmo din\u00e1mico fundado en una nueva biolog\u00eda y en la nueva f\u00edsica, no le impide a Guyau definir la parte de la moral fundada exclusivamente en hechos positivos como \u201cla ciencia que tiene por objeto todos los medios de conservar y acrecentar la vida, material e intelectual\u201d (Esquisse p. 88).<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 quiere decir conservar y, sobre todo, acrecentar la vida, requiere sin duda, alguna explicaci\u00f3n. Guyau confiesa que una moral exclusivamente positiva, desde el punto de vista f\u00edsico y prescindiendo de todos los otros aspectos, apenas se diferencia de una higiene ampliada. Por lo dem\u00e1s, lo que la moral tradicional llamaba \u201ctemplanza\u201d, y cuyo fin no era otro que el de conservar la vida, tampoco era sino higiene. <em>Acrecentar<\/em> la vida equivale a acrecentar su intensidad, y ello significa, para Guyau, \u201cacrecentar el dominio de la <em>actividad<\/em> bajo todas sus formas (en la medida compatible con la reparaci\u00f3n de las fuerzas)\u201d. He aqu\u00ed como explica, a su vez,&nbsp; el sentido de la actividad y su identificaci\u00f3n con el ideal moral: \u201cLos seres inferiores no obran sino en una determinada direcci\u00f3n, luego descansan, se hunden en&nbsp; una inercia absoluta; por ejemplo, el perro de caza, que se duerme hasta el momento que vuelve de nuevo a cazar. El ser superior, por el contrario, descansa por la variedad de la acci\u00f3n, como un campo por la variedad de las producciones; el fin perseguido en la cultura humana, es, pues, la reducci\u00f3n de lo que se podr\u00eda llamar los periodos de barbecho a lo estrictamente necesario. Obrar es vivir; obrar m\u00e1s es aumentar la hoguera de la vida interior. El peor de los vicios ser\u00e1, desde este punto de vista, la pereza, la inercia. El ideal moral ser\u00e1 la actividad en toda la variedad de sus manifestaciones, al menos de aquellas que no se contrar\u00edan entre s\u00ed o que no producen una perdida duradera de fuerzas. Para poner un ejemplo, el <em>pensamiento<\/em> es una de las formas principales de la actividad humana: no como hab\u00eda cre\u00eddo Arist\u00f3teles, porque el pensamiento sea acto puro y desligado de toda materia (hip\u00f3tesis inverificable), sino porque el pensamiento es, por as\u00ed decirlo, acci\u00f3n condensada y vida en su m\u00e1ximo desarrollo. Lo mismo en cuanto al amor\u201d (<em>Esquisse<\/em>&nbsp; p. 89).<\/p>\n\n\n\n<p>Interesa especialmente, para comprender la interpretaci\u00f3n que Guyau hace de Epicuro, tener en cuenta la cr\u00edtica que formula al hedonismo general. M\u00e1s que rechazar la moral del placer, tiende a superarla, englob\u00e1ndola en un contexto de mayor amplitud y profundidad.<\/p>\n\n\n\n<p>El placer es un estado de conciencia \u2015dice, queriendo atenerse a la psicolog\u00eda y la fisiolog\u00eda de su \u00e9poca\u2015 vinculado al acrecentamiento, f\u00edsico o intelectual, de la vida. De donde se sigue que acrecentar la intensidad de la vida equivale a acrecentar el placer.<\/p>\n\n\n\n<p>En una moral como que propone Guyau, el hedonismo no tiene por qu\u00e9 ser rechazado; pero subsistir\u00e1 en segundo plano, m\u00e1s como consecuencia que como principio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte Guyau, criticando a los utilitaristas ingleses, distingue dos clases de placer: el placer superficial y particular (placer de comer, de beber, etc.) y el profundo y general (placer de vivir, de querer, de pensar, etc.). El primero es puramente sensible; el segundo, m\u00e1s profundamente vital, resulta tambi\u00e9n menos dependiente de las cosas externas y se identifica con la conciencia misma de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El error de hedonistas y utilitaristas consiste esencialmente, para nuestro autor, en no haber advertido que no siempre obra el hombre en vista de un placer particular sino que muchas veces obra por el placer mismo de obrar, vive por vivir y piensa por pensar (<em>Esquisse <\/em>&nbsp;p. 90). Desde un punto de partida que es, o pretende ser&nbsp; al menos, el mismo que el de los utilitaristas, llega as\u00ed Guyau a superar el estrecho marco de la moral del inter\u00e9s y a reivindicar como algo inmanente a la vida el desinter\u00e9s&nbsp; y la gratuidad de ciertas acciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco es exacto \u2015a\u00f1ade\u2015 que, como cre\u00eda Epicuro, el placer cree la funci\u00f3n, o, en general que el \u00f3rgano d\u00e9 origen a la funci\u00f3n. Por el contrario, el placer como el \u00f3rgano procede de la funci\u00f3n, y as\u00ed como al principio el animal no pose\u00eda un \u00f3rgano enteramente acabado as\u00ed tampoco ten\u00eda un placer completamente determinado. El placer, como el \u00f3rgano, reacciona m\u00e1s tarde sobre la funci\u00f3n y el hombre acaba por obrar de un modo determinado porque tiene un \u00f3rgano desarrollado en tal sentido y porque experimenta placer en marchar en tal direcci\u00f3n. Pero lo primero no es, en todo caso, el placer; lo primero y lo \u00faltimo es siempre la funci\u00f3n, es decir, la vida&nbsp; (<em>Esquisse<\/em> p. 91).