Visio

Al final puedo ver que cae la luz… mi misión es recoger los restos. –Cyteres, Desierto.

Escribir esta nota me ha resultado un auténtico reto al no saber por dónde empezar.  Por motivos personales y familiares tuve que mudarme hace un año de la Ciudad de México a Ecatepec. He sido un gato vago desde que pude tomar conciencia de ello y lanzarme a recorrer lo que pudiera del país. De este modo el cambiarle de lugar para vivir no me resultó tan difícil como pareciera. De muchas personas escuché los siguientes comentarios: a dónde vas a vivir si ahí matan. Es un infierno, no tienes servicios cerca; incluso, de alguien que vive del otro lado de Ecatepec en donde me encuentro me dijo: “no sabes en lo que te metes, es un verdadero infierno, yo quiero salir de aquí y tú quieres meterte. No puedes entenderlo si no eres de aquí.”   Mis peripecias y desventuras por encontrar un trabajo estable me han llevado a contemplar cosas que hace mucho no veía: en algunos lugares florecen cabezas, en un camino abandonado y hecho basurero encontrar a perros devorando los restos de una niña… incluso un perro devorando a otro a media calle al abrir una bolsa de basura…

Ecatepec es un municipio con una población enorme que ha buscado establecerse dada la “cercanía” con la ciudad de México. Ciertamente la mayor parte de gente que conozco trabaja ahí. De esta manera muchos de los habitantes consideran que aquí no hay trabajo, que no alcanza el dinero por el alto costo de las rentas y los pasajes. Que los que aquí habitamos nos encontramos en un índice de pobreza, es cierto, pero también lo es que la vida busca su paso sin importar el lugar donde se encuentre. Para los que no hemos podido encontrar un sueldo cercano lo suficientemente sustentable, o bien, que no quiero salir más lejos por estar cerca de mi familia y no gastar lo que a otros deles va en pasajes, he encontrado cómo sobrevivir entre múltiples trabajos a la vez. Sí, la vida es dura, sí, podemos sobrevivir meses (o años como otra gente que he conocido) si agua que caiga diario… La Ciudad de México con todos sus servicios se viene abajo ante unos días o una semana sin agua… pero aquí es el pan de cada día el reutilzarla y saber aprovecharla…. Los compromisos políticos de la CDMx la han condenado  y su caída viene pronto aunque sus habitantes no sepan verlo. A diario escucho o leo noticias sobre que siguen habiendo desaparecidos, que encuentran a otros, metarrelatos para justificar desapariciones como el llamado “mounstruo de Ecatepec”. Y ante las noticia la cercana-lejana Ciudad de México se espanta por lo que escucha. Aquí se crece con una mirada dañada y un forjar el paso de la vida, aquí el dinero no alcanza porque se va en los pasajes. Pero eso no impide conocer a los otros, convivir, intentar construir algo ante las múltiples carencias que se encuentran aquí. Escuchar de un habitante de aquí que quiere huir a las comodidades pequeñoburguesas de la cdmx porque no tiene el valor de mirar a su tierra y ver si algo bueno puede salir de ahí (que evangélico suena) me parece nefasto… en parte por eso me quedo aquí. La situación es difícil, las “clases” a la comunidad no reditúan mucho, pero les puede aportar la construcción y reinvención de la misma. Aquí todavía huele a tierra, todavía se puede arar. A pesar del calor constante el clima no está tan contaminado como la ciudad… He visto vertederos de basura transformarse en parques, casas. Sí. La pequeñoburguesa cdmx nos arroja su basura estigmatizando a todo aquel que viva aquí, las casetas parecen prefigurar el letrero de la entrada al Infierno de Dante. Aún así la vida busca su paso y florece, mirando los fantasmas en su propia gente, más fuertes que aquellos que atraviesan las combis en la carretera crea o no uno en eso. El ingenio y la pulsión de la vida misma por brotar busca su camino entre miradas dañadas,  estigmas de sangre y precariedad. Aquí la gente busca construir sus fragmentos de vida como en otros lados. Aquí todavía se respira la humedad cuando llueve entre las montañas. Aún no huele a basura al amanecer y mirar los cerros. Aquí se vive con el fantasma encarnado aunque los pequeños pseudo-académicos se burlen de ello.  Hay más cuidados, aquí se aprende a valorar la vida y el esfuerzo, a cuidar lo que en otros lados se derrocha. Para vivir basta la sonrisa de un niño en medio de donde uno se encuentre…
Mi misión es recoger los restos de las historias, de la propia, y comuinitaria, de las no mencionadas por los noticieros… como dice la canción Desierto de Cyteres:

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