El mito del Golem y el hombre postmoderno. Un camino hacia la tecnología. (Última parte)

-Introduciendo a las bestias, el Golem se resquebraja. –

 

El camino recorrido hasta este último apartado, desde bosquejar el mito del Golem dentro de la mística judía, mirar de reojo sus problemáticas y su cambio de paradigmas desde lo que era una manifestación del poder divino, hasta la arrogancia de una creación humana, obra de la Kábala cristiana, que muestra la decadencia de la razón y compara ésta ultima con el mito mismo en cuestión.  Luego la presentación de el hombre postmoderno y el Cyborg, así como las analogías entre Cyborg como mito y el Golem, tuvieron la pretensión de llegar a éste punto donde intento comenzar a mostrar mediante la reconstrucción de términos y conceptos ya usados, pero volcándolos a una nueva dirección que permita la reestructuración del ser humano al romper con el Golem.   El trabajo de recopilar los diversos significados de éstos términos es en sí  ambicioso, pero promete resultados satisfactorios que permitan vislumbrar el problema de la muerte del hombre, como ya lo señalaba Eugenio Trías anteriormente.  Mis notas y bosquejos sobre el Golem postmoderno culminan aquí con lo que es comienzo para otro apartado.  Si al romper y fragmentar  el Golem encontramos a las bestias, ahora habrá que ir descubriendo la manera en la cual cada bestia se presenta, el discurso instintivo que las mueve y la manera en la cual se van integrando hasta formar la sociedad, así como su papel enmascarado dentro de esta.   De las bestias, que es el tema principal que pretendía desarrollar inicialmente, antes de mi contacto con la reconstrucción del Golem, me ocuparé en el capítulo próximo.  Por lo pronto y como introducción a una base filosófica de dónde tomar el concepto de las bestias, he de remitirlo, querido lector, a la definición de bestia y de hombre en Pico Della Mirándola:

“Las bestias, ya en el momento de nacer, traen consigo […] de útero materno todo lo que tendrán después.  Los espíritus superiores, desde un principio o poco después, fueron lo que serán en su perpetua duración sin fin.  Al hombre naciente el Padre le confirió simientes de toda especie y gérmenes de toda vida.  Y según como cada hombre los haya cultivado, madurarán en él y le darán sus frutos.  Si fueran vegetales, se hará planta; si intelectuales, será ángel o hijo de Dios, y, si no contento con la suerte de ninguna creatura, se repliega en el centro de su unidad, transformado en un espíritu a solas con Dios en la solitaria oscuridad del Padre, él, que fue  fue colocado sobre todas las cosas, estará por encima de todas ellas.” [1]

Según el relato de Picco pareciera ser que al Creador no le quedaba algo en especial que darle al hombre  y por esa razón le otorga la capacidad de tender hacia lo que prefiera.  Pero no es así, ya que el hecho de que el hombre pueda deslizarse y tender hacia una u otra naturaleza le permite el adoptar ciertas cualidades políticas  como ciudadano; en su discurso por la Dignidad del hombre, uno de los fines de mostrar que el ser humano posee tal naturaleza es el de llegar a la Concordia, la cual se configura como la utopía de la ciudad que es capaz de reunir a todos sus habitantes sin importar sus diferencias teológicas y religiosas, y unificando a la ciudad desde el ideal de que, sea la religión occidental que sea (Islamismo, Cristianismo y Judaísmo como las religiones dominantes de su época), todos son creación divina, cuya dignidad humana pende del nivel en el cual cada uno es capaz de adoptar la bestialidad o inteligencia para beneficio de la Ciudad y la comunidad misma.

La búsqueda por una configuración distinta de ser humano, ya no de un ser creado al servicio del Rey, obedece en gran parte al movimiento político suscitado en Florencia, dónde la Ciudad  se configuraba mediante el alto poder de los mercaderes y la burguesía naciente, en contraposición a la nobleza, que se defendía bajo  el pensamiento de que unos hombres provienen de linaje con protección divina y otros no.  Entonces no se trata meramente de un ideal de simple paz entre los diversos miembros de la Ciudad, sino de proponer un nuevo modelo político donde la divergencia de pensamientos podía servir para la defensa de una Ciudad contra otra, y el crecimiento de sus ciudadanos al permanecer en unidad.  En el fondo se esconde una estrategia de supervivencia social que permitiera a los ciudadanos no solo sobrevivir, sino poder convivir sin la necesidad de matarse entre ellos por sus divergencias y no reprimir  el pensamiento de unos sobre otros.

El pensamiento plasmado por Picco Della Mirándola no alcanzó a cumplirse, quedó como una mera utopía renacentista.  Pero su ideal del hombre que es capaz de tender hacia una u otra naturaleza fue aprovechado por la Modernidad, orientando al hombre hacia las capacidades propias de los ángeles como el Intelecto.   Las bestias poseen terquedad, pero también fortaleza y el instinto de supervivencia que es útil para la guerra de Ciudad contra Ciudad mientras todos los ciudadanos estén unidos.    La bestia por naturaleza posee todo lo que necesitará después, es decir, su instinto le permite   sobrevivir a toda consta, no necesita más que su fuerza e instinto.