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa tendencia del ser a perseverar en el ser es el fondo de todo deseo, sin constituir ella misma un determinado deseo\u201d (<em>Esquisse <\/em>p. 92), concluye Guyau. La vida supone apropiaci\u00f3n y asimilaci\u00f3n de las fuerzas naturales en la nutrici\u00f3n, por esta apropiaci\u00f3n se hace siempre en mayor medida de lo que es necesario. El exceso de fuerzas acumuladas se gesta, ante todo, en la <em>generaci\u00f3n, <\/em>la cual se manifiesta primero como simple divisi\u00f3n celular, luego como esporogonia y, finalmente, como generaci\u00f3n sexual. Al llegar la evoluci\u00f3n a este nivel comienza, por as\u00ed decirlo, una nueva etapa moral en el universo: \u201cEl organismo individual deja de estar aislado; su centro de gravedad se desplaza poco a poco y lo har\u00e1 cada vez m\u00e1s\u201d (<em>Esquisse <\/em>p. 96). Del instinto sexual nacen la familia y la sociedad; pero el mismo, como s\u00edntoma de un exceso de fuerza, no obra s\u00f3lo sobre los \u00f3rganos genitales sino sobre el organismo entero, y ejerce una especie de presi\u00f3n cuyas principales formas son: 1\u00b0) la fecundidad intelectual, 2\u00b0) la fecundidad de la emoci\u00f3n y de la sensibilidad, 3\u00b0) la fecundidad de la voluntad. \u201cVida es fecundidad y, rec\u00edprocamente, fecundidad es vida rebosante, es verdadera existencia. Hay una cierta generosidad inseparable de la existencia, sin la cual se muere uno, se seca interiormente. Es necesario florecer: la moralidad, el desinter\u00e9s es la flor de la vida humana\u201d (<em>Esquisse<\/em> p. 101).<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo que intenta una superaci\u00f3n de la \u00e9tica utilitarista y positivista, sin necesidad de volver a viejas f\u00f3rmulas metaf\u00edsicas, abre paso Guyau de esta manera, ya directa, ya indirectamente a nuevas concepciones morales y aun metaf\u00edsicas, provee el fundamento a nuevas ideolog\u00edas revolucionarias, se insin\u00faa en las nuevas teor\u00edas biol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de sus m\u00e9ritos incontestables es el de haber logrado una justa valoraci\u00f3n del hedonismo sin quedar encerrado en la estrechez dogm\u00e1tica utilitarista; otro, el de hacer apelado a la ciencia sin caer en un cientificismo ingenuo. Su entusiasmo casi m\u00edstico por la vida, que dif\u00edcilmente podemos dejar de relacionar con su tisis juvenil, comporta un aliento renovador en el \u00e1mbito provecto del positivismo finisecular.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, pese a la ins\u00f3lita madurez de su obra, quedan abiertos en su seno varios resquicios para la duda y no pocos caminos para la cr\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea central de la <em>vida<\/em>, que confiere fuerza y belleza al pensamiento filos\u00f3fico de Guyau, representa tambi\u00e9n su punto d\u00e9bil. Sin entrar en m\u00e1s hondas\u00a0 precisiones l\u00f3gicas y sem\u00e1nticas, que de todas maneras parecen ineludibles a este respecto, bastar\u00e1 recordarle a Guyau su propio ejemplo para mostrar que, a veces, las grandes obras de la cultura, es decir, del esp\u00edritu, son precisamente fruto de una vida que languidece y se extingue.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1ngel J. Cappelletti, extra\u00eddo de la Revista <em>Ideas<\/em>, Mayo-Junio 1930, a\u00f1o 1 n\u00famero 2.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al contrario de lo que sucede en la historia de la m\u00fasica, no son frecuentes los casos de precocidad en la historia de la filosof\u00eda. Sin duda, en los individuos como en los pueblos, el ave de Minerva s\u00f3lo se deja ver durante el crep\u00fasculo. Jean Marie Guyau constituye, por eso una rar\u00edsima excepci\u00f3n. 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