Ahora, con los avances de la biología y la ciencia, sabemos que, al menos bajo ciertas concepciones evolucionistas, provenimos de los animales, por lo que ese instinto y fuerza bestial siguen operando en nosotros, son parte de nuestra naturaleza, pero los hemos negado ante el temor de lo que pudieran ocasional, ante la llegada inminente de la muerte, ante un sinsentido que pudiera develarse al mostrar que simplemente intentamos sobrevivir a costa de lo que se pueda.   Por eso se niegan las bestias.  Pero nuestro instinto bestial, nuestro instinto de supervivencia no solo se quedó en una mera supervivencia, pues en cuanto pudimos como especie ser consientes de la muerte, del vacío que queda ante un miembro que desaparece de la comunidad, creamos el simbolismo, el rito que es memorial de aquello que el ser que ha desaparecido fue; si fue capaz de dar su vida por el alimento de la comunidad, en la cacería entonces nació como héroe.  Entonces creamos el  sentido de trascendencia en una carrera por tratar de vencer a la muerte, a aquella que es capaz de aterrorizar al más fuerte de los héroes y volverlo piedra, dejarlo sin aliento y sin vida para perecer en no dejar recuerdo y desaparecer en la historia.  La bestia humana comenzó a tomar un discurso que le permitiera protegerse del olvido y “sobrevivir” a la muerte.  Esa carrera por vencer a la muerte, a lo natural en nuestra condición bestial, sigue subsistiendo hasta el día de hoy, y mientras no conozcamos el funcionamiento de aquellos mecanismos que hemos inventado para protegernos de lo bestial, mientras no conozcamos cómo funciona nuestra humanidad, no podremos saber a qué nos atamos, ni dónde depositamos nuestro tesoro, nuestra existencia con el fin de construir aquellas relaciones con los otros que, desde la visión de Picco Della  Mirándola, son capaces de ayudarnos a sobrevivir en sociedad al tener las cualidades que nosotros tenemos y tender hacia lo bestial o lo angélico según sea necesario.  Mientras no rompamos nuestra individualidad encerrados en la arcilla del Golem, no podremos tender auténticos lazos de creación y supervivencia hacia los otros, de formación de comunidad, por más que el sueño del ciberespacio nos ofrezca múltiples rostros.  Y entonces estaremos condenados a ser un número más en el ciberespacio, uno de tantos aquellos que soñaron con ser los únicos seres inteligentes del universo y que de cuya existencia pendía el mundo.  De aquellos que terminaron siendo devorados por sus bestias interiores al no conocerlas, y que finalmente murieron en un sinsentido, sin humanidad, ni bestialidad, perdidos entre decenas de rostros que buscaban acomodarse en su verdadero rostro de bestia.

Las bestias no son simplemente el aspecto animal que tenemos, el instinto de supervivencia y el uso del símbolo y el lenguaje permitieron jugar con la creación de lo que somos ahora, con reinventarnos como hombres  e inventar una sociedad.  Si sabemos, si aprendemos a movernos en esos juegos creadores, podríamos moldear y reintentar desde lo pequeño lo social, revirtiendo al Golem que nos hemos construido.  Pero de las bestias y su funcionamiento me ocuparé en el siguiente capítulo.

 

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[1] Giovanni Picco Della Mirándola, Discurso sobre la dignidad del hombre, Trad. de Silvia Magnavacca, Winograd, Buenos Aires,  209 p.

2 comentarios en “El mito del Golem y el hombre postmoderno. Un camino hacia la tecnología. (Última parte)

  1. Alguna vez un judío me dijo que «Kabala» sólo refiere a la que hacen los judíos y que «Cabala» a la que realizan los cristianos, no lo sé de cierto sólo lo recordé al leer estas entradas.

    • No tengo suficiente conocimiento sobre el dato, manejo Kabala debido a que las fuentes que utilizo son netamente judías (Moshé Idel). Básicamente la distinción mística entre ambos tipos de Kabala es que desde la mística judía uno se deja poseer por el conocimiento divino, el hombre jamás llega a la posesión de loq eu corresponde a Dios, a lo más puede, con la bendición divina de la santidad, el emular la creación divina en su interior (Golem) como un ejemplo de lo que Dios obra en el hombre y de su poder creador. Por el contrario para el cabalista cristiano, el hombre puede llegar a la posesión del poder divino, mostrando sus rastros de divinidad contenida en su interior y explotándolos al máximo; en el fondo perdura e la mística cristiana de la cabala la tentación del mito del Génesis de la soberbia, el «ser como dioses».

      Sea como fuere, es un dato interesante por revisar, buscaré información al respecto. Gracias.

